lunes, 28 de febrero de 2011
AHORRANDO GASOLINA
Este carro era de mi padre. Lo conservo para guardar la leña y como recuerdo. Pero visto lo visto, no descarto la posibilidad de darle una manita de pintura, engrasar los ejes y ponerle en funcionamiento de nuevo.
Ya cuento con un inconveniente, y es lo de la tracción animal.
Pero será cuestión de ponerse a ello.
En el año 1973 se puso la primera limitación de velocidad. A 100 Km/h en todas las carreteras. Aquello daba risa.¿ Por cuántas carreteras se podía circular a esa velocidad sin coger un bache, y cuántos coches estaban en condiciones de alcanzarla?. Pues pocas y pocos. Aquella era la realidad del momento.
Pero hoy, qué pasa. ¿No se les ocurre nada mejor para ahorrar gasolina? Pues vaya fiasco.
Carreteras más apañaditas. Coches más grandes, más altos, más guapos, más ágiles, y para llegar al mismo resultado.
Yo no soy de pisar el acelerador con facilidad. Me atengo a las señales y al sentido común, pero esto me parece una pasada total.
No puedo con estas soluciones. Ya me fastidió la ley antitabaco y ahora otra prohibición.
Para mí, y siento parecer insolidaria, este es otro impuesto revolucionario. Gasolina ahorrarán la que sea, nunca la que dicen que van a ahorrar, eso seguro. Pero la tajada que van a sacar con las multas, garantiza de sobra los ingresos, mucho más que con la gasolina.
Por eso mismo, yo que voy a trabajar andando, bueno y a casi todas partes, creo que voy a restaurar el carro. Ya veremos quién tira de el. Y... podré fumar como un carretero y nunca mejor dicho.
miércoles, 23 de febrero de 2011
CARA DE IDIOTA
Sí cara de idiota y de muerta de hambre, es la que yo debo tener.
Esa es la sensación que me entra cuando noto sorpresa en algunas personas, por algo que yo hago o que tengo.
Posiblemente sea algo normal, pero es que raro es el día que alguien no me "halaga" en ese sentido.
Me refiero a las cosas que hago con toda normalidad, y sorprenden a otros, pero a gente que me conoce, que me trata habitualmente, que es lo que me descoloca a mí.
Ejemplos recientes:
Tengo un trabajo de responsabilidad desde hace años. Nunca he tenidos quejas, en ningún sentido, y hace unos días, se me acerca un compañero, todo sorprendido y me suelta "joder, ahora resulta que tu sabes más que el jefe".
Respuesta: pues claro, es que es mi trabajo, no el de el. El tiene que hacer otras cosas que no me tocan a mí. Pero de lo que yo hago el no tiene más que conocer los resultados.
Me sentí mal. Quién era ese monigote para hacer una afirmación así. Pues eso, que creo que me debe ver cara de idiota.
Con un vestido precioso, que me quedaba largo, venía una amiga cuando lo compré, me dijo que lo dejara para que me lo arreglaran, y yo dije que no, que prefería hacerlo yo, que pondría más cuidado. Cuando lo terminé y se lo enseñé, se llevó las manos a la cabeza "pero si coses muy bien". Pero bueno, ¿a qué venía eso?, pues claro que sé coser, me enseñó mi madre, no tiene ningún misterio.
Si se habla de algún libro, que he leído, doy mi opinión, y siempre alguien con cara de asombro, me suelta ¿pero tu lees eso?. Uhmmmm.
Y en lo de tener cosas, pues igual.
En la noche de la cena del añonuevo chino, me llevo mi coche. En casa hay dos, un Fiesta y un Laguna. Esa noche, me llevé el Laguna, y cuando llegué a donde habíamos quedado, me dice un compañero con cara de sorpresa ¿ese coche es tuyo?, respondí que no, que lo acababa de robar según iba hacia allá.
Será posible.... pues tiene más de cinco años, ya no es del banco, que lo hemos terminado de pagar. ¿No me lo merezco?
Mi madre y mi contrario, algunas veces, por mi cumpleaños, por el aniversario, y cosas así, me han regalado pendientes, anillos, pulseras. Tengo muchos años, así que tengo varias lindezas de esas.
