viernes, 31 de diciembre de 2010

CAMBIO DE AÑO

Ya se acaba el 2010. Se nota en que ya he puesto el calendario nuevo en la cocina. 2011. Qué bonito queda. Cuando andábamos por el mil novecientos y pico, lo del dos mil, era algo lejano, como futurista, imaginábamos naves espaciales, casi que aparcando en la esquina de casa.
Y ahora, ya con diez años que empiezan por dos, a la espalda, seguimos buscando sitio para aparcar el lagunaazul o el fiesta rojo, por aquí por el barrio. Pues vaya cambio.
Miro para atrás y me echo las manos a la cabeza, cuántas cosas, jamás lo imaginé.
Y sin embargo, mirar al futuro, me hace cerrar los ojos. No quiero verlo, no quiero saberlo.
Cada día estreno un día, como un vestido de fiesta. Que me siente bien, y que no me salgan arrugas.
Por eso, ya estreno calendario. He anotado las próximas citas de enero. Que si dentista, que pago de algún impuesto, que entrega de tareas, que cumpleaños de alguna amiga.
Siempre elijo un calendario con números grandes y sitio para escribir, eso, junto con la libreta diminuta que llevo en el bolso y donde voy anotando todo, forman mi PDA. Ese artilugio que me cuesta tanto manejar y que no quiero utilizar. Ya me arreglo bien así, y más de una persona se ríe de mí por eso, por tener una pda tan clásica.

Si pienso en el año nuevo, sólo siento eso, que acaba en 11, y es como un décimo de lotería ¿qué me tocará este año?, dos unos, parece buen número, ojalá me toque algo bueno, y eso que con lo que hay alrededor, pinta fatal. Pero no será malo para todos. Quiero creer que tiene que tener cosas buenas para mucha gente.

Dentro de un rato cenaremos, pero sin jaleo, sin aglomeraciones, sin fiesta especial, las uvas de la suerte están vetadas en casa. No quiero nada que traiga suerte, no quiero amuletos ni supersticiones, ni nada de nada. Todo puede ser bueno o malo, según caiga, según llegue, según siente. Uvas con campanadas NO, demasiados años hubo uvas y poca suerte, cambio de programa, no sé de qué servirá, pero un cambio es un cambio.

Sí tengo cava, Juve Camps, pero no para brindar por el año nuevo, ni por nada, simplemente, porque está delicioso, y si alegra la noche, pues qué bien, y si no, seguro, seguro que me dará sueño, y eso es bueno. Una noche, del tirón, sienta divinamente, por eso el cava ya está fresquito.


Ojalá podamos dejar de hablar de crisis, de penas, de subidas luminosas y de otras cosas que nos hacen la vida cuesta arriba a todos.


Pero como cauno es cauno y tiene sus caunás, eso de antes, son cosas mías y no me impide desear a todos un FELIZ AÑO NUEVO, cada uno a su manera, en su estilo, y si sois de tomar uvas, pues que no se le atraganten a nadie.




miércoles, 29 de diciembre de 2010

SUBE LA LUZ

Es el comentario actual. Sube la luz. Bueno, pues me parece normal.
¿qué van a subir si necesitan dinero con urgencia? ¿los abrigos de visón, quizá? ¿el champán francés?, pues no. Suben algo que utiliza todo el mundo y de lo que ya no se puede prescindir.
Que me parece mal, pues claro, desde el momento en que no me suben el sueldo, todo cuesta más caro, el tabaco que es mi vicio conocido, junto con el café, ya es un artículo de lujo total, pues claro que me parece mal. Pero es que me parece mal que suba cualquier cosa. Esas subidas suponen recortes en la nómina de todo tipo. Menudas ganas quedan de gastar en nada. Y así cómo se va a solucionar la crisis. Si es que es un círculo redondo que parece cuadrado, porque siempre te encuentras con un pico.

Y esto, otra vez, en plan "Abuelo Cebolleta", me lleva a mi infancia. Yo viví en una casa en la que no había luz, hasta los catorce años. Y como era lo normal, no la echaba de menos en absoluto. Vivíamos en aquellas condiciones. No pasaba nada.
Había lumbre de carbón. Servía para calentar la casa, el agua para lavarnos y cocinar. Nos alumbrábamos con carburo, con candil de aceite y con velas. Se leía y se cosía con la luz del día. Por la noche jugábamos al parchís en invierno, y en la calle a correr, o saltar en verano.
Cuando mi padre compró el transistor de pilas, oíamos la radio. Y en casi ninguna casa de las que tenían luz había lavadora. Mi madre lavaba a mano.
Insisto, no la echaba de menos.
Jamás me aburrí.

Ahora, el tiempo que no gastamos en lavar la ropa lo tenemos que ocupar en otras cosas.
Los niños no salen apenas a la calle. En casa juegan más con maquinitas y ordenadores que con sus hermanos, en el caso de que los tengan, porque cada vez se tienen menos niños. Quizá porque se ve más la tele. Eso sin luz no pasaba. Supongo que había encanto en adivinar las formas del otro, ya que a oscuras no se podían ver, y de día había que trabajar.

