Se acaba el año, evidente, estamos a 30 de diciembre, mañana último día.
Siempre hacemos proyectos para el próximo. Dejar de fumar, hacer más gimnasia, acostarnos más temprano, ganar más dinero, leer los libros pendientes, aprender inglés, viajar más, etc, etc, etc.
Pero miro para atrás y veo que el año que termina ha pasado en un vuelo. No me he enterado. Los proyectos de principios de año se han ido alargando en el tiempo. Algunos se han cumplido, otros se han descartado, otros se han diluido en sí mismos, y al final, mirando para atrás es casi como tantos otros.
La vida sigue, cada día es igual y al mismo tiempo distinto que el anterior, y así seguirá el próximo, el siguiente, el otro.
Sólo quedan con nosotros las cosas que nos marcan bien y mal. Si hacemos recopilación, todos tenemos cosas fantásticas que nos han hecho felices aunque sólo sea un ratinín, otras chungas que nos han jodido de manera terrible, y otras que nos han cambiado el rumbo sin elegirlas, sin pedirlas y casi sin imaginarlas, pero de la misma manera, unas para bien y otras no tanto.
Quiero imaginar qué viene después, qué sigue, qué toca en el año que empieza, y aunque deseo, espero y quiero que todo vaya bien, en general sólo tengo claro que el día de año nuevo, o sea al día siguiente del último día, comeremos pan del día anterior.
¿Qué es una docena?. Doce, son doce. De lo que sea, pero doce. Así me lo enseñaron y eso me contesta cada persona a la que pregunto esa bobada.
Pues porqué cuando hablamos de copas de cristal eso no es cierto?. Al menos en mi casa. La docena no sirve, no tiene nada que ver con lo que pasa.
Se compra una cristalería, y vienen doce copas de cada. Vale. Antes de usarla, hay que fregarla. Pues por algún misterio inexplicable, alguna copa cae, eso seguro. Ya tenemos una docena de once, y eso que no sea más de una.
Se pone la mesa, contando con que tenemos doce copas. Peroooooo, a comer somos trece o catorce. Dónde está la docena? Pues en doce copas iguales y una o dos de otro tamaño, otro modelo, o directamente, a los niños un vaso de los de la coca-cola. Y claro, como hay más de un niño, pues quieren más vasos de esos. Venga quitad esas copas, que sobran. Total, que nos apañamos con ocho.
Se friegan las copas, con un cuidado extremo, se ponen a escurrir, antes de secarlas, y de repente suena “clinnnnn”, a la porra, otra copa, y si con suerte no se cae sobre las otras, pues sólo recogeré los cristales de una. Es que cogen aire, dicen las abuelas. Yo creo que no, es que van por libre.
Se guardan, se hace repaso, un hueco, dos huecos. Bueno, no vamos mal, ya tenemos una docena de diez. Eso se llama decena, pero nadie tiene una decena de copas, eso es inadmisible, pero el caso es que yo tampoco tengo doce, ¿entonces, qué pasa?.
Otro día no pasa nada, salen todas del armario y vuelven todas. ¡ qué bien ¡ si casi hay que celebrarlo. Pero pensándolo bien, qué hay que celebrar?, si no se rompe ninguna más me pasaré un montón de tiempo con una cristalería incompleta. Claro, que incompleta, porqué, porque a alguien se le ocurrió que en la mesa tenía que haber doce copas iguales.
Tendrá que ver esto algo con lo del Santo Grial. Si hay trece en la mesa hay que matar a alguno para que no falte una copa?. Uf, qué mal rollito.
Mejor ponemos los vasos de coca cola, o los de las cervezas, o qué leche, sacamos una copa de Jerez, es más pequeña y a los niños también les hace ilusión, al fin y al cabo, quién ha visto en una mesa de trece a doce tomando Jerez, evidentemente, nadie. Vamos que no me creo yo que a todos les guste el Jerez. O en cualquier caso, los niños no lo toman. Así que me siguen sobrando ocho copas de Jerez.
Los vasos de todos los días, esos de la cocina, tienen mejor apaño. Se compran de seis en seis, que ya no es la puñetera docena, puedes tener hasta dieciocho, se rompen de uno en uno o de dos en dos, vuelves a por otros seis y ya no tienen ese modelo. No pasa nada, se compra otro modelo, con eso se cambia. Pero como somos animales de costumbres, seguimos cogiendo los “viejos”, (ni que tuvieran arrugas). Y los nuevos, siguen allí, hasta que empiezan a mezclarse, y por alguna extraña razón se van rompiendo, por supuesto los nuevos, acabando, con el tiempo, con un armario variadísimo. Cinco de un modelo, siete de otro, diez de otro, y quince de los últimos. Pero una docena. ¡JA¡ ni de broma!
Este paseo desde que vivo en Madrid, y llegué aquí con cinco años, es de obligado cumplimiento, pero nunca por obligación, siempre con muchísimo gusto. Y con frío alguna vez, con sol otras, con lluvia como hoy otras, como sea.
Siempre café en un sitio bonito. Caminata por Recoletos, saludo a la Puerta de Alcalá, por supuesto a Velázquez en el Prado (sin entrar hoy), a Neptuno, a Cibeles, miradita al Palacio de Telecomunicaciones -ahora Comunidad de Madrid, pero me da igual el nombre-, al Baco de España y así a la izquierda, subida por la calle Alcalá. Qué bonita sigue la Violetera. Puerta del Sol mareante de visitantes, autóctonos, obras y cachivaches, que se vé la pobre de un desorganizado que parece la cocina de mi casa después de meterme yo en faena.
A comer en Topolino. ¡exagerao, pero tan rico!, y luego ya a lo que habíamos ido, claro CORTILANDIA, el caso es que nunca vemos la función completa, pero si no pasamos por allí es como que falta algo.
Arenal, Plaza Mayor, puestecitos que pasamos de claro porque son siempre iguales, y gente, barullo. Mmmmmm cómo me gusta.
Este paseo, de toda la vida, era con mi hermana, luego con su marido, con mi niño, con mi sobrina, con mis más niños, mis más sobrinas, mi contrario. En fin, en panda que es como se pasa bien, y hoy no podía ser menos.
Vueltecita por la feria de artesanía, que hoy de artesano poco, más bien unos tenderetes, pero han caído unas orejeras para el frío de las orejitas de mi sobrina.
En la Puerta del Sol hay que ver el escaparate de Casa Diego, maravillas en abanicos y paraguas, siempre nos gustan los más caríiiiiisimos. Pero hoy nos hemos apañado con dos menos caros. El mío naranja chillón, con volantes, con punta de aguja como los zapatos, con mango de bastón, eso sí plateado, y el de mi sobrina negro con dibujos morados, dibujos de zapatos, bolsos, bufandas, ¡yo qué sé!.
