viernes, 31 de diciembre de 2010

CAMBIO DE AÑO

Ya se acaba el 2010. Se nota en que ya he puesto el calendario nuevo en la cocina. 2011. Qué bonito queda. Cuando andábamos por el mil novecientos y pico, lo del dos mil, era algo lejano, como futurista, imaginábamos naves espaciales, casi que aparcando en la esquina de casa.
Y ahora, ya con diez años que empiezan por dos, a la espalda, seguimos buscando sitio para aparcar el lagunaazul o el fiesta rojo, por aquí por el barrio. Pues vaya cambio.
Miro para atrás y me echo las manos a la cabeza, cuántas cosas, jamás lo imaginé.
Y sin embargo, mirar al futuro, me hace cerrar los ojos. No quiero verlo, no quiero saberlo.
Cada día estreno un día, como un vestido de fiesta. Que me siente bien, y que no me salgan arrugas.
Por eso, ya estreno calendario. He anotado las próximas citas de enero. Que si dentista, que pago de algún impuesto, que entrega de tareas, que cumpleaños de alguna amiga.
Siempre elijo un calendario con números grandes y sitio para escribir, eso, junto con la libreta diminuta que llevo en el bolso y donde voy anotando todo, forman mi PDA. Ese artilugio que me cuesta tanto manejar y que no quiero utilizar. Ya me arreglo bien así, y más de una persona se ríe de mí por eso, por tener una pda tan clásica.

Si pienso en el año nuevo, sólo siento eso, que acaba en 11, y es como un décimo de lotería ¿qué me tocará este año?, dos unos, parece buen número, ojalá me toque algo bueno, y eso que con lo que hay alrededor, pinta fatal. Pero no será malo para todos. Quiero creer que tiene que tener cosas buenas para mucha gente.

Dentro de un rato cenaremos, pero sin jaleo, sin aglomeraciones, sin fiesta especial, las uvas de la suerte están vetadas en casa. No quiero nada que traiga suerte, no quiero amuletos ni supersticiones, ni nada de nada. Todo puede ser bueno o malo, según caiga, según llegue, según siente. Uvas con campanadas NO, demasiados años hubo uvas y poca suerte, cambio de programa, no sé de qué servirá, pero un cambio es un cambio.

Sí tengo cava, Juve Camps, pero no para brindar por el año nuevo, ni por nada, simplemente, porque está delicioso, y si alegra la noche, pues qué bien, y si no, seguro, seguro que me dará sueño, y eso es bueno. Una noche, del tirón, sienta divinamente, por eso el cava ya está fresquito.


Ojalá podamos dejar de hablar de crisis, de penas, de subidas luminosas y de otras cosas que nos hacen la vida cuesta arriba a todos.


Pero como cauno es cauno y tiene sus caunás, eso de antes, son cosas mías y no me impide desear a todos un FELIZ AÑO NUEVO, cada uno a su manera, en su estilo, y si sois de tomar uvas, pues que no se le atraganten a nadie.




miércoles, 29 de diciembre de 2010

SUBE LA LUZ

Es el comentario actual. Sube la luz. Bueno, pues me parece normal.
¿qué van a subir si necesitan dinero con urgencia? ¿los abrigos de visón, quizá? ¿el champán francés?, pues no. Suben algo que utiliza todo el mundo y de lo que ya no se puede prescindir.
Que me parece mal, pues claro, desde el momento en que no me suben el sueldo, todo cuesta más caro, el tabaco que es mi vicio conocido, junto con el café, ya es un artículo de lujo total, pues claro que me parece mal. Pero es que me parece mal que suba cualquier cosa. Esas subidas suponen recortes en la nómina de todo tipo. Menudas ganas quedan de gastar en nada. Y así cómo se va a solucionar la crisis. Si es que es un círculo redondo que parece cuadrado, porque siempre te encuentras con un pico.

Y esto, otra vez, en plan "Abuelo Cebolleta", me lleva a mi infancia. Yo viví en una casa en la que no había luz, hasta los catorce años. Y como era lo normal, no la echaba de menos en absoluto. Vivíamos en aquellas condiciones. No pasaba nada.
Había lumbre de carbón. Servía para calentar la casa, el agua para lavarnos y cocinar. Nos alumbrábamos con carburo, con candil de aceite y con velas. Se leía y se cosía con la luz del día. Por la noche jugábamos al parchís en invierno, y en la calle a correr, o saltar en verano.
Cuando mi padre compró el transistor de pilas, oíamos la radio. Y en casi ninguna casa de las que tenían luz había lavadora. Mi madre lavaba a mano.
Insisto, no la echaba de menos.
Jamás me aburrí.

Ahora, el tiempo que no gastamos en lavar la ropa lo tenemos que ocupar en otras cosas.
Los niños no salen apenas a la calle. En casa juegan más con maquinitas y ordenadores que con sus hermanos, en el caso de que los tengan, porque cada vez se tienen menos niños. Quizá porque se ve más la tele. Eso sin luz no pasaba. Supongo que había encanto en adivinar las formas del otro, ya que a oscuras no se podían ver, y de día había que trabajar.

No había ordenadores, ya, pero las personas se escribían cartas y las echaban al correo, y esperaban que llegara el cartero para recibir las cartas de otros.

No había microondas, así que las cosas se calentaban de verdad, en la lumbre de toda la vida.
Mira que suena mal, con una vitro delante, eso de ¿has encendido la lumbre?. Pero qué narices se va a encender, si yo no sé cómo va ese chisme. De momento en mi casa cocinamos con gas, que sí tiene llama. Y aunque no es exactamente una lumbre, tiene un poco más de sentido.

Yo no quiero ir hacia atrás, eso de ningún modo, pero cuando llegue el próximo recibo de la luz, estoy segura de que volveré a recordar aquellos tiempos.

Reconozco la magia de dar a un interruptor y que sea la hora que sea, se haga de día. Eso nos convierte un poco en dioses, "hágase la luz" y la luz se hace. Pero qué falta de respeto y de todo que pretendan justificar lo injustificable y que lo tengamos que pagar entre todos.

sábado, 25 de diciembre de 2010

DELICATESSEN EN NAVIDAD

Ayer vinieron amigos a casa, un ratito, por la tarde, como de pasada, pero dejaron cosas. Sé cómo son. No me sorprenden. Pero lo que me trajeron, endulzaron, la tarde, la noche y el alma.

De Marruecos, auténticas, con cariño, y con conocimiento, me traen estas tortas, ellos las toman con miel, parecen panales de abeja. A mí me encantan también con miel, pero con queso de untar, con salmón y con otras cosas que ellos no prueban, están escandalosamente deliciosas.
Me han enseñado a hacerlas y me salen bien, pero con los agujeritos más pequeños, debe ser por la levadura, tengo que practicar más, pero sobre todo, tendré que pasar más tiempo con ellas, a ver si le pillo bien el truco.


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Y ya metidos en harina, pues también me trajeron el pan. Ellos lo comen con todo, pero a mí me gusta, sobre todo, para desayunar, con mantequilla, mermelada o miel y el café calentito.
Un sabor diferente, de algo sencillo que es una auténtica golosina










Esto es de otro mundo. A ver, a quién se le pudo ocurrir hacer un turrón con Moet Chandon y fresas. Yo no tengo ni idea, pero que le felicito efusivamente. Mmmm, qué bueno está.









Y esta cajita sorpresa?. Es chocolate, eso se vé. Pero y la pasada de elegir una Puerta de Alcalá, o una Cibeles, y cómo suena eso de, "trae, trae, que me voy a comer a Neptuno", pues sí, se comen y como ya sabemos que el chocolate es el sucedáneo del sexo, no se puede pensar en calorías. Sólo en paladearlo a gusto y disfrutar.


























Este queso ecológico, con leche de oveja, de Val d'Uixó, se llama Tío Maseras, y aunque no conozco a ese señor, estoy segura que por lo delicioso que está el queso, que trata muy bien a sus ovejas, o que es todo un experto en estas artes. También gracias a el por su buen hacer.