Bueno pues no hace mucho, me puse un anillo, sencillo, bonito, regalo de mi madre, y una amiga me saltó, lo mismo ¡hala qué bonito!, cómo tienes algo así?
Yo ya creo eso, que me deben ver cara de boba, y no imaginan que pueda saber o hacer algo que seguro, seguro, que ellos no harían ni sabiendo.
Y me deben ver pinta de muertadehambre y que no tengo derecho a tener lo que ellos no tienen, sin entender que en mi casa llevamos trabajando desde muy jovencitos, y hemos tenido la suerte (que en estos tiempos hay que decirlo así) de que nunca nos falte el trabajo. Hemos pagados muchas letras, muchos créditos, y nos hemos quitado muchos caprichos.
Por eso me fastidia que lo comenten en alto, como si yo no tuviera derecho a ponerme un anillo o a conducir un coche.
A mí no se me ocurre echar las cuentas a nadie o cuestionar sus conocimientos o habilidades, quizá por eso me sorprenden esas cosas.
Pero me fastidian cantidad.
Esa es la sensación que me entra cuando noto sorpresa en algunas personas, por algo que yo hago o que tengo.
Posiblemente sea algo normal, pero es que raro es el día que alguien no me "halaga" en ese sentido.
Me refiero a las cosas que hago con toda normalidad, y sorprenden a otros, pero a gente que me conoce, que me trata habitualmente, que es lo que me descoloca a mí.
Ejemplos recientes:
Tengo un trabajo de responsabilidad desde hace años. Nunca he tenidos quejas, en ningún sentido, y hace unos días, se me acerca un compañero, todo sorprendido y me suelta "joder, ahora resulta que tu sabes más que el jefe".
Respuesta: pues claro, es que es mi trabajo, no el de el. El tiene que hacer otras cosas que no me tocan a mí. Pero de lo que yo hago el no tiene más que conocer los resultados.
Me sentí mal. Quién era ese monigote para hacer una afirmación así. Pues eso, que creo que me debe ver cara de idiota.
Con un vestido precioso, que me quedaba largo, venía una amiga cuando lo compré, me dijo que lo dejara para que me lo arreglaran, y yo dije que no, que prefería hacerlo yo, que pondría más cuidado. Cuando lo terminé y se lo enseñé, se llevó las manos a la cabeza "pero si coses muy bien". Pero bueno, ¿a qué venía eso?, pues claro que sé coser, me enseñó mi madre, no tiene ningún misterio.
Si se habla de algún libro, que he leído, doy mi opinión, y siempre alguien con cara de asombro, me suelta ¿pero tu lees eso?. Uhmmmm.
Y en lo de tener cosas, pues igual.
En la noche de la cena del añonuevo chino, me llevo mi coche. En casa hay dos, un Fiesta y un Laguna. Esa noche, me llevé el Laguna, y cuando llegué a donde habíamos quedado, me dice un compañero con cara de sorpresa ¿ese coche es tuyo?, respondí que no, que lo acababa de robar según iba hacia allá.
Será posible.... pues tiene más de cinco años, ya no es del banco, que lo hemos terminado de pagar. ¿No me lo merezco?
Mi madre y mi contrario, algunas veces, por mi cumpleaños, por el aniversario, y cosas así, me han regalado pendientes, anillos, pulseras. Tengo muchos años, así que tengo varias lindezas de esas.
Bueno pues no hace mucho, me puse un anillo, sencillo, bonito, regalo de mi madre, y una amiga me saltó, lo mismo ¡hala qué bonito!, cómo tienes algo así?
Yo ya creo eso, que me deben ver cara de boba, y no imaginan que pueda saber o hacer algo que seguro, seguro, que ellos no harían ni sabiendo.
Y me deben ver pinta de muertadehambre y que no tengo derecho a tener lo que ellos no tienen, sin entender que en mi casa llevamos trabajando desde muy jovencitos, y hemos tenido la suerte (que en estos tiempos hay que decirlo así) de que nunca nos falte el trabajo. Hemos pagados muchas letras, muchos créditos, y nos hemos quitado muchos caprichos.
Por eso me fastidia que lo comenten en alto, como si yo no tuviera derecho a ponerme un anillo o a conducir un coche.