Se podría decir que en términos de vestido formal, los dos son horrendos, pero como de formales nosotras tenemos poco y lo del sentido del ridículo ya he explicado que entre mi gente está superado, pues nos parecen dos preciosuras. Anda que no vamos a presumir mi sobri y yo con nuestros paraguas de Casa Diego, y eso que mi otra sobrina me ha hecho prometer que si un día se viste de Epoca me lo pide prestado, porque parece de lo más propio para bailar el Can-Can.
En fin, que me ha gustado todo, sobre todo, porque iba con cuerpo de eso, de pasármelo bien.
Este es el precioso jardín colgante o vertical del Caixa Forum, que es donde hemos tomado café de buena mañana.
Aquí se vé mejor la entrada principal y el jardín al lado. Dentro, además de la cafetería tienen una tienda de cositas, curiosa y en la que nadie atosiga con eso de "puedo ayudarle en algo?", que es un fastidio cuando sólo quieres mirar y pillar ideas para Reyes.
Y esto para hacerse una idea de cómo estaba la Puerta del Sol. Pero sigue habiendo sitio para quien quiera pasearse, o comprar lotería, que esa es otra de las curiosidades, colas infinitas de gente que espera que le toque la suerte.
Y no es un viaje de paletos, porque nos ha faltado El Corte Inglés.
En estas tardes con pocas ganas de nada pues hay que enredar. Y qué mejor que probar la receta de las bolas de coco que mi amiga llevó a la merienda de la otra tarde. Con lo golosa que soy yo, pues me falta tiempo.
El resultado ha sido inmejorable para el paladar. Y eso es lo que cuenta ahora mismo. Al resto no le pregunto, porque la cintura y la cadera hacen piña para tratar de amargarme cualquier dulce, pero no les doy cancha. Ahora no les toca a ellas. Cuando se acaben las bolas de coco ya las escucharé, o haré caso o algo, pero ahora, no, de ninguna manera, que se esperen un poquito.
Seguí al pie de la letra la receta que ella me mandó. Pero no caí en la cuenta de que es andaluza, por aquello de la exageración. Yo quería hacer unas cuantas para mí, y han salido bolitas para la familia, los vecinos y hasta para la gata había, sólo que a esta no le doy dulce. Qué barbaridad, la próxima vez, con la mitad ya me apaño.
Puesta a saborear algo tan rico y tan precioso, pues qué menos que sacar cacharritos de esos bonitos. Y aquí están. Ese juego de té de mi madre que se ha pasado un montón de años en una caja, por aquello de que no se rompiera y que he rescatado hace poco. No quedan tazas, pero esas tres piezas se merecen una foto. Y claro no podían faltar las flores. Pero a falta de flores frescas, me conformo con las del mantel.
También era de mi madre. Se lo bordé hace muchísimo tiempo. Pero como esas cosas se estropean, están mejor en un cajón. Así que cuando ella murió, me lo traje a casa, con la idea de que lo iba a poner, a lucir, a enseñar y a gastar, ¡que ya son horas!. Me dejé las pestañas, el tiempo y la paciencia para hacer algo así. Y se ha pasado quince años en un cajón. Pues conmigo no se va a apolillar, es mejor que le dé el aire, así no se amarillea. Y como me gusta, pues lo pongo con esta merienda, que me apetece enseñar.
Aún está el café caliente (que no es té). ¿alguien se apunta?
HACE TIEMPO QUE NO PONGO EL BELEN PERO ME GUSTAN LAS COSAS DE CASA, ASI QUE CON PERMISO DE MI HERMANA (AUNQUE NO SE LO HE PEDIDO) PONGO LA FOTO DE UNO DE SUS BELENES, PORQUE PONE VARIOS -ELLA ES BELENISTA FOROFA- Y POR AQUELLO DEL MIEDO, PONGO OTRA DE COMO CUIDA MI HERMANO DEL HUERTO DE SU BELEN.-TAMBIEN CONTANDO CON SU PERMISO, AUNQUE NO SE LO HE PEDIDO- (ES POR AQUELLO DE LA CONFIANZA).
Hace un rato hablaba con una amiga (sí guapa, hablo de tí), y me contaba que me lee normalmente, pero que no deja ningún comentario porque ha comprobado que al contestar en un blog, se quedan los datos por ahí y que es fácil localizar a cualquiera. Que esto es como un gran hermano.
No he probado, lo haré en algún momento, cuando tenga tiempo y ganas. Tampoco me preocupa dónde pueda aparecer este blog. Es algo tan simple que no creo que pueda interesar a casi nadie.
Escribo lo que se me ocurre, casi siempre de cosas mías o que veo por ahí, pero que son de dominio público, entonces ¿qué?. ¿Hay que tener miedo?. Yo no lo tengo. No me meto con nadie, mis cosas no son secretos de estado. No salen los números de las cuentas corrientes. Y aunque salieran, las mías igual incitaban a que alguien las aumentase, porque disminuirlas les iba a costar, que me doy yo una maña para eso.
Entonces a qué debo tener miedo? Pues a nada.
Pero me lo ha puesto bastante negro. Así que yo, para los que me conocen, seguiré escribiendo en azul y para los que lleguen nuevos, pues también en azul.
No es tan difícil. Lo único que tendré cuidado al participar en otros sitios, por eso por si se queda registrado. Esto es como cuando vas invitado a alguna parte, procuraré ponerme de limpio, con la carita lavada y no dar mala imagen.
Mis amigos pueden venir como quieran que siempre son bienvenidos y no me importa la pinta que traigan. Arregladitos o sin peinar, que yo los conozco y cuando hay confianza, no hacen falta miramientos (eso de que da asco no me gusta).
Y ya he sido tía. Un niño preciosísimo. Es una novedad estupenda y que me sienta muy requetebién.
Voy a ser tía. Una de mis sobrinas está embarazada. Es una alegría, una ilusión. Estamos un poco tontitos todos con la idea.
Pero los nervios ya nos crecen por segundos. Salió de cuentas hace unos días. Según la veíamos creíamos que iba a ser mucho antes. Y esto es un sinvivir.
No queremos agobiarla, pobrecita, ya tiene bastante. Pero cada día, al llegar la tarde, empezamos a mirar el teléfono. ¿Llamamos? ¿esperamos?. Pues no, no quiero esperar.
Llamo con la esperanza de que no lo coja. Pero ahí está la pobre, contándome lo pesadito que se hace ya el niño. Que si no duerme, que no descansa, que no encuentra la postura.
Me lleva a hace años, cuando me tocó a mí. Los últimos días qué terribles. Pero también hay anécdotas. Tenía una vecina que bajaba a verme todos los días. Antes de vivir aquí ella vivía en su pueblo y los padres tenían una vaquería.
