miércoles, 30 de septiembre de 2009

CON CALMA

De siempre me he tenido por persona con calma, tranquila, y mi madre me decía que lo mío era pachorra. Pues bueno, no creo que eso sea algo preocupante. Aunque a estas alturas me preocupan pocas cosas. 
 
Pero es que siempre me caen las cosas a pares, como que tengo que mirar a dos sitios. Y oye, que se coge soltura, ¡qué se le va a hacer!. 

Llevo 30 años en mi casa, tal y como está. Pocas cosas he cambiado. 
 
Llevo 2 años diciendo que me voy a Marruecos con una amiga. 

Pues bueno, harta ya de esperar, de monotonía y de "estoy harta". Le digo al albañil que me dé presupuesto para poner la casa bocaabajo, y a mi amiga que cuando quiera nos vamos a Marruecos. 
 
Faltan tres meses para que termine el año. Pues a ver, ¿porqué?, si no se conocen, me dicen que tengo que hacerles caso a los dos al mismo tiempo. 

Primero "oye niña, que ya tengo los billetes, nos vamos el día 11 y volvemos el 19", BIENNNNN, qué alegría, por fin, qué contenta. 
 
Al ratito "oye mira, que empiezo después del Pilar, el miércoles o el jueves". Uhmmmmmm. 

A ver, y ahora qué?. Pues mira, que a grandes males, grandes remedios. Voy a empaquetar todo lo que pueda, me piro el día 11, que vengan con la piqueta cuando quieran, y cuando yo vuelva, pues ya veremos. 
 
Lo que no sé es qué va a ser de los que se quedan en casa, el contrario, el hijo y la gata. Intentaré resarcirles a la vuelta, pero creo que aunque no vaya al baile, me van a quitar lo bailao. 

Para qué me voy a poner nerviosa, si yo no sé. Tengo años por delante para poner las cosas en su sitio, pero decir no al viaje, otra vez, no me apetece, y decir no al albañil puede llevar el añadido de esperar mucho tiempo y meterme en obra en el invierno. Y no, que hace frío.

martes, 29 de septiembre de 2009

FUTBOL




El fútbol es un deporte. Sí 11 contra 11 deportivamente. Todos tienen que intentar meter goles al equipo contrario.

Entonces, porqué cada vez que yo miro la pantalla veo a algún jugador por el suelo?. Porqué esos empujones con mala hostia?, esas patadas que pueden desgraciar a un tío para mucho tiempo?. Y los insultos, y no digamos ya los malos modos hasta llegar, como hace poco, al escupitajo a la cara.

Después se habla de compra-venta de jugadores, de cesiones y traspasos con un remolino de millones de euros. (Quién tiene un millón de euros?).

Y si yo tengo millones de euros, me puedo comprar un jugador como quien compra un caballo de carreras?

Tienen que ganar títulos, competiciones, campeonatos, vamos lo que en cualquier empresa llamarían productividad. Y qué pasa si no lo consiguen………. Pues que cobran igual, o a lo mejor algo menos, pero, menos es mucho más de lo que gana cualquiera por 10 horas de trabajo duro.

Tienen que ser muy jóvenes. Y los llenan de pasta antes de los 25 años. ¿Qué ejemplo dan a los jóvenes?. Yo veo algo así como “so pringao, curra sesenta horas semanales, no te vayas de casa de tus padres, a menos que quieras pasar calamidades, pero no dejes de pagar el abono o la entrada para verme a mí, que he sido más listo que tu, que no acabé la ESO, no he hecho un puto cursillo de nada, pero juego al fútbol y me han contratado, pagándome antes de trabajar, ¡a ver si aprendes!”

Y claro, al estadio, o a comprar el partido por la tele de pago, o bájate al bar a tomar lo que sea mientras ves el partido y no dejes de comprar la puta camiseta o la horterez de la bufanda, que eso sí que es un negocio. Y los llaveros, y los posters, y los diarios.

Cómo se puede llamar deporte a algo que consigue que un chaval de 20 años se suba a La Cibeles y diga “si la rompo, la pago”.

Deporte y cuando pierde el equipo de tus amores hablas de mala suerte, pero si gana, no es buena suerte, es que son cojonudos y por supuesto, los otros, siempre “hijos de puta”.