Y por último Papa Noel, nos dejó esta caja de emanems. Preciosa la lata, y del contenido, pues nada, que ya los conocemos.
Esta noche se quedó encima de la mesa, y como pasa a veces, pues accidente. La Grapi saltó con la curiosidad que la caracteriza, el mantel se resbaló, la caja cayó al suelo y se abrió. Y ha debido pasarse toda la noche jugando a las canicas.
Cuando me he levantado esta mañana, me mira, como siempre que quiere decirme algo y suelta un maullidito compungido, como explicando que ha sido sin querer, pero por el desparrame que había en el suelo, ha debido pasar una noche de lo más divertido.
En fin, que vienen en bolsas y una estaba sin abrir, así que sólo me he quedado sin la mitad de las bolitas de colores.
Al fin y al cabo, también para ella es Navidad.



miércoles, 22 de diciembre de 2010

LOTERIA

Bueno, pues ya pasó.
Día 22 de diciembre otra vez. Unos cuantos entusiasmados, sin creer todavía en su suerte, y un montonazo, pensando en lo afortunados que son por tener SALUD.

Y en mi sosería habitual, pues no me encuentro ni entre los unos ni entre los otros.

Juego muy poco. Compro dos décimos para compartir con hermanos, cuñados, amigos. A tres euros como mucho. Al final, a mí no me queda ni un décimo entero.

Eso quiere decir que en el caso de que me hubiera tocado, estaría contentísima, pero no sería multimillonaria, ni millonaria siquiera. Claro que ser millonario en euros es la leche.

Pongo yo poca pasión en esto, debe ser que se me gasta en vivir cada día.

No me entra en la cabeza que después de llevar tantos años trabajando, sin haber juntado un capital, ni medio, ni un cuarto, de repente nadara en la abundancia gracias a dos bolitas de madera, pinchadas en un alambre, dando vueltas en un bombo. Juer, eso sí que sería una faena.

Y cuando veo a los que salen en la tele, brindando con lo que sea, en un vaso de plástico, no me imagino así. Yo que pensaba que lo más terrible de mi boda sería el momentito ese de tener que brindar con cava y cuatrocientas personas más. Hasta el punto de que me lo salté. Voy a brindar ahora en la calle y con un vaso de plástico? Nooooooo. Claro, así pasa, que no me toca.

El año que me quedé sin lotería de la empresa, por despistada, y llegó mi compañera el día antes del sorteo, diciendo que no lo iba a consentir, y me dió (bueno las pagué, que dicen que si no, no toca) 500 pesetas, la pobre se quedó cariacontecida, cuando le dije que acaba de perder la oportunidad de que le tocara. Que jugando yo, no tenía ninguna.

Siempre pienso que a quien le tenga que tocar la lotería, debe levantarse sintiendo algo, como una premonición, y yo esta mañana me he levantado pensando que llovía y que me tenía que poner botas para no mojarme. Vamos que ná.

Cuando me ha llamado mi hermana para decirme que el número de ella lleva las dos cifras finales del gordo, toda contenta, le pregunto que si tengo que seguir trabajando, me dice que cree que sí, así que nada, igual que todos los años.

Y me conformo, claro que sí, a mí me han tocado otras cosas que no tocan a nadie y no me han gustado, así que esta, por si acaso, la perdono. Seguiré invocando a la SALUD, siguiendo la tradición, y poco más.

Además, hay otra cosa, cuando toca la lotería a lo bestia, no se vuelve a ver el pelo a esa gente ¿no será que los matan cuando van a cobrar?, a mí me da yuyu, quita, quita, que al sorteo del Niño yo no me apunto, por si acaso. Que si hay que morir se muere uno, pero leche, que me mate dios que me ha criado, no un pagador de loterías.

lunes, 20 de diciembre de 2010

NAVIDAD

Ya es Navidad otra vez. El tiempo va rápido. No importa, que pase como quiera, mientras que no se me note (y se me nota, vaya que sí).

Cada día oigo un montón de veces la frasecita obligada "feliz navidad" "felices fiestas" "próspero año nuevo". Qué bonito, qué bien, cómo suena.

Luego preguntas, así más despacio, a cualquiera, que qué va a hacer, cómo va a pasar las fiestas. Y llega el desencanto total.

Conozco a algunas personas que les gustan estas fiestas, y que las quieren disfrutar de verdad, pero el ambiente no acompaña. Y al final resultan un fiasco las más de las veces. Eso sí que me da pena.

Yo no lo celebro desde hace algún tiempo. Son mis razones, sólo mías. Soy incapaz de amargar las pascuas a nadie. Pero cuando las podía celebrar, las disfrutaba. De buena gana, con deseo, y con pena cuando se acababan.

Me encantaba todo, cantar villancicos, pedir el aguinaldo, o dárselo a los niños, comer turrón, o polvorones y decir Pamplona, con la boca llena. Comprar regalos, o hacerlos en casa, envolverlos, entregarlos, recibirlos. Hasta ir a la misa del gallo era parte de todo. Yo la vivía. Ahora no, pues no. Seguimos adelante.

Pero cuando veo a las personas que dicen que "celebran" la Navidad y tienen cara de acelga, pienso que si es tan difícil plantarse y decir que YA. Quizá porque alguna vez también yo quise plantarme y no lo hice, lo puedo entender, pero tengo claro, ahora mismo que para celebrar la Navidad hay que tener ganas, y puestos a meterse en faena, pues venga, pandereta y a cantar. No es tan complicado.






Me gusta este villancico. Me gusta la voz de Rocío Jurado. Y me gusta el espíritu navideño. Lo que sea por otro. En este caso, el Niño Jesús.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

ENERGIA

Estoy constipada otra vez. Pero mucho. De esa manera que te tumba, que cambias los kleenex por el rollo de papel de la cocina que es más grande que el otro. Que lloras, estornudas y toses al mismo tiempo. Que duelen los oídos, la garganta, la cabeza y las costillas del esfuerzo al toser, que no se puede pensar. Que la medicación te deja obtusa, roma y acabas cabeza-corcho total.

Hace mucho frío, sí. Quizá esto tenga algo que ver. Pero me parece que no.

Hace tiempo, cuando oía eso de que bajaban las defensas, yo siempre lo achacaba a alguna deficiencia alimentaria. Pero el tiempo me hace ver otras cosas.

Un disgusto, un susto, una sorpresa desagradable, un revés inesperado, hace que nuestra energía se escape como en un suspiro y entonces todos los hados chungos se ponen de acuerdo para hacernos la puñeta aún más. ¡Cobardes!, esos virus, bacterias, agentes patógenos que pululan por ahí, a cara descubierta son incapaces de hacernos nada. Tienen que pillarnos a traición.

En yoga nos explican eso una y otra vez. Tenemos que intentar mantener nuestro equilibrio. Y dan un poco la pauta a seguir, pero claro, es una pauta, no es una varita mágica. Cada uno pone de su parte lo que puede.

Ayer, por cosas de casa, me pasé la mañana en la sala de espera de las urgencias del hospital. Asustada sí, y mucho. Luego llegó la calma. Pero en ese rato, mi equilibrio se tomó vacaciones, me dejó sola cual desodorante barato, y por la tarde, ya en calma, empezaron a hacer efecto todos esos seres que en condiciones normales, conmigo lo tienen todo perdido, también me dicen que la calefacción de esas salas y la concentración de bichos tienen mucho que ver, pero cuando voy de visita a un hospital, sobre todo si es a ver algún recién nacido, no se me pega nada.Es que no es lo mismo.

No diré que me han ganado, que yo me defiendo bien, pero desde luego qué pelea me traigo. Me dan guerra de verdad.

Otra vez a subir la cuesta, a llegar a la cima, a ponerme bien, lo conseguiré, lo sé, y entonces me encararé con la energía esa que se escapa, dicen que por los chakras, pero yo creo que se escapa por todas partes. Y la regañaré como cuando un niño se suelta de la mano. Que se entere de que la necesito toda, que tiene que estar conmigo, que tengo que tirar de mí y que no me puede hacer esas putadas. Que cuando se va de picos pardos tengo que echar mano del Frenadol, y que no es lo mismo sentirse bien, que dopada, atontoliná y hecha un asquito que es como ando ahora.

Me voy a por alguna infusión que me ayude a respirar, a dormir lo más tranquila posible y a recolocar los chakras, que digo yo que si sale por ahí también puede volver a entrar ¿No?


domingo, 12 de diciembre de 2010

LA NIEBLA

Hoy ha amanecido con niebla. No se veía nada al asomarse a la ventana. Y miro el calendario, me acuerdo de algo.

En Mérida tienen la leyenda de Santa Eulalia. Cuentan que cuando fue sometida al martirio, los romanos la pasearon por toda la ciudad desnuda, pero que Dios en su infinita bondad, extendió una nube espesa para que nadie pudiera ver a la muchachita en aquellas condiciones. Y que desde entonces, por estos días, siempre hay niebla en las vegas del Guadiana. Santa Eulalia es el 10 de Diciembre, pero la niebla dura un tiempo, será por aquello de que todos los santos tienen novena.

