Pues sin permiso de la SGAE, por supuesto, llevo más de una hora haciendo algo parecido a juegos malabares. Para mí complicádisimos, siempre se me caen los apaños, pues casi igual.
Tengo un disco de sevillanas. En ellas hay unas del Real Betis Balompié (espero que aún se llame así, y si ya no es eso, pues simplemente Sevillanas del Betis). Quería mandárselas a mi sobrina. Es una forofa de ese equipo.
Pero, aquí empieza mi desastre. Yo sólo sé adjuntar archivos de música cuando tienen un cono naranja en la pantalla del ordenador.
Y yo lo que tengo es un disco en las manos.
Supongo que lo primero es colocar el disco en el posavasos del portátil. Procedo a ello. Bien, no se ha derramado nada y suena.
Lo primero que me pregunta el aparatito es ¿qué quiero hacer?, pues bien gracias, sólo quiero copiarlo, que es la única manera que sé de meter la música en el aparatito mágico. Si además suena ¡la leche!.
Pues sí, lo ha copiado y suena. Genial, me sale todo divinamente.
Me voy al correo, ya sólo quiero mandar esa canción a la muchacha. Pero a la hora de adjuntar, empiezan los problemas. Eso figura como intérprete desconocido en la "biblioteca" -siempre creí que eso serían libros-, del windows media player. ¿y el cono naranja?......... dremíadremía. Creo que voy malamente.
A ver, vuelta atrás. Paso a paso. En algún sitio tiene que haber algo que me permita transformarlo, traspasarlo, comprimirlo, joer...... algo. Aquí siempre ocurren cosas mágicas......
Vuelvo al principio, meto el disco, pum, pum, pum, otra vez. Y llego al mismo sitio. A la biblioteca. Me siento Harry Potter viendo como todas las escaleras se mueven y le desvían del sitio a donde quiere ir en esa biblioteca infernal.
Pinchando en opciones, propiedades, herramientas, y no sé cuántos sitios más, lo he conseguido. Ha aparecido el cono naranja, ese que se puede adjuntar como archivo de música y HE PODIDO MANDAR LA CANCION.
Como tenga que repetirlo, voy a quedar muy mal, porque no creo que fuera capaz.
Miro en el correo enviado, y parece que todo ha salido bien. Espero que mi sobr se lo pase bien con la canción. Y yo seguiré haciéndome de cruces con la de cositas sencillas (que se complican tanto) que se pueden hacer con la Internete mágica, que es hija de dios y testigo del demonio, estoy segura de eso.
En fin, que por más que la Sgae se empeñe, yo creo que lo tiene difícil, siempre aprendemos más saltándonos sus exigencias.
Me hubiera resultado mucho más fácil ir a cualquier tienda de discos y comprar esas sevillanas, pero y lo que me he entretenido ¿qué?. Eso es lo que la sociedad esa nos quiere quitar.?
Pues ah,,,,, se siente. Yo no quería el disco entero, que ese ya le pagué. Yo sólo quería sacar una sonrisa a mi sobrina, y eso no tiene precio, como la tarjetita esa. Aunque sacar una sonrisa a esa niña no es nada complicado.
Bueno, hoy no me beso porque no me llego, pero estoy encantadísima con lo que ha supuesto para mí una hazaña tan corrientucha para otros.
Releyendo cosas por esa costumbre que tengo de echar un vistazo lo ya leído, me he encontrado con un artículo de Mariano José de Larra. Lo tenía guardado desde la primera vez que lo leí, porque me gustó, porque describe muchísimas cosas en muy pocas palabras y porque yo creo que este hombre, con lo de la edad le pasaba lo que a mí. Mayor de edad a los 18. Así, de un día para otro, Dios infunde todo, conocimiento, responsanbilidad, independencia. En fin, no sé con qué vara de medir se aplican esas cosas. Y eso que Larra hablaba de los 30 años.
Aquí guardaré el articulito para que no se me pierda.
EL ELEGIDO EN EL ESTATUTO REAL (Mariano José de Larra)
Artº 14. Para ser procurador del reino se requiere:
1º Ser natural de estos reinos o hijo de padres españoles.
2º Tener treinta años cumplidos.
3º Estar en posesión de una renta anual propia de doce mil reales.