No había ordenadores, ya, pero las personas se escribían cartas y las echaban al correo, y esperaban que llegara el cartero para recibir las cartas de otros.

No había microondas, así que las cosas se calentaban de verdad, en la lumbre de toda la vida.
Mira que suena mal, con una vitro delante, eso de ¿has encendido la lumbre?. Pero qué narices se va a encender, si yo no sé cómo va ese chisme. De momento en mi casa cocinamos con gas, que sí tiene llama. Y aunque no es exactamente una lumbre, tiene un poco más de sentido.

Yo no quiero ir hacia atrás, eso de ningún modo, pero cuando llegue el próximo recibo de la luz, estoy segura de que volveré a recordar aquellos tiempos.

Reconozco la magia de dar a un interruptor y que sea la hora que sea, se haga de día. Eso nos convierte un poco en dioses, "hágase la luz" y la luz se hace. Pero qué falta de respeto y de todo que pretendan justificar lo injustificable y que lo tengamos que pagar entre todos.

sábado, 25 de diciembre de 2010

DELICATESSEN EN NAVIDAD

Ayer vinieron amigos a casa, un ratito, por la tarde, como de pasada, pero dejaron cosas. Sé cómo son. No me sorprenden. Pero lo que me trajeron, endulzaron, la tarde, la noche y el alma.

De Marruecos, auténticas, con cariño, y con conocimiento, me traen estas tortas, ellos las toman con miel, parecen panales de abeja. A mí me encantan también con miel, pero con queso de untar, con salmón y con otras cosas que ellos no prueban, están escandalosamente deliciosas.
Me han enseñado a hacerlas y me salen bien, pero con los agujeritos más pequeños, debe ser por la levadura, tengo que practicar más, pero sobre todo, tendré que pasar más tiempo con ellas, a ver si le pillo bien el truco.


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Y ya metidos en harina, pues también me trajeron el pan. Ellos lo comen con todo, pero a mí me gusta, sobre todo, para desayunar, con mantequilla, mermelada o miel y el café calentito.
Un sabor diferente, de algo sencillo que es una auténtica golosina










Esto es de otro mundo. A ver, a quién se le pudo ocurrir hacer un turrón con Moet Chandon y fresas. Yo no tengo ni idea, pero que le felicito efusivamente. Mmmm, qué bueno está.









Y esta cajita sorpresa?. Es chocolate, eso se vé. Pero y la pasada de elegir una Puerta de Alcalá, o una Cibeles, y cómo suena eso de, "trae, trae, que me voy a comer a Neptuno", pues sí, se comen y como ya sabemos que el chocolate es el sucedáneo del sexo, no se puede pensar en calorías. Sólo en paladearlo a gusto y disfrutar.


























Este queso ecológico, con leche de oveja, de Val d'Uixó, se llama Tío Maseras, y aunque no conozco a ese señor, estoy segura que por lo delicioso que está el queso, que trata muy bien a sus ovejas, o que es todo un experto en estas artes. También gracias a el por su buen hacer.


Y por último Papa Noel, nos dejó esta caja de emanems. Preciosa la lata, y del contenido, pues nada, que ya los conocemos.
Esta noche se quedó encima de la mesa, y como pasa a veces, pues accidente. La Grapi saltó con la curiosidad que la caracteriza, el mantel se resbaló, la caja cayó al suelo y se abrió. Y ha debido pasarse toda la noche jugando a las canicas.
Cuando me he levantado esta mañana, me mira, como siempre que quiere decirme algo y suelta un maullidito compungido, como explicando que ha sido sin querer, pero por el desparrame que había en el suelo, ha debido pasar una noche de lo más divertido.
En fin, que vienen en bolsas y una estaba sin abrir, así que sólo me he quedado sin la mitad de las bolitas de colores.
Al fin y al cabo, también para ella es Navidad.



miércoles, 22 de diciembre de 2010

LOTERIA

Bueno, pues ya pasó.
Día 22 de diciembre otra vez. Unos cuantos entusiasmados, sin creer todavía en su suerte, y un montonazo, pensando en lo afortunados que son por tener SALUD.

Y en mi sosería habitual, pues no me encuentro ni entre los unos ni entre los otros.

Juego muy poco. Compro dos décimos para compartir con hermanos, cuñados, amigos. A tres euros como mucho. Al final, a mí no me queda ni un décimo entero.

Eso quiere decir que en el caso de que me hubiera tocado, estaría contentísima, pero no sería multimillonaria, ni millonaria siquiera. Claro que ser millonario en euros es la leche.

Pongo yo poca pasión en esto, debe ser que se me gasta en vivir cada día.

No me entra en la cabeza que después de llevar tantos años trabajando, sin haber juntado un capital, ni medio, ni un cuarto, de repente nadara en la abundancia gracias a dos bolitas de madera, pinchadas en un alambre, dando vueltas en un bombo. Juer, eso sí que sería una faena.