Me parece una leyenda curiosa, y por eso miro el calendario. Sí es cierto, que en esta época siempre hay niebla y no sólo por el Guadiana, un poco más lejos, también, y a veces, hasta muy lejos. Pero esa leyenda, uffff, el todopoderoso pudo impedir que vieran a la niña desnuda, pero no impidió que la asaran a fuego lento. Eso sí que es un nublao.

Me gusta el refrán de Mañanita de niebla, tarde de paseo. Eso espero, pasear esta tarde, porque ahora, ya me cuesta abrir las ventanas, cuanto más ponerme decente para salir a la calle, que aún estoy en traje de noche y no tengo prisa por nada.

Y cuando se habla de niebla, hay otra acepción, clara donde las haya, que ya es difícil tratándose de niebla. No es una definición concreta, no sé si sabré explicarlo bien.

Cuando entre dos personas, hay algo enganchado, algo que cada una interpreta de una forma y que generalmente, a las dos molesta, se habla de eso, de que hay una niebla espesa entre ellos. O que está nublado, amenazando tormenta. Cogemos estos ejemplos para explicar estados de ánimo. Y el caso es que son de lo más elocuentes.

Yo vivo entre niebla desde hace mucho tiempo, pero siempre miro al sol con esperanza, aunque no confío mucho en que Dios lo arregle, a ver si va a tener la feliz idea, de nuevo de preparar la parrilla, que yo, cuando esto acabe, soy más de horno. Pero aún no que me quedan cosas por hacer.

viernes, 10 de diciembre de 2010

POR SI TOCA LA LOTERÍA





Ante la posibilidad de que la lotería cercana me toque con su varita mágica. Y desde luego tiene que buscar a fondo en el bombo de las bolas, porque yo sólo llevo un décimo, decidí ayer dar una vuelta, haciendo planes de en qué podría gastarme el dinero llegado el caso.

Me fui a Madrid, pero a una zona, que aparte de no ser habitual para mí, llevaba muchos años sin pisar.

Castellana, subiendo Ortega y Gasset, torciendo por Serrano y parte de Velázquez.

Esos nombres de señores tan sesudos, no creo que se correspondan con lo que allí hay.

Todas las tiendas de lujo del mundo y parte de la extratosfera.

Channel, Luis Vuitton, Gucci, Dior, Dolce y Gabanna, joyerías, peleterías, y todas esas cositas que se asocian al lujo y que luego copian los chinos.

Hacía tanto tiempo que no iba que olvidé un pequeño detalle. Yo sólo quería ver escaparates, y me vine con las ganas. Esa gente no se molesta en pagar a un escaparatista o gastar imaginación. Nada de nada. El nombre encima de una puerta estrecha, y en algunos un ventanuco que parece el torno de un convento de clausura. Qué decepción.

Y si alguno se atreve a poner algo, nada de precios visibles. O no lo ponen, o ponen un cartelito en un rincón con letrita pequeña que ni con mis gafitas distingo.
Esforzándome un poco conseguí atisbar que aquel vestido, cortito y sin mangas, de lentejuelas, negro, costaba cuatro mil euros (me cuesta menos ponerlo en letra, porque para un minivestido son muchos ceros). Un chaquetoncito de paño de toda la vida, con capucha, de color gris, simple, como para ir al cole, tres mil quinientos. Un reloj, bonito, veintidos mil. Y unas botas rojas, sin tacón, con apariencia de comodidad, ochocientos.

Que digo yo, que si me toca la lotería, con un sólo décimo, no tendría para vestir más de una temporada. A la otra ya tendría que volver a la tienda de mi barrio o salir desnudita.

Es una pasada. Sé que se puede elegir, sé que no hay porqué ir allí. Sé que muchas prendas son artesanas, cosidas a mano, con tejidos buenos, pero yo creo que ni cosiendo las lentejuelas una por una aquel vestido valiera aquello.

Sé que hay personas que no tienen que saber el precio de las cosas. Simplemente eligen y alguien lo paga, pero qué mal cae en estos tiempos.

Entonces entendí porqué llevaba tanto tiempo sin ir por allí. Supongo que cuando vuelva, habrán pasado otro montón de años.

En la calle de Serrano, había una banda de Jazz. No es normal algo así. Por aquí sólo se oye el ruido del tráfico. Y aquellos hombres hacían sonar aquellos instrumentos de una manera contundente. Me cayeron bien. Por lo menos algo que merecía la pena.

Saliendo de allí, me encuentro con la Puerta de Alcalá, pero no como la veo siempre, de Cibeles para arriba, si no del otro lado. Quiero una foto.



Cuando se lo digo a mi contrario que es el fotógrafo oficial, vemos que están los de Green Peace reivindicando algo. Pero además, no conformes con ponerse delante del monumento, hay dos tíos que se han subido arriba del todo, con los arneses, en plan bombero. Madre mía, qué vértigo. Y la policía al lado. Esperando que bajen. No me extraña, nadie les mandó subir allí, para qué bajarlos, mejor esperar. En algún momento tendrán que hacerlo.
En la guía de Usos y Costumbres, añado: La Puerta de Alcalá sirve para hacer prácticas de escalada. Seguro que Carlos III ayer estuvo entretenido.





Después al pasar por la puerta del Ayuntamiento, vemos que han puesto un Belén grandote, bonito. Y allá que vamos. Tiene todo el aspecto de un pueblo. Con todos los personajes y los oficios. Bien montado, curioso. Especialmente me llaman la atención unas figuras. Nunca he visto nada parecido. Una mujer despiojando a un niño. Me sacó una sonrisa. Sobre todo pensando en el artista que ha hecho la figura, ¿cómo se le ocurrió?, pero está muy bien.
Y una gallina dentro de una olla. Son miniaturas pero con un realismo que supongo que se habrán inspirado en algún momento de realidad, porque no se explica tanto detalle, de no ser así.







Y al final, pues a comer a Callao, que ya conocemos el sitio y que no pienso hacerle publicidad. Puerta del Sol, paseo en autobús. Y a casita que llueve, y nunca mejor dicho. Que aunque anunciaban que no llovería, sí que llovió.

El día de la lotería el 22, pero creo que puestos a gastarse el dinero, me iré a algún sitio que me guste y ligerita de ropa, que al sol no hace falta.

martes, 7 de diciembre de 2010

HOY, PELUQUERÍA

Hoy tenía planes, pero como a mí las cuentas me salen rosarios, pues con el aguacero con que amanece el día, cambio total.
Qué se puede hacer en un día así.

Venga a la peluquería y eso que llevo adelantado, porque pensaba ir el viernes próximo.

Ir a la pelu, para mí es ir a ver a unas amigas. Llevo más de veinte años por allí. La dueña es amiga mía. Y las muchachitas que trabajan allí, entre ellas su hija, las conozco desde que eran pequeñajas.

Me encanta el trato. Nada de los remilgos que oigo por ahí, de si te pongo la crema de color, que si el ahuecador, que si yo qué sé, todas esas pócimas mágicas que no sé para qué sirven.

Conmigo es muy fácil, buenos días chicas, qué tal andáis, me hacéis sitio, venga que tengo mala pinta y quiero que me dejéis guapa.

Alguna vez me han preguntado que si a mí me ponen una cosa u otra, y cuando digo que no tengo ni idea, debo parecer tonta. Pero es que de verdad que nunca pregunto. Ellas me arreglan según les parece, y hasta ahora no tengo que decir nada en contra.

Me une a ellas una situación especial. Cuando mi hija tuvo que hacer prácticas, las hizo con ellas, la acogieron con muchísimo cariño, y estuvieron muy pendientes de ella cuando enfermó. Después todo llegó tristemente, y ellas no se despegaron ni un minuto. Eso no era obligatorio, lo hicieron de voluntad. Y después, cuando todo acabó, conmigo tuvieron un tacto exquisito, tratando de no rememorar cosas tristes.

De vez en cuando me la nombran, pero siempre haciendo referencia a algo agradable, alguna cosa dicha, algún hecho concreto, pero siempre con cariño. Y aún así, procuran evitarlo.

La bufanda roja, me enseñó a tejerla una de ellas. Que ya es, oye, pásame a puntas el tinte y de paso díme cómo doy la vuelta aquí. Así pasamos el rato, siempre bueno, porque con esas cosas, se apunta alguna otra señora que quiere aprender, o mirar, o nada, pero que está allí.

A veces compartimos algún dulce, alguna chuchería, y siempre, siempre, es un rato agradable.