A mí no se me ocurre echar las cuentas a nadie o cuestionar sus conocimientos o habilidades, quizá por eso me sorprenden esas cosas.
Pero me fastidian cantidad.
lunes, 21 de febrero de 2011
SIGO LEYENDO
Como siempre, sigo con el hábito-vicio de la lectura. Y comentar cada libro que leo, por separado, sería una pesadez, así que de tres en tres, me cuesta menos.
Ya terminé el de Maldito Karma. Desde luego que sí que fue entretenido. Y desde entonces, miro con mucho cariño a las hormigas, a los perros, a los pájaros, a todo bicho viviente, y no digamos a mi gata, bueno y a los gatos de la calle, claro, a ver si algún día me voy yo a ver así. Que igual cada mañana me cruzo con algún antiguo amigo reencarnado y yo no lo sé. Hay mañanas, que al ver a un par de gatos callejeros, me dan ganas de darles los buenos días, por si acaso. Pero vamos, de momento, sólo se los doy a la Grapi, que me contesta.
Después siguió Cinco Horas con Mario. Obra maestra absoluta. Con qué naturalidad habla la viuda con el difunto, como si estuvieran cenando, y le hace un repaso completo de lo que fue su vida, le da todas las quejas que no le dio en su momento, de una forma simple, como ella lo vivió. Y de una manera muy parcial, que sería para oír a Mario si no estuviese en la caja de pino.
A continuación me lo he pasado bien con Riña de Gatos de Eduardo Mendoza. Totalmente en su línea. Un personaje simple, que se mete en embolaos complicadísimos. Y pasa lista a los personajes de la época. Habla con una familiaridad absoluta de José Antonio Primo de Rivera, de Manuel Azaña, de ministros, duques, condes, marqueses, del Madrid del año 36, y por eso ese nombre tan acertado.
Me gusta Eduardo Mendoza, pero creo que aquí se ha superado.
Ahora, como trabajo de literatura tengo que leer 1984 de Orwell, lo estrenaré esta noche, a ver si tengo la misma suerte que con los últimos y me entretiene.
Como tengo la costumbre de hacer lista, según van recomendando las amigas, pues una que me lleva sin resuello es Bichoraro, no sé cuándo voy a poder leer todos los que ella recomienda. Así no hay forma, por más horas que yo dedique a este menester, siempre queda tarea pendiente. Pero da igual, yo seguiré. Al fin y al cabo, tiempo es lo que nos sobra, normalmente, lo que nos falta es dinero.
sábado, 19 de febrero de 2011
LOS TONOS DEL MOVIL
Mi móvil tiene cinco años. Y el tono del mismo, 45. Se dice pronto, pero es así.
Esa música de los Pekenikes es lo que suena cuando alguien me llama.
Son curiosos los tonos que cada uno pone en su telefonino. He oido himnos de equipos de fútbol. Bandas de películas. Canciones de flamenco. El Himno nacional.
Bueno pues a mí me apetecía poner esta canción. Al menos no lo confundo con ninguno.
A quién se le puede ocurrir poner una música de hace 45 años. Pues a una antigüa como yo, claro.
Pero la música de los Pekenikes me gusta. Me resulta atemporal.Me trae recuerdos, y me suena bien.
Esta tarde, entretenida en la cocina, y con las manos en la masa, literalmente. Tengo puesto el cacharro de música ese que las hace sonar una tras otra, sin saber yo cual viene después. De pronto, empieza a sonar esa, y yo, a lavarme las manos, a buscar el móvil, que miro y que no suena, y empezando a creer en los duendes. Hasta que me doy cuenta que es el reproductor divino ese, que me sorprende cada día.
A mí no se me ocurrió más que meter todas las canciones que había en el pc, en el pendriver, sin seleccionar. Y ya no me acordaba de que esa estaba también. Pues luego me he reído de buena gana.
No me llamaba nadie, ya lo he visto. Pero ¿y si sí?. Yo por si acaso, lo he comprobado.
Me gusta mi teléfono. No he podido cambiarlo en todo este tiempo, pero no porque no haya otros, que sí, que la compañía telefónica ya se ha ocupado de eso, pero es que no me apaño. Tienen tantas cositas que a mí me parecen trampas. No puedo con tanta complicación.
