lunes, 27 de junio de 2011

GAZPACHO



Me gusta comer. No me importa preparar la comida, aunque me encanta que me la pongan en la mesa. Y disfruto de todas las maneras con los colorores, sabores y olores de las viandas. 

Estos días impera el gazpacho, evidentemente. No lo hago muy fuerte. LLeva poca cebolla, tengo cuidado con el ajo, y abunda el tomate, pepino y pimiento, que para mí es lo que más refresca, y son los sabores que prefiero. 
Ayer peleándome con una jarra de gazpacho, que si lo cuelo, que si mejor en aquella, que en este cacharro, me acordé de la gazpachera preciosa que me regaló la Tita María cuando me casé, y que apenas utilizo, siempre por miedo a que se rompa. Es de cerámica del Puente del Arzobispo, con esos tonos tan preciosos, ya se rompieron dos cuencos, quedan cuatro, pero no quiero quedarme sin ella. 

En fin, que por poco vuelco la jarra, y a punto estuve de ver toda la cocina empapuzá con el gazpacho. 
Claro, en esos casos, no se puede evitar que la mente se desparrame. Y empecé a pensar, anda que se si se me cae, me pongo buena, los pies, las piernas, el mandil, yo qué sé, y ya me dio por reír, pensando en la peli de nueve semanas y media. ¿valdría una jarra de gazpacho para ese menester? 
Se podría hacer una ducha de gazpacho? Hay quien sueña en ducharse con champán. Pero algo tan fresquito como esa sopa fría y coloradita, valdría también?. Alguien se atrevería a hacerme un traje de saliva si me duchara con gazpacho?. O estaría dispuesta a hacerlo yo?

Hacía muchísimo calor, pero yo cambié el gazpacho con cuidadito, y me fui a la ducha (de agua) directamente. 

Si es que estos calores no son buenos para nada, que los tomates del gazpacho ya han madurado.

domingo, 26 de junio de 2011

¿CAMBIO DE PERFUME O DE GATA?



Me gustan la colonia y la crema corporal que utilizo. Suaves, un perfume muy agradable, pero como todo pasa y hay que sacar cosas más actuales,  no encuentro la crema por ningún sitio, ni en perfumerías, ni en Internet, ni el Cortinglés, nada, la colonia sí, la crema no. Y como huelen igual, no quiero mezclar. 
Después de una mañana de pruebas, de ponerme un poquito en la muñeca y salir a la calle a que se airee, volver, probar otra y así no sé cuántas, me decido por una. No es la que yo tengo, pero creo que puede ir conmigo. 
En casa, ya por la tarde, la ducha y a probar la cremita nueva. Perfecta. Va bien. Huele bien. 
Pero cuando se me acerca la gata, como todas las tardes, y yo voy a achucharla como ya sabemos las dos, de repente me mira con la cara de esfinge que le caracteriza cuando algo no le gusta y se va, directamente me ignora. Pues vale, eso que se lleva, no voy a discutir. 


Al rato, vuelve a salir de su escondrijo, se me acerca y no consiente que la toque. Yo no tengo ni idea de qué puede pasar. 
Por la noche, harta ya de sus desaires, la cojo por las bravas, y ella que no. No me arañó de milagro. Hace ya muchísimo tiempo que no me araña. Se nota que se hace mayorcita. Pero se revolvía, me maullaba. Tuve que soltarla. 


Al día siguiente algo parecido. Pero sí que noto que mientras ando por la cocina, o trajinando en casa, se me sube encima, como siempre. El desapego viene después de la ducha. 


Ayer se sube a la mesa donde andan mis potingues y veo que pega un salto y se baja al suelo. Ya lo entendí. Es el nuevo perfume. No le gusta. No lo soporta. 


Ella llegó a casa recién nacida, y la otra colonia ha sido algo conocido desde siempre. Ahora debe andar extrañada. Es algo que no reconoce, y desde luego no lo asocia conmigo. 