Cada día me decía "a mí me dio por limpiar los establos de la vacas el día antes de nacer Mónica, tu has limpiado algo? a ver, has sacado brillo al parqué, o te has liado con las ventanas, o la cocina, ¿no? pues aún no te toca parir". Y así un día y otro, yo ya la temía.
Me levantaba cada mañana pensando, a ver tengo que limpiar algo, antes de que baje Maribel? y qué va, que no me entraban ganas de esas cosas, así que otro día de propina.
Y así, uno, otro, otro, claro que así pasó que el niño pasó de los cuatro kilitos.
Se lo cuento a mi sobrina. Nos reímos de buena gana, y la pobre me dice igual, que está tan cansada que ni se la ocurre sacar brillo a nada. Que tiene la bolsa preparada para salir corriendo (bueno eso es un decir, más será para coger un taxi, o que la lleven como sea) y que sólo quiere que llegue ya.
Le digo que va a tener un Niño Jesús y me dice que le da como mucho hasta el día de la lotería. Menos mal que el niño ya tiene nombre, porque puestos a cambiar, el nombre de Jesús no estaría mal, pero no me imagino llamando al niño Decimito, o Extraordinario (aunque lo llegue a ser) por aquello del sorteo.
Así que aquí estamos con melenas en los nervios por lo que nos están creciendo, sin uñas de comérnoslas, y como se suele decir "esto no es ná", lo mejor está por llegar.
Sólo espero que esa horita corta de la que se habla siempre, se convierta en media, que se recupere sin problemas y que nos deje achuchar pronto a ese bebé tan esperado, que seguro seguro que será guapísimo, que eso de que los recién nacidos son feos y están arrugados es una tontería. Son preciosos todos. Y no admito réplicas.
Pues sí, ya me constipé. Llevaba un par de años sin que tocara. Y ya lo tengo. Es mío, todo mío. Hale a disfrutar.
Total, tengo la semana que viene libre. Para qué me voy a complicar la vida pensando en qué puedo gastar esos días. La madre naturaleza, sabia como ella sola, me resuelve el problema.
Ayer por la noche ya lloriqueaba un poco, aunque sin querer, eso sí. Esas lágrimas que salen solas, acompañadas de unos estornudos que tienen a la gata desquiciada porque se lleva unos sustos que la sobrepasan.
Y esos moquillos que se escurren a nada que te despistas. No hay pañuelo que lo soporte, ni de papel, ni de algodón, ni rollos varios. Todos se empapan. Y mi nariz cada vez más coloradita. Acabará como la de los payasos, que ya lo sé.
De vez en cuando, por supuesto, el golpe de tos. Ese que te deja sin aire.
Y hoy el médico, pues tan majo como siempre. Toma líquidos y deja de fumar. El antibiótico sólo si te da fiebre.
No entiendo a este hombre. O simplemente cada uno contamos nuestro rollo sin tener en cuenta el del otro.
Es mi médico desde hace 20 años. Sabe todo de mí, en cuestiones físicas. Lleva 20 años diciéndome que deje de fumar, y yo siempre le digo que si no le enseñaron otra cosa en la universidad. Que yo quiero que me quite el catarrazo, no que me dé consejos imposibles. Y fiebre no me da nunca con los costipados. Así que yo me digo así como para mí, a ver ¿para qué he ido a la consulta?, si hace un frío que pela, me ha tocado esperar y me ha dicho lo de siempre.
Pues nada, que no hay manera. Ya tengo mi cajita para el catarro, que seguro que la farmaceútica me la hubiera dado igual, sin ver al médico.
Será por ver si han sacado cosas nuevas, pero ¡qué va!, es lo de siempre.
Al final el catarro se irá cuando quiera y lo único que puede aliviarlo (tendré que recordarlo en casa) es el calor de pecho ajeno.
Menos mal que tengo por delante 10 días para quedarme calentita y abusar del pecho del ajeno. Que aunque no me cure el constipado me alegrará la vida un poquito. Y como el ya lo ha pasado pues no hay riesgo de contagio.
Por supuesto cuento con los remedios naturales. La cebolla partida en la mesita de noche para la tos, que yo no sé si a la tos le irá bien o mal, pero a mí me hace llorar.
El limón con miel y canela, también para la tos.
La salvia en infunsión que amarga más que el amargor, pero que suaviza la gargante y es genial para la tos.
Todo para la tos. ¿Y para mí?. Si a mí la tos me da igual, que viva su vida. Pero y yo qué tengo que hacer, pasear la tos como si fuera una mascota? pues vaya m. de mascota.
Decididamente mi Grapi es mucho mejor. No la tengo que dar remedio ninguno, me aguanta y me hace compañía. Bueno ahora también la tos me hace compañía, aunque muy a mi pesar.
Ya ha empezado la gincana de comidas navideñas. La merienda de fin de trimestre en literatura, la fiesta del amigo invisible en yoga, la quedada para comer con amigas mañana, la comida con los compañeros al día siguiente.
Me lo paso bien, me apunto a todo, intento disfrutar de cada rato, de la compañía y por supuesto, de la comida.
Pero no hay una sola de estas reuniones en que no salga la cuestión de la dieta. Que si nos sobran kilos, que eso no debo comerlo, que aquello me va a caer fatal. Y encima si tenemos que coger el coche, pues ni una copa. ¡qué sosos nos hemos vuelto!.
Se mira la comida casi con desprecio. Y no se tiene en cuenta que eso en términos religiosos ES PECADO. Debería bastarnos con la reunión en sí misma, con ganas de pasarlo bien, y ya está.
Todos los días comemos en casa, y ahí sí que podemos decidir cual es la dieta que mejor nos sienta. Pero en público esos reparos son una falta de educación. Sobre todo cuando hay personas que disfrutan (servidora) de la comida. Me gustan las cosas saladas, con poca sal y con ninguna. Me gustan los dulces caseros, los industriales, los de mojar, los líquidos. Y aunque bien es cierto que no tomo alcohol como norma, no pasa nada por probar un vino, o un cava o un licorcito. Sí que me echa para atrás lo de coger el coche, ahí sí que no me permito una gota, pero desde luego, no es por virtud. Es porque me intoxica, se me sube a la cabeza enseguida y eso y el coche es una imposibilidad material.
Casualmente, casi todos los que ponen encima de la mesa el tema de la dieta son los más delgados, los que mejor tipito lucen. Yo quisiera saber (o quizá no) de qué van estos pamplinas. Nos quieren amargar a los demás? nos están llamando gordos?.
Pues me sobran respuestas:
1ª Si no pensabas comer, haberte quedado en casa. Siempre puedes quedar con amigos para tomar el té o el aire que engorda menos.