No me gusta este deporte. No me interesa.




lunes, 28 de septiembre de 2009

MANTENIENDO UNA TRADICION





El año pasado fui a ver a unos amigos a un pueblo de Extremadura. En su casa de campo, así como si nada, me preguntó mi amigo que si me gustaba la hierbabuena. Al decir que sí, se agachó sin más y arrancó unas cuantas matas, con raíz y todo.
Al llegar a mi casa, pude plantarlas y tengo una maceta de lo más arriscá.
La siego en primavera, y reverdece con fuerza. Bonita, y claro ¡qué bien huele!.
Hasta aquí, normal, como si nada.

Hace unos meses fui a Sigüenza. Quería conocer esa ciudad-pueblo medieval. Me pareció encantadora, preciosa.
Entré en un taller de grabados. Había auténticas maravillas. Pero creo que lo mejor fue el artesano grabador. Nos enseñó sus obras, las herramientas, la casa, en fin, un sentido de la hospitalidad como ya no se estila.

Al salir, cruzando el patio lleno de macetas me dijo que quería cumplir con una tradición de allí, que consistía en regalar una ramita de hierbabuena a los visitantes.
Así lo hizo, cortó una ramita que me acompañó el resto del día.

Son estas tradiciones lo que hacen que cada cosa merezca la pena. Me encantó.

Y como procuro aprender de todo, las cosas malas para no repetirlas y las buenas para que no se olviden, he cortado una ramita de hierbabuena para dejarla aquí, para todos aquellos que entren de visita. Que sean bienvenidos y que se lleven algo agradable.

Pero como, soy extremeña, al igual que mi paisano, quien quiera unas matas, tendrá que venir a por ellas y pasar un rato conmigo.  

Para los que no vengan, la ramita, que les acompañe y les haga pasar un buen día como lo pasé yo en Sigüenza. Y sobre todo, para que la tradición se extienda entre los que no la conozcan.







domingo, 27 de septiembre de 2009

EL COLCHON




Hace poco, harta de levantarme con la espalda dolorida, las caderas quejumbrosas y las piernas que no me aguantaban en el primer minuto, se me ocurrió pensar que igual era el colchón. No iba a echar la culpa a los años que me han caído durmiendo en ese colchón . Así que pensando que ya era mayor de edad, le podía echar de casa.

Con la candidez que me caracteriza frente a muchas cosas (mi madre lo traducía por ser más simple que un pez frito), fui a una colchonería. Bueno fuimos, que éramos dos, no iba a pasar por tonta yo sola.

Queremos un colchón. Esa fue la frase mágica. A continuación el interrogatorio en primer grado.
Duro, blando, alto, bajo, con memoria, antitranspirante, antiácaros, de invierno y de verano, de muelles, de látex, de un material nuevo que creo recordar que denominaron como viscolátex natura.
Válgame san válgame, hay que contestar a todo eso?. Tranqui, que hay tiempo.

El que tengo es duro y me castiga cada noche, me levanto baldada.
En uno blando me hundo.
No tan bajo como para creer que estoy en la colchoneta de yoga y no tan alto como para que no me valgan las sábanas.
Qué memoria tiene un colchón?, tiene en cuenta cuándo me doy media vuelta y al día siguiente emite un pitido para que me la dé a la misma hora?. O tiene un sistema vibratorio que me hace cambiar de sitio hasta que me quede en el mío sin invadir la parte de la cama de mi contrario. Pues vaya putada si me lo hace a mí, claro, porque si se lo hace a el, igual me río y tengo más sitio, que últimamente duermo casi en el larguero de la cama.
Antitranspirante…….. pensé que la que sudaba era yo, no el colchón, tendré que preguntar cómo lo hace, porque me imagino que con tantas cosas también podrá contármelo.
Antiácaros. Eso ya me toca la moral. Porque esos bichos asquerosos que nunca vemos y que dicen que conviven con nosotros, yo creo que son parte de la fauna familiar. Y ahora echamos a los viejos y no criamos nuevos. Ay qué tiempos. Fiel reflejo de la vida. Echamos a los ancianos y no cuidamos de los niños. Pobres acaritos y yo que les tenía como confianza. Hasta les dejaba dormir conmigo y todo.
Lo de invierno y verano, gilipollez supina. En invierno con la calefacción hace calor y en verano me voy a dormir a la terraza y para eso tengo que dar la vuelta a esa enormidad que pesa más que un mal matrimonio. Pues necesitaré ayuda, porque sola no me veo en esas.
Y lo que tiene por dentro a mí qué me importa. Acaso le importa al colchón lo que yo tenga por dentro? Si sólo vamos a estar pegaditos, no nos vamos a meter mano ni nos vamos a operar ninguno de los dos.
Y ese material nuevo, mezcla de todo, será chicha o limoná…….