Supongo que será cuestión de tiempo. Pero cuando la veo tirada en el pasillo, y que elige la soledad a mis mimos, me da bastante rabia. Peroooooo


Si no es ese perfume, será otro, tengo que cambiar, no me queda más remedio. Y con la gata qué hago. ¿la cambio también?
Aquí quién es la especialita ¿ella o yo?. A veces pienso que somos tal pá cual. 



viernes, 24 de junio de 2011

VACACIONES

Empiezo las primeras vacaciones de verano. Es pá matarme. 
Me he despertado como todos los días a las siete y pico (a eso llamo yo ser una desgraciada). 
Desayuno, como siempre, y me voy ya mismito. He llevado el coche a lavar y como es puente, supongo que habrá gente, así que tempranito. 
Lo de lavar el coche, no es porque tocara, es porque ¡por fin! alguien lo ha visto, ha pensado que estaba muy bien y me lo ha comprado. Así que empiezo la mañanita de San Juan con dinero fresco -qué bien me va a venir-. Y con una preocupación menos. 
Ya sólo me queda... A ver que piense... primero hacer la cama, que ya se habrá enfriado. Después mirar la nevera, pasar lista a los cadáveres y pensar en qué vamos a comer hoy. Así me acercaré al mercado con ideas claras, y no traer lo que el tendero me quiera vender. 

 Luego, claro, poner la lavadora, tender la ropa, y a lo mejor hasta me queda tiempo para darme una vuelta por el Hipercor, que ya está de rebajas. 
Como vacaciones, vacaciones en sí, no las veo yo. Pero pensar que no me ha despertado el despertador ese que me tiene manía, y que no tengo horario pues lo hace más llevadero. 

Por lo pronto, así como para no agobiarme, me meto aquí y le cuento mis maravillosos proyectos a una pantalla en blanco. Qué triste no?
Me voy, empezaré por el café de las once, aunque sean las nueve y media, y luego ya, lo que el día me depare.

jueves, 23 de junio de 2011

OTRO LIBRO QUE ME TOMA EL PELO



Ya he terminado de leer este libro. Eso es por mi costumbre, que empiezo a creer que no es buena, de terminar cada libro que empiezo.


Me ha parecido horroroso. Es el quinto de la saga. El primero me entusiasmó, el segundo y el tercero también. Eran historias interesantes, la mezcla entre el homo faber y el homo sapiens, me parecían muy estudiados, preparados y que puestos a no estar allí, podía ser real lo que contaba. 


Pero el cuarto, Los Refugios de Piedra, ya era cansino. Repetía buena parte de las historias anteriores. 


Entre cada uno de llos, pasaron años. No los leí todos seguidos, y menos mal, eso le ha valido a este. 


Pero después de mil y pico páginas, he acabado hasta el pelo, qué horror, qué jartura del maravilloso, guapísimo, fortachón, varonil Jondalar, y la amabilísima, listísima, con dotes de líder innata, guapísima, superferolítica Ayla. 


Si hubiera anotado todas las características de las plantas que describe ya tendría un tratado completo de herboristería. Estoy segura de que a los herbolarios les puede servir de libro de cabecera. 


Yo fumo tabaco, pero anda que estos, se ponían bien, gracias a las hierbas, y eso sin fumar. Que se bebían todo. 


Y las cuevas, qué aburrimiento. Yo disfruto si tengo oportunidad de visitar una cueva milenaria, pero esta mujer ha conseguido que me lo piense la próxima vez, porque sólo de pensar que me puedo encontrar con el espíritu de estos dos, le pueden dar dos duros en cuartos sueltos. 


Y como una domadora de circo, controlaba los caballos, el lobo, al Jondalar, a la niña, a la suegra, a los neandertales y a todo lo que se le pusiera por medio. Mientras que el se dejaba querer, con la convicción absoluta de que la Madre Tierra le había concedico el don de que todas las mujeres se derritieran por el. 


Que no, que no, que me ha llevado mucho tiempo para nada. 


Y menos mal que me lo habían regalado, porque cuesta una pasta. 


Yo creo que este tocho tan enorme debe ser porque a la autora le deben pagar al peso, que si no, con un blog como el mío, iba más que servida. 


Vamos que no me ha gustado y no lo recomiendo, aquí no se lee entre líneas, se lee entre páginas, porque me las saltaba de cinco en cinco. En cuanto empezaba la descripción del campamento, de las hierbas o de cualquier otra cosa, más que explicada y leída en los capítulos anteriores, me lo saltaba, de carrerilla, sin pensármelo, y sin ningún sentido de culpa. Culpa la de la autora, por pesada. 