Y luego ya, con la dueña, el cachondeíto habitual, cuando me pregunta que si quiero que me corte un poco las puntas, o si me dice que me va a cambiar algo y yo le contesto siempre igual, "ya sabes si me dejas bien, diré que lo has hecho tu, y si me dejas mal, también diré que lo has hecho tu". Así la pobre, se esmera, y me deja bien. Siempre me deja bien.

Para ser un día gris, lluvioso y con tendencia al aburrimiento, ha sido un buen rato. Ellas saben cómo hacerme sentir bien. Aunque creo que es sello de la casa y nos hacen sentir bien a todas.

Adoro a estas muchachas.

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA GENERACION QUE SE TOPO CON LA INFORMATICA

Con el ordenador nuevo, surgen cosas que no estaban en el otro.
Y mareo a mi hijo. ¿oye, cómo hago esto?, mamá, ya te lo dije, tienes que ir a opciones y seleccionar...
Mira niño, que esto antes yo lo hacía así, y ahora no hay forma. Joer mamá que te dije que...
Así cada poco. Yo ya me harto de preguntar, y sé que el cansa de responder.
Le digo que me lo apunte en la libreta (no hay ninguna) y se ríe de mí porque dice que he debido empezar ya tres libretas y no he hecho caso de ninguna.

Al final, con carita triste, le digo que no es para tanto, que su padre y yo no somos tan torpes. Y se queda como pensando y reconoce que no, que no somos torpes, y que para lo que hay por ahí nos manejamos muy bien con el ordenador, pero que deberíamos hacer un curso de "Alfabetización informática".

No tengo ni idea de qué es eso, pero cuando lo cuenta, creo que lleva razón. Es el curso en el que se explica el a, b, c, de la informática. Vamos desde el principio, tratando de comprender lo que es cada cosa. Pues por ahí teníamos que haber empezado. Pero no fue así.

Empecé a trabajar con un ordenador en el año 91. Y mi duda más grande era cómo tenía que empezar a hacer algo con aquello. Al preguntar, me dieron una respuesta de Perogrullo y ya pregunté poco más. "Tienes que empezar por enchufarlo".

Mi generación pasó del papel, archivos alfabéticos, fechas, colores, al pc sin transición. Un día te dicen deja eso, ponte aquí, y tira p'alante.

Así con aciertos y errores hemos conseguido comprender algunas cosas, pero otras se nos escapan, mientras que ellos parece que han nacido biométricos, ya lo traen de serie.

Para los bebés que nacen ahora, nosotros estaremos en la misma época que los Neandertales o los Cromañones, y no les faltará razón. Pero para ellos será tan fácil como cuando ya aprendí a leer, que no me puedo acordar porque tenía tres años y mi padre jugaba conmigo a ver la cartilla. Nunca he sido capaz de recordar aquella etapa. Yo siempre he sabido leer, nunca tuve que aprender. Pues igual para los peques de ahora. Será algo tan natural como tomarse el biberón.

Pero qué fatiguitas estamos pasando los de nuestro tiempo.

Y desde luego no me acomplejo ni me echo para atrás, dirán que somos duros de mollera, o torpes de entendederas, pero no que no le echamos valor a la vida, a las nuevas tecnologías y a lo que se tercie.

Teniendo en cuenta que conocí la pizarra, el lápiz normal, el lápiz de tinta, el lápiz azul y rojo, el tintero y la pluma con plumín desmontable y chinitos en el papel, la pluma estilográfica, el boli Bolín, el Bic, el Rotring, hasta que llegó el Parker, la máquina de escribir, la multicopista, la fotocopiadora, la sumadora de manivela, la máquina contable de fichas, y yo qué sé cuantas cosas más. Todo esto hasta llegar al ordenador.

Ahora se da al intro y ya está. Todo sale o todo desaparece. Me parece un juego de azar, a ver hoy toca o no toca. Si toca, todo sale bien y es una maravilla. Si no toca, todo se va al carajo y volvemos a empezar.

Y sí, formo parte de esa generación que se topó con la informática por narices, pero me encanta el ordenador enorme con mucho de todo, y el pequeñin de la Señorita Pepis (que seguro que los jóvenes no saben quien era).

Seguiré enredando, aprendiendo y descubriendo todas las posibilidades de estos cacharros para desesperación de mi hijo, que con eso ejercita la paciencia que parece ser que es algo en deshuso.

domingo, 5 de diciembre de 2010

RECUERDOS DE INVIERNO



Esta mañana de invierno, me levanto, como siempre, bastante empaná. No puedo pensar con claridad hasta después del café, aunque eso no es novedad.
Me voy a la cocina, y me lío con las mandarinas, mientras sube el café, y a continuación le pego un tiento al panetone, que está estupendo.
Mientras me bebo el café a sorbitos, me viene a la cabeza, el poema de Góngora Y RIASE LA GENTE. No pienso en el con ánimo de cultura elevada, ni muchísimo menos, recuerdo la estrofa de la morcilla en el asador y de las bellotas y castañas. Y veo que mi desayuno, ni de lejos se aproxima a aquel.

Entonces me doy cuenta de porqué se ha producido ese cruce. La imaginación nos hace juegos malabares sin que nosotros decidamos.

Cuando mis padres estaban en el pueblo, cuando íbamos en invierno. Al levantarnos, la lumbre ya estaba encendida. Mi madre se ocupaba de eso. Tostábamos el pan al fuego, directamente. Y más de una vez, el desayuno eran las migas. Con chorizo, sí, con pimientos, con ajos fritos.
Era normal. Estábamos en el pueblo, y allí no valían las cursilerías que nos gastamos aquí.
Mi padre no se sabía ese poema, ni mucho menos quién lo había escrito, ni a qué época pertenecía, pero sí que nos decía eso, que si teníamos una morcilla que asar, y bellotas y castañas, pues ya teníamos todo lo que precisábamos.

Cuando en la escuela tuvimos que estudiar a Góngora, y leí ese poema, yo era una chiquilla, y entonces entendí que mi padre era un hombre sabio. Pero mi madre era más sabia que el. Porque el contaba esas cosas, pero mi madre las hacía realidad.

Después oí a Paco Ibáñez cantarlo. No es que me guste cómo canta Paco Ibáñez, pero la entonación que da al poemita en cuestión, yo creo que es de lo más aparente.

Y ahora, que ni lumbre, ni morcilla, ni bellotas, ni nada. Miro al Panetone y casi que me cae mal. Porque aunque yo pudiera, que sí que podría, ir al mismo sitio, encender fuego, asar una morcilla, y todo lo demás, me falta lo principal. Ellos para compartirlo. Y oir a mi padre, explicándome a su manera esos versos que ni el sabía de dónde habían salido.

En condiciones normales, no me pasan estas cosas, bastante tengo con estar arreglada para irme a trabajar, pero hoy hace un día de lo más propio para eso, para sentarse delante de la chimenea y tener como actividad primordial del día, quemar leña y contar historias.

Me voy a por otro café, y esperaré que enciendan la calefacción y mientras, pues RIASE LA GENTE.

sábado, 4 de diciembre de 2010

VIAJAR EN AVION

Hasta anoche, casi a las diez no había oído nada de lo que ocurría en los aeropuertos.
De repente, al tiempo de cenar, se me indigestó la cena. No me lo podía creer.
Nunca hago planes para este puente. Es cuando más gente viaja. Todos de golpe, por todos los medios. Y coincide, casi siempre con los días más fríos. A mí el frío me horroriza. Así que en casita se está muy bien.
Pero por mi trabajo, he tenido oportunidad de tratar con muchísimas personas, estos últimos quince días, que tenían que viajar ayer u hoy. Anoche, se me vinieron a la cabeza, en bloque, como de golpe. Increíble.
Cuantas ilusiones rotas, cuanto dinero gastado con lo que cuesta ganarlo. Y qué impotencia.
Cómo es posible una cosa así. Cómo puede un colectivo joder de esta manera.

Y hay una cosa, por más que oigo la radio cambiando de emisora, o miro la tele en las noticias, o intento leer algo, hay una cosa que se me escapa, no tengo ni idea de ¿PORQUE?. Qué les pasa a los controladores. Qué piden ahora. Es dinero, es tiempo, es otra cosa. No lo sé. Será mi falta de información. Pero no se me alcanza una razón tan importante como para hacer tanto daño. Porque es daño.