Bueno, venga, ese mismo, ¿cuánto cuesta? ……PALABRAS MAYORES.  Y dicen que duran mucho, anda que hasta que lo amortice, ya puede durar ya.

Pero esto tan “normal” se queda en nada cuando me dice la señora que debería llevarme el protector. Es de fibra de bambú, impermeable como el plástico, pero transpirable, y sóoooooooolooooooooo son 40 euros.
El precio del colchón me lo callo, pero ese protector, como una sábana ajustable 40 pavos y encima pasar por cateta si no te lo llevas, me dejó ni sé cómo.
Porque como yo pienso, si a la hora de dormir la sudaera es en la cabeza, no el resto. El colchón no se queda con el cerco del sudor, la almohada sí, así que a qué viene tanta prevención higiénica. Si es para mi casa, que no es un hotel donde cada día puede dormir alguien distinto.
Pues me dan la solución. También tienen la funda de la almohada. Esa sólo 20 euros.
Al final cargo con todo.
En mi casa me siento idiota. He pagado 60 euros de clavo. Son diez mil pesetas, que suena mucho peor. Tanto cuestan unas sábanas? Es que hace mucho que no compro ninguna y no tengo ni idea.

Al final, ya colocadito en la cama, con la funda maravillosa, mis sábanas bonitas, con su embozo colocado, la colcha guapa, me acuesto y esa noche dormí del tirón.
Sí es cierto que según pasan los días noto que está bien. No me duelen los huesos por la mañana y no le pregunto qué ha memorizado esa noche, no doy los buenos días a los acaritos que ya sé que no están, y procuro no recordar lo que me ha costado para no joder el día tan de mañana.

Y desde luego no echo de menos el colchón de lana que tantos disgustos me dio cuando mi madre me obligaba a hacer la cama una y otra vez porque le dejaba con bultos que parecían las dunas del desierto.

Este es más cómodo, desde luego que sí.





sábado, 26 de septiembre de 2009

OTOÑO DULCE

Ya ha llegado el Otoño. Se han pasado las calores del verano y tenemos la incógnita de cada mañana ¿qué me pongo? ¿qué día hará hoy?. Por si las moscas, me vestiré como las cebollas, a capas, y así me iré quitando cositas a medida que aumente la temperatura. 

Pero hoy es sábado, estoy en casa, y me apetece algo dulce, dulce pero literalmente y qué mejor que unas empiñonadas, bueno en Cataluña son panellets, da igual el nombre, el caso es que aunque se hace más para el día de los santos, yo no tengo nada que ver con el santoral y me apetecía hoy. 

Esa masa superpegajosa que parece mentira que dé tan buenos resultados, se deja manejar por mis manos que la miman. 
No me ha llevado mucho tiempo, y el resultado es espectacular, sobre todo para el paladar. 
No quiero pensar en la cervecita, los granizados, los helados del verano que me han redondeado, no sé si en su justa medida, pero desde luego algo sí. Ya me cuesta abrocharme un pantalón. 
Pero no quiero tener cargo de conciencia y echar la culpa al verano. Aquí todas las estaciones son iguales, vamos que hay que pasarlas, así que cuando llegue diciembre echaré la culpa al otoño de no poder ponerme el vestido ese que se me antojará seguro. 
Pero como no celebro Navidad, tampoco pasará nada, y además entonces la culpa la tendrá el turrón. 
Si es que ser golosa tiene esas preocupaciones. Lo peor es que a mí me gusta el dulce y lo salado. Hay personas que lo tienen más limitado, eso de "yo soy de más de salado que de dulce". Pues qué pena, te pierdes la mitad de los placeres gastronómicos. 
Yo no, a mí me gusta el dulce, lo salado y sin remedio me tengo que aguantar con las amarguras que me tocan y no son pocas. 
Así que venga, a disfrutar con las empiñonadas que están de lujo. 


viernes, 25 de septiembre de 2009

EL BAÑO DE CHOCOLATE




Al elegir el hotel para ir de vacaciones, nos dijeron que había un spa, y a mí, se me vino a la cabeza el baño de chocolate.
Nunca lo había probado, y se me alegró el cuerpito sólo de pensarlo.