No me ha gustado nada. No lo recomiendo en absoluto, y me desharé de el, en cuanto alguien tenga el capricho de leerlo. 

domingo, 19 de junio de 2011

INDIGNADOS - ¿COMO HEMOS LLEGADO A ESTO?

Recuerdo cuando mi abuelo hablaba de que le pagaban siete pesetas a la semana y un pan valía un duro. Con cuatro hijos. 
Mi padre, alguna vez se despidió de nosotros para ir a trabajar, porque no sabía si volvería. Era un día de huelga porque habían despedido a un compañero.
A mi suegro le hicieron la cruz por otra huelga, y nunca pudo ascender en su empresa, aunque no le faltaron méritos. 
Yo llevaba poco tiempo trabajando, cuando hubo varios días de huelga para conseguir la jornada de cuarenta horas. 
No era una protesta que nos costara dinero, de eso nada. Las huelgas eran ilegales, nos jugábamos el ir a la cárcel. Y en la cárcel, no había tele. 

Si miramos los periódicos de hace años, o los libros de historia de los últimos sesenta años, podremos encontrar muchísimas referencias a lo que digo. Pero yo me limito a los que me han tocado de cerca. 
Cuándo se pasó a trabajar quince horas porque sí. Cuándo se olvidó que un domingo es sagrado en todos los sentidos y no se debe trabajar. Cuándo se tuvieron tragaderas suficientes para ver cómo se despedía a alguien y nos fuimos a tomar café a la hora de almorzar. 

Con catorce años, los jóvenes que no estudiaban entraban de aprendices donde fuera, y a partir de ahí había que aprender un oficio. Y los que estudiaban, tenían trabajo, aún antes de terminar la carrera universitaria. 
Hasta los años sesenta, lo normal era vivir de alquiler, porque así cuando el Padre, cambiaba de trabajo, se cambiaban de casa, para poder llevarle la comida caliente. Poquísima gente, de la gente normal, de la que trabajaba cada día, tenía casa propia. 

La industrialización invadió todo. Se suponía que para mejorar la vida de todos. La informática arrasó. Lo que antes hacían 15 personas, ahora lo hacía una sola, eso sí trabajando quince horas. 
No soy nostálgica. No creo que el pasado fue mejor, simplemente fue pasado. 

Pero ahora, viendo a los jóvenes sin futuro, y no hablo de esperanzas, no, simplemente, sin futuro. No pueden vivir ni de alquiler. Dependen de los padres. Y a veces los padres dependen de las pensiones de los abuelos. Pienso que en qué momento nos dormimos. 
No es que haya que arreglar, es que no teníamos que haberlo consentido. 

Ahora son manifestaciones pacíficas, pero hay muchas personas desesperadas. Hombres y mujeres que se han pasado la vida trabajando y ahora se ven sin nada. Y jóvenes que no han hecho más que estudiar, y lo mismo se ven sin nada. 
La culpa, claro, de los políticos y los banqueros. Pero es que esos siempre han tirado para el mismo lado. 

¿Y nosotros? qué hemos hecho para consentirlo?
Creo que el mea culpa deberíamos entonarlo muchos. Porque somos muchos más, y nos dormimos en el sofá del Ikea, sin pensar que podríamos tener uno mejor para nosotros y para los que nos rodean. 

Ojalá no sea demasiado tarde. Aunque el pacto del euro nos lo va a poner aún más difícil. 

jueves, 16 de junio de 2011

I T V

Cada año, por esta época me tocan revisiones médicas por diferentes motivos. Rutinarios, obligatorios, y siempre incómodos. 
Dispuesta a que se acabe pronto, voy pidiendo citas. Eso me lleva media tarde. Entre teléfono, calendario, este día sí, este no, por la mañana no, por la tarde que sea temprano. Mira que es difícil cuadrar todo esto. Pero lo conseguí, por fin ya tenía plan para el mes de junio. Ahora a cruzar los dedos, a rogar a San Antonio, y a echar números, porque incluye dentista y eso sí que te deja mal cuerpo y mala cartera. 
El ginecólogo me hace los volantes oportunos, y empieza el viacrucis de verano.

El análisis de sangre me incomoda sobremanera, pero no por el en sí mismo, que con mirar para otro lado, esquivo a la jeringuilla, si no porque tengo que salir de casa en ayunas y para mí meterme en la ducha sin el café es de las cosas desagradables que me pueden ocurrir. 