Si consiguen algo de lo que quieren, se les volverá en contra, seguro. La energía fluye, se transmite. Y cuando uno atrae, como un imán, la rabia y el dolor de tanta gente, no se puede disfrutar de lo que se consiga. No se trata de justicia divina, es simplemente energía. Y si no funciona, da igual, yo que no voy a viajar, me sumo a la gente que se ha quedado en tierra y me cago en todos sus muertos.

Ahora están reunidos los mandamases en consejo de ministros. Van a decidir qué hacen. Que qué tienen que hacer. Pues lo que tenían que haber hecho hace mucho tiempo. Coger la tralla y enseñar a todos esos trabajadores de lujo, que lo primero es lo primero. Que tienen una responsabilidad, y que al que no le gusten las condiciones, que cambie de oficio. Pero que los aeropuertos no son suyos. Y no pueden hacer lo que les dé la gana.

Y encima como burla, no aparecen porque están malitos y se reúnen en el hotel al lado del aeropuerto. ¿qué pasa? que están en cuarentena y han montado allí el hospital de campaña?

No puede ser. Que los despidan a todos. Que se larguen. Esa gente no me inspira confianza ninguna.

Y si, por un tiempo, no se puede viajar en avión, pues se buscarán soluciones, que las hay. Y aunque sean incómodas una temporada, se hará con la seguridad de que no van a joder los puentes, las vacaciones, las necesidades de mucha gente. Todo es organizarse. Que andando se llega lejos, y si hace falta más tiempo, se disfruta del camino.

Lo que digo puede parecer una tontería, pero anda que pasarse meses ahorrando para pagar este viaje, hacer unos maletones para pasar la navidad en casa, llegar dos horas antes al aeropuerto, subirse a un avión, dar dos vueltas por la pista, y que te digan ¡hale, se acabó el duro! es para dejarse las venas largas, y llevarse por delante al que te diga un buenas noches. Eso sí, como ayuda, dan una mantita naranja, muy mona desde luego, y un bocata. Grrrrrrrrrr.

En mi pueblo dicen que lo más seguro es el burro y el candil. Y que una manta de lana te sirve para todo. En invierno te abriga y en verano te haces un sombraje.
Y por ahí vamos a acabar como no cuadren a esta panda de sinvergüenzas.

...Y se meten con los funcionarios... anda queeeee.

jueves, 2 de diciembre de 2010

QUE VIOLENCIA EN EL AMBIENTE

Seguimos pasmados. Se anuncia nieve. Quizá mañana aparezca todo blanco. Y como siempre, mi preocupación prioritaria serán los zapatos. ¿qué me pongo? que no resbale y que me mantengan los pies medianamente caliente.

Pues no sé si es este frío o el que nos llega de todas partes en todos los sentidos.

En la radio y en la tele, se habla continuamente de la mala situación. Que si acabaremos como Irlanda. Me veo añadiendo un Mc a mi apellido. Y eso quizá, pero de pelirroja no me veo.
Que si las medidas del gobierno. Que yo no me entero. Que no entiendo nada. Que bajan los sueldos. Y yo no sé porqué se molestan en bajarlos. Si con los subidones de todo lo demás ya se quedan pequeñitos, sin tener que rehacer las nóminas. Eso de los que tienen nóminas. Que van a quitar ayudas.

Un aparte. Lo de las ayudas, estoy de acuerdo. Yo las quitaba todas tal y como están ahora. Me parece un despilfarro. Dar 400 euros. Como si con eso se mantuviera una casa. No y no, eso no es así.

A quien necesite ayuda de verdad, habría que darle lo suficiente para vivir, para mantener su casa en condiciones. Pero al que cobra los 400 euros y eso sirve de "ayuda" a lo que cobra trabajando de otra forma, pues no, ni 400 ni uno.

Cómo se puede controlar eso? pues se me ocurren varias formas. Perooooo para eso harían falta más funcionarios aunque fuese tan solo por un tiempo, y con la fama de caravinagres que tienen los funcionarios, no creo que fuera una medida bien recibida.

Bueno que no me meto con la ayuda real. Me meto con el fraude de unos espabilaos que encima presumen de ser más listos porque cobran ese dinero.

El caso es que se hable de lo que se hable, siempre alguien acaba cabreado.

Porque no hay trabajo. Porque trabajan sin contrato. Porque sube la luz. Porque cierran el bar de abajo. Porque me tengo que comprar un bolso en la quinta puñeta por haber cerrado todas las tiendas del barrio. Por las listas de espera de la Seguridad social. Por la mala educación de jóvenes y ancianos. Por lo que tarda el autobús. Por que se acerca Navidad y la gente no está para turrones.

Entrar en un sitio y dar los buenos días, es casi una provocación, me temo que cualquier día voy a oir como respuesta ¿porqué? o ¿serán para ti?, porque aparte de casi no contestar, te miran raro.

En fin, que cada vez resulta más difícil encontrar a alguien que, por nada, te regale una sonrisa. Yo por si acaso, me la llevo puesta, y no me cuesta nada sonreir porque sí. Pero también tengo cuidado, y me pongo seria muchas veces, porque da la sensación de que te burlas de los eternamente cabreados.

lunes, 29 de noviembre de 2010

HOY ME HA SALIDO CHEPA

Llevamos días oyendo que bajan las temperaturas. Siendo fin de semana, yo no lo noto. Si salgo de casa es a una hora decente (muy a mi pesar, desde luego), y si no, me quedo tranquilamente, notando el calorcito del pijama, las zapatillas, la calefacción y alternando la taza de café con la de alguna infusión que me reconforta el cuerpito gentil y el ánimo.

Pero hoy... había que levantarse al son del despertador. Que eso ya hace que los buenos días no sean buenos. Luego hay que pasar por lo que en días así es la tortura de la ducha. Y nos quita el calorcito ese de entre las mantas como de pan caliente que tanto me gusta.
El repelús que se siente, arropada al albornoz y con los pies descalzos y húmedos. Que sólo lleva a vestirse deprisa y corriendo con las medias torcidas y sin crema hidratante, que eso ya sí que es un mal rato. Con lo que me gusta a mí en condiciones normales.

Luego ya salir a la calle. Me voy encogiendo. Me entra el frío por los agujeritos de la nariz. Me enfría la garganta. Noto como baja. Y tratando de que no me invada por completo, me sigo acurrucando conmigo misma. Hasta que llega un momento en que me veo reflejada en un escaparate y veo que voy encogida, muy encorvada.

No me reconozco. Yo en casa no tenía esa joroba. Que no, que no, que lo sé bien.
Me estiro. Trato de caminar con garbo, con cuidado de no resbalar en estas aceras antipáticas que me lo ponen difícil. Y veo a otra mujer, también con joroba. Otras personas caminan igual.

Qué pinta más horrorosa. Entre los abrigos que nos hacen amorfos. Que no hay manera de distinguir a un tío bueno de uno menos bueno, y esos bultos en la espalda. Qué feo es el invierno. Bueno, no es eso, más bien es qué feos nos ponemos en invierno.

Cuando he llegado a trabajar y he entrado en aquella sala, que por la temperatura más bien parece una incubadora, he empezado a desarroparme, en plan cebolla. Primera capa, el abrigo, segunda la rebeca, y por dios, qué calor, ahora qué hago. Y yo con botas. Porqué no me he traído unos zapatos.

Y me empiezo a reir yo sola, conmigo. Dónde me traigo los zapatos, en la joroba quizá.

En fin, que andamos rondando los cero grados y por más que me digan, no es eso de ni frío ni calor. Cero grados es frío. Frío con joroba.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Me gusta oir música en la cocina. Siempre he tenido algún aparato que me permitiera oir algo mientras cocino, desayuno, friego.
Es el sitio para ello. Otras personas oyen música mientras leen, estudian, cosen, o lo que sea, pero a mí me gusta en la cocina.
Hace muchíiiiiisimo tiempo era el radio cassette. Y oía una cinta, otra, la de antes, o la misma. Y si alguna me gustaba especialmente, pues como decía mi padre, cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue. Así que se acababa la cinta y yo la volvía a poner.
Luego fue el cd, pero el aparato que yo tenía para eso era un tiquis de padre y muy señor mío. Sólo discos originales. Pues vaya m. Yo tengo discos originales, pero no me gusta que anden rodando por la cocina, se ensucian, se llenan de grasa y al final quedan perjudicaditos. Prefiero hacer una copia y la llevo en el coche o en la cocina claro. Pues aquel cacharro estirado no me lo permitía.
Y además eso de empezar a cocinar, poner el disco, ir fregando y cuando las manos estaban más pringadas, clic, se acababa el disco y me quedaba sin ruido. Qué mal.
Al final estaba tan malito que acabó en el punto limpio y mi cocina con la radio como música o conversación ambiental.