Los elegidos habían de tener doce mil reales de renta; gran garantía de acierto: por poco que valga un real en estos tiempos, no hay real que no valga una idea, sin contar con las muchas que hasta ahora hemos visto que no valían un real, y con los varios casos en que por menos de un real daría uno todas sus ideas: bueno es siempre que haya reales en el Estamento por si acaso no hubiese ideas. Tanto mejor si hay lo uno y lo otro.
No es menos importante lo de los treinta años; no es menos simbólico ni cabalístico el número de treinta……: treinta días tiene un mes, treinta minutos cada media hora, por treinta monedas vendió Judas a un Dios, treinta años representa la vida de un jugador, y treinta años, en fin, la capacidad de un procurador.
Muchos filósofos han creído que cuando el hombre nace, el Ser Supremo, que está atisbando, le sopla dentro el alma por medio del mismo procedimiento que usa un operario en una fábrica de cristales para dar forma a una vasija; pero eso es el alma, mas no la capacidad y la facultad de procurar: esta tal otra quisicosa se la infunde el Criador el día que cumple treinta años, por la mañanita temprano……
Se habla de la crisis en cualquier sitio y con cualquier excusa. Sé que hay mucha gente pasándolo mal. Y los que siempre hemos vivido con un sueldo mediocre, notamos la crisis de otras formas.
Supongo que cada uno gestiona los recursos de su casa (qué feo suena eso) como mejor se le ocurre, pero cada día oigo cómo todo el mundo presume de cómo sortea la crisis famosa.
Esta tarde, mirando en la carpetita mágica de Mis Documentos, me encuentro con escritos y cosas de hace tiempo. Una de ellas se llama JABON. No recordaba qué podía ser eso, ni que yo hubiera escrito nunca sobre el jabón. Lo abro y ohhhhhhhhh. Sí, es mío. No lo había escrito, simplemente es la fórmula mágica para hacer jabón reutilizando el aceite frito que ya no sirve más que para contaminar el ambiente.
Así que si alguien se anima, sólo tengo que advertir, que es mejor hacerlo en verano. Necesita calor y sol. Los que tengan terraza o algún sitio para hacerlo así, al aire y con mucho sol, tendrán un jabón de primera. En polvito, para la lavadora, que lava limpio limpísimo, barato como ningún otro, y con la conciencia ecologista que tan bien sienta. Cantidad sobrada para unos pocos de meses y no seguiré hablando maravillas que no cobro por ello y va a parecer un anuncio. Y de eso nada, no tiene marca ni pertenezco a ninguna organización que me obligue a ello.
Dejo la receta por si a alguien le interesa. FUNCIONA, eso sí que lo sé.
JABON
3 Litros de aceite usado
3 Litros de agua
½ kg de sosa caústica
½ kg de perborato
½ Litro de suavizante concentrado.
En un barreño grande se echa el aceite y el agua, se remueve despacio.
A continuación la sosa caústica, el perborato y el suavizante. En todo momento se remueve el brebaje.
Resulta desagradable a la vista. El proceso de saponificación es bastante repulsivo.
Durante dos días, se remueve cada poco rato y sale el jabón en polvo blanquito solo.
Cuando ella llegó a casa escribí este relato. Ya llevamos juntas año y medio, pero sigo viéndola como entonces.
“GRAPADORA” (Una gatita parda)
Una persona seria cuando dice “cesto” es con asas ¿no?. Pues no, claro que no. A veces es “con” otras “sin” y otras no es “ni cesto”.
Y eso me ha pasado a mí.
Años y años diciendo que no quiero animales en casa, que ya éramos suficientes, y no sé cuándo se me cruzaron los cables, ante la insistencia de los interesados en tener un bicho en casa.
Al fin y al cabo no es tan complicado, mucha gente tiene mascotas, porqué no podíamos tener nosotros una.
No sé cómo he caído en eso. Si yo no soy gente. Que lo sé, que no soy como el resto de las personas humanas, que las cosas que me pasan a mí no le pasan a nadie, pues nada que sí, que vale, venga.
Un buen día la trajeron a casa. Y como todos los bebés, de la naturaleza que sea, son un engaño. Son tiernos, mimosos, como desprotegidos. Y aquí estamos la gatita parda y yo.
Me dicen que se llama Grapadora, que claro pasó a ser Grapitas por las marcas que deja con sus dientecitos en los brazos y piernas del que se despiste un poco.
Antes de que viniera preparamos la canastilla. Que si el comedero, que el bebedero, que el arenero, que la arena mágica para que absorba todo eso que no se debe dejar desparramado, que un juguete para que se entretenga, que un artilugio para que clave las uñas y no arañe el sillón o se cuelgue de las cortinas, comida en lata, por si acaso y el pienso obligatorio.