Y cuando veo a los que salen en la tele, brindando con lo que sea, en un vaso de plástico, no me imagino así. Yo que pensaba que lo más terrible de mi boda sería el momentito ese de tener que brindar con cava y cuatrocientas personas más. Hasta el punto de que me lo salté. Voy a brindar ahora en la calle y con un vaso de plástico? Nooooooo. Claro, así pasa, que no me toca.

El año que me quedé sin lotería de la empresa, por despistada, y llegó mi compañera el día antes del sorteo, diciendo que no lo iba a consentir, y me dió (bueno las pagué, que dicen que si no, no toca) 500 pesetas, la pobre se quedó cariacontecida, cuando le dije que acaba de perder la oportunidad de que le tocara. Que jugando yo, no tenía ninguna.

Siempre pienso que a quien le tenga que tocar la lotería, debe levantarse sintiendo algo, como una premonición, y yo esta mañana me he levantado pensando que llovía y que me tenía que poner botas para no mojarme. Vamos que ná.

Cuando me ha llamado mi hermana para decirme que el número de ella lleva las dos cifras finales del gordo, toda contenta, le pregunto que si tengo que seguir trabajando, me dice que cree que sí, así que nada, igual que todos los años.

Y me conformo, claro que sí, a mí me han tocado otras cosas que no tocan a nadie y no me han gustado, así que esta, por si acaso, la perdono. Seguiré invocando a la SALUD, siguiendo la tradición, y poco más.

Además, hay otra cosa, cuando toca la lotería a lo bestia, no se vuelve a ver el pelo a esa gente ¿no será que los matan cuando van a cobrar?, a mí me da yuyu, quita, quita, que al sorteo del Niño yo no me apunto, por si acaso. Que si hay que morir se muere uno, pero leche, que me mate dios que me ha criado, no un pagador de loterías.

lunes, 20 de diciembre de 2010

NAVIDAD

Ya es Navidad otra vez. El tiempo va rápido. No importa, que pase como quiera, mientras que no se me note (y se me nota, vaya que sí).

Cada día oigo un montón de veces la frasecita obligada "feliz navidad" "felices fiestas" "próspero año nuevo". Qué bonito, qué bien, cómo suena.

Luego preguntas, así más despacio, a cualquiera, que qué va a hacer, cómo va a pasar las fiestas. Y llega el desencanto total.

Conozco a algunas personas que les gustan estas fiestas, y que las quieren disfrutar de verdad, pero el ambiente no acompaña. Y al final resultan un fiasco las más de las veces. Eso sí que me da pena.

Yo no lo celebro desde hace algún tiempo. Son mis razones, sólo mías. Soy incapaz de amargar las pascuas a nadie. Pero cuando las podía celebrar, las disfrutaba. De buena gana, con deseo, y con pena cuando se acababan.

Me encantaba todo, cantar villancicos, pedir el aguinaldo, o dárselo a los niños, comer turrón, o polvorones y decir Pamplona, con la boca llena. Comprar regalos, o hacerlos en casa, envolverlos, entregarlos, recibirlos. Hasta ir a la misa del gallo era parte de todo. Yo la vivía. Ahora no, pues no. Seguimos adelante.

Pero cuando veo a las personas que dicen que "celebran" la Navidad y tienen cara de acelga, pienso que si es tan difícil plantarse y decir que YA. Quizá porque alguna vez también yo quise plantarme y no lo hice, lo puedo entender, pero tengo claro, ahora mismo que para celebrar la Navidad hay que tener ganas, y puestos a meterse en faena, pues venga, pandereta y a cantar. No es tan complicado.






Me gusta este villancico. Me gusta la voz de Rocío Jurado. Y me gusta el espíritu navideño. Lo que sea por otro. En este caso, el Niño Jesús.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

ENERGIA

Estoy constipada otra vez. Pero mucho. De esa manera que te tumba, que cambias los kleenex por el rollo de papel de la cocina que es más grande que el otro. Que lloras, estornudas y toses al mismo tiempo. Que duelen los oídos, la garganta, la cabeza y las costillas del esfuerzo al toser, que no se puede pensar. Que la medicación te deja obtusa, roma y acabas cabeza-corcho total.

Hace mucho frío, sí. Quizá esto tenga algo que ver. Pero me parece que no.

Hace tiempo, cuando oía eso de que bajaban las defensas, yo siempre lo achacaba a alguna deficiencia alimentaria. Pero el tiempo me hace ver otras cosas.

Un disgusto, un susto, una sorpresa desagradable, un revés inesperado, hace que nuestra energía se escape como en un suspiro y entonces todos los hados chungos se ponen de acuerdo para hacernos la puñeta aún más. ¡Cobardes!, esos virus, bacterias, agentes patógenos que pululan por ahí, a cara descubierta son incapaces de hacernos nada. Tienen que pillarnos a traición.