Ayer vi uno nuevo que me gustó. No muy caro. Marca el pato. Insistí en que no quería una joya. Que quería algo de andar por casa. Y me lo traje.

Probé un disco de esos perseguidos por la Sgae. Y cómo suena. Mmmmm. Qué bien.

Pero como las ciencias adelantan que es una barbaridad, pues tiene USB. No había utilizado nunca uno así. Pero ya imaginé que no sería complicado. Y como a mí me gustan o me tocan las cosas a lo grande. Enchufé el lapicito mágico al pc, y le copié la carpeta de mi música, sin restricciones.

Lo pongo en el aparatito nuevo y me indica que hay 109 canciones. Yo flipaba, no imaginaba que tenía tanto guardado. Le doy al play, y voila, las canciones que me gustan desde el siglo pasado.

No lo he oído entero. No me ha dado tiempo, voy por la treinta y algo. Pero me he dado el gustazo de oir seguidas una de Elvis, unas sevillanas, a los Estopa, a los Beatles, a los Canteca, a Ana Belén.

Me encanta, ese batiburrillo, sin elegir, simplemente, dejándolo correr. Pues no paso yo tanto tiempo en la cocina como para darle la vuelta. Y bueno ya sé que no está fijo allí, que se puede trasladar, pero qué alegría me ha dado.

Por una vez, la tecnología me alegra la vida. Que normalmente me la complica. Pero qué bien suena.

Y además, ES AZUL.

viernes, 26 de noviembre de 2010

LA GRAPI NO ES VEGETARIANA


Se sube a la esquinita del mueble. Le digo que no. Y ni me mira. Insisto, pero cojo la cámara, que sé lo que sigue. Hago la foto y ni se inmuta.



Hacemos fotos los dos, luego elijo las que me gustan. Pero ella pasa totalmente de nosotros. Es una artista. Sabe que la sacaremos guapa. Y ya se va colocando.





Mordisquea las cintas. Juega con ellas y nos mira. Es un juego. Al final la tengo que quitar. O me rompe la planta, o tira el cesto, o cualquier cosa. Armará alguna, seguro. La quito. Maulla un poco y encuentra otro entretenimiento.
Pero sabe cómo llamar la atención.





Después de esto, se subió a la mesa. Tiró una lata de coca cola vacía con el estruendo que arman, y me "ayudó" con unos folios que estaba leyendo.

Pero en todo momento, hace compañía y no hay lugar para pensamientos de ningún tipo. Es ella y lo llena todo, cuando quiere.

jueves, 25 de noviembre de 2010

SUBIENDO LA CUESTA

Bueno, hoy mucho mejor.

Esta mañana a las siete, primera noticia ANA MARIA MATUTE, PREMIO CERVANTES. Biennnnnnnnn, ya era hora. Si se descuidan se lo dan a título póstumo, y tengo entendido que ese premio sólo es para personas vivas.
He ido a ver la tele, el momentito ese en que se la ve a ella. Me encanta esta señora. Esas arrugas tan bien llevadas, ese pelo blanco, y esa lucidez al hablar. Es una gozada.
Sus libros son buenos, sí, pero ha tenido tiempo de revisarlos, pulirlos, de todo. Pero verla en directo, es, es... tan cercana, tan amable. Eso no se inventa ni se revisa. Se lleva puesto. Un premio merecidísimo y aunque sea un poco tarde, ha llegado a tiempo. Me encanta.

Me ha hecho empezar bien la mañana.

Con el frío, no dejo la ventana abierta para que salga la Grapi por la noche. Así que nada más levantarme, abro el balcón. Ella me mira con los ojos amarillos, con un maullidito como dando los buenos días y pega un salto espectacular. Me hace sonreir, y me voy a desayunar.

No llevo ni dos minutos cuando ya está ella en la cocina. Le acaricio y tiene el pelo helado. Qué sensación, con lo suavita que es y toda fría, helada. Se me acurruca entre las piernas mientras almuerzo y tenemos una de esas conversaciones en que yo le pregunto qué tiempo hace y ella me mira, que yo creo que debe pensar (si es que una gata pensara) "¿pues no ves que estoy helada, jodía boba?". Después me voy a la ducha y ahí ella pasa de mí. Eso sí que no es de su gusto. Casi que nos despedimos en la puerta del baño.

Me voy a trabajar. Me enrollo el cuello en la preciosa bufanda roja. Y creo que llego al trabajo heladita pero con el cuello tibio, calentito. Me estoy pensando hacerme una bufanda de cuerpo entero. Pero eso cómo se llamaría. Yo creo que sería lo más parecido a un mono de motorista. Y en esas no me veo.

La mañana ha sido ajetreada pero entretenida. Y la tarde bastante bien. Siesta. Recados varios. Y yoga.

Ahhhh, yoga, qué cansancio y al mismo tiempo qué maravilla. Tanto estiramiento me coloca las cosas en el sitio donde yo no sabía que tenían que ir. Cuando nos dice el profe que sintamos los discos de nuestra columna, no me ha faltado más que girar la cabeza para ver si los veía.
Pero he salido nueva.

Y ya en casa, entro aquí y os veo a todos, dándome cariñitos. Sería una desagradecida si dijera que ha sido un mal día.

Así que mañana más y mejor.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

LA SEMANA PASA MUY DEPRISA

No digo nada, estoy callada, pero es un bajón en todos los sentidos.

Con cumpleaños en casa por partida doble, me he pasado varios días de compras, cocina, y más cocina y más compras. Cuando ya el domingo todo pasó me dejé caer en el sillón y creo que me dormí. Qué cansada estaba.

Arrastro todavía el costipado, que me ha dejado una tos asmática que me asfixia. Me deja sin resuello. Me despierta por la noche. Y voy a marcha lenta a todas partes.

En el trabajo, una compañera está de vacaciones, y hay que repartirse su trabajo.

Pasan las horas sin parar. Pasan los días y las noches y no hay descanso.

Y me encuentro con una vecina de esas que ves de tarde en tarde y me recuerda (como si se me pudiera olvidar) que hace ya dos años que ella no está.
Acabo llorando, en mala hora me la he encontrado. Me baja la moral aún más.

Voy al taller de literatura, hay gente nueva este año. Es estupendo, qué imaginación. Me gusta, me distraigo, pero no llevo los deberes hechos. Ese Crimen y Castigo sigue aparcado, no le veo la gracia por ningún lado. Además a la lista hay que añadir que tengo que leer La Tesis de Nancy y tratar de resumir también en plan jocoso, que ya le vale a la profe, la película de Psicosis. Sí esa del cuchillo tras la cortina de la ducha.

Lo mejor de la semana la visita a la esteticista que dice que no me limpia la cara, que sólo me saca brillo. Un sol esta muchacha.

Vamos que chungo, chungo.

Sólo hay una cosa que no cambia. Sé, estoy segura de que en esta vida y en la otra alguien me quiere, y aunque yo no estoy efusiva en absoluto, eso me sostiene en pie.

Pero sigo con la idea fija de que pediré el libro de reclamaciones cuando me vaya de aquí.

sábado, 20 de noviembre de 2010

MANERAS DE MATAR

Esta es una opinión personal. No sale de ningún sitio. Sólo es mía. Pero tengo razones sobradas para pensar así.

Hay un tipo de cáncer, extraño, raro, agresivo, invasivo, mortal sin remedio. Y eso ¿porqué?.
Pues muy sencillo. Además con una lógica de tres pares de c.
No hay tratamiento porque apenas hay 200 enfermos en el mundo. Porque los enfermos se mueren antes del año. Porque no hay comparativa. Porque no es rentable la investigación.
Ya.
¿Y entonces?
Se prueban los medicamentos nuevos, de los que no hay resultados. Se llaman medicamentos huérfanos, porque ningún laboratorio los quiere fabricar. La OMS obliga a uno a fabricar estos productos. Ponen precio, 600 euros un frasco para dos semanas. 6000 euros un bote para 10 días. Y eso contando con la autorización del Ministerio de Sanidad y con que el hospital asuma el gasto.
No funciona, pero no importa, se sigue experimentando, total, ya que son pocos, que se prueben por si suena la flauta.
Qué pastillas pueden costar ese dinero. Pues las hay, sí. Llamemosla Tarceva, Sutent, Mitotane.
Y cual es el resultado? Pues a elección del doliente. Incineración o inhumación.