2ª Si engordas es porque en tu casa no hay disciplina. En mi casa no engorda nadie, si la ropa nos aprieta todos sabemos que es porque los armarios son unos cabrones, guardas la ropa y cuando vas a cogerla de nuevo, ha encongido.
3ª Si no puedes decir algo agradable, mejor habla del tiempo (eso lo dicen los ingleses).
4ª Empiezas pronto a fastidiar la navidad. (Es que esto tampoco falta nunca, como el turrón -lo de la navidad fastidiada por algún simple-).
5ª Puedes decir que algo no te gusta. Pero no que engorda, que es malo para algo o que te da asco.
6ª Tengo clarito, pero sin preocuparme que "todo lo que me gusta, es ilegal, es inmoral o engorda" -esto es de una canción de Canteca.
QUE HEMOS QUEDADO PARA COMEEEEEERRRRRRRRR, jodío/a bobo/a.
Y si alguien tiene sentido de culpa, pues que no sufra. A la próxima que se quede en casa y favor que nos hará a los que sólo queremos pasar un rato sin complejos.
Por favor, que no se despidan con un Feliz Navidad, que entonces ya sí que me rematan.
Ayer pasamos el día en un pueblo de la sierra de Madrid. Salimos de casa con niebla, temiendo lo peor, pero de repente el sol cegaba. Hizo un día estupendo.
Por la mañana, al sol, con un jersey era suficiente, cosa impensable para mí que soy friolera con título.
Esta mañana, aquí en el barrio, poco sol, bastante aire y un paseo desagradable. Las manos heladas, las orejas encogidas, los pies al punto para que empezaran a salir sabañones.
Así, no hay abrigo, ni bufanda ni nada.
Sobre todo por el sopetón. No te esperas eso. Sales como si nada a la calle y al llegar a la esquina lo único que quieres es darte la vuelta.
Luego explican en la tele que es una ola de frío siberiano. ¡ja!. De qué Siberia hablan?. Porque yo soy de la Siberia Extremeña y allí estas temperaturas son inimaginables, y se combaten con un tronco de leña en la lumbre y poco más.
En cualquier caso hablan del cambio climático y el calentamiento global, pero hoy, no pensaba yo en eso.
Más bien pensaba en lo calentito que se estaba en casa. Y esta, seguramente, es una de las razones de ese cambio climático del que tanto se habla.
Vivimos en la sociedad del "bienestar". Aclarando, en invierno de manga corta en casa, porque la calefacción es central y no se puede regular, y en verano, con la blusita de manga larga por el aire acondicionado.
¿Esto es bueno?. Es que mi duda surge cuando veo que vamos al revés que las estaciones. En invierno calor y en verano frío.
Con lo fácil que sería dejarse llevar por la naturaleza, como se ha hecho hasta antes de ayer. En invierno, leña para el fuego y lana para abrigarse y en verano sombrita y abanico.
No sé si estaríamos mejor, supongo que ahora nos costaría volver para atrás, pero el planeta lo notaría, seguro, nuestro bolsillo también, y el cuerpo no se sentiría tan maltratado.
Bueno, que a lo mejor esto es el resultado de que las meninges se hayan quedado pasmaítas por salir casi a cuerpo, al entender que una ola siberiana era algo de mis paisanos.
El plato en cuestión eran unas simples croquetas. A mi hijo le encantan, pero como a mí las aceitunas, es decir en el plato. Lo de ir a cogerlas como que no.
Pues habíamos hecho todo bien. El mismo no se lo creía cuando vio las pasta en la fuente, puesta a enfriar. Creía que nunca sería capaz y sí que lo fue.
Pero y las prisas. Cómo se explica que una buena parte del resultado de un plato es la paciencia a la hora de cocinarlo. Pues eso cuesta un montón, explicarlo, exigirlo, y cumplirlo.
Me siento contenta, pensando que me libero ya de la obligación. Cuando quiera croquetas de la abuela, ya sabe, que se ponga a ello, que imposible es casi nada si se pone empeño.
Ahora que qué trabajito con este muchacho. El siempre quiere saber las cosas "exactamente", y eso en la cocina es complicado, sobre todo, como en este caso si se lo tengo que enseñar yo, que aprendí con mi madre.
Para ella el sistema métrico era para tontos. Nada más normal que poner un "cacho" de mantequilla en la sartén, la harina "que se precise" y añadir la leche "según te pida".
Esto era aplicable para casi todo. Y además se guisa con lo que se tiene en casa, nada de pedir a las vecinas. Primero se preparan "los avíos" y si falta algo, se va a comprar. Si no se puede, pues se apaña uno, porque al pedir a las vecinas, lo único que haces es "darles". Les das información de lo que falta, que puede ser el ingrediente en sí, o dejar clarito que lo que te falta es cabeza por no haberlo previsto.
Y si no, como decían en el pueblo de mi cuñado las señoritas de postín "de lo que no hay no se echa, y sabe igual" y al final comían pan calado en vez de sopas.
En fin, que al menos pude hacerle entender que el podía copiar las cantidades de ese momento, pero que hay cosas que como no se vean, no salen.
Pero ese día sí que salieron, y pudimos cenar unas croquetas estupendas, y hechas por el con un orgullo increíble.
Ya ha pasado el puente de la Constitución. Se llama así, pero hace muchíiiiiiiisimo, era el día de Las Conchitas. Y mucho antes fue el día de la Madre, que luego se pasó al primer domingo de mayo, y aún no sé porqué. Vamos que me da igual, que es un día que ni fu ni fa, por eso, mayo o diciembre quizá sea por la proximidad de Navidad y así hay ocasión para comprar dos regalitos.
Pero lo del puente me deja anonadaíta. No he hecho puente, me ha tocado trabajar. Gente para aburrir. Muchísima. Con idea de salir de casa los días de fiesta, bajón total sólo de ver las imágenes en la tele. El centro de Madrid atascado y ya he pasado por eso. No poder coger el metro, andar una estación para atrás porque te quedas totalmente bloqueado en las escaleras, vas a donde te lleven, no a donde quieres. No te acercas a un escaparate ni de lejos, no puedes tomar un café, no pienses en un bocadillo, porque en el caso de que eso ocurra, si puedes conseguir que el camarero te escuche, lo más probable es que casi te lo tire por encima.
Me parece un horror, nunca me meto en mogollones así, si lo puedo evitar.
Recuerdo un chascarrillo antiguo que al principio no entendía y ahora me parece totalmente real. Dice:
No es lo mismo "tejidos y novedades en el piso de arriba" que "te jodes no ves nada y encima te pisan".
Pues eso pasa en los días de puente.