En yoga nos explican eso una y otra vez. Tenemos que intentar mantener nuestro equilibrio. Y dan un poco la pauta a seguir, pero claro, es una pauta, no es una varita mágica. Cada uno pone de su parte lo que puede.

Ayer, por cosas de casa, me pasé la mañana en la sala de espera de las urgencias del hospital. Asustada sí, y mucho. Luego llegó la calma. Pero en ese rato, mi equilibrio se tomó vacaciones, me dejó sola cual desodorante barato, y por la tarde, ya en calma, empezaron a hacer efecto todos esos seres que en condiciones normales, conmigo lo tienen todo perdido, también me dicen que la calefacción de esas salas y la concentración de bichos tienen mucho que ver, pero cuando voy de visita a un hospital, sobre todo si es a ver algún recién nacido, no se me pega nada.Es que no es lo mismo.

No diré que me han ganado, que yo me defiendo bien, pero desde luego qué pelea me traigo. Me dan guerra de verdad.

Otra vez a subir la cuesta, a llegar a la cima, a ponerme bien, lo conseguiré, lo sé, y entonces me encararé con la energía esa que se escapa, dicen que por los chakras, pero yo creo que se escapa por todas partes. Y la regañaré como cuando un niño se suelta de la mano. Que se entere de que la necesito toda, que tiene que estar conmigo, que tengo que tirar de mí y que no me puede hacer esas putadas. Que cuando se va de picos pardos tengo que echar mano del Frenadol, y que no es lo mismo sentirse bien, que dopada, atontoliná y hecha un asquito que es como ando ahora.

Me voy a por alguna infusión que me ayude a respirar, a dormir lo más tranquila posible y a recolocar los chakras, que digo yo que si sale por ahí también puede volver a entrar ¿No?


domingo, 12 de diciembre de 2010

LA NIEBLA

Hoy ha amanecido con niebla. No se veía nada al asomarse a la ventana. Y miro el calendario, me acuerdo de algo.

En Mérida tienen la leyenda de Santa Eulalia. Cuentan que cuando fue sometida al martirio, los romanos la pasearon por toda la ciudad desnuda, pero que Dios en su infinita bondad, extendió una nube espesa para que nadie pudiera ver a la muchachita en aquellas condiciones. Y que desde entonces, por estos días, siempre hay niebla en las vegas del Guadiana. Santa Eulalia es el 10 de Diciembre, pero la niebla dura un tiempo, será por aquello de que todos los santos tienen novena.

Me parece una leyenda curiosa, y por eso miro el calendario. Sí es cierto, que en esta época siempre hay niebla y no sólo por el Guadiana, un poco más lejos, también, y a veces, hasta muy lejos. Pero esa leyenda, uffff, el todopoderoso pudo impedir que vieran a la niña desnuda, pero no impidió que la asaran a fuego lento. Eso sí que es un nublao.

Me gusta el refrán de Mañanita de niebla, tarde de paseo. Eso espero, pasear esta tarde, porque ahora, ya me cuesta abrir las ventanas, cuanto más ponerme decente para salir a la calle, que aún estoy en traje de noche y no tengo prisa por nada.

Y cuando se habla de niebla, hay otra acepción, clara donde las haya, que ya es difícil tratándose de niebla. No es una definición concreta, no sé si sabré explicarlo bien.

Cuando entre dos personas, hay algo enganchado, algo que cada una interpreta de una forma y que generalmente, a las dos molesta, se habla de eso, de que hay una niebla espesa entre ellos. O que está nublado, amenazando tormenta. Cogemos estos ejemplos para explicar estados de ánimo. Y el caso es que son de lo más elocuentes.

Yo vivo entre niebla desde hace mucho tiempo, pero siempre miro al sol con esperanza, aunque no confío mucho en que Dios lo arregle, a ver si va a tener la feliz idea, de nuevo de preparar la parrilla, que yo, cuando esto acabe, soy más de horno. Pero aún no que me quedan cosas por hacer.

viernes, 10 de diciembre de 2010

POR SI TOCA LA LOTERÍA





Ante la posibilidad de que la lotería cercana me toque con su varita mágica. Y desde luego tiene que buscar a fondo en el bombo de las bolas, porque yo sólo llevo un décimo, decidí ayer dar una vuelta, haciendo planes de en qué podría gastarme el dinero llegado el caso.

Me fui a Madrid, pero a una zona, que aparte de no ser habitual para mí, llevaba muchos años sin pisar.

Castellana, subiendo Ortega y Gasset, torciendo por Serrano y parte de Velázquez.

Esos nombres de señores tan sesudos, no creo que se correspondan con lo que allí hay.

Todas las tiendas de lujo del mundo y parte de la extratosfera.

Channel, Luis Vuitton, Gucci, Dior, Dolce y Gabanna, joyerías, peleterías, y todas esas cositas que se asocian al lujo y que luego copian los chinos.