Esta es la primera parte.

La segunda:

Las fábricas de armas, rentables siempre. Cada vez más sofisticadas. Cada vez más certeras. Más ligeras. Más manejables. Los misiles de más alcance.
Para esto sí hay dinero. Aquí sí se puede investigar, y claro hay que probar, también.

En el primer mundo, la gente se muere en hospitales muy asépticos, con medicamentos muy caros, pero se mueren.
En los otros mundos, se experimentan las armas, sin escatimar gastos, y la gente se muere. O se les deja morir de hambre. O de enfermedades superconocidas y que se solucionan con unos antibióticos, y también se mueren.

Entonces qué pasa. Si a mí no me importa que ganen dinero. Si se pueden forrar los que ahora lo hacen matando. Que fabriquen cosas efectivas para la salud de todo el mundo, que cultiven lo que sea, pero que acaben con el hambre, y que se lleven su beneficio, que no se lo discuto.

Pero es que así, lo único que yo siento es que son auténticos degenerados, que el dinero ya no les satisface. Sólo quieren sentir el poder de tener en sus manos las vidas de muchas personas. Son sádicos que disfrutan con el dolor ajeno. Y lo reparten sin miramientos, a placer -y nunca mejor dicho-.

Muchas veces pienso que la cura del cáncer está en un cajón desde hace mucho tiempo. Pero que no interesa. Los laboratorios no van a matar la gallina de los huevos de oro.
Fleming tenía muchos menos medios y descubrió la penicilina. Pero ese hombre quería salvar vidas.
Los otros quieren dinero y al mismo tiempo sentir el poder de tener en sus manos la vida de todo el mundo, y nunca mejor dicho.

Insisto en lo del principio, es una opinión absolutamente personal, pero las noticias de cada día y las experiencias acumuladas me han hecho pensar así.

Me podrán decir que estoy equivocada, que se avanza en la cura del cáncer. Sí, es cierto y mucha gente se salva. Pero siempre son de los que abundan mucho, y siempre con quimio, es decir con tratamientos largos, rentables para los laboratorios. Aunque bueno, mejor esto que nada. No es cuestión de desmoralizar a nadie.



miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA RIBERA DE CURTIDORES

Ayer vino una amiga que vive en otra provincia, a Madrid. Tenía cosas que hacer. Y cuando viene, aprovechamos para pasear por algún sitio que ella no conoce.
Ejerzo un poco de guía. Y como no me gustan las aglomeraciones ni los sitios que salen en la tele con frecuencia, pues me la llevo a donde me parece y ella se deja llevar.

El paseo de ayer era por la Ribera de Curtidores. Dicho así, pues no dice casi nada. Pero es la calle donde los domingos se instala desde hace varios siglos El Rastro de Madrid. De hecho casi todo el mundo habla de la calle de El Rastro, sin más.

Subimos por la calle de Atocha hasta Tirso de Molina, y ahí fuimos derechitas a saludar a Eloy Gonzalo, Cascorro, el héroe de la guerra de Cuba, con su lata de gasolina y su tea ardiendo.

Le explico a ella todo lo que yo sé de ese mocetón vestido de soldado de aquellos tiempos.

Vamos bajando, parándonos en cada escaparate. Mirando con ojos de niña asombrada todas las cosas.

Nos llaman la atención los pendientes antiguos, los bolsitos en plan reina de Inglaterra (ya sabéis, diminutos, por aquello de que nunca da propina). Anillos enormes. Y todo con la etiqueta de antiguo, que las más de las veces, simplemente es viejo.

Luego cuadros. El mar que parece que te va a mojar, y otro con encinas que le digo que parece el camino que tengo que andar para llegar a las encinas de mi padre y al granado compartido.

Estatuas, clásicas, y nosotras buscando un romano como el de Mérida, pero qué va, no se le parecen. Si es que aquel es único.

Todo le llama la atención. Todo le gusta. Disfruta. Y yo me siento bien por haber acertado.

Me gustan esos sitios. Son conocidos de sobra para mí. Pero me encanta ver a alguien disfrutar de la misma manera.

Es estupendo poder compartirlo. Algo tan simple como un paseo.

Y al final, merienda en el Vips. Pero no la merienda al uso. Hasta para eso soy un poco antigua. Al entrar, me fui derecha a la zona de las galletas. Quería unas en concreto, las Birba. Son galletas hechas de la manera tradicional. Me gustan mucho. Compramos una caja. Pedimos los cafés y preguntamos si podíamos comerlas allí mismo. No dijeron que sí. Y hale, a disfrutar, mmmmmm qué ricas.

Ibamos cuatro, y todas encantadas con el paseo, con las galletas, con todo. Y yo, con la compañía.

Sobre todo porque ella era la que venía de lejos, pero las otras dos, con vivir cerquita, tampoco estaban muy puestas.

Lo pasamos bien y eso fue lo importante.

martes, 16 de noviembre de 2010

LA FOTO DE MI MADRE


¡Por fin! mi hermana la encontró.

Mi madre en el año 1965. Paseo de las estatuas del Retiro. La han publicado en el libro del ayuntamiento de Madrid, tiene de especial que es un sitio reconocible actualmente, que no es una foto profesional. Ya lo conté cuando hablé de que había ido a recoger el libro.

Y yo la miro y digo, jopé y porque está muy guapa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

HAY DOMINGOS CHUNGOS

Llevo una semana sin parar. Y es lo de siempre, tanto correr para no ir a ningún sitio.
Al volver a trabajar después de vacaciones, da la sensación de que no llegas a nada. Y es una tontería, total, si empiezas una cosa, luego otra, luego otra, pues no hay agobio que valga.
Pero esta semana me faltaba tiempo para todo. Claro para todo lo que "tenía que..." porque para lo que quería... pues no. He ido haciendo todo.

He andado fastidiada con el dentista que se empeña en hacerme la cusqui. Pero vamos tirando.
Fui a yoga después de haber faltado tres semanas. Joer qué palizón. Tenía agujetas en esos sitios donde se supone que no pueden salir.

En el trabajo tenía regalos trampa guardados, de eso de ¿oye te acuerdas de esto? pues anda, toma y soluciónalo tu, y así varios y varios.

Cambios, por supuesto de esos de última hora y que yo me entero después de la última hora. No puedo ponerme a estudiar algo nuevo después de trabajar toda la mañana al ritmo que lo tenemos que hacer. Estoy cabezacorcho total, no puedo pensar y no me atrevo porque seguro que lo que haga saldrá de aquella manera. Así que se queda para mañana, siempre queda algo para mañana.

En literatura la profe se empeña en ponernos el torrao al biés. Ahora resulta que tenemos que resumir, EN PLAN JOCOSO, el libro de Crimen y Castigo. Pero yo leí ese libro hace mil años y lo aparqué diciendo que nunca más. Qué angustia. Y ahora tengo que recordarlo, releerlo o mirar en El Rincón de Vago a ver si encuentro algún resumen, para traducirlo. Porque para mí es como una traducción. A ver cómoooooooo.

Leo cosas más entretenidas. Ahora El Camino de Delibes me engancha. Me está gustando. Y también tendré que contarlo por escrito, pero este de normal. Así que como me gusta pues nada.

Luego ya cosas serias, vaya semanita con el pueblo Saharaui. Me da pena ver cómo tienen que vivir algunos pueblos, por los intereses, la desidia, la mala baba, de gobernantes, politicuchos, que entienden que hacer política consiste en forrarse como sea, a costa de lo que sea y a la gente que la den.

Es un oficio totalmente desdibujado.
Cuando alguien se mete en política tendría que tener como mira fundamental el bien común. Y eso no se reduce al país que le elige. Que por mucho que nos miremos el ombligo, el mundo es redondo y no podemos echar a correr. Que hay que mirar por todos.

Pero de eso no entienden. Sólo saben de beneficios, nunca humanos, de fronteras, que hay saltar jugándose la vida muchas veces, de venta de armas, que eso sí que es un negocio.

Y en fin que para mí se merecen un desprecio absoluto. Quizá porque no he conocido a nadie decente en ese oficio.

Cuando de forma insultante se meten con mujeres que vienen de otros países y tienen que ejercer la prostitución. Yo me abochorno.
Esas mujeres gastan de lo suyo. Intentan sobrevivir. Joder! un respeto.

Que los otros quieren vivir a cuerpo de rey y amontonar para que las cuatro generaciones siguientes sigan igual, y eso a costa de la vida de muchos más.
Y porque van limpitos y bien vestidos se consideran mejores. Anda ya.