Uffffff, no sé si para mis niños necesité tantas cosas. Aunque creo que sí, que más o menos, teniendo en cuenta que esta venía vestida.
No tiene pedigrí, es una gatita de padres mezcladitos, eso sí con nombres rimbombantes “Bagheera” y “Simba”, pero normalitos, cosa que agradezco, lo de los pedigríes viendo a la Duquesa de Alba and family me da un mal rollito que pa qué.
Un gato es un espíritu libre. No hay forma de que haga caso a nadie. Así que creo que me ha tocado una gata tonta porque me hace bastante caso aunque parezca increíble. (No me engaño, sé que es por puritito interés).
Para empezar, no es mía, es de mi hija. Pero se viene a desayunar conmigo. Sólo le doy los buenos días y le digo que me voy a la cocina. Se viene detrás de mí, se queda sentadita y espera que le ponga un poco de leche en un cenicero que utilizo para ese menester. Y cuando se relame de gusto me siento tan contenta como cuando los niños se terminaban el biberón.
Después me voy a hacer la cama y ella me ayuda. Yo tiro de un pico de la sábana y como a ella no le gusta, me lo coloca. Luego otro, luego otro, y mientras, de vez en cuando, me suelta una tarascada, algo así como diciéndome que lo estoy haciendo mal. Ella no se acuesta en mi cama (no se lo consiento) pero parece ser que no le gusta como la hago. Joer, qué arañazo tengo en el brazo izquierdo. Vamos que yo regaño y ella araña. No me parece nada extraño. Al terminar se lo explico bien. Ya vale Grapitas, hemos terminado. Vamos a regar las macetas.
Se baja de la cama, viene detrás otra vez, y de dos saltos se sube al sillón y a la barandilla. Yo riego y ella se aleja del agua. Se pasea por la barandilla mordisqueando las plantas. Yo creo que como con la cama controla si están bien o mal para regañarme, de la única manera que sabe, si lo cree necesario.
Al final salta de la terraza a la ventana de su dueña, y como la persiana está bajada, araña un poco. Al notar que no, que no va a poder entrar por ahí se da la vuelta y otra vez en la barandilla da unos pasos de ballet, con un equilibrio de precisión para no pincharse con los cactus. Cómo se mueve!, si yo pudiera hacer eso, la danza de los siete velos no tendría ningún misterio para mí. Ahora noto más que nunca eso que yo ya sabía, o sea que andando soy poco elegante, por decirlo de alguna manera.
Después viene la hora del juego. No es que nosotros lo establezcamos así, es que para ella debe ser así. La escoba vale, una pelota vale, el sofá vale, un tapón rojo de una botella de zumo es perfecto. Y mientras, corre que corre por toda la casa, menos por la habitación de su dueña que está cerrada.
Hemos conseguido que no se meta por detrás de la televisión. Hay demasiados cables y de repente se perdía la señal de la antena y cosas así. Aunque parezca un poco cruel, le echamos agua a la cara con un flush flush de esos que salpican. Y de momento no lo hace. Ya sé que es cuestión de tiempo, pero bueno algo es algo.
Con la encimera de la cocina pasó algo parecido, ella iba decidida a pasearse por allí, y aunque me da pena, no puedo tolerar que ande por los sitios donde se prepara la comida, o donde comemos o donde dormimos. Creo que entiende que es una especie de trato. Hay sitios que sí y otros que no. De momento funciona.
Pero cuando su dueña se levanta, ya no hago carrera de ella. Me ignora completamente. Pero claro, yo no me tumbo con ella a dormir la siesta. Yo no sé quién se acurruca a quién, si la humana a la gata o al revés. Pero forman un ovillo blanco y marrón que dan ganas de hacer una foto. ¡qué placidez! ¡qué envidia dan!.
A mi contrario ya le ha quitado algún calcetín. No sé qué encanto puede tener un calcetín sucio, pero ha estado desaparecido hasta hace un rato. Le quiere quitar el sitio, tan pronto salta por detrás del sillón donde el está sentado, como se le enreda en los pies con malas artes. Y el juega con ella, le hace cosquillas o le da alguna pelota de goma. Pero nada, ella insiste en darle un susto cuando más tranquilo está.