Hacía tanto tiempo que no iba que olvidé un pequeño detalle. Yo sólo quería ver escaparates, y me vine con las ganas. Esa gente no se molesta en pagar a un escaparatista o gastar imaginación. Nada de nada. El nombre encima de una puerta estrecha, y en algunos un ventanuco que parece el torno de un convento de clausura. Qué decepción.

Y si alguno se atreve a poner algo, nada de precios visibles. O no lo ponen, o ponen un cartelito en un rincón con letrita pequeña que ni con mis gafitas distingo.
Esforzándome un poco conseguí atisbar que aquel vestido, cortito y sin mangas, de lentejuelas, negro, costaba cuatro mil euros (me cuesta menos ponerlo en letra, porque para un minivestido son muchos ceros). Un chaquetoncito de paño de toda la vida, con capucha, de color gris, simple, como para ir al cole, tres mil quinientos. Un reloj, bonito, veintidos mil. Y unas botas rojas, sin tacón, con apariencia de comodidad, ochocientos.

Que digo yo, que si me toca la lotería, con un sólo décimo, no tendría para vestir más de una temporada. A la otra ya tendría que volver a la tienda de mi barrio o salir desnudita.

Es una pasada. Sé que se puede elegir, sé que no hay porqué ir allí. Sé que muchas prendas son artesanas, cosidas a mano, con tejidos buenos, pero yo creo que ni cosiendo las lentejuelas una por una aquel vestido valiera aquello.

Sé que hay personas que no tienen que saber el precio de las cosas. Simplemente eligen y alguien lo paga, pero qué mal cae en estos tiempos.

Entonces entendí porqué llevaba tanto tiempo sin ir por allí. Supongo que cuando vuelva, habrán pasado otro montón de años.

En la calle de Serrano, había una banda de Jazz. No es normal algo así. Por aquí sólo se oye el ruido del tráfico. Y aquellos hombres hacían sonar aquellos instrumentos de una manera contundente. Me cayeron bien. Por lo menos algo que merecía la pena.

Saliendo de allí, me encuentro con la Puerta de Alcalá, pero no como la veo siempre, de Cibeles para arriba, si no del otro lado. Quiero una foto.



Cuando se lo digo a mi contrario que es el fotógrafo oficial, vemos que están los de Green Peace reivindicando algo. Pero además, no conformes con ponerse delante del monumento, hay dos tíos que se han subido arriba del todo, con los arneses, en plan bombero. Madre mía, qué vértigo. Y la policía al lado. Esperando que bajen. No me extraña, nadie les mandó subir allí, para qué bajarlos, mejor esperar. En algún momento tendrán que hacerlo.
En la guía de Usos y Costumbres, añado: La Puerta de Alcalá sirve para hacer prácticas de escalada. Seguro que Carlos III ayer estuvo entretenido.





Después al pasar por la puerta del Ayuntamiento, vemos que han puesto un Belén grandote, bonito. Y allá que vamos. Tiene todo el aspecto de un pueblo. Con todos los personajes y los oficios. Bien montado, curioso. Especialmente me llaman la atención unas figuras. Nunca he visto nada parecido. Una mujer despiojando a un niño. Me sacó una sonrisa. Sobre todo pensando en el artista que ha hecho la figura, ¿cómo se le ocurrió?, pero está muy bien.
Y una gallina dentro de una olla. Son miniaturas pero con un realismo que supongo que se habrán inspirado en algún momento de realidad, porque no se explica tanto detalle, de no ser así.







Y al final, pues a comer a Callao, que ya conocemos el sitio y que no pienso hacerle publicidad. Puerta del Sol, paseo en autobús. Y a casita que llueve, y nunca mejor dicho. Que aunque anunciaban que no llovería, sí que llovió.

El día de la lotería el 22, pero creo que puestos a gastarse el dinero, me iré a algún sitio que me guste y ligerita de ropa, que al sol no hace falta.

martes, 7 de diciembre de 2010

HOY, PELUQUERÍA

Hoy tenía planes, pero como a mí las cuentas me salen rosarios, pues con el aguacero con que amanece el día, cambio total.
Qué se puede hacer en un día así.

Venga a la peluquería y eso que llevo adelantado, porque pensaba ir el viernes próximo.

Ir a la pelu, para mí es ir a ver a unas amigas. Llevo más de veinte años por allí. La dueña es amiga mía. Y las muchachitas que trabajan allí, entre ellas su hija, las conozco desde que eran pequeñajas.

Me encanta el trato. Nada de los remilgos que oigo por ahí, de si te pongo la crema de color, que si el ahuecador, que si yo qué sé, todas esas pócimas mágicas que no sé para qué sirven.

Conmigo es muy fácil, buenos días chicas, qué tal andáis, me hacéis sitio, venga que tengo mala pinta y quiero que me dejéis guapa.

Alguna vez me han preguntado que si a mí me ponen una cosa u otra, y cuando digo que no tengo ni idea, debo parecer tonta. Pero es que de verdad que nunca pregunto. Ellas me arreglan según les parece, y hasta ahora no tengo que decir nada en contra.