Un día lo he pasado en casa de mi hermana, con mis sobrinas, mis cuñados, mis hermanos. Gente sí, pero toda de casa y con sitio propio, que es como me gusta.
Y otro día con amigos, también en casa. Probando una comida Bosnia que ella se molestó en preparar y que me ha sabido a gloria, por lo buena que estaba y por las molestias que se tomó. Esto engancha con la promesa de que otro día en mi casa tocan migas, y las haré encantada como ella en esta ocasión.
Pensar en las migas...., es como el plato de la amistad. Se hacen para poca y mucha gente, no importa. No son en el campo, una sartén grande y con el protocolo de "cucharada y paso atrás", pero serán estupendas, seguro.
El Lunes trabajando, pero desde luego un puente así, sin atascos, con calma, ¡dónde va a parar!. Ya me fui de vacaciones cuando no iba nadie, y me volveré a escapar en cuanto pueda, pero como la semana pasada, a mi pueblo, con la carretera para mí solita, aunque llueva. O a otro sitio, que eso se verá sobre la marcha. Prefiero no hacer planes, según venga el tiempo. Es mejor así.
Y esta tarde ha tocado clase de cocina, pero como es un plato que se hace en dos veces, mejor lo cuento mañana, a ver cómo se acaba. El principio promete.
Yo no sé desde cuándo existe la compra por catálogo. Lo recuerdo de siempre. Pero hay que ver lo que me joribia.
En algunas cosas, bueno, como que lo puedo aguantar, y sobre todo si es algún cachivache que aunque en letrita pequeña pone que se puede devolver si no te gusta.
Pero y la ropa? cómo puedo imaginar que me va a quedar tan estupén como a la modeli de la foto. Si es que no puede ser, si no tenemos las mismas hechuras por guapetona que yo me quiera ver ante el espejo. Al final, o queda muy pegado, o muy suelto, o muy largo o muy corto. Y lo de las tallas, bueeeenooooooo, más o menos. El más o menos supone que te quedará más o menos mal -que no bien-.
Pero eso se soluciona yendo a una tienda y probándose sin más.
Hoy, tocaba elegir algún mueble. Y claro, hay que ir a la tienda. ¡Pues qué bien!, te enseñan una muestra aproximada de lo que quieres y tiran de catálogo.
A ver, señora mía, cómo voy a comprar una silla que se ve preciosa en la foto sin sentarme en ella. Que luego mi espalda me pide cuentas. Que si es curva, que si no se ajusta a la zona lumbar. Que si se hunde el asiento.
Mire que no, que la veo bonita, pero quiero sentarme en ella. Al final, me siento en todas las de la exposición, paso de las cienes que hay en el catálogo y me decido por una que más o menos.
Ahora una mesa. Es muy fácil, sé la medida. Sólo quiero ver una que me guste. Pues, mire, mire qué catálogo tan variado. (la madre que lo parió). Al final, la medida que yo quiero no puede ser. Tiene que ser 10 cm. más larga. Pues no, no me sirve. Llaman por teléfono y no hay problema, me la pueden hacer como yo quiero, sólo que al ser una medida que no está en catálogo cuesta 300 euros más. ¡Y una m......!.
A ver, otro modelo. Cambio de ideas, ya lo que quería no sirve y más catálogo. He elegido una que se ve moníiiiisima. Espero que lo sea, porque no me gusta llorar por tonterías.
Y el mueble, que si con vitrina, que los cristales transparentes o translúcidos, que si con cajones, que si con puertas. ¡por Dios bendito!, es más difícil que pedir un filete en el Foster (muy hecho, poco hecho, con salsa mayonesa, barbacoa, con patatas, con frijoles) que al final le dices a la camarera, a su gusto, como usted quiera. Pues con el mueble igual: "esta es la medida de la pared, esto es lo que quiero poner en el, y ahora, haga Vd. lo que mejor le parezca". ¡qué ajuncos!
Ya, casi al final, sólo una pequeña aclaración. El sofá tiene que tener esta medida, si mide algún cm. menos da igual pero no puede medir ni uno más, va entre un radiador y una viga y esos no ceden.
Uisssss, qué difícil, es que esa medida es muy poca cosa para un sofá. Pues bueno, póngame un sillón grande, o un lo que sea, pero es lo que hay.
Estoy cansada, harta, aburrida, y sólo me queda la esperanza de que más o menos haya acertado y pueda sonreír cuando lo vea todo en su sitio.
La cuestión de deshacerse de los muebles usados es para otra página, que en su momento contaré, porque ahora mismo no lo puedo ni imaginar siquiera.
Pues sin permiso de la SGAE, por supuesto, llevo más de una hora haciendo algo parecido a juegos malabares. Para mí complicádisimos, siempre se me caen los apaños, pues casi igual.
Tengo un disco de sevillanas. En ellas hay unas del Real Betis Balompié (espero que aún se llame así, y si ya no es eso, pues simplemente Sevillanas del Betis). Quería mandárselas a mi sobrina. Es una forofa de ese equipo.
Pero, aquí empieza mi desastre. Yo sólo sé adjuntar archivos de música cuando tienen un cono naranja en la pantalla del ordenador.
Y yo lo que tengo es un disco en las manos.
Supongo que lo primero es colocar el disco en el posavasos del portátil. Procedo a ello. Bien, no se ha derramado nada y suena.
Lo primero que me pregunta el aparatito es ¿qué quiero hacer?, pues bien gracias, sólo quiero copiarlo, que es la única manera que sé de meter la música en el aparatito mágico. Si además suena ¡la leche!.
Pues sí, lo ha copiado y suena. Genial, me sale todo divinamente.
Me voy al correo, ya sólo quiero mandar esa canción a la muchacha. Pero a la hora de adjuntar, empiezan los problemas. Eso figura como intérprete desconocido en la "biblioteca" -siempre creí que eso serían libros-, del windows media player. ¿y el cono naranja?......... dremíadremía. Creo que voy malamente.
A ver, vuelta atrás. Paso a paso. En algún sitio tiene que haber algo que me permita transformarlo, traspasarlo, comprimirlo, joer...... algo. Aquí siempre ocurren cosas mágicas......
Vuelvo al principio, meto el disco, pum, pum, pum, otra vez. Y llego al mismo sitio. A la biblioteca. Me siento Harry Potter viendo como todas las escaleras se mueven y le desvían del sitio a donde quiere ir en esa biblioteca infernal.
Pinchando en opciones, propiedades, herramientas, y no sé cuántos sitios más, lo he conseguido. Ha aparecido el cono naranja, ese que se puede adjuntar como archivo de música y HE PODIDO MANDAR LA CANCION.
Como tenga que repetirlo, voy a quedar muy mal, porque no creo que fuera capaz.