Como de noche no puede entrar en las habitaciones tiene una táctica infalible. A las siete de la mañana se pone a maullar, y yo no sé si despierta al vecindario, pero desde luego a nosotros sí. Esta es la ilusión de mi vida. Estar de vacaciones y a las 7 de la mañana ser despertada por unos maullidos escandalosos. Nada de ronroneo, ni caricias, ni nada de lo que se supone podría ser un dulce despertar. Directamente, maullidos insoportables. Y luego, cuando abrimos la puerta, se sienta, nos mira, y yo no sé si nos regaña con la mirada o nos toma el pelo. Pero son las siete y ya estamos todos levantados.
En el libro de Antonio Burgos “El Gato”, el dice que el gato es el amo de la casa, y yo pensé que exageraba. Ahora, viendo lo que veo, creo que lleva toda la razón. No es que nos hayamos vuelto tontos, es que nos engatusa y esa palabra es correctísima, hasta ahora no entendía yo bien el sentido.
Estamos todos engatusados, a ver qué remedio, a los animales hay que tenerlos con todas las consecuencias, pero aunque no soy de mimos, no la beso, ni la achucho, ni cosas así, que por otra parte, siempre me han dado bastante asco; reconozco que me cae bien este bichillo, que hace compañía, y sobre todo que ya no hablo sola. Siempre hablo con ella, parrafadas largas y que por la carita que pone, estoy segura de que entiende absolutamente, que no me conteste ya lo espero (menuda sorpresa si fuera de otro modo) y que no me haga caso cuando no le interesa, es lo normal, pero si Machado decía que “quien habla solo espera hablar con Dios un día” yo me libro. Ahora hablo con Grapitas y me va bien.
Tengo un hijo que es mayor de edad desde hace años. Esta semana ha cumplido 25. Y después de la reforma de casa, había que proceder a la reorganización.
Pues hemos discutido de tres veces que he dicho lo que quería, tres veces. No está mal, en estadística eso es el 100%. Pero sé bien, que a poco que me hubiese empeñado, hubiéramos llegado al 150%, que eso en cualquier empresa se llama productividad.
No es una cuestión de llevar razón. Estoy segura de que los dos la llevamos. El la suya y yo la mía, por supuesto. Y ahí está la fricción, que estamos en caminos diferentes.
Más de una vez, cuando oía lo de la mayoría de edad, yo decía que eso qué era, porque soy mayor de edad tres veces, según los años, pero los hechos de cada día me demuestran que no, que no lo soy y lo que es peor, que nunca lo seré.
Uno es mayor de edad cuando decide qué quiere hacer y con quién se gasta los cuartos.
Pues por eso yo no lo soy. Me explico.
Si yo quiero hacer algo, lo comento (primer resbalón), lo encuentro normal, vivo con otras personas. Pero a partir de ahí empiezan las explicaciones. Por esto..... por esto..... por esto...... Y al final, lo hago, si el caso es que nunca me dicen que no. ¿Entonces, porqué pregunto?. Por cortesía, por educación, por costumbre. (Así me enseñaron, claro).
Y lo de los cuartos, pues igual, si nunca me dicen que no, entonces porqué pregunto?
Sé que soy afortunada en estas cuestiones, pero cuando la pelea viene de algo tan absurdo como "oye, recoge un poco, que no hay quien entre", o "¿porqué dejas eso así?. Y llegan las respuestas esas secas del porque sí, porque es mío, porque no tienes que meterte. El coco se me alborota.
A buena hora iba yo a contestar a mi madre, o a mi padre. Vamos ni pensarlo. Y no eran el coco, ni los tenía miedo, ni nada parecido. Simplemente a los padres no se les contestaba y se les obedecía siempre.
Como anécdota de casa, mi hermana era de las que no recogían habitualmente. Tenía sus propios biorritmos -que dice mi hijo-. Y un sábado, mi madre harta de repetir que recogiera su ropa, no se calentó los cascos mucho, simplemente, abrió la ventana y le tiró la ropa a la calle. Vivíamos en el campo, en una casa baja, vamos que la ropa no fue muy lejos, pero ¡leche! cualquiera abría la boca.
Pues desde hace tiempo, tengo la sensación de que todo lo que hago es cuestionable. ¡Pero es que lo cuestiona mi hijo!.
A ver, dónde queda mi mayoría de edad?. Yo la reivindico, que no me callo, pero es que armamos cada zaragata. Y al final se queda en nada, si el es un bendito y yo una simple. Ni sabemos, ninguno de los dos porqué la liamos.