Me une a ellas una situación especial. Cuando mi hija tuvo que hacer prácticas, las hizo con ellas, la acogieron con muchísimo cariño, y estuvieron muy pendientes de ella cuando enfermó. Después todo llegó tristemente, y ellas no se despegaron ni un minuto. Eso no era obligatorio, lo hicieron de voluntad. Y después, cuando todo acabó, conmigo tuvieron un tacto exquisito, tratando de no rememorar cosas tristes.

De vez en cuando me la nombran, pero siempre haciendo referencia a algo agradable, alguna cosa dicha, algún hecho concreto, pero siempre con cariño. Y aún así, procuran evitarlo.

La bufanda roja, me enseñó a tejerla una de ellas. Que ya es, oye, pásame a puntas el tinte y de paso díme cómo doy la vuelta aquí. Así pasamos el rato, siempre bueno, porque con esas cosas, se apunta alguna otra señora que quiere aprender, o mirar, o nada, pero que está allí.

A veces compartimos algún dulce, alguna chuchería, y siempre, siempre, es un rato agradable.

Y luego ya, con la dueña, el cachondeíto habitual, cuando me pregunta que si quiero que me corte un poco las puntas, o si me dice que me va a cambiar algo y yo le contesto siempre igual, "ya sabes si me dejas bien, diré que lo has hecho tu, y si me dejas mal, también diré que lo has hecho tu". Así la pobre, se esmera, y me deja bien. Siempre me deja bien.

Para ser un día gris, lluvioso y con tendencia al aburrimiento, ha sido un buen rato. Ellas saben cómo hacerme sentir bien. Aunque creo que es sello de la casa y nos hacen sentir bien a todas.

Adoro a estas muchachas.

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA GENERACION QUE SE TOPO CON LA INFORMATICA

Con el ordenador nuevo, surgen cosas que no estaban en el otro.
Y mareo a mi hijo. ¿oye, cómo hago esto?, mamá, ya te lo dije, tienes que ir a opciones y seleccionar...
Mira niño, que esto antes yo lo hacía así, y ahora no hay forma. Joer mamá que te dije que...
Así cada poco. Yo ya me harto de preguntar, y sé que el cansa de responder.
Le digo que me lo apunte en la libreta (no hay ninguna) y se ríe de mí porque dice que he debido empezar ya tres libretas y no he hecho caso de ninguna.

Al final, con carita triste, le digo que no es para tanto, que su padre y yo no somos tan torpes. Y se queda como pensando y reconoce que no, que no somos torpes, y que para lo que hay por ahí nos manejamos muy bien con el ordenador, pero que deberíamos hacer un curso de "Alfabetización informática".

No tengo ni idea de qué es eso, pero cuando lo cuenta, creo que lleva razón. Es el curso en el que se explica el a, b, c, de la informática. Vamos desde el principio, tratando de comprender lo que es cada cosa. Pues por ahí teníamos que haber empezado. Pero no fue así.

Empecé a trabajar con un ordenador en el año 91. Y mi duda más grande era cómo tenía que empezar a hacer algo con aquello. Al preguntar, me dieron una respuesta de Perogrullo y ya pregunté poco más. "Tienes que empezar por enchufarlo".

Mi generación pasó del papel, archivos alfabéticos, fechas, colores, al pc sin transición. Un día te dicen deja eso, ponte aquí, y tira p'alante.

Así con aciertos y errores hemos conseguido comprender algunas cosas, pero otras se nos escapan, mientras que ellos parece que han nacido biométricos, ya lo traen de serie.

Para los bebés que nacen ahora, nosotros estaremos en la misma época que los Neandertales o los Cromañones, y no les faltará razón. Pero para ellos será tan fácil como cuando ya aprendí a leer, que no me puedo acordar porque tenía tres años y mi padre jugaba conmigo a ver la cartilla. Nunca he sido capaz de recordar aquella etapa. Yo siempre he sabido leer, nunca tuve que aprender. Pues igual para los peques de ahora. Será algo tan natural como tomarse el biberón.

Pero qué fatiguitas estamos pasando los de nuestro tiempo.

Y desde luego no me acomplejo ni me echo para atrás, dirán que somos duros de mollera, o torpes de entendederas, pero no que no le echamos valor a la vida, a las nuevas tecnologías y a lo que se tercie.

Teniendo en cuenta que conocí la pizarra, el lápiz normal, el lápiz de tinta, el lápiz azul y rojo, el tintero y la pluma con plumín desmontable y chinitos en el papel, la pluma estilográfica, el boli Bolín, el Bic, el Rotring, hasta que llegó el Parker, la máquina de escribir, la multicopista, la fotocopiadora, la sumadora de manivela, la máquina contable de fichas, y yo qué sé cuantas cosas más. Todo esto hasta llegar al ordenador.