Miro en el correo enviado, y parece que todo ha salido bien. Espero que mi sobr se lo pase bien con la canción. Y yo seguiré haciéndome de cruces con la de cositas sencillas (que se complican tanto) que se pueden hacer con la Internete mágica, que es hija de dios y testigo del demonio, estoy segura de eso.
En fin, que por más que la Sgae se empeñe, yo creo que lo tiene difícil, siempre aprendemos más saltándonos sus exigencias.
Me hubiera resultado mucho más fácil ir a cualquier tienda de discos y comprar esas sevillanas, pero y lo que me he entretenido ¿qué?. Eso es lo que la sociedad esa nos quiere quitar.?
Pues ah,,,,, se siente. Yo no quería el disco entero, que ese ya le pagué. Yo sólo quería sacar una sonrisa a mi sobrina, y eso no tiene precio, como la tarjetita esa. Aunque sacar una sonrisa a esa niña no es nada complicado.
Bueno, hoy no me beso porque no me llego, pero estoy encantadísima con lo que ha supuesto para mí una hazaña tan corrientucha para otros.
Releyendo cosas por esa costumbre que tengo de echar un vistazo lo ya leído, me he encontrado con un artículo de Mariano José de Larra. Lo tenía guardado desde la primera vez que lo leí, porque me gustó, porque describe muchísimas cosas en muy pocas palabras y porque yo creo que este hombre, con lo de la edad le pasaba lo que a mí. Mayor de edad a los 18. Así, de un día para otro, Dios infunde todo, conocimiento, responsanbilidad, independencia. En fin, no sé con qué vara de medir se aplican esas cosas. Y eso que Larra hablaba de los 30 años.
Aquí guardaré el articulito para que no se me pierda.
EL ELEGIDO EN EL ESTATUTO REAL (Mariano José de Larra)
Artº 14. Para ser procurador del reino se requiere:
1º Ser natural de estos reinos o hijo de padres españoles.
2º Tener treinta años cumplidos.
3º Estar en posesión de una renta anual propia de doce mil reales.
Los elegidos habían de tener doce mil reales de renta; gran garantía de acierto: por poco que valga un real en estos tiempos, no hay real que no valga una idea, sin contar con las muchas que hasta ahora hemos visto que no valían un real, y con los varios casos en que por menos de un real daría uno todas sus ideas: bueno es siempre que haya reales en el Estamento por si acaso no hubiese ideas. Tanto mejor si hay lo uno y lo otro.
No es menos importante lo de los treinta años; no es menos simbólico ni cabalístico el número de treinta……: treinta días tiene un mes, treinta minutos cada media hora, por treinta monedas vendió Judas a un Dios, treinta años representa la vida de un jugador, y treinta años, en fin, la capacidad de un procurador.
Muchos filósofos han creído que cuando el hombre nace, el Ser Supremo, que está atisbando, le sopla dentro el alma por medio del mismo procedimiento que usa un operario en una fábrica de cristales para dar forma a una vasija; pero eso es el alma, mas no la capacidad y la facultad de procurar: esta tal otra quisicosa se la infunde el Criador el día que cumple treinta años, por la mañanita temprano……
Se habla de la crisis en cualquier sitio y con cualquier excusa. Sé que hay mucha gente pasándolo mal. Y los que siempre hemos vivido con un sueldo mediocre, notamos la crisis de otras formas.
Supongo que cada uno gestiona los recursos de su casa (qué feo suena eso) como mejor se le ocurre, pero cada día oigo cómo todo el mundo presume de cómo sortea la crisis famosa.
Esta tarde, mirando en la carpetita mágica de Mis Documentos, me encuentro con escritos y cosas de hace tiempo. Una de ellas se llama JABON. No recordaba qué podía ser eso, ni que yo hubiera escrito nunca sobre el jabón. Lo abro y ohhhhhhhhh. Sí, es mío. No lo había escrito, simplemente es la fórmula mágica para hacer jabón reutilizando el aceite frito que ya no sirve más que para contaminar el ambiente.
Así que si alguien se anima, sólo tengo que advertir, que es mejor hacerlo en verano. Necesita calor y sol. Los que tengan terraza o algún sitio para hacerlo así, al aire y con mucho sol, tendrán un jabón de primera. En polvito, para la lavadora, que lava limpio limpísimo, barato como ningún otro, y con la conciencia ecologista que tan bien sienta. Cantidad sobrada para unos pocos de meses y no seguiré hablando maravillas que no cobro por ello y va a parecer un anuncio. Y de eso nada, no tiene marca ni pertenezco a ninguna organización que me obligue a ello.
Dejo la receta por si a alguien le interesa. FUNCIONA, eso sí que lo sé.
JABON
3 Litros de aceite usado
3 Litros de agua
½ kg de sosa caústica
½ kg de perborato
½ Litro de suavizante concentrado.
En un barreño grande se echa el aceite y el agua, se remueve despacio.
A continuación la sosa caústica, el perborato y el suavizante. En todo momento se remueve el brebaje.
Resulta desagradable a la vista. El proceso de saponificación es bastante repulsivo.
Durante dos días, se remueve cada poco rato y sale el jabón en polvo blanquito solo.
Cuando ella llegó a casa escribí este relato. Ya llevamos juntas año y medio, pero sigo viéndola como entonces.
“GRAPADORA” (Una gatita parda)
Una persona seria cuando dice “cesto” es con asas ¿no?. Pues no, claro que no. A veces es “con” otras “sin” y otras no es “ni cesto”.
Y eso me ha pasado a mí.
Años y años diciendo que no quiero animales en casa, que ya éramos suficientes, y no sé cuándo se me cruzaron los cables, ante la insistencia de los interesados en tener un bicho en casa.
Al fin y al cabo no es tan complicado, mucha gente tiene mascotas, porqué no podíamos tener nosotros una.
No sé cómo he caído en eso. Si yo no soy gente. Que lo sé, que no soy como el resto de las personas humanas, que las cosas que me pasan a mí no le pasan a nadie, pues nada que sí, que vale, venga.
Un buen día la trajeron a casa. Y como todos los bebés, de la naturaleza que sea, son un engaño. Son tiernos, mimosos, como desprotegidos. Y aquí estamos la gatita parda y yo.
Me dicen que se llama Grapadora, que claro pasó a ser Grapitas por las marcas que deja con sus dientecitos en los brazos y piernas del que se despiste un poco.
Antes de que viniera preparamos la canastilla. Que si el comedero, que el bebedero, que el arenero, que la arena mágica para que absorba todo eso que no se debe dejar desparramado, que un juguete para que se entretenga, que un artilugio para que clave las uñas y no arañe el sillón o se cuelgue de las cortinas, comida en lata, por si acaso y el pienso obligatorio.