Yo saco la conclusión de que no somos distintos, más bien somos iguales.
Pero insisto, cuánto me cuesta ser mayor de edad. Qué rabia me da que me salgan arrugas, que me duelan las rodillas, que tenga cada vez más achaques, vamos que me hago mayor, y sin embargo creo que algún día voy a ir a votar y me van a preguntar que porqué, o si estoy segura, o algo así.
Sí por fin, la maldición esa asociada a las reformas se va pasando. "Así te entren los albañiles en casa". Pues sí, es de lo peor.
Aquí entraron el 13 de Octubre y ayer recogieron los apaños y se fueron a ver a algún otro "maldito".
Mirando así con ojos de querer ver bien, se aprecia un trabajo bonito. Lo han hecho bien, desde luego. Pero qué penitas hemos pasado.
Que si así no, que yo lo pedí de esta manera, que eso no es lo que acordamos que a mí me gustan las ventanas blancas. Que las molduras de las puertas no son así.
Qué pelea, y cuántas explicaciones. Tan difícil es pedir que si te cambian la puerta de la calle, lo normal es que la cerradura abra y cierre?, pues parece ser que sí, porque la mía cerraba bien pero abría a la última.
Y preguntar que cuándo iban a terminar? vamos de risa. Recuerdo la película en la que Miguel Angel pintaba la capilla Sixtina, que cada vez que el Papa le preguntaba ¿cuándo vas a terminar? el contestaba "cuando termine".
Pues más o menos igual, con la diferencia de que mi casa no es la capilla Sixtina, ni hay ala este, ni ala oeste. En fin, que es de lo más normalito. Pero jopé.
Ahora queda la parte que me toca. Hay polvo en todos sitios. Por más que intento quitarlo, ah y por cierto, con aspiradora nueva, que la otra antipática se me plantó y la tuve que despedir, no hay manera, va de un lado a otro.
No sé dónde poner las cosas, llevo todo el día dando vueltas, estoy derrengadita y a estas horas de la noche, he decidido que mejor encendía el pc un rato que esta pantalla es lo único luminoso que puedo ver ahora mismo.
A pesar de todo, estoy encantada. Tenía ganas ya de cambiar cosas. Y me va a quedar muy requeteguapo. Estoy segura.
Cada día nos siguen dando la matraca con lo de que las bolsas de plástico contaminan un montón.
Y qué pasa que se han dado cuenta ahora?.
Es que nuestras madres eran tontas cuando iban con la bolsa del pan, a por el pan, con la bolsa de red a por cosas pequeñas, y con la bolsa de la compra, propiamente dicha, a la compra. Y luego el carrito de ruedas?.
Durante años, a la hora del descanso en el trabajo, mi compañera y yo salíamos a comprar el pan. Para no tenerlo toda la mañana en una bolsa de plástico, o rodando por encima de una mesa llevábamos la bolsita de tela, y las mismas dependientas de la panadería se sentían contrariadas, porque están tan acostumbradas a coger la bolsa de plástico y la barra de pan al mismo tiempo que les rompíamos los esquemas. Yo creo que hasta les sentaba mal.
Y las compañeras más jóvenes se reían de nosotras, porque decían que éramos señoras mayores (teníamos entonces unos 40 años).
Y ahora, resulta que los que se paseen con una bolsa de plástico van a ser poco menos que señalados con el dedo.
Ya han salido al quite los fabricantes de bolsas. Explicando cuántas personas se pueden quedar sin trabajo. O que la opción son bolsas reciclables, que pagaremos, seguro. Bueno las otras también se pagan pero incluidas en la compra y da la sensación de que son gratis.
En casa siempre las reutilizamos. Sirven para otra vez, o para la basura o lo que sea, pero además no tengo ningún problema en coger una de tela. No por conciencia ecologista fundamentalmente, si no porque no me gusta tirar cosas por tirar.
Pero como corren tiempos diferentes, y hay que gastar el tiempo como sea, mi hermana me regaló una hecha con la tela de un paraguas viejo, que eso sí que es reciclar. Y a mí me enseñaron una que me hizo mucha gracia y la he copidado, como los japoneses.
Y el resultado es una bolsa que doblada no ocupa nada y que me permite no pagar los cinco céntimos o los cincuenta que quieren cobrar por las bolsas. Esas mismas que antes incluían en el precio de la compra.
