Tengo en la cocina un puñado de castañas. Dentro de un rato las rajaré y las asaré, a la antigua usanza. Vamos, sartén y paleta de hierro (las guardo para la ocasión. Eran de mi madre y son de lo más aparente).
La noche se presta a ello. Desde que yo recuerdo, esta era la noche de las castañas. Antigüa que es una, qué se le va a hacer.
Ahora veo a los chavales disfrazados, con esos colmillos, capas, caretas sanguinolentas, pelos horrorosos, y que te dicen tan contentos ¿truco o trato?. Yo eso lo he visto en las pelis americanas. Y muchas cosas de miedo. Y supongo que debe ser una noche mágica. Pero es que yo no estoy para esto. Me apunto a una fiesta sin pensármelo, pero es que esas cosas, si son de broma, no me hacen gracia, y si son de verdad..... quita, quita.
La obra del Tenorio, obligada en los estudios uno. No sé si era maravillosa o no, pero así aprendimos a conocer a aquel personaje que por un lado me encanta, pero por otro, menos mal que no lo conocí. Porque caer en la tentación cualquiera puede caer y el caballero era experto en hacer caer en la tentación a las damas. Pero los amores siempre acaban en lágrimas y casi que le podemos mandar con los del truco o trato. Y la mala baba del Comendador. A quién se le ocurre aparecerse. Nadie le ha dicho a ese personaje que los muertos están muertos y que ya no tienen nada que hacer aquí?. Vamos yo es que tengo clarito que cuando me toque irme de aquí, no miro para atrás. No sé a dónde iré si es que se va a alguna parte, pero por aquí no vuelvo, total p'a lo que hay que ver.
Y la leyenda de Bécquer de La Noche de las Animas. Que si el bosque, que la gacela, que el señor, que qué miedo.
Porqué esta noche no se puede celebrar con unas simples y divinas castañas? que esas sí que son divinas, con espíritu propio. No hay nada que se le parezca, ni tiene sucedáneos.
Yo es que con los muertos tengo muy mala suerte. Siempre se van cuando no toca, me dejan hecha una piltrafa, no se me olvidan, de vez en cuando me encuentro llorando, y aquí no pasa nada. Sigue saliendo el sol, seguimos trabajando, pensando en mañana. Y.....
Bueno que me quedo con las castañas antes de que se mueran.
Y por si hay aficionados pues nada, que FELIZ HALLOWEEN
Esta foto está tomada a propósito, con toda idea. No es que la imagen parezca espectacular a simple vista. Pero es la orilla del mar en Tánger, cerca del puerto nuevo, a media tarde, con una visibilidad mermada por la hora. Al mirar al frente, imaginaba una especie de golfo, o bahía grande y pregunté qué era aquello. Me quedé muda cuando me dijeron que era Tarifa. Es la costa española. Eso es lo que ven las personas que se meten en las pateras, algo que está a tiro de piedra, que casi se podría pasar nadando. Eso tan cercano es para ellos la tierra prometida, que luego no es así. Me dijeron que estaba a 14 kilómetros. He hecho fotos preciosas, divertidas, de las que muestran con detalle cosas curiosas. Pero para mí esta es la más impactante, porque sé exactamente lo que sentía en el momento en que decidí hacerla, y eso no lo puedo explicar, pero desde luego no era alegría por la cercanía de la "patria", que al fin y al cabo yo había salido por un capricho y volvería pronto, era otra cosa, no sé escribir con tanto detalle, pero sí que recuerdo con nitidez aquella sensación. Entre otras cosas, deseé con fuerza que, en un futuro cercano, no fuera objeto de deseo o imaginación de promesa de futuro para tantas personas. Preferiría que lo vieran como yo, algo que merece salir en una foto sin cuestionarse nada. Aunque yo sí me cuestiono muchísimas cosas en este asunto.
(Esto es una tontería, pero es que me he puesto de muy mala uva)
Nunca nos hemos llevado bien la aspiradora y yo. Es un chisme que me resulta antipático como pocos.
Siempre tirando de el. Cuando quiero llegar a un sitio, se tuerce el tubo, se engancha el cable, se suelta el enchufe. No sé, siempre pasa algo que me contraría. Es de esas maquinuchas con espíritu propio que me contradice siempre. En fin, una antipática.
Por eso, procuro pasar poco tiempo con ella. Guardadita en el armario está mejor que en ninguna parte.
No tengo en casa alfombras ni tapices ni cosas de esas que la puedan hacer necesaria diariamente, así que nuestra convivencia es medianamente soportable.
Pero de vez en cuando, no queda más remedio que usarla, y esto provoca que ella tenga también sus necesidades, por eso hoy me ha tocado cambiar la bolsa de papel.
Un horror absoluto. Primero ir a comprar las bolsas que ya no quedaban. Las que yo tenía eran originales de cuando la compré y ya no encuentro esa misma marca. He tenido que comprar unas que llaman compatibles. (Mira qué suerte, les irá mejor a que a mí, porque desde luego yo no soy compatible con ella para nada).