Uffffff, no sé si para mis niños necesité tantas cosas. Aunque creo que sí, que más o menos, teniendo en cuenta que esta venía vestida.
No tiene pedigrí, es una gatita de padres mezcladitos, eso sí con nombres rimbombantes “Bagheera” y “Simba”, pero normalitos, cosa que agradezco, lo de los pedigríes viendo a la Duquesa de Alba and family me da un mal rollito que pa qué.
Un gato es un espíritu libre. No hay forma de que haga caso a nadie. Así que creo que me ha tocado una gata tonta porque me hace bastante caso aunque parezca increíble. (No me engaño, sé que es por puritito interés).
Para empezar, no es mía, es de mi hija. Pero se viene a desayunar conmigo. Sólo le doy los buenos días y le digo que me voy a la cocina. Se viene detrás de mí, se queda sentadita y espera que le ponga un poco de leche en un cenicero que utilizo para ese menester. Y cuando se relame de gusto me siento tan contenta como cuando los niños se terminaban el biberón.
Después me voy a hacer la cama y ella me ayuda. Yo tiro de un pico de la sábana y como a ella no le gusta, me lo coloca. Luego otro, luego otro, y mientras, de vez en cuando, me suelta una tarascada, algo así como diciéndome que lo estoy haciendo mal. Ella no se acuesta en mi cama (no se lo consiento) pero parece ser que no le gusta como la hago. Joer, qué arañazo tengo en el brazo izquierdo. Vamos que yo regaño y ella araña. No me parece nada extraño. Al terminar se lo explico bien. Ya vale Grapitas, hemos terminado. Vamos a regar las macetas.
Se baja de la cama, viene detrás otra vez, y de dos saltos se sube al sillón y a la barandilla. Yo riego y ella se aleja del agua. Se pasea por la barandilla mordisqueando las plantas. Yo creo que como con la cama controla si están bien o mal para regañarme, de la única manera que sabe, si lo cree necesario.
Al final salta de la terraza a la ventana de su dueña, y como la persiana está bajada, araña un poco. Al notar que no, que no va a poder entrar por ahí se da la vuelta y otra vez en la barandilla da unos pasos de ballet, con un equilibrio de precisión para no pincharse con los cactus. Cómo se mueve!, si yo pudiera hacer eso, la danza de los siete velos no tendría ningún misterio para mí. Ahora noto más que nunca eso que yo ya sabía, o sea que andando soy poco elegante, por decirlo de alguna manera.
Después viene la hora del juego. No es que nosotros lo establezcamos así, es que para ella debe ser así. La escoba vale, una pelota vale, el sofá vale, un tapón rojo de una botella de zumo es perfecto. Y mientras, corre que corre por toda la casa, menos por la habitación de su dueña que está cerrada.
Hemos conseguido que no se meta por detrás de la televisión. Hay demasiados cables y de repente se perdía la señal de la antena y cosas así. Aunque parezca un poco cruel, le echamos agua a la cara con un flush flush de esos que salpican. Y de momento no lo hace. Ya sé que es cuestión de tiempo, pero bueno algo es algo.
Con la encimera de la cocina pasó algo parecido, ella iba decidida a pasearse por allí, y aunque me da pena, no puedo tolerar que ande por los sitios donde se prepara la comida, o donde comemos o donde dormimos. Creo que entiende que es una especie de trato. Hay sitios que sí y otros que no. De momento funciona.
Pero cuando su dueña se levanta, ya no hago carrera de ella. Me ignora completamente. Pero claro, yo no me tumbo con ella a dormir la siesta. Yo no sé quién se acurruca a quién, si la humana a la gata o al revés. Pero forman un ovillo blanco y marrón que dan ganas de hacer una foto. ¡qué placidez! ¡qué envidia dan!.
A mi contrario ya le ha quitado algún calcetín. No sé qué encanto puede tener un calcetín sucio, pero ha estado desaparecido hasta hace un rato. Le quiere quitar el sitio, tan pronto salta por detrás del sillón donde el está sentado, como se le enreda en los pies con malas artes. Y el juega con ella, le hace cosquillas o le da alguna pelota de goma. Pero nada, ella insiste en darle un susto cuando más tranquilo está.
Como de noche no puede entrar en las habitaciones tiene una táctica infalible. A las siete de la mañana se pone a maullar, y yo no sé si despierta al vecindario, pero desde luego a nosotros sí. Esta es la ilusión de mi vida. Estar de vacaciones y a las 7 de la mañana ser despertada por unos maullidos escandalosos. Nada de ronroneo, ni caricias, ni nada de lo que se supone podría ser un dulce despertar. Directamente, maullidos insoportables. Y luego, cuando abrimos la puerta, se sienta, nos mira, y yo no sé si nos regaña con la mirada o nos toma el pelo. Pero son las siete y ya estamos todos levantados.
En el libro de Antonio Burgos “El Gato”, el dice que el gato es el amo de la casa, y yo pensé que exageraba. Ahora, viendo lo que veo, creo que lleva toda la razón. No es que nos hayamos vuelto tontos, es que nos engatusa y esa palabra es correctísima, hasta ahora no entendía yo bien el sentido.
Estamos todos engatusados, a ver qué remedio, a los animales hay que tenerlos con todas las consecuencias, pero aunque no soy de mimos, no la beso, ni la achucho, ni cosas así, que por otra parte, siempre me han dado bastante asco; reconozco que me cae bien este bichillo, que hace compañía, y sobre todo que ya no hablo sola. Siempre hablo con ella, parrafadas largas y que por la carita que pone, estoy segura de que entiende absolutamente, que no me conteste ya lo espero (menuda sorpresa si fuera de otro modo) y que no me haga caso cuando no le interesa, es lo normal, pero si Machado decía que “quien habla solo espera hablar con Dios un día” yo me libro. Ahora hablo con Grapitas y me va bien.
Tengo un hijo que es mayor de edad desde hace años. Esta semana ha cumplido 25. Y después de la reforma de casa, había que proceder a la reorganización.
Pues hemos discutido de tres veces que he dicho lo que quería, tres veces. No está mal, en estadística eso es el 100%. Pero sé bien, que a poco que me hubiese empeñado, hubiéramos llegado al 150%, que eso en cualquier empresa se llama productividad.
No es una cuestión de llevar razón. Estoy segura de que los dos la llevamos. El la suya y yo la mía, por supuesto. Y ahí está la fricción, que estamos en caminos diferentes.
Más de una vez, cuando oía lo de la mayoría de edad, yo decía que eso qué era, porque soy mayor de edad tres veces, según los años, pero los hechos de cada día me demuestran que no, que no lo soy y lo que es peor, que nunca lo seré.
Uno es mayor de edad cuando decide qué quiere hacer y con quién se gasta los cuartos.