Una vez allí, pasaron varios días y ni me preocupé, hasta que ya entre bromas, fuimos a  pedir información.

Muy completita, muy estupendo todo, que me sentaría muy bien, que rejuvenece, (pregunté que cuánto tiempo, y no me lo supieron aclarar), y a continuación el precio. Zas! Como que no, que eso es un lujo oriental.

Pero iba con mi contrario, y no me dejó pensármelo siquiera, dijo que me dieran cita para el día siguiente. Le pregunté si me iba a acompañar. Claro por esas jugadas de la mente, por un momento pensé que quería probar el chocolate “in situ”, aunque le dejaría a el elegir el “situ”, y no, no era eso, sólo quería darme el capricho. En qué estaría yo pensando.

En fin, que al día siguiente, a las seis de la tarde, con mi bañador, mi bolsita con ropa de recambio y con un no sé yo qué, me planto en el spa.

Me acompaña una chiquita muy joven a una cabina. Me hace tumbar en una camilla. Hay una cristalera de cristal esmerilado por la que entra la luz del sol con muchísima fuerza. Entrecierro los ojos y me dejo hacer.

Ana (que ya le había preguntado el nombre) prepara la mezcla en una especie de ensaladera. Se empieza a notar el olor a chocolate, y huele de verdad. No es como esos caramelos, zumos, yogures que dicen que son de cualquier fruta y no se parecen a la fruta de verdad más que en la foto del envoltorio. Aquello olía tan rico que no quería mirar, porque ya me imaginaba metiendo el dedo para probarlo.

Primero me da un masaje suave. Me humedece con una toalla mojada y empieza el espectáculo.

Siento el calor de la crema caliente por el pecho, la barriguita, las piernas, los brazos y me dice que me dé la vuelta. Boca abajo, totalmente distraída noto sus manos en las piernas, en la espalda y el calor que se va metiendo por todos los poros.

Luego es una sensación como de almidonada. El chocolate endurecido me hace sentir que en esos momentos soy un bombón muy especial.

No sé cómo porque no miraba siquiera sentí que me arropaba con una especie de manta térmica. Me dice que voy a sentir calorcito, que me deja sola un rato y aunque ella me hablaba en portugués, entendí algo así como que disfrutara del momento.

Cuando me quedé sola, hubo unos segundos que no sabía qué hacer, cuando estaba claro que no tenía que hacer nada. Y me acordé de Pilar, la profe de yoga. Hay veces que nos dice que pensemos en algo que nos haga feliz, que nos traiga buenos recuerdos, y a eso me dediqué.

Sin darme cuenta siquiera, me venían pensamientos agradables. Recordaba situaciones, lugares y sobre todo personas que me han hecho feliz y que ahora no están conmigo. Pero en todo momento con serenidad, con calma, sintiéndome bien. Después pensaba en otras personas que sí están conmigo, que forman parte de mi vida, Que me rodean cada día. Y, no era premeditado, lo sé, sólo pensaba cosas agradables. Ahora ya, me viene a la mente la frasecita de “tó  er mundo eh güeno”. Porque no saqué ni un solo defecto a nadie. Encontraba maravillosos a todos.

Y entre paréntesis, me recordaba que el chocolate produce un poco de euforia. Algo así debía ser lo que me pasaba. Pero era una euforia tranquila. Otra vez me acuerdo de mi madre, cuando me decía que yo tenía los nervios paraos. Debe ser eso, que hasta con la euforia del chocolate era comedida, con lo exagerada que soy normalmente.

Cuando sentí la puerta y volvió Ana, yo tenía la sensación de que acababa de salir, y al mismo tiempo que habían acudido a mi mente demasiados pensamientos para tan poco tiempo. Claro no era tan poco, llevaba una medio hora allí meditando sin planteármelo siquiera.

Me quitó la manta. Notaba el calor, pero en ningún momento sudé nada. Era seco, agradable. Al decirme que me duchara, me incorporé de la camilla y me ví como una muñeca de terracota. Qué pena de foto se ha perdido la cámara de mi contrario. Y dejé un reguero de trocitos de chocolate en el suelo. Ahí sí que tuve que aguantar la tentación de saborear un trozo.