Ahora se da al intro y ya está. Todo sale o todo desaparece. Me parece un juego de azar, a ver hoy toca o no toca. Si toca, todo sale bien y es una maravilla. Si no toca, todo se va al carajo y volvemos a empezar.

Y sí, formo parte de esa generación que se topó con la informática por narices, pero me encanta el ordenador enorme con mucho de todo, y el pequeñin de la Señorita Pepis (que seguro que los jóvenes no saben quien era).

Seguiré enredando, aprendiendo y descubriendo todas las posibilidades de estos cacharros para desesperación de mi hijo, que con eso ejercita la paciencia que parece ser que es algo en deshuso.

domingo, 5 de diciembre de 2010

RECUERDOS DE INVIERNO



Esta mañana de invierno, me levanto, como siempre, bastante empaná. No puedo pensar con claridad hasta después del café, aunque eso no es novedad.
Me voy a la cocina, y me lío con las mandarinas, mientras sube el café, y a continuación le pego un tiento al panetone, que está estupendo.
Mientras me bebo el café a sorbitos, me viene a la cabeza, el poema de Góngora Y RIASE LA GENTE. No pienso en el con ánimo de cultura elevada, ni muchísimo menos, recuerdo la estrofa de la morcilla en el asador y de las bellotas y castañas. Y veo que mi desayuno, ni de lejos se aproxima a aquel.

Entonces me doy cuenta de porqué se ha producido ese cruce. La imaginación nos hace juegos malabares sin que nosotros decidamos.

Cuando mis padres estaban en el pueblo, cuando íbamos en invierno. Al levantarnos, la lumbre ya estaba encendida. Mi madre se ocupaba de eso. Tostábamos el pan al fuego, directamente. Y más de una vez, el desayuno eran las migas. Con chorizo, sí, con pimientos, con ajos fritos.
Era normal. Estábamos en el pueblo, y allí no valían las cursilerías que nos gastamos aquí.
Mi padre no se sabía ese poema, ni mucho menos quién lo había escrito, ni a qué época pertenecía, pero sí que nos decía eso, que si teníamos una morcilla que asar, y bellotas y castañas, pues ya teníamos todo lo que precisábamos.

Cuando en la escuela tuvimos que estudiar a Góngora, y leí ese poema, yo era una chiquilla, y entonces entendí que mi padre era un hombre sabio. Pero mi madre era más sabia que el. Porque el contaba esas cosas, pero mi madre las hacía realidad.

Después oí a Paco Ibáñez cantarlo. No es que me guste cómo canta Paco Ibáñez, pero la entonación que da al poemita en cuestión, yo creo que es de lo más aparente.

Y ahora, que ni lumbre, ni morcilla, ni bellotas, ni nada. Miro al Panetone y casi que me cae mal. Porque aunque yo pudiera, que sí que podría, ir al mismo sitio, encender fuego, asar una morcilla, y todo lo demás, me falta lo principal. Ellos para compartirlo. Y oir a mi padre, explicándome a su manera esos versos que ni el sabía de dónde habían salido.

En condiciones normales, no me pasan estas cosas, bastante tengo con estar arreglada para irme a trabajar, pero hoy hace un día de lo más propio para eso, para sentarse delante de la chimenea y tener como actividad primordial del día, quemar leña y contar historias.

Me voy a por otro café, y esperaré que enciendan la calefacción y mientras, pues RIASE LA GENTE.

sábado, 4 de diciembre de 2010

VIAJAR EN AVION

Hasta anoche, casi a las diez no había oído nada de lo que ocurría en los aeropuertos.
De repente, al tiempo de cenar, se me indigestó la cena. No me lo podía creer.
Nunca hago planes para este puente. Es cuando más gente viaja. Todos de golpe, por todos los medios. Y coincide, casi siempre con los días más fríos. A mí el frío me horroriza. Así que en casita se está muy bien.
Pero por mi trabajo, he tenido oportunidad de tratar con muchísimas personas, estos últimos quince días, que tenían que viajar ayer u hoy. Anoche, se me vinieron a la cabeza, en bloque, como de golpe. Increíble.
Cuantas ilusiones rotas, cuanto dinero gastado con lo que cuesta ganarlo. Y qué impotencia.
Cómo es posible una cosa así. Cómo puede un colectivo joder de esta manera.

Y hay una cosa, por más que oigo la radio cambiando de emisora, o miro la tele en las noticias, o intento leer algo, hay una cosa que se me escapa, no tengo ni idea de ¿PORQUE?. Qué les pasa a los controladores. Qué piden ahora. Es dinero, es tiempo, es otra cosa. No lo sé. Será mi falta de información. Pero no se me alcanza una razón tan importante como para hacer tanto daño. Porque es daño.

Si consiguen algo de lo que quieren, se les volverá en contra, seguro. La energía fluye, se transmite. Y cuando uno atrae, como un imán, la rabia y el dolor de tanta gente, no se puede disfrutar de lo que se consiga. No se trata de justicia divina, es simplemente energía. Y si no funciona, da igual, yo que no voy a viajar, me sumo a la gente que se ha quedado en tierra y me cago en todos sus muertos.

