viernes, 6 de noviembre de 2009

CUANDO NO QUIERO PENSAR

Muchas veces y por razones diferentes, aunque casi nunca buenas, no apetece pensar en nada. Pero dejar la mente en blanco es difícil. Yo creo que no tenemos mecanismos naturales para apagar e impedir que el coco se convierta en olla exprés. 
Por eso tenemos que buscarlos, y con el tiempo, me he convertido en una experta. No como elección, pero sí como solución. 
A mi edad, no es habitual aficionarse a los juegos de las maquinitas o del ordenador. Pero a fuerza de tener que ver pasar el tiempo, les cogí afición. 
Hace años, mis hijos, hartos de que gastara las pilas de su Game boy, me regalaron una para mí solita. Me pasé el Tetris y el Mario. 
Después, más o menos por la misma razón, me instalaron juegos en el ordenador. El Zuma me entretuvo horas, horas, días y más días. Peroooooo no me lo pasé. Puto juego, llego al nivel 12, pero no me lo paso. No he podido con el trece. Lo he visto, porque no soy la única que juega en casa, pero nada, que no llego hasta ahí. 
Luego el Dorado, también fue bueno en unos tiempos en que llegaba a casa desesperada y sabía que no me dormiría pronto. A ese sí que le gané. 
Y el Seven Wonders. Ufffff, qué guay. Piedras de colores, azul, rojo, verde, acabo casi epiléptica pero con el afán de construir otro monumento de esos, se me van las malas ideas. 
Por supuesto, también me regalaron la DS, ahí con una tarjeta de esas de estrangis me dieron más juegos de los que yo utilizo, pero cuánta compañía me ha hecho esa maquinita. Cuánto tiempo de espera fuera de casa me ha entretenido. 
No sé qué cara se me pondrá mientras juego, o qué cara pondrán los que me vean jugar, pero a estas alturas ya lo del ridículo está superado y la vergüenza se me quitó también hace tiempo. 

No sólo es esto. Otra cosa que me deja con el encefalograma plano es un ovillo de algodón y una aguja de ganchillo. Puedo empezar una puntilla y tirarme horas, hasta que se acaba algo, la puntilla o el algodón. Será por eso de que cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue. 

He hecho crucigramas, sopas de letras, autodefinidos. Con el sudoku no puedo, no me gusta. 

Y siempre echaba un libro para entretenerme. Pero eso sí que era imposible. Cuando sientes el cerebro estrujado no quieres pensar y yo no puedo centrarme en una página. La leo una vez, otra, otra, y al final, cuando debería estar terminando el capítulo, veo que no he pasado de la primera hoja y además no me he enterado de nada, así que mejor dejarlo. 

Me encanta leer. Siempre he leído muchísimo. Pero hay tiempos en que una ridícula maquinucha o un ovillo de algodón contando los puntos de cadeneta, nos hacen el favor ese que el coco no nos da de natural ni de gratis. 

Supongo que cada uno encontrará el sistema, pero a mí estos son los que me han funcionado. 

Me gustaría poder tomarme una copa y salir del momento, pero no bebo, y supongo que a otros les puede consolar la oración, pero a mí tampoco me funciona. 

En fin, que quizá esto me convierta en una idiota a los ojos de muchos, pero eso tampoco me importa. 

Por cierto, también me ha servido la hoja en blanco y el parker azul. Hay que ver la de bobadas que he escrito en momentos de obnubilación. 

Quizá por eso empecé este blog. 

5 comentarios:

  1. Pues merece la pena el blog, aunque sólo sea para gastar tiempo.

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  2. ¿Y donde se queda aquella frase que al parecer dijo alguien: "lejos de nos la nefasta costumbre de pensar"?
    Saludos

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  3. Jaclo, no lo considero nefasto. Es que a veces es mejor no hacerlo. Y ahí sí que te digo que es salud mental. En determinadas situaciones puede uno volverse loco.

    Un saludo

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  4. De los dias de quimio en el hospital, recuerdo el tetris. Yo de ahí no he pasado.Lo de las maquinitas me cuesta.
    Repito estoy gratamente sorprendida con tus historias, creo que me voy a hacer adicta.
    La vecinita del cuarto

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  5. He leído varias cosas, como siempre me gustan y comparto mucha de los entretenimientos de los que hablas, pero, mi dominio de las maquinitas es nulo. A mi me ha servido en muchas ocasiones la radio, con o sin cascos, por que el dichoso MP3,me cabreaba y como me sabia las canciones, no me ayudaba en nada. Un bes y sigue escribiendo, intentaré seguirte...Lupe

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