La ducha parecía que servía de poco. El agua resbalaba pero el chocolate no se iba. Yo acostumbrada a frotarme con los posos del café que me ponen negra del todo pero se me quitan en un plis plas, con aquello me peleé un buen rato.

Al final, claro, el agua es más dura que la piedra y ganó.

Toda limpita volví a la camilla por indicación de Ana. Cogió un frasco con aceite y me empezó a masajear toda con mimo, con cuidado. Ella muy calladita y yo con ganas de charla.

Se me ocurre preguntarle que cómo llaman a la parte interna de los brazos. Por medio de señas le indicó exactamente a qué me refiero, y con ojos de asombro –supongo que debía pensar que se me había subido el chocolate- me dice en portugués que “brazos”, claro, a ver cómo se va a llamar. Y le explico que mi hermana cuenta una broma sobre eso y dice que algunas mujeres tienen murciélagos.

Pone cara de no tener ni idea de lo que digo. Le explico que el murciélago es el pájaro que vuela por la noche, que no es un pájaro, que es como un vampiro pero que no muerde, y entonces comprende lo que le digo.

Dice la palabra en portugués, se parece mucho a la castellana pero no sé cómo se escribe, por eso no la pongo. Pero empieza a reír con ganas. La repite, se ríe. El masaje se ha interrumpido, según se lo va imaginando se va riendo más. De repente coge mi brazo, me mira y me dice que no, que yo no tengo murciélagos, pero coge otra vez el frasco del aceite y me masajea con más ímpetu, precisamente ahí, en los brazos. Nos reímos las dos de buena gana.

Continúa con las piernas, y agradezco sus manos. Mis piernas hartas ya de que yo no las dé un respiro con tanto patear calles, agradecen su suavidad. Al dar la vuelta, recorre la columna vertebral despacio. Los hombros. Otra vez la piernas y me dice que ya está.

Me siento como desparramada. Para levantarme de la camilla tuve que imaginar que me recogía por partes porque estaba totalmente desmadejada.

Y al salir tuve que firmar el papelito para que lo cargaran en la cuenta de la habitación. Menos mal que me habían preguntado el número antes de entrar. La 616, porque si me lo preguntan después no creo que hubiera sido capaz de responder.

Qué horita más estupenda. No sé cuándo repetiré pero desde luego ha sido toda una experiencia de sensaciones agradables.

Luego ya ante el espejo, pues creo que no me habían quitado ni cinco minutos, aparentaba lo mismo. La piel muy suave, eso sí, pero bueno, normalmente no tengo yo una lija, la naturaleza me ha tratado bien. Pero sí que me ha merecido la pena. Bueno, otra vez dicho con comedimiento. La verdad es que me ha encantado. Me ha sentado divinamente, y no dudaré en repetirlo cuando tenga ocasión.



jueves, 24 de septiembre de 2009

ALTIBAJOS

Hoy es un día normal. Total, simplemente 24 de Septiembre. Día de Las Mercedes. (Felicidades a todas). Por la mañana pelea por la ducha, en mi casa hay overboking en el baño a las siete. Como siempre, más usuarios que plazas. Al final, prueba superada, limpitos, a desayunar. Mmmmmm café y fruta qué rico. Luego trabajo, frunzo el entrecejo o pienso en los que no tienen trabajo?. Mejor lo último y así me voy contenta. La mañana tiene de todo, sonrisas, gruñidos, prisas y relax. 
Se acabó, a casa, hora de comer. Bendita siesta y hora de presentar la solicitud para el curso que empieza en la junta de distrito. Espero que me den plaza, me apetece mucho. Si me admiten contaré de qué se trata. 
Café con Rosa y luego tachaaaaaaaannnnnnnnnnnnnn a estrenar las piedras de yoga. 
Estiramientos, concentración y a tumbarse en el suelo. Qué difícil colocarse las piedras por colores. Leche! si no las veo. Al fin lo consigo. Oigo el disco que da la explicación de cada una y empiezo a notar un calor por todas partes,¡ increíble!. chisssssssttttttttttt calladitos que hay que oir lo que explican. Es un rato largo y tranquilo. Noto mucho calor. No sé si son las piedras, si es el estar tumbada en la colchoneta, pero que cuando acaba la historia yo estoy muy pero que muy agustito. 
Si es lo que digo siempre. Da igual a donde vayas, pero pon cuerpo de eso. Se ríe en las bodas, se llora en los entierros y se desestresa una en yoga. Cada cosa con su cosa. 
Y divinamente, oye. 
Bueno, que me falta la cena y el ratito de antes de ir a dormir, con la familia y un buen libro (entendiendo por bueno el que me entretiene, no el que me aburre.