Conozco a algunas mujeres, con cuerpos esculturales, y que con sólo una sonrisa o una palabra amable ya se sientes auténticas reinas.
Y esos.... bah, no pongo adjetivo, son los reyes del mambo.

Anda que para ser domingo por la mañana me siento buena. Pero es que estoy muy cabreada por muchas cosas.

Y encima se muere Berlanga. Ya sé que según estaba, el pobre no daba más de sí. Pero es que llevamos una rachita, que por edad es normal, pero que jode un rato.
Se han ido así como juntitos, vamos que van a seguir al otro lado y se van llamando, Labordeta, Aleixandre, Berlanga, y no me olvido aunque en otra línea de Marcelino Camacho.
Lo que digo, que por edad vale, pero para mí que se ponen de acuerdo y se van llamando.

Si mi amiga dice que aquí hay de todo porque Dios no pasa lista, pues por lo que se ve, algo está cambiando, que a medida que se pasa lista ellos se van.

Y nos quedamos con los políticos maravillosos, que tienen la virtud de amargarnos cualquier rato, cualquier día.

Domingo, nublado. Me voy a por el pan.

lunes, 8 de noviembre de 2010

MOMENTOS DE OTOÑO


El otoño no es mi estación favorita, pero hay que reconocer que tiene algún encanto. No todo iba a ser caída de hojas y tristeza. O al menos yo, trato de buscar elementos que no me pongan del todo mal.

Esta primera foto es de hace dos semanas. En mi casa del pueblo. Cada noche, nos sentábamos las tres a charlar. A contar historias como siempre se ha hecho cerca de la lumbre y esa bandeja nos ofrecía algo bueno del otoño.
Pero, indudablemente, me quedo con la magia del fuego. Me hipnotiza.






Ayer paseando por Madrid. Primero visitar una exposición de fotografía sobre la infancia en Caixa Forum, que recomiendo sin interés ninguno, sólo porque es preciosa.
Después los madroños en el Paseo del Prado. Porque en Madrid hay madroños en la calle. No sólo acompañando al oso ese de la Puerta del Sol, que no sé cómo no se cansa de estar de pie. Creo que está en el sitio equivocado, porque los madroños que yo ví, sí que tienen frutos de colores.









En la plaza de Neptuno, asomados al balcón, estos majos y estas meninas, con carabina, eso sí. Pero qué "chulos" quedan.





Y por la noche, y con descanso del pc, tejer una bujanda roja o casi, que esta mañana me ha abrigado el cuello y ha despertado envidia.
También he tenido que mimar a la planta que con la calefacción se ahoga un poco.
Así pasa el fin de semana y el otoño se hace llevadero.




Es una bufanda, o una boa, o un yoquesé, pero me lo enrollo al cuello y hace cosquillitas.

sábado, 6 de noviembre de 2010

ORDENADOR NUEVO

Tengo ordenador nuevo. Podría decir ¡biennnnnn!
Pero no sé yo. Me veo como las abuelas con la vitro cuando preguntan que dónde rascan las cerillas.

Mi hijo es un duende de la informática desde hace mucho tiempo. Se preparó para ello, no es autodidacta, aunque un poco sí. Ha estudiado, se ha preparado y habla el mismo idioma que estos cacharros, amigos de dios y testigos del demonio.

Después de años con un computador que iría a pedales de no ser por su buen hacer, que acabó convirtiendo al anciano pc en un producto que funcionaba con piezas de desguace, llegó un momento en que se plantó (el pc) y dijo hasta aquí. Quería la jubilación. Lo que no sabía el bobo es que su jubilación va a ser como la mía que de júbilo va a tener poco.

El muchacho, atendiendo a la sección de ruegos y ruegos -que no preguntas-. Accedió a encargar las piezas. Cuando llegaron se puso a montarlo. Para mí es algo imposible. Es como si jugara con un mecano. Esta aquí, está allí, esta se engancha de este lado, aquí va la fuente de no sé qué, allí la tarjeta de...

Cuando acaba y veo la caja negra, ya me parece mentira. Pero luego viene el interrogatorio y las explicaciones. Mira te voy a instalar una cosa que hace... y también tienes los juegos, no te preocupes. Y ahora vas a cambiar, te voy a poner el windows 7 que es lo último. Empiezo a sudar.

Por fin, ya enchufa y coloca todo. Que yo estoy por preparar la masa del bizcocho e intentar meter el molde por algún lado, a ver si de paso me sirve para algo más.

Funciona. Milagro. Milagro. Estas cosas me vuelven religiosa. Porque si no es un milagro, cómo se llama esto.

Hay correo, se ve el blog, funciona el seven wonders. Sólo me falta copiar las fotos de casa.

Qué contenta estoy. Me encanta.

A los dos días, de bizcocho nada. Aún no sabemos cómo han desaparecido fotos, de las últimas de las que aún no había copia y zas, volatilizadas. La impresora no tiene tinta. Guardo las cosas en el disco que no es. Y cómo se lo digo. Si me va a poner de tonta hasta la pared de enfrente.

En fin, que poco a poco nos iremos haciendo los unos a los otros. Ya le voy cogiendo el tranquillo. Es mucho más rápido. Me gusta. Y menos mal que no he querido cambiar ni el teclado, que estamos hechos el uno para el otro, ni la pantalla que me gusta así.

Y en esta ocasión no ha ocurrido lo de en casa del herrero cuchara de palo, que es bastante frecuente.

Sólo le falta a este cacharro que me diera imaginación, pero creo que de eso no tiene, que sólo tiene memoria, con lo cual es tan lógico y estúpido como cualquier otro ordenador, que eso es algo común a todos por guapo y nuevo que esté.

viernes, 5 de noviembre de 2010

ABSURDISMO.

Hace poco, una amiga definía el absurdismo como un síndrome que padecía ella. Cuando lo explicó, vimos que éramos muchos los afectados por este mal.

Definición: Perder tiempo en cosas absurdas. Entendiendo por tales, buscar el coche en el aparcamiento más de media hora porque no recuerda dónde lo ha dejado.
Buscar las gafas de sol que lleva sobre la cabeza a modo de diadema.
Volver a subir en el ascensor para coger las llaves de casa cuando ya ha cerrado la puerta.

Y así, cada uno añadíamos una cosita. La lista interminable.

En estos casos es cuando una compañera mía dice que mis relaciones con el alemán (Alzheimer) son cada vez más íntimas.

Pero es que hay tantas cosas absurdas.

Para mí es absurdo el mes de noviembre. Me ha cambiado la vida dos veces, de forma brutal. Una para muy bien y otra para muy mal. Y sin embargo sigue en el calendario.

Y en este mundo de internet, absurdo es escribir una página y a la hora de publicarla que salga un cartelito Error... pues eso me ha pasado hace un rato. Así que voy a ver qué hace ahora. Puede que ante lo absurdo de todo me encuentre con que repita lo mismo. Y entonces, sí que no repito.

lunes, 1 de noviembre de 2010

EL COSTAL





No me lo puedo imaginar lleno de trigo, de avena, cebada. Me gusta así.



CAMINO DE MESA

Cuando fui este verano al pueblo y vi los costales, empecé a dar vueltas a la posibilidad de utilizarlos.

No sabía cómo, y pensando en la clase de tela que es, se me ocurrió que podría hacerme algo parecido a un petate, mochila, o algo así. Fuerte, resistente y que a veces utilizamos en lugar del bolso habitual, que nos la puede jugar como me hizo el mío en el curso de hace quince días.

Aún no estoy segura de qué haré. Pero hoy, al sacar el costal de la maleta, miro la mesa de casa y allí que planto el dichoso costal. Le pongo la maceta de rigor y los ceniceros varios que me han ido regalando. Y no lo veo mal. Un poco especial sí que es, pero mal no está.

Lo quito de ahí, y mientras que coloco los ceniceros en su sitio, otra vez, dejo caer el costal en el sillón. Miro, y bueno, es otra posibilidad, cubrir el sillón y librarle de algún fregoteo que le deja mojado y gastado.

Mientras miro, qué novedad, la Grapi se sube a el. Se revuelca, se estira, le clava las uñas. Eso indica que le gusta, porque si no, ni se acerca.

Y con tanto probar y tanto mirar, no me veo metiendo la tijera, es un sentimiento de responsabilidad.

Creo que me va a acompañar aquí en esta casa, pero de ahí a transformarlo, no lo veo nada claro.

El costal se queda en casa, como otra antigualla de las que me rodean, le daré cuartelillo y ya veremos en qué quedamos.