Quito la bolsa usada sin prestar atención a cómo va encajada. No será tan complicado, digo yo. Pues mira que no, que digo mal. Es complicado de narices. No veo la ranura por donde entra el cartón. No encaja con el agujero que va directo al tubo. Le doy la vuelta, tampoco va. Intento cerrarla y que nones. Miro el reloj, llevo un cuarto de hora dedicada a algo tan absurdo como poner la bolsa a la aspiradora. Si la hubiera tenido que peinar me hubiera llevado menos tiempo y yo peinando soy una auténtica nulidad.
Al fin, después de varios intentos, creo que lo he conseguido. Voy a probar a ver si funciona. Pues sí, hace ruido y recoge las migas del suelo. Así que aprovechando, me la voy a llevar a la terraza y así recoge las chinitas de arena de la gata que siempre hay por el suelo.
Desenchufo en la cocina, la pongo en el salón, pegandito a la terraza que es donde está el enchufe más cercano. La intento poner en marcha y no va. Me fijo en el enchufe, como es de esos de cuatro o cinco y con un interruptor, se me ocurre que quizá esté apagado y le doy para encender.
Resultado, la tele que funcionaba deja de sonar. El aparato del plus se queda a oscuras, la aspiradora no funciona y a mí se me pone una jeta que pa’qué. Que vale que ya sé que si la tele funcionaba el enchufe también, pero no caí en eso, de vez en cuando se me pira la pinza, ¿eso es normal, no?
He vuelto a dar al botón. He desenchufado a la antipática esa, la he sacado a la terraza, me he ido a la cocina y he terminado la comida que es mucho más agradable.
Mañana, si estoy inspirada la dedicaré otro ratito, si no, cogeré la escoba y el cogedor de toda la vida y aquí no pasa ni media.
El domingo tuve la suerte de poder ir a ver a Les Luthiers. Recordaba la primera vez que les ví en televisión, allá por el año 1972 o algo así. Entonces pensé que yo jamás podría verlos en directo. Era demasiado joven y no podía pagar el precio de la entrada. Y ahora varios lustros después he tenido esa suerte.
Son fantásticos. Me encantan.
Empezaron a las 8 de la tarde y cuando terminaron a las 9,30 no me lo podía creer. Hora y media sin sentir ninguna molestia, sin notar cómo pasaba el tiempo.
Son divertidos, con esa diversión que entretiene, que ilustra, que hace gozar. Con personajes así, siempre se aprende.
Los juegos de palabras eran constantes, hubo un momento, a propósito de un merengue que me dolían las mandíbulas de reírme y me lloraban los ojos.
Dos señores con canas, con traje, con años, tan serios, tan formales, explicando al mismo tiempo lo que es la danza del merengue y cómo se hace un merengue batiendo claras y metiéndolo en el horno, es algo tan simple que es imposible no reírse. No podía más.
Pero para arreglarlo empiezan a hablar de la musa de la danza Terpsícore.
La versión libre que hacen de las obras de Shakespeare no tiene desperdicio.
Y así todo el tiempo, no voy a despanzurrar la actuación, sólo sé que me encantó. Que doy por bien empleado el dinero de las entradas y que eso es humor inteligente.
Comentando la actuación al salir sólo había tenido sensaciones parecidas cuando ví a Gila, unos meses antes de morir.
Gila contaba siempre la misma historia de la guerra, y a pesar de conocerla, de haberla oído mil veces, siempre me hacía reir a carcajadas.
Pues con Les Luthiers ocurre igual, para mí pueden sacar cosas nuevas, o repetir siempre lo mismo, y el simple hecho de dar las buenas noches ya me hará reir.
Todo lo que escriba sobre ellos estará bien pero si hay que resumir para mí sólo queda GENIALES.
Pues sí, volví de vacaciones. He estado en Tánger. Ha sido toda una experiencia. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto.
He tenido la suerte de no ir de guiri. Nada de turismo convencional.
He ido de la mano de una amiga. Es de allí, tiene su casa y vive su familia. Esa es la mejor manera de conocer cualquier sitio.
Poder disfrutar de su hospitalidad. De las comidas de casa, nada de hoteles ni restaurantes modernos. Poder compartir sus formas de pasar el tiempo. Ir de compras en un lugar donde el regateo es algo obligado.
Yo no sé regatear, soy una pamplinas para eso, y encima en otro idioma. Yo pregunto el precio, si me conviene lo pago y si no, doy las gracias y me voy. Aquí me ví obligada a decir a mi amiga lo que quería y ponerme a mirar otra estantería, o el escaparate o lo que fuera, ya se ocupaba ella de las negociaciones. Qué cansancio. De verdad que resulta cansino.
Pero en la casa de sus hermanas, de sus amigas, me sentía como en la mía. Bueno no, no puedo decir eso, no es justo. Me han tratado como a una princesa. Y nunca podré dar las gracias adecuadamente.
Una cosa que me ha llamado la atención y que aquí, por lo menos por donde yo me muevo, apenas se utiliza es el gusto por servir la mesa en condiciones. Me explico.