 

miércoles, 23 de septiembre de 2009

FALTA DE SENSIBILIDAD O MALA BABA?




Una persona mayor de edad contrata una línea de teléfono con ORANGE (lo pongo clarito para que se sepa de quién se trata)

Paga las facturas en su momento, sin problema.

Enferma y muere.

Los padres esperan el cargo en cuenta de la última factura, se paga y cancelan la cuenta del banco.
A continuación llaman desde ese mismo teléfono a la compañía para comunicar el hecho.

La operadora les dice que tienen que mandar un fax para que den de baja la línea.

La madre le dice que no está con ánimo, ni con ganas de nada y que sólo quiere que lo tengan en cuenta porque ese teléfono no se va a utilizar más.

La operadora insiste en que tiene que poner un fax.

La madre le dice que no lo va a hacer, que ellos verán lo que hacen.

Se quita la tarjeta del teléfono y no se vuelva a usar.

Llegan las facturas siguientes.

Se pide al cartero que las devuelva sin abrir, y que en la devolución ponga el motivo, y lo hace.

Llega una carta de una compañía de las que se dedican al cobro de impagados.

El padre llama a la compañía y explica lo que ha sucedido. Le piden disculpas y dicen que no van a molestar más.

Casi un año después, llega una carta indicando que han interpuesto una demanda en el juzgado, exigiendo el pago de 130 euros por el impago de las facturas.

Me pregunto, así como para mí, si al llamar a una compañía de estas indican que la conversación va a ser grabada, cómo se puede dar la situación anterior? Es que esta gente no atiende al teléfono?

Espero que les hagan pagar las costas esas con que amenazan a la titular de la línea por no pagar en su momento.

Si no fuera tan terrible, sería para reír.


EL TELEFONO MOVIL



Tengo un móvil nuevo.
Hasta ahora, el móvil era tan sólo eso, un cacharro desde el que podía llamar y recibir llamadas.
Pero este tiene más funciones. Ya no es una novedad que yo explique esas cosas. Pero me pasa como con el agua caliente, que para mí es un auténtico milagro que pueda salir por un grifo, por más que la técnica sea simple y esté más que explicada.
Pues con el telefonino ese lo mismo. Miro hacia atrás y veo todos los cacharros que han ido entrando en casa y me parece un milagro.

El primer objeto sin utilidad –o eso parecía- que me viene a la memoria es el transistor Vanguard que compró mi padre. (No podíamos tener la radio de galena porque se necesitaba luz, y de eso no había). Costó 800 pesetas cuando el ganaba 400 en un mes y se pagaron a plazos. Funcionaba con pilas. Era algo genial. A la hora de la cena, le poníamos en medio de la mesa camilla y escuchábamos los Cuentos del Tío Cheni y después Matilde, Perico y Periquín. Luego se quitaba la mesa y a dormir. Después mis padres oirían las noticias (el parte) de las 10 y acababa el día.

Otro invento moderno vino de Alemania. En el año 1964 mi tío le trajo a su hermano una cámara de fotos. Hace poco me la he traído a casa como reliquia. Es una AGFA. Ninguno sabíamos cómo funcionaba. Sólo que se le ponía el carrete y se apretaba un botón. Nos acercábamos o alejábamos del objetivo como nos parecía y así salían las fotos. Pero aquello nos permitió tener recuerdos de situaciones que ahora sólo estarían en nuestra memoria.

Siguiendo con modernidades de antaño, también contamos con el magnetofón. Dos ruedas enormes con una cinta que se podía romper con nada. Podíamos grabarnos, oír nuestras voces. ¡Con lo mal que cantábamos todos en casa!. Pero sólo con pensar que grabé todos los itinerarios de las calles de Madrid, que era lo que pedían para sacarse la cartilla de taxista y que mi padre aprobara, aprendiéndolo de oído, ya estuvo más que justificado el aparato.