En fin, que como en el chotis, vamos p'alante y vamos p'atrás.
Enseño las fotos de las bolsas dobladas y extendidas. Las dos son útiles. Seguramente una tontería. Pero el tiempo de hacerlas ha sido manos ocupadas y mentes sin malos pensamientos. Además añadir que son chulis de verdad. La mía más parece más un bañador que una bolsa, me dan ganas de probar a ver cómo quedarían las tetitas entre tanto enrejado. Pero esa foto, si se produjera, prometo no enseñarla.
Para ganar al frío y al aburrimiento hoy hemos ido al cine. Lo del frío sabemos que se consigue, la calefacción tiene esas ventajas, pero lo del aburrimiento no siempre está garantizado cuando se va al cine. Porque hay veces que me duelen los siete euros y pico que cuesta la entrada para echarme una siesta.
Cuando la peli dura dos horas, raro es que no me duerma un rato.
Pero hoy ha habido suerte. No me he aburrido y no me he dormido, y también han sido dos horas. Qué entumecimiento de piernas al levantarme, si iba dando traspiés, me tenía que agarrar a las butacas de al lado para no caerme.
Bueno, a lo que iba. Hoy AGORA. Tenía yo mis miedos. Las películas históricas cuando salen romanos pero no son de romanos propiamente dichas, tienen lagunas temporales.
Hoy iba decidida a no cuestionar nada. Si se atiene a la época (si yo no estaba allí, cómo puedo saberlo). Si se atiene a los hechos (pues lo mismo, no hay manera). Así que me he metido en la historia que cuenta Amenábar sin más.
Si la historia de esa mujer fue así, pues bueno, me lo creo. Pero nunca había oído hablar de ella. Supongo que aquí queda al aire mi incultura en muchas cosas. Mea culpa, lo sé. Como en el cole, "necesita progresar".
Pero en todo momento queda a la vista, otra vez, ufff, qué agotamiento, la barbaridad de los desencuentros entre religiones. Que si judíos, que si cristianos, que egipcios. Y todo con la espada levantada y con la tea en la mano.
Si es que no aprendemos nunca. Y lo de las dos veces en la misma piedra, mentira puta. Tropezamos continuamente, no sé si en la misma piedra, porque como no avanzamos le damos vueltas, o en otras que nos vamos encontrando.
Pero yo esta tarde, desde luego no estaba del lado de los cristianos esos que salen allí, qué especímenes.
Y cargarse esa biblioteca. No hay palabras. Esa es otra de las barbaridades de la humanidad.
Lo peor es que al verlo esta tarde, me he acordado de mi abuelo, que decía convencido de que llevaba razón "el hombre de campo, torpe y guarro tiene que ser, y si no sabe leer, mejor para el".
¿cómo se queda el cuerpo con esto?. Pues exactamente eso es lo que he visto en el cine. Y mi abuelo lo decía casi dos mil años después. ¿cuántas piedras entre medias?
En fin, que la peli sí me ha gustado y eso ya es mucho.
Muchas veces y por razones diferentes, aunque casi nunca buenas, no apetece pensar en nada. Pero dejar la mente en blanco es difícil. Yo creo que no tenemos mecanismos naturales para apagar e impedir que el coco se convierta en olla exprés. Por eso tenemos que buscarlos, y con el tiempo, me he convertido en una experta. No como elección, pero sí como solución. A mi edad, no es habitual aficionarse a los juegos de las maquinitas o del ordenador. Pero a fuerza de tener que ver pasar el tiempo, les cogí afición. Hace años, mis hijos, hartos de que gastara las pilas de su Game boy, me regalaron una para mí solita. Me pasé el Tetris y el Mario. Después, más o menos por la misma razón, me instalaron juegos en el ordenador. El Zuma me entretuvo horas, horas, días y más días. Peroooooo no me lo pasé. Puto juego, llego al nivel 12, pero no me lo paso. No he podido con el trece. Lo he visto, porque no soy la única que juega en casa, pero nada, que no llego hasta ahí. Luego el Dorado, también fue bueno en unos tiempos en que llegaba a casa desesperada y sabía que no me dormiría pronto. A ese sí que le gané. Y el Seven Wonders. Ufffff, qué guay. Piedras de colores, azul, rojo, verde, acabo casi epiléptica pero con el afán de construir otro monumento de esos, se me van las malas ideas. Por supuesto, también me regalaron la DS, ahí con una tarjeta de esas de estrangis me dieron más juegos de los que yo utilizo, pero cuánta compañía me ha hecho esa maquinita. Cuánto tiempo de espera fuera de casa me ha entretenido. No sé qué cara se me pondrá mientras juego, o qué cara pondrán los que me vean jugar, pero a estas alturas ya lo del ridículo está superado y la vergüenza se me quitó también hace tiempo.