Seguiré con este hasta que deje de sonar. Y lo que es más seguro, es que al próximo, aunque sea de última generación, le pondré la misma musiquilla. Porque hoy al oirla, he mirado al móvil, pero si cambio de música, creo que no le haré ni caso.
Esa música de los Pekenikes es lo que suena cuando alguien me llama.
Son curiosos los tonos que cada uno pone en su telefonino. He oido himnos de equipos de fútbol. Bandas de películas. Canciones de flamenco. El Himno nacional.
Bueno pues a mí me apetecía poner esta canción. Al menos no lo confundo con ninguno.
A quién se le puede ocurrir poner una música de hace 45 años. Pues a una antigüa como yo, claro.
Pero la música de los Pekenikes me gusta. Me resulta atemporal.Me trae recuerdos, y me suena bien.
Esta tarde, entretenida en la cocina, y con las manos en la masa, literalmente. Tengo puesto el cacharro de música ese que las hace sonar una tras otra, sin saber yo cual viene después. De pronto, empieza a sonar esa, y yo, a lavarme las manos, a buscar el móvil, que miro y que no suena, y empezando a creer en los duendes. Hasta que me doy cuenta que es el reproductor divino ese, que me sorprende cada día.
A mí no se me ocurrió más que meter todas las canciones que había en el pc, en el pendriver, sin seleccionar. Y ya no me acordaba de que esa estaba también. Pues luego me he reído de buena gana.
No me llamaba nadie, ya lo he visto. Pero ¿y si sí?. Yo por si acaso, lo he comprobado.
Me gusta mi teléfono. No he podido cambiarlo en todo este tiempo, pero no porque no haya otros, que sí, que la compañía telefónica ya se ha ocupado de eso, pero es que no me apaño. Tienen tantas cositas que a mí me parecen trampas. No puedo con tanta complicación.
Seguiré con este hasta que deje de sonar. Y lo que es más seguro, es que al próximo, aunque sea de última generación, le pondré la misma musiquilla. Porque hoy al oirla, he mirado al móvil, pero si cambio de música, creo que no le haré ni caso.
martes, 15 de febrero de 2011
HABLANDO DE MALA SUERTE
Mi padre decía que para el desgraciado siempre es martes.
Y, a veces, tengo la sensación de que hay semanas que tienen siete martes.
Pero no, necesariamente, por cosas importantes. Pueden ser simplezas que se unen a otras y que nos hacen arrugar la jeta, soltar algún dios, y otros impoperios.
Esta es una de esas semanas. Y el caso es que pasando revista a las cosas ocurridas, pues no es para tanto. Eso sí, por separado, porque juntas son la releche, y ando un poco retorcida.
Se me rompió el microondas el mes pasado, tenía varios años, compré otro, sin más. El domingo, se rompe el cierre del nuevo. Al leer la garantía dice que no cubre el recambio de las piezas de plástico. No me lo puedo creer. Lo que se ha roto es de plástico, pero es que la puerta entera, por dentro es de plástico.
Menos mal, que ayer, en la tienda donde lo compré, estaba la misma dependienta que me lo vendió. Que entiendo que debe ser una persona normal, y me cambió el cacharro sin ningún problema. Pero el domingo andaba fastidiada.
Mi hijo se alquila una casa porque quiere independizarse. Después de alquilarla, se da cuenta de que no hay calefacción. Aquí nos ponemos a cero grados en invierno. Le gusta la casa, decide que pasará el verano, y después ya verá lo que hace, pero de momento, una contrariedad.
Solicita la línea para internet. Llegan a instalársela y no pueden. Parece ser que el tubo por donde tienen que tirar el cable está obstruido. Llaman a los que hicieron la instalación, y ellos juran que estaba bien. Al final hacen comprobaciones y la historia es que en algún momento, en el portal de al lado, hicieron una reforma, machacaron el tubo y no le importó a nadie. Ahora hay que pedir permiso a los vecinos para levantar parte del suelo y arreglar el desaguisado.
Mi hijo, cabreado, medio pensionista, ni está allí, ni aquí. Se ha llevado un montón de cosas. Le quedan aquí otro montón y no sabe qué hacer.
Seguimos esperando.
