El domingo tuve la suerte de poder ir a ver a Les Luthiers. Recordaba la primera vez que les ví en televisión, allá por el año 1972 o algo así. Entonces pensé que yo jamás podría verlos en directo. Era demasiado joven y no podía pagar el precio de la entrada. Y ahora varios lustros después he tenido esa suerte.
Son fantásticos. Me encantan.
Empezaron a las 8 de la tarde y cuando terminaron a las 9,30 no me lo podía creer. Hora y media sin sentir ninguna molestia, sin notar cómo pasaba el tiempo.
Son divertidos, con esa diversión que entretiene, que ilustra, que hace gozar. Con personajes así, siempre se aprende.
Los juegos de palabras eran constantes, hubo un momento, a propósito de un merengue que me dolían las mandíbulas de reírme y me lloraban los ojos.
Dos señores con canas, con traje, con años, tan serios, tan formales, explicando al mismo tiempo lo que es la danza del merengue y cómo se hace un merengue batiendo claras y metiéndolo en el horno, es algo tan simple que es imposible no reírse. No podía más.
Pero para arreglarlo empiezan a hablar de la musa de la danza Terpsícore.
La versión libre que hacen de las obras de Shakespeare no tiene desperdicio.
Y así todo el tiempo, no voy a despanzurrar la actuación, sólo sé que me encantó. Que doy por bien empleado el dinero de las entradas y que eso es humor inteligente.
Comentando la actuación al salir sólo había tenido sensaciones parecidas cuando ví a Gila, unos meses antes de morir.
Gila contaba siempre la misma historia de la guerra, y a pesar de conocerla, de haberla oído mil veces, siempre me hacía reir a carcajadas.
Pues con Les Luthiers ocurre igual, para mí pueden sacar cosas nuevas, o repetir siempre lo mismo, y el simple hecho de dar las buenas noches ya me hará reir.
Todo lo que escriba sobre ellos estará bien pero si hay que resumir para mí sólo queda GENIALES.
Yo no he ido nunca a verlos pero tengo una gran curiosidad. La próxima vez si vas me avisas.
ResponderEliminarLa vecinita del cuarto