Sé que podría pasar de la ducha, pero mi madre me enseñó que saliendo de casa recién lavada y con la ropa interior limpia ya iba vestida. No estoy muy de acuerdo con eso, pero como lo decía mi madre, yo que soy muy obediente, pues eso, a hacerme el análisis de mala uva, que a veces ni me encuentran las venas, porque creo que no me corre la sangre. Pero ya lo pasé. Mañana tendré los resultados. 

Luego la ecografía. Anda que... mira que les gusta a los matasanos vernos los entresijos aunque sea en una pantalla. La conversación con el radiólogo fue entretenida. Aparte de que había piezas que no encontraba -normal, como que no están-, lo que encontró dijo que era de buena calidad. Después del rato tan desagradable, no estuvo mal. Subidón de moral. 

En la sala de la mamografía, ya me conocen por una anécdota que les conté hace años, y aunque las paso canutas, porque a ninguna nos gusta que nos estrujen de aquella manera, con las risas se hace un poco más llevadero. 

Y todo vino por mi tía. Era una mujer exuberante. Y siempre nos hacía reír con sus bromas, pero el día que fue a hacerse una, y tuvieron que probar varias placas porque no encontraban la que venía bien, a mi hermana se le ocurrió decir que la próxima vez se fuera de casa con la bandeja del horno, y solucionado. Desde entonces es una broma de casa y las chicas de la clínica nada más verme empiezan a reírse. Por más que les digo que no soy mi tía, que yo me apaño con mucho menos, ellas deben visualizar la situación, y supongo que cada día pensarán más de una vez en eso, dependiendo de las mujeres que tienen que pasar por allí. 

A la semana que viene ya tendré todos los resultados y volveré a ver a mi médico. Nos conocemos desde hace tiempo, que ya lo de menos son los resultados, siempre que se vean bien, claro, nos contamos nuestras vidas, y la consulta siempre es más larga de lo normal, quizá por eso, su hija, que es la recepcionista me da un rato largo, para no hacer esperar a otros. Ella también entra en la sala y es un coloquio interesante. 

No tengo la misma suerte con el dentista. También son cariñosas las muchachas. Pero después de mirarme todo, no hay forma de salir indemne. Siempre encuentran algo que retocar, que restaurar, que lo que sea, pero vamos que la relación de amor-odio aumenta cada día. Y de momento estoy dando buena cuenta del clamoxil porque me esperan el lunes y no saben bien si cometerán una endodoncia o una extracción. Que evidentemente, para mí no es lo mismo, pero que en cualquier caso, me lo harán pasar mal. 
El calorazo de junio ya me descompone, y con estas actividades tan "entretenidas" pues no es mi humor lo mejor de todo. Y eso, a sabiendas de que todo va bien. 

A veces pienso en no volver. Pero por otra parte, saber que hay cosas que se pueden solucionar con facilidad simplemente con una revisión, me hacen cambiar de idea. Pero qué mal. 
Puestos a rutinas anuales, o trimestrales me encantaría tener como fijas unas vacaciones estupendas. Yo lo intento, y cada vez con más frecuencia lo consigo, pero de la otra, de la médica no me libro cada año. Y encima como son de confianza, si tardo, me regañan. 

 

lunes, 13 de junio de 2011

SAN ANTONIO

Hoy es San Antonio. Así que para no perder la costumbre, FELICIDADES a todos.

Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo, nacido en Lisboa, estudiante en Coimbra. Acabó siendo el fraile Antonio.  Patrón de mujeres estériles, pobres, viajeros, albañiles, panaderos y papeleros. Uffff, ya tuvo que hacer milagros para eso. 

Pero el recuerdo que yo tengo de este día, y que se repitió durante varios años, es el de la verbena. La de las modistillas. Cómo nos gustaba a mi hermana, a las amigas y a mí, irnos a la verbena. Y por supuesto hartarnos de bailar y de buñuelos. Lo de entrar en la iglesia y meter en la mano en la pila llena de alfileres, siguiendo la tradición, para ver cuántos novios íbamos a tener, también era divertido. Luego se nos olvidaban los alfileres, y no tanto los novios, no nos salían tantos. Pero una tradición es una tradición, y los pocos años hacían que no se nos pasara esta semana. 