Llego de trabajar, y a mi contrario se le ha prendido fuego la sartén. Los filtros de la campana jodidos. Los baldosines negros. Un susto descomunal. Y dando gracias que se apagó el fuego pronto y no fue a más.
En el trabajo, los de siempre, hacen lo que les da la gana. Nos llaman a capítulo a todos y nos ponen firmes, con lo cual, todos jodidos.
Explico que veo algo que está mal, hace algún tiempo. Me toman por el pito del sereno. Y hoy, precisamente hoy, todos alborotados, que si eso no puede ser, que en su momento tenían que haber tomado medidas. Y yo diciendo que ya sé que no me toman en serio, pero que yo siempre hablo en serio.
Además llueve. Me mojo los zapatos, los pies, los pantalones, y el humor. Estoy de un humor chungo.
Sé que son cositas, que no nos va la vida en ninguna de ellas, pero hay que fastidiarse lo que incomodan cuando caen todas seguidas.
Y viendo el parte meteorológico, no vale lo de mañana saldrá el sol.
Y, a veces, tengo la sensación de que hay semanas que tienen siete martes.
Pero no, necesariamente, por cosas importantes. Pueden ser simplezas que se unen a otras y que nos hacen arrugar la jeta, soltar algún dios, y otros impoperios.
Esta es una de esas semanas. Y el caso es que pasando revista a las cosas ocurridas, pues no es para tanto. Eso sí, por separado, porque juntas son la releche, y ando un poco retorcida.
Se me rompió el microondas el mes pasado, tenía varios años, compré otro, sin más. El domingo, se rompe el cierre del nuevo. Al leer la garantía dice que no cubre el recambio de las piezas de plástico. No me lo puedo creer. Lo que se ha roto es de plástico, pero es que la puerta entera, por dentro es de plástico.
Menos mal, que ayer, en la tienda donde lo compré, estaba la misma dependienta que me lo vendió. Que entiendo que debe ser una persona normal, y me cambió el cacharro sin ningún problema. Pero el domingo andaba fastidiada.
Mi hijo se alquila una casa porque quiere independizarse. Después de alquilarla, se da cuenta de que no hay calefacción. Aquí nos ponemos a cero grados en invierno. Le gusta la casa, decide que pasará el verano, y después ya verá lo que hace, pero de momento, una contrariedad.
Solicita la línea para internet. Llegan a instalársela y no pueden. Parece ser que el tubo por donde tienen que tirar el cable está obstruido. Llaman a los que hicieron la instalación, y ellos juran que estaba bien. Al final hacen comprobaciones y la historia es que en algún momento, en el portal de al lado, hicieron una reforma, machacaron el tubo y no le importó a nadie. Ahora hay que pedir permiso a los vecinos para levantar parte del suelo y arreglar el desaguisado.
Mi hijo, cabreado, medio pensionista, ni está allí, ni aquí. Se ha llevado un montón de cosas. Le quedan aquí otro montón y no sabe qué hacer.
Seguimos esperando.
Llego de trabajar, y a mi contrario se le ha prendido fuego la sartén. Los filtros de la campana jodidos. Los baldosines negros. Un susto descomunal. Y dando gracias que se apagó el fuego pronto y no fue a más.
En el trabajo, los de siempre, hacen lo que les da la gana. Nos llaman a capítulo a todos y nos ponen firmes, con lo cual, todos jodidos.
Explico que veo algo que está mal, hace algún tiempo. Me toman por el pito del sereno. Y hoy, precisamente hoy, todos alborotados, que si eso no puede ser, que en su momento tenían que haber tomado medidas. Y yo diciendo que ya sé que no me toman en serio, pero que yo siempre hablo en serio.
Además llueve. Me mojo los zapatos, los pies, los pantalones, y el humor. Estoy de un humor chungo.
Sé que son cositas, que no nos va la vida en ninguna de ellas, pero hay que fastidiarse lo que incomodan cuando caen todas seguidas.
Y viendo el parte meteorológico, no vale lo de mañana saldrá el sol.
lunes, 14 de febrero de 2011
SAN VALENTIN
Me gusta esta canción. Y estamos en San Valentín. Pasando de corteingleses, pero la música se queda
jueves, 10 de febrero de 2011
LA MAGIA DEL FUEGO

Hoy en yoga, para cambiar un poco, hemos hecho algo con fuego. Simple, una vela encendida en una sala a oscuras. Mirar la vela sin parpadear todo el tiempo posible. Después cerrar los ojos, y volverse a fijar en la vela.