Ahora están reunidos los mandamases en consejo de ministros. Van a decidir qué hacen. Que qué tienen que hacer. Pues lo que tenían que haber hecho hace mucho tiempo. Coger la tralla y enseñar a todos esos trabajadores de lujo, que lo primero es lo primero. Que tienen una responsabilidad, y que al que no le gusten las condiciones, que cambie de oficio. Pero que los aeropuertos no son suyos. Y no pueden hacer lo que les dé la gana.

Y encima como burla, no aparecen porque están malitos y se reúnen en el hotel al lado del aeropuerto. ¿qué pasa? que están en cuarentena y han montado allí el hospital de campaña?

No puede ser. Que los despidan a todos. Que se larguen. Esa gente no me inspira confianza ninguna.

Y si, por un tiempo, no se puede viajar en avión, pues se buscarán soluciones, que las hay. Y aunque sean incómodas una temporada, se hará con la seguridad de que no van a joder los puentes, las vacaciones, las necesidades de mucha gente. Todo es organizarse. Que andando se llega lejos, y si hace falta más tiempo, se disfruta del camino.

Lo que digo puede parecer una tontería, pero anda que pasarse meses ahorrando para pagar este viaje, hacer unos maletones para pasar la navidad en casa, llegar dos horas antes al aeropuerto, subirse a un avión, dar dos vueltas por la pista, y que te digan ¡hale, se acabó el duro! es para dejarse las venas largas, y llevarse por delante al que te diga un buenas noches. Eso sí, como ayuda, dan una mantita naranja, muy mona desde luego, y un bocata. Grrrrrrrrrr.

En mi pueblo dicen que lo más seguro es el burro y el candil. Y que una manta de lana te sirve para todo. En invierno te abriga y en verano te haces un sombraje.
Y por ahí vamos a acabar como no cuadren a esta panda de sinvergüenzas.

...Y se meten con los funcionarios... anda queeeee.

jueves, 2 de diciembre de 2010

QUE VIOLENCIA EN EL AMBIENTE

Seguimos pasmados. Se anuncia nieve. Quizá mañana aparezca todo blanco. Y como siempre, mi preocupación prioritaria serán los zapatos. ¿qué me pongo? que no resbale y que me mantengan los pies medianamente caliente.

Pues no sé si es este frío o el que nos llega de todas partes en todos los sentidos.

En la radio y en la tele, se habla continuamente de la mala situación. Que si acabaremos como Irlanda. Me veo añadiendo un Mc a mi apellido. Y eso quizá, pero de pelirroja no me veo.
Que si las medidas del gobierno. Que yo no me entero. Que no entiendo nada. Que bajan los sueldos. Y yo no sé porqué se molestan en bajarlos. Si con los subidones de todo lo demás ya se quedan pequeñitos, sin tener que rehacer las nóminas. Eso de los que tienen nóminas. Que van a quitar ayudas.

Un aparte. Lo de las ayudas, estoy de acuerdo. Yo las quitaba todas tal y como están ahora. Me parece un despilfarro. Dar 400 euros. Como si con eso se mantuviera una casa. No y no, eso no es así.

A quien necesite ayuda de verdad, habría que darle lo suficiente para vivir, para mantener su casa en condiciones. Pero al que cobra los 400 euros y eso sirve de "ayuda" a lo que cobra trabajando de otra forma, pues no, ni 400 ni uno.

Cómo se puede controlar eso? pues se me ocurren varias formas. Perooooo para eso harían falta más funcionarios aunque fuese tan solo por un tiempo, y con la fama de caravinagres que tienen los funcionarios, no creo que fuera una medida bien recibida.

Bueno que no me meto con la ayuda real. Me meto con el fraude de unos espabilaos que encima presumen de ser más listos porque cobran ese dinero.

El caso es que se hable de lo que se hable, siempre alguien acaba cabreado.

Porque no hay trabajo. Porque trabajan sin contrato. Porque sube la luz. Porque cierran el bar de abajo. Porque me tengo que comprar un bolso en la quinta puñeta por haber cerrado todas las tiendas del barrio. Por las listas de espera de la Seguridad social. Por la mala educación de jóvenes y ancianos. Por lo que tarda el autobús. Por que se acerca Navidad y la gente no está para turrones.

Entrar en un sitio y dar los buenos días, es casi una provocación, me temo que cualquier día voy a oir como respuesta ¿porqué? o ¿serán para ti?, porque aparte de casi no contestar, te miran raro.

En fin, que cada vez resulta más difícil encontrar a alguien que, por nada, te regale una sonrisa. Yo por si acaso, me la llevo puesta, y no me cuesta nada sonreir porque sí. Pero también tengo cuidado, y me pongo seria muchas veces, porque da la sensación de que te burlas de los eternamente cabreados.