Ahora ya no voy a la verbena. Pero en casa celebramos este día. No bailamos, somos un poco sosos. Pero nos gustan los pasteles y los bombones.  


domingo, 5 de junio de 2011

VERSION BASICA



Llevo unos días asistiendo a eventos culturales. 
Hace poco me hablaron de un café literario, en el que el invitado era Eduardo Mendoza. No tengo ni que pensármelo. Allá que voy. 
Los libros que he leído de este hombre siempre me han resultado estupendos. La Cripta encantada. El tocador de Señoras. Pomponio Flato. Y por supuesto el último, con el que ha ganado el premio Planeta, Riña de Gatos. Me resulta entretenido, divertido, fascinante. 
No me decepcionó. Sencillo, accesible, simpático, terrenal. Para nada iba de figura. Pudimos preguntarle cosas, siempre contestaba con sencillez, y amabilidad. Estuvimos hora y media, enganchaditos a el. Se pasó el tiempo como si nada. Y además un lujo absoluto, ya que no había demasiada gente. Estos días firmará sus libros en alguna caseta de la feria del libro de Madrid, y habrá colas kilométricas, pero allí éramos unos cuantos, y nos atendió con muchísimo cariño. 
Le comenté que los nombres de sus personajes siempre me llamaban la atención y sonrió, pero cuando le dije mi nombre, y le pedí por favor, que nunca se lo pusiera a uno de sus personajes, se echó a reir abiertamente, y me dijo que se lo apuntaba. No sé yo, si no habrá sido el efecto contrario. En fin, leeré los próximos con atención. Don Eduardo, magnífico. 

El grupo de teatro de primer año, de la universidad popular, representaba Yerma. Había que verlos, pobres chavales, no les íbamos a dejar solos. El teatro lleno completamente, y ellos entregados. La muchacha que hizo el papel de Yerma, lo bordó. Realmente para nota. Lo pasamos bien. Y nunca viene mal recordar un clásico. Siempre hay matices que se nos escapan de una vez para otra. 
Entremedias, leyendo, como siempre, cosas buenas, malas, regulares, pero aprendiendo de todas y gastando el tiempo. Me ha gustado La Hija de Robert Poste. La soledad de los números primos. Tengo a medias 1984, que me está resultando un poco tostón, y voy muy enganchada con el último del Clan del Oso Cavernario, el título es Los Refugios de las cuevas pintadas, o algo así, que ahora no me lo sé entero. 

Y entre tanta cultura, así de seguido, ayer me levanté perezosa total. No quería leer, ni escribir, ni nada de nada. Y pensé que lo mejor era volver a la VERSION BASICA, que todos llevamos dentro. 
Me metí en la cocina, dispuesta a hacer una menestra de las de antes, con cazuela de barro y a fuego lento. Esto me llevó más de tres horas de adorar el guiso. La comida no duró ni media hora, la ventilamos como se debe comer en ocasiones así, chupándonos los dedos, a dos carrillos y mojando pan. Totalmente maleducados. Me encanta. Me gusta la mala educación en muchísimas ocasiones. 

Y hoy, en la misma línea. Me he pasado un rato largo, pintándome las uñas. Algo tan simple como eso, y aunque otras veces, mientras se secan, para no estropearlas, leo el libro de turno, hoy me he decantado por algo más básico aún. He puesto un disco de Concha Piquer. Esa señora tan antigua que hizo famoso a su baúl. Y me he dejado llevar por sus canciones de hace 80 años. Y que con tanta antigüedad, nos habla de historias de amor y desamor. De romances de toreros con ricas herederas y guapas cigarreras. Podemos cambiar los personajes. Pero acaso hoy no se sufre por amor. Pues yo creo que sí, y mucho. No hay más que fijarse un poquito en la gente que nos rodea. Los jóvenes por jóvenes, que no encuentran el complemento que desean. Y los mayores por más mayores, tocados por la costumbre, rutina, aburrimiento. Vamos que mis uñas y Doña Concha, hoy me han hecho dejar de lado cosas interesantíiiiiiiiiisimas, y no me ha dado ninguna pena. 
Al final, lo de siempre, la chispa de la vida no es la Coca Cola, es una buena mesa, poder compartirla y....... cada uno que añada lo que quiera.