Un buen rato así.
Como curiosidad, al cerrar los ojos, es como si siguiera viendo la vela, pero en negativo. La llama negra y todo lo demás brillante.
Bueno, esto es como introducción. A cuenta de este ratito, se me han venido a la cabeza un montón de recuerdos del fuego y sus efectos.
De pequeña, la magia de la lumbre de la noche de Reyes. Había que quemar todo lo que no valía, en casa o lo que encontrábamos por la calle. Aquel fuego enorme, no nos podíamos quemar, porque era imposible acercarse por el calor que desprendía. Y la ilusión de los villancicos alrededor, en plan Indio, esperando que vinieran los Magos.
Pero la lumbre que me toca los entresijos es la chimenea de la casa del pueblo.
Tan sólo si voy en Julio o Agosto, no la enciendo. El resto del año, es obligada.
El ritual de encenderla, con papel, con palitos finos, y luego ya más grandes. El poner atrás un tronco enorme para que dure. Y luego ya a disfrutar.
Recuerdo ratos muy largos, con la mesa delante, con mi padre, dos tazas de café y un paquete de tabaco. A veces hablábamos, otras, simplemente mirábamos el fuego.
Naranja, rojo, brillante, fulgurante. La paz que da. La hipnosis que produce. La facilidad para traer pensamientos a la cabeza, y casi siempre buenos.
Luego ya otros ratos, sola, quizá más tristes, pero la misma magia. Mirar el fuego, y mantener la esperanza de que aquel fuego purificador se llevaría todas las penas. Se respira bien, el olor de la leña de encina. Y ver que al igual que aquellos troncos acabarían siendo ceniza con la vida que habían vivido, todos mis males se irían por la chimenea negra, al cielo, a formar parte del todo, y yo algún día, igual, también formaré parte de ese todo.
Hasta que llega un momento, que de tanto mirar, ya ni piensas. Mente en blanco, encefalograma plano. Sólo el fuego.
Hace poco, en Octubre, mi amiga, mi hermana y yo, nos sentábamos allí hasta la madrugada. Contábamos cosas. Nuestras, sin ir muy lejos. O nos quedábamos calladas. Experiencia que nos unía a las tres de una forma especial.
Cuesta despertar de un momento así. Y esta noche, por un ratito, he sentido algo parecido. Luego ya la música de la meditación, y un bienestar increíble.
Lo más extraño es que, a veces, creamos que se puede controlar el fuego.
Es imposible, el nos controla, nos domina, y nos hace sentir bien.

Un buen rato así.
Como curiosidad, al cerrar los ojos, es como si siguiera viendo la vela, pero en negativo. La llama negra y todo lo demás brillante.
Bueno, esto es como introducción. A cuenta de este ratito, se me han venido a la cabeza un montón de recuerdos del fuego y sus efectos.
De pequeña, la magia de la lumbre de la noche de Reyes. Había que quemar todo lo que no valía, en casa o lo que encontrábamos por la calle. Aquel fuego enorme, no nos podíamos quemar, porque era imposible acercarse por el calor que desprendía. Y la ilusión de los villancicos alrededor, en plan Indio, esperando que vinieran los Magos.
Pero la lumbre que me toca los entresijos es la chimenea de la casa del pueblo.
Tan sólo si voy en Julio o Agosto, no la enciendo. El resto del año, es obligada.
El ritual de encenderla, con papel, con palitos finos, y luego ya más grandes. El poner atrás un tronco enorme para que dure. Y luego ya a disfrutar.
Recuerdo ratos muy largos, con la mesa delante, con mi padre, dos tazas de café y un paquete de tabaco. A veces hablábamos, otras, simplemente mirábamos el fuego.
Naranja, rojo, brillante, fulgurante. La paz que da. La hipnosis que produce. La facilidad para traer pensamientos a la cabeza, y casi siempre buenos.