Al llegar a cualquiera de sus casas, te reciben con una bandeja de cristal y vasos llenos de agua. Hace calor, y se supone que apetece. Luego la mesa con mantel bonito, botellas preciosas con zumo (es de tetra brik, que lo dicen) con los vasos a juego, y en fin una serie de detalles que aquí dejamos casi para las fiestas, por aquello de que se friega menos, o van al lavaplatos y las filigranas se estropean, o manteles simples por no planchar.
Hago referencia a esto porque no eran visitas anunciadas ni nada parecido, podíamos pasar a dar las buenas tardes simplemente, y tener ellos ya la mesa preparada para el té.
Quiero decir que el buen gusto es predominante, aunque a veces pueda parecer recargado.
Lo de comer con las manos no es una leyenda. Sí que comen con las manos, pero con un arte que me ha hecho sentir una novata total. Me descuidaba y comía con la mano derecha o la izquierda. (Eso no se hace, sólo se come con la derecha y lo sé). En todas las ocasiones me han ofrecido los cubiertos y el plato por si yo no quería comer en el plato común. No lo he hecho, me parecía de muy mala educación. Aunque mis modales para ellas han debido ser de lo más deplorable, pero no me lo han hecho notar. En todo momento he estado comodísima.
Ya conocía el cous-cous, pero nunca lo había compartido con ellas. Estaba para chuparse los dedos, y nunca mejor dicho. El tallín de verduras, parecido a nuestra menestra, quita el hambre y deleita los sentidos. La rziza, como si fueran espaguetis ligeros, suaves. La Harira o sopa de Ramadán que también ponen algún día en que hacen el ayuno. El pescado frito, o a la plancha. Y los dulces de mil formas, de miel, almendra, higos, yo qué sé, una locura.. A mí me gustaba todo. Si me quedo tres días más vuelvo con yilaba pero porque no me hubiera abrochado ni uno sólo de mis pantalones. Qué manera de comer. Todo el día en un pienso. Qué pasada y qué gozada.
El pueblo de Asilah es toda una joya. Precioso, curioso, limpio y coquetón.
La cueva de Hércules como maravilla en piedra sí, espectacular, pero las jaulas con monos, gatos, aves, no me han gustado, además que el olor era bastante insoportable. Pero eso es de quita y pon, cuando quieran lo quitarán de allí y seguirá siendo maravillosa.
El paseo marítimo, nuevo, bonito. El paseo es muy agradable.
El tráfico infernal, pocos semáforos, sin rayas en el asfalto ni pasos de cebras, un guirigay absoluto, hasta para cruzar la calle, en alguna ocasión me han cogido de la mano como a una niña chica.
Y me he reído con cosas pequeñas –que para mí son las mejores- como hacía mucho tiempo que no me reía.
Me he tenido que pelear con mi amiga para que me dejara preparar el café del desayuno, o hacer la cama o recoger el baño. Para ella era su invitada. Me tuve que cuadrar y la llegué a decir que si no me dejaba hacer cosas como en mi casa, no me sentiría como en mi casa y entonces me iría a un hotel.
Nos hemos hecho fotos juntas, todas ellas, sus amigas, y esa diferencia en el vestir que siempre parece que aleja, en este caso nos ha acercado. Ellas contentas y yo más.
Ella no podrá leer esto, es posible que alguien se lo lea, pero desde aquí quiero que sepa que nunca le agradeceré bastante todo lo que me ha enseñado en estas vacaciones.
Bueno pues sí, ya volví. Lo he pasado estupendamente. Nunca imaginé que sería tan genial. Iba con ilusión, con ánimo de vacaciones pero ha superado todo.
Al volver a casa me encuentro albañiles entretenidos, la casa como en guerra. cables rodando, el rooter guardado a buen recaudo, el ordenador tapadito tapadito, y no sé hasta cuando.
Ahora mismo me he colado en el ordenador de mis sobrinas para entrar por aquí, a ver cómo anda el patio, y ya me tengo que ir.
Traigo relatos, fotos, aventuras y un precioso kaftán pero no puedo enseñar nada. Las fotos en la cámara, el kaftán en la maleta, los relatos en la libreta escritos a lápiz, así que sólo los que pueden pasar por casa y compadecer las penurias de una obra pueden ver todo de primera mano. Poco a poco iré recuperando las nuevas tecnologías y así enseñar las cosas bonitas o que a mí me lo parecen para colgarlas por aquí como si fuera ropa tendida, pero muy limpia y al sol.
No diré hasta pronto porque no sé qué significa eso ahora mismo. Pero volveré en cuanto pueda.
Ufff. ¡qué bien suena eso! Ya terminé con la maleta, tapé todos los muebles, he cortado el agua y el gas y sólo me queda apagar la luz. Volveré dentro de unos días o más, no sé. Pero de momento me piro a sitios desconocidos para mí.
Llevo ilusión, ganas, espero que no se me note mucho la cara de sorpresa, pero vamos que no me quita el sueño. De momento sólo el repelús del avión. No me acostumbro yo a eso, será que como me toca tan de tarde en tarde, noto las hormiguitas en el estómago. En fin, que ya apago, aunque dejaré la ventana con la persiana subida por si alguien se asoma por aquí. Hasta pronto.