No sólo es esto. Otra cosa que me deja con el encefalograma plano es un ovillo de algodón y una aguja de ganchillo. Puedo empezar una puntilla y tirarme horas, hasta que se acaba algo, la puntilla o el algodón. Será por eso de que cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue. He hecho crucigramas, sopas de letras, autodefinidos. Con el sudoku no puedo, no me gusta.
Y siempre echaba un libro para entretenerme. Pero eso sí que era imposible. Cuando sientes el cerebro estrujado no quieres pensar y yo no puedo centrarme en una página. La leo una vez, otra, otra, y al final, cuando debería estar terminando el capítulo, veo que no he pasado de la primera hoja y además no me he enterado de nada, así que mejor dejarlo. Me encanta leer. Siempre he leído muchísimo. Pero hay tiempos en que una ridícula maquinucha o un ovillo de algodón contando los puntos de cadeneta, nos hacen el favor ese que el coco no nos da de natural ni de gratis.
Supongo que cada uno encontrará el sistema, pero a mí estos son los que me han funcionado. Me gustaría poder tomarme una copa y salir del momento, pero no bebo, y supongo que a otros les puede consolar la oración, pero a mí tampoco me funciona.
En fin, que quizá esto me convierta en una idiota a los ojos de muchos, pero eso tampoco me importa. Por cierto, también me ha servido la hoja en blanco y el parker azul. Hay que ver la de bobadas que he escrito en momentos de obnubilación.
Sí, ya lo sé, hay que mirar siempre al futuro. En eso estoy.
Toca sin pan. Cuando había pan, sabía muy bien. Ahora no sabe a nada. Simplemente no hay, y así hay que seguir. Y para el limón, procuro buscar tequila y sal, y la nevera ya la bajé para preparar el granizado.
No me voy a caer por ahora, me agarraré con fuerza a todo lo que pueda, pero ufffff, cómo cuesta.
Hace ya un año que mi alma, resquebrajada por entonces, se partió del todo. Se rompió, se fue. Ya no me queda. No tengo esperanza ni fe ni caridad.
Cómo se explica eso? Pues no es difícil.
No quiero pensar en el futuro. No puedo hacer planes a largo plazo. Sé que la vida cambia en un minuto y prefiero que pase así, minuto a minuto, con lo que me quiera dar, sin cuestionarme si lo merezco o no. Simplemente es así.
La fe en qué? En quién?. Nada de lo que yo creía me ha servido de nada. Ahora soy como esta pantalla en blanco. Todo vale, o nada vale. ¿qué más da?. No puedo creer en nada, pero lo que es peor, ni siquiera me importa.
Y caridad, hacia quién? No me da pena nadie. Ni yo me doy pena. Para qué sirve?.
Me limito a no meterme con la gente. No cuestiono, no juzgo. Todo está bueno, o malo, allá cada uno.
Y si alguien lo pasa mal, no me alegro, y no me echo para atrás si hay que arrimar el hombro. Y no quiero que nadie se sienta como yo, pero pena, pena, pues que me resulta difícil.
A estas alturas estoy más cerca de mi gata que de mucha gente. Eso suena fatal. Ojalá no fuera así. Pero la vida nos da cosas que tenemos que digerir como si fueran piedras, y no estamos hechos para digerir piedras, así que porqué hay que digerir otras cosas que van contra natura?. Pues no, no trago, no quiero digerir eso.
Y pensar en la felicidad me da risa. La vida esa que puede ser maravillosa, según dicen, me podrá dar cosas fantásticas, eso me dicen, pero nunca podré vivirlas como yo pensé, como yo quería, como tendría que haber sido, así que eso ¿cómo se llama? media felicidad? O restringida? O parcial?. Y eso porqué? ¿quién lo decide?, pues si lo decide alguien qué mal debo caerle. Prefiero pensar que me ha tocado y ya está. No quiero ir más allá. Ya que no voy a ser feliz, al menos que no me gaste neuronas, que seguro, seguro que también las tengo contadas y ya no me deben quedar muchas.