Luego ya otros ratos, sola, quizá más tristes, pero la misma magia. Mirar el fuego, y mantener la esperanza de que aquel fuego purificador se llevaría todas las penas. Se respira bien, el olor de la leña de encina. Y ver que al igual que aquellos troncos acabarían siendo ceniza con la vida que habían vivido, todos mis males se irían por la chimenea negra, al cielo, a formar parte del todo, y yo algún día, igual, también formaré parte de ese todo.
Hasta que llega un momento, que de tanto mirar, ya ni piensas. Mente en blanco, encefalograma plano. Sólo el fuego.
Hace poco, en Octubre, mi amiga, mi hermana y yo, nos sentábamos allí hasta la madrugada. Contábamos cosas. Nuestras, sin ir muy lejos. O nos quedábamos calladas. Experiencia que nos unía a las tres de una forma especial.
Cuesta despertar de un momento así. Y esta noche, por un ratito, he sentido algo parecido. Luego ya la música de la meditación, y un bienestar increíble.
Lo más extraño es que, a veces, creamos que se puede controlar el fuego.
Es imposible, el nos controla, nos domina, y nos hace sentir bien.

miércoles, 9 de febrero de 2011
GRACIAS A ANONIMO
Llevo varios días con una pereza de categoría.
No tengo ganas de casi nada, y me parezco a mi gata, voy de un sillón a otro, y cuando me canso, me acuesto.
Entro por aquí de vez en cuando, y leo lo que los amigos, menos perezosos que yo, se molestan en escribir.
Pero hoy,... tachánnnn. Hay un comentario nuevo. Es de ANONIMO. Lo leo y no me lo podía creer. Insultante, soez, absurdo, lo más sin sentido que yo he visto, desde hace tiempo.
Me hace reír, por la forma en que se expresa, por lo que dice, y por lo que intenta.
Se me ha quitado la pereza de golpe. Quizá era eso lo que necesitaba.
A ver, los guantes, el decapante y a limpiar el grafiti. No he tenido que frotar mucho. Estas técnicas modernas, permiten deshacerse de algo tan feo con un botoncito. Así que hale, a dar la murga a otro sitio.
Y después, he tenido que descolgar el cartelito ese que se pone amablemente, en muchos sitios de "Pasen sin llamar". Sin ayuda de nadie, he puesto una mirilla, para asomarme, cada vez que alguien venga a verme, y solucionado.
Me da pena, por mis amigos. No me gusta poner trabas. Pero entiendo que la libertad de expresión es exactamente eso, una parcelita de libertad, y eso no puede ser herramienta de quien simplemente insulta.
Supongo que si D. Anónimo lee esto, se sentirá un poco más feliz. Pero estas felicidades tan efímeras se pasan cuando uno va a hacer pis. Tan simple como eso, va al baño, hace pis, siente el gustito, se acaba el pis y se acaba el gustito. Pues eso, que Vd. lo mee bien, y la próxima vez tendrá que llamar un poquito más fuerte, porque no me ha llegado el presupuesto para poner timbre.
Y a mis amigos, decirles, que un poquito de paciencia, que uno de los efectos de la artrosis, cuando estás sentada, es que cuesta levantarse del sillón, y lo mismo llaman y tardo un poquito en llegar a la puerta. Pero siempre, siempre, serán bien recibidos.
jueves, 3 de febrero de 2011
AÑO NUEVO CHINO

He tenido la suerte de ser invitada a la cena del año nuevo chino.
Aunque conozco a muchas personas de esta nacionalidad, nunca antes había tenido esta oportunidad.
Así que antes de ayer, por la mañana, me llamaron para decírmelo, que esa noche tenía que ir a una cena de gala.
Al principio, me resistía. No me lo podía imaginar. Pero me decidí. Puse cuerpo de fiesta y a las ocho de la tarde, con puntualidad británica, allí estaba yo, con los otros invitados.
La entrada al salón, todo un espectáculo. Con libro de firmas y todo. Sonrisas, y felicitaciones de año nuevo. Espero que fuese eso, porque desde luego, entender, lo que se dice entender, más bien no. A veces, como broma, con alguna amiga china, le digo que el Cantonés, puede, pero que el Mandarín no lo domino. Sirve de guasita, claro.
Alguna vez he ido a comer a un restaurante chino, pero nada que ver con lo que ví allí.
Mesas para diez personas, redondas, con el cristal central giratorio. Vino y agua en todas, y a esperar.