Después, el casete vino de Ceuta. No era muy grande y nos lo llevábamos de viaje. Ese sí que viajó a un montón de sitios. Y ay! como se nos cayera, menuda se armaba. Y se cayó alguna vez, claro, pero era como de hierro. Aquel chisme estaba hecho para aguantar una guerra por lo menos, porque hay que ver lo bien que nos aguantó a nosotros.

Y luego claro, cómo no pensar en el teléfono de rueda. Cuando entró en casa, ni siquiera sabíamos llamar. Eso sí que era mágico. Coger el auricular que pesaba un quintal, meter los dedos en aquellos agujeros de la rueda siguiendo la secuencia de números anotados en un papel y oír a alguien al otro lado. Eso sí, pocas veces y poco tiempo, que aquello no funcionaba con pilas y corría el contador.

No hace tanto que llegó a casa el primer ordenador. Creo recordar que la capacidad era de 500 Mb, algo así como la mitad de lo que tiene el telefonito de ahora. Pero vaya revolución. Y luego ya el otro, más grande, conectándose a Internet.

Después, la cámara digital. Hacer fotos, verlas al momento, poderlas mandar desde el pc, o imprimirlas directamente. Tenerlas de adorno en la pantalla, ampliarlas, recortar lo que no guste, sin que parezca que falta un cacho.

Y claro, aprendiendo con mis hijos, como mis padres aprendieron de nosotros a manejar los otros cachivaches.

Después pienso en otras cosas que han habido, pero básicamente, esos fueron los inventos que marcaron tiempos.

Y ahora, veo ese cacharrín negro con el que me dediqué a hacer fotos el primer día. Al siguiente le pude meter unas cuantas canciones que me gustan. Ya he sintonizado la emisora de radio favorita. Que guarda todos los números que no tengo que marcar más que apretando una cosita. Que he probado a grabar un vídeo apretando otra minitecla medio escondida. Y me viene a la cabeza el viejo chotis “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”.

Pero yo, para que no se me olviden esos tiempos, le he puesto como fondo de pantalla una foto de una lámpara antigua encendida. Así, al abrirlo, se ve claramente cómo se enciende la luz. Que así se dice ¿no? ¡enciende el teléfono!
Y como aviso de llamada, pues me apetecía ponerle la música de “El Candil”.

Y así vamos mi fono y yo. Contentos los dos, aunque no debería hablar por el. Al fin y al cabo, sólo es un objeto que pronto estará anticuado. Pero formará parte de mi memoria como los otros artilugios que he descrito y que recuerdo con tanto cariño.


lunes, 21 de septiembre de 2009

SIESTA





Cuando oigo hablar del Deporte Nacional, lo Tipical Spanish, o esa cabezadita de después de comer yo me quedo con la boca abierta.

Lo que pasa después de comer es que toca SIESTA, se diga como se diga.

Pero cuando empiezan a decir “no, yo no duermo siesta, me sienta fatal, me levanto de mal humor” o “yo doy una cabezada en el sofá” o “si duermo la siesta, por la noche no pego ojo” pues no sé qué quieren decir.

Para mí la siesta es casi una religión. Es algo serio, formal, y no sigo la pauta de Cela de pijama, padrenuestro y orinal, porque no utilizo ninguna de las tres cosas. Supongo que El sí y por eso se explicó con tanta claridad. Pero para el caso, es lo mismo.

Me meto en la cama, como acostumbro (no se cuentan intimidades que cada uno tiene las suyas), me estiro un ratito, luego cojo la posturita y salgo del mundo de los vivos. No es que me muera, que no es eso, porque entonces tendría que entender que resucito cada tarde. Pero que debo entrar en algo así como el coma, seguro, porque luego cuando despierto voy despacito, despacito, como después de una anestesia.

Para eso me gusta cómo llaman los portugueses a lo que nosotros llamamos despertar. Ellos dicen “acordar”. Me suena de maravilla, así sobre las seis de la tarde abrir los ojos y tratar de acordarme de dónde estoy, quién soy, y qué voy a hacer, pero muy despacito, como después de una resaca. Que no hay prisa, que queda mucha tarde por delante.

Sé que por la noche no tendré prisa por volver a la cama. A ver, tendré que dejar que se enfríe primero ¿no?. Pues eso, que antes de las dos, pocas noches me acuesto, pero no digo eso de que la siesta me quita el sueño. Para nada. Simplemente se retrasa la hora de irse al catre, tampoco es tan complicado. Se entiende fácilmente.