Pues por eso yo no lo soy. Me explico.
Si yo quiero hacer algo, lo comento (primer resbalón), lo encuentro normal, vivo con otras personas. Pero a partir de ahí empiezan las explicaciones. Por esto..... por esto..... por esto...... Y al final, lo hago, si el caso es que nunca me dicen que no. ¿Entonces, porqué pregunto?. Por cortesía, por educación, por costumbre. (Así me enseñaron, claro).
Y lo de los cuartos, pues igual, si nunca me dicen que no, entonces porqué pregunto?
Sé que soy afortunada en estas cuestiones, pero cuando la pelea viene de algo tan absurdo como "oye, recoge un poco, que no hay quien entre", o "¿porqué dejas eso así?. Y llegan las respuestas esas secas del porque sí, porque es mío, porque no tienes que meterte. El coco se me alborota.
A buena hora iba yo a contestar a mi madre, o a mi padre. Vamos ni pensarlo. Y no eran el coco, ni los tenía miedo, ni nada parecido. Simplemente a los padres no se les contestaba y se les obedecía siempre.
Como anécdota de casa, mi hermana era de las que no recogían habitualmente. Tenía sus propios biorritmos -que dice mi hijo-. Y un sábado, mi madre harta de repetir que recogiera su ropa, no se calentó los cascos mucho, simplemente, abrió la ventana y le tiró la ropa a la calle. Vivíamos en el campo, en una casa baja, vamos que la ropa no fue muy lejos, pero ¡leche! cualquiera abría la boca.
Pues desde hace tiempo, tengo la sensación de que todo lo que hago es cuestionable. ¡Pero es que lo cuestiona mi hijo!.
A ver, dónde queda mi mayoría de edad?. Yo la reivindico, que no me callo, pero es que armamos cada zaragata. Y al final se queda en nada, si el es un bendito y yo una simple. Ni sabemos, ninguno de los dos porqué la liamos.
Yo saco la conclusión de que no somos distintos, más bien somos iguales.
Pero insisto, cuánto me cuesta ser mayor de edad. Qué rabia me da que me salgan arrugas, que me duelan las rodillas, que tenga cada vez más achaques, vamos que me hago mayor, y sin embargo creo que algún día voy a ir a votar y me van a preguntar que porqué, o si estoy segura, o algo así.
Sí por fin, la maldición esa asociada a las reformas se va pasando. "Así te entren los albañiles en casa". Pues sí, es de lo peor.
Aquí entraron el 13 de Octubre y ayer recogieron los apaños y se fueron a ver a algún otro "maldito".
Mirando así con ojos de querer ver bien, se aprecia un trabajo bonito. Lo han hecho bien, desde luego. Pero qué penitas hemos pasado.
Que si así no, que yo lo pedí de esta manera, que eso no es lo que acordamos que a mí me gustan las ventanas blancas. Que las molduras de las puertas no son así.
Qué pelea, y cuántas explicaciones. Tan difícil es pedir que si te cambian la puerta de la calle, lo normal es que la cerradura abra y cierre?, pues parece ser que sí, porque la mía cerraba bien pero abría a la última.
Y preguntar que cuándo iban a terminar? vamos de risa. Recuerdo la película en la que Miguel Angel pintaba la capilla Sixtina, que cada vez que el Papa le preguntaba ¿cuándo vas a terminar? el contestaba "cuando termine".
Pues más o menos igual, con la diferencia de que mi casa no es la capilla Sixtina, ni hay ala este, ni ala oeste. En fin, que es de lo más normalito. Pero jopé.
Ahora queda la parte que me toca. Hay polvo en todos sitios. Por más que intento quitarlo, ah y por cierto, con aspiradora nueva, que la otra antipática se me plantó y la tuve que despedir, no hay manera, va de un lado a otro.
No sé dónde poner las cosas, llevo todo el día dando vueltas, estoy derrengadita y a estas horas de la noche, he decidido que mejor encendía el pc un rato que esta pantalla es lo único luminoso que puedo ver ahora mismo.
A pesar de todo, estoy encantada. Tenía ganas ya de cambiar cosas. Y me va a quedar muy requeteguapo. Estoy segura.
Cada día nos siguen dando la matraca con lo de que las bolsas de plástico contaminan un montón.
Y qué pasa que se han dado cuenta ahora?.
Es que nuestras madres eran tontas cuando iban con la bolsa del pan, a por el pan, con la bolsa de red a por cosas pequeñas, y con la bolsa de la compra, propiamente dicha, a la compra. Y luego el carrito de ruedas?.
Durante años, a la hora del descanso en el trabajo, mi compañera y yo salíamos a comprar el pan. Para no tenerlo toda la mañana en una bolsa de plástico, o rodando por encima de una mesa llevábamos la bolsita de tela, y las mismas dependientas de la panadería se sentían contrariadas, porque están tan acostumbradas a coger la bolsa de plástico y la barra de pan al mismo tiempo que les rompíamos los esquemas. Yo creo que hasta les sentaba mal.
Y las compañeras más jóvenes se reían de nosotras, porque decían que éramos señoras mayores (teníamos entonces unos 40 años).
Y ahora, resulta que los que se paseen con una bolsa de plástico van a ser poco menos que señalados con el dedo.
Ya han salido al quite los fabricantes de bolsas. Explicando cuántas personas se pueden quedar sin trabajo. O que la opción son bolsas reciclables, que pagaremos, seguro. Bueno las otras también se pagan pero incluidas en la compra y da la sensación de que son gratis.
En casa siempre las reutilizamos. Sirven para otra vez, o para la basura o lo que sea, pero además no tengo ningún problema en coger una de tela. No por conciencia ecologista fundamentalmente, si no porque no me gusta tirar cosas por tirar.
Pero como corren tiempos diferentes, y hay que gastar el tiempo como sea, mi hermana me regaló una hecha con la tela de un paraguas viejo, que eso sí que es reciclar. Y a mí me enseñaron una que me hizo mucha gracia y la he copidado, como los japoneses.
Y el resultado es una bolsa que doblada no ocupa nada y que me permite no pagar los cinco céntimos o los cincuenta que quieren cobrar por las bolsas. Esas mismas que antes incluían en el precio de la compra.
En fin, que como en el chotis, vamos p'alante y vamos p'atrás.
Enseño las fotos de las bolsas dobladas y extendidas. Las dos son útiles. Seguramente una tontería. Pero el tiempo de hacerlas ha sido manos ocupadas y mentes sin malos pensamientos. Además añadir que son chulis de verdad. La mía más parece más un bañador que una bolsa, me dan ganas de probar a ver cómo quedarían las tetitas entre tanto enrejado. Pero esa foto, si se produjera, prometo no enseñarla.