La primera parte eran discursos, agradecimientos, y deseos de felicidad. Eso normal. Sé que se trataba de algo así, por las sonrisas, aplausos y reverencias. Entre uno y otro, había una mujer joven, guapa, puestísima que iba traduciendo para los pocos españoles que estábamos allí. Todo un detalle, considerando que en total, no seríamos ni veinte. Y allí había más de doscientas personas.
Cuando empiezan a traer platos variados. Y el espectáculo comienza. Bailarinas coloridas, sonidos estridentes para mi oído y muchos brindis. Se brindaba por todo, siempre con vino (Ribera de Duero).
Un plato de la mesa, con algo verde brillante llama mi atención, y convencida de que me va a gustar, me pongo un poquito en el plato. Qué sorpresa. No me gustó nada. No sé a qué sabía. Me dijeron que eran algas, que tenían salsa de soja. No me gusta la salsa de soja. No me gustaba aquello. Con un poco de agua, y luego vino, pude pasarlo. Pero porque estaba donde estaba. En otro sitio, creo que hubiera sido mucho más vulgar. Y además no había pan. Con lo socorrido que es el pan.
A partir de ahí, todo eran sorpresas. Yo quería probar todo. Pero es que no sirvo. No puedo. De lo que no conocía, no me gustó casi nada. Y de lo que conocía, peor. No me gusta el marisco. Y ellos lo sirvieron como si fuera una maravilla -que evidentemente, lo es-. Me dí cuenta, otra vez, que la que no reúne condiciones soy yo. Si no bebo, y no como lo que el resto de la gente, qué pinto yo ahí?.
Bueno, pues pasado ese primer trago. Decidí que marearía alguna cosa del plato, charlaría con los demás, brindaría de buena gana, aunque sólo medio sorbito cada vez. Que ellos pretendían que apurara la copa cada vez, y vería el espectáculo, pasándomelo bien.
Al fin y al cabo, para mí era algo totalmente novedoso, y no siempre tendré la oportunidad de asistir a una fiesta así.
La tradición manda poner en la mesa doce platos. Para eso es año nuevo. Y yo pensé que nunca se acabarían los platos. La mesa giraba y yo veía las caras de los otros al probar cada cosa. Encima, como en Tánger. Ni allí sabía comer con los dedos, ni en la cena sabía comer con palillos. Cogí los cubiertos, como sé, y a quedar mal. Vaya manera de hacer amigos. Confío en su cortesía. Ellos hacen como que no pasa nada y yo me siento torpe, por demás.
Pedí permiso para hacer las fotos, porque me parecía muy feo sacar la cámara sin más. Pero alguien ha visto a un chino decir que no?. Pues eso, que todo sonrisas y sí, sí, sí.
Al fin y al cabo, ellos estaban orgullosos de todo, de su fiesta, de su cena, de sus brindis, del ruido que subía por momentos.
Hubo cosas que no identifiqué en ningún momento. Pedía explicaciones, y me las daban, pero, al final, el nombre era en chino, y me quedé con las ganas de saber qué era aquello que venía encima de unos pimientos de padrón. No lo probé. Me dijeron que picaba mucho. Y el picante me sienta mal, así que no hice los honores.
Al final, me dí cuenta de que había comido de tres o cuatro platos nada más. Y esto es como con las uvas de la suerte. Hay que tomar de los doce. Como esto sea un augurio, me temo que este año, me esperan ocho o nueve meses malos.
Menos mal, que en eso sí que tengo experiencia, así que los sortearé como pueda y aprovecharé los tres o cuatro buenos que me queden.
Lo pasé bien, de verdad. Me reí de buena gana, con un montón de cosas. Y al final, los brindis, se notaba que hacían su efecto. Algunos estaban muuuuucho, más contentos que otros.
Al final, con toda la elegancia, la cortesía y todo, vi, que somos personas y en todas partes, el vino saca lo mejor de cada uno.
Toda una experiencia. Sorprendente, agradable. Y si al año que viene me ofrecen la oportunidad de ir, pues yo repito.
Pero una cosita. A pesar de estar de fiesta, sigo pensando igual. Las mujeres chinas son guapas, pero los hombres no. Para mí una penita, porque con todos los que son...

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