En la vida cotidiana, he notado (espero que no sea una paranoia mía) que hay mucha diferencia entre los que dormimos y confesamos que dormimos la siesta abiertamente y los que no la duermen o dicen que no la duermen, como si les diera vergüenza.

Normalmente, somos gente más tranquila, nos alteramos poco y en cualquier caso sabemos que ese ratito no nos lo quita nadie. Es un rato de disfrute, como los que sueñan con una ducha relajante, un paseo por el bosque o una playa de arena fina.

No es por comparar, son cosas diferentes. Pero es que la ducha me la doy por la mañana o por la noche o las dos. El bosque y la playa me pillan a trasmano y se me iría el tiempo en el camino y sin embargo la siesta es algo tangible. Nada más soltar la taza del café, siento que la puedo tocar con las manos. Es mía. Y no me gusta que me la quiten.
A veces, tengo que renunciar a ella. Pero suele ser por alguna causa que me importa mucho (no más que la siesta, desde luego), pero vamos que a veces también pasamos sin paseo y hasta sin ducha. Y no me queda más remedio que hacer lo que toque en ese momento.

Lo de la cabezada en el sofá a mí me produce risa. Siempre me acuerdo de las gallinas cuando dejan caer la cabeza y se quedan insulsas. No me gusta sentirme así, y no quiero ni pensar en la pobre imagen que debo dar a los que me rodean, si me ven en esas condiciones. Si un día soy yo la de la cabeza caída, y me hacen una foto, creo que puedo comerme crudo al que se le ocurra. Espero que no pase eso nunca. Aunque claro, es difícil, yo a lo mío, mi cama y tiempo para soñar.

Aunque es una elección, que se ha convertido casi en una necesidad, reconozco que hay una siesta para cada día y que depende del estado de ánimo o de cómo venga el día o de las circunstancias inmediatamente anteriores a ese rato. Me explico en el otro párrafo, que si no este se alargaría mucho.

Si me levanto por la mañana cansada, la mañana va de disloque, y a mediodía no puedo con mi alma, la siesta es absolutamente necesaria, reparadora, obligatoria, y sé que me va a sentar divinamente. 

Si en la comida me tomo un vasito de vino, o de postre una copa de Porto, o antes de esto un vermú (nunca las tres cosas juntas, mi cabeza no soportaría esas mezclas), entonces la siesta es absolutamente necesaria, reparadora, obligatoria, y sé que me va a sentar divinamente.

Si llevo todo el día triste, con ganas de llorar y no recibo más que noticias chungas, entonces la siesta es absolutamente necesaria, reparadora, obligatoria, y sé que me va a sentar divinamente.

Lo que no puedo hacer, si se dan todas esas circunstancias en el mismo día, es echarme tres siestas porque ahí me explicó mi tío Basiliso que en esto era toda una eminencia, te levantas hecho polvo. La frase exacta era “no hay nada más cansado que echarse tres siestas sin tener sueño”. Y es verdad. Imposible. Con una cada día es más que suficiente.

Y no voy a seguir explicando las excelencias de la siesta. Tan sólo queda decir que como todas las cosas estupendas de esta vida ES GRATIS.




sábado, 19 de septiembre de 2009

LEER

El primer libro que leí en plan lúdico fue UN VIAJE DE MARISOL, me lo regaló mi padre cuando cumplí siete años, y aún lo conservo.
Desde entonces, no he dejado de leer, libros buenos, malos, bonitos, feos, prestados, comprados, regalados y hasta robados.
Y siempre que termino uno tengo la misma sensación.
Anoche terminé La Mano de Fátima. Me ha parecido estupendo. Engancha, se lee con facilidad, la historia triste, desde luego, pero quién estaba allí para saber cómo fue. Por otra parte, ahora mismo creo, que esas historias de amores imposibles o desgraciados están a la orden del día.
Cada día encontramos a personas que se separan por el desamor de ambos, o lo que es peor, de uno solo. Y se ve cómo lo pasan mal, aunque intenten mantener el tipo.
Bueno, lo de los libros. Cuando termino uno así, ahora qué?. Empezar otro, claro. Pero es que siempre me pasa que leo varios que no me dicen nada hasta que llego a uno que sí, y esos estoy deseando ver qué pasa y me da pena que se terminen. Uf qué mal me explico aquí.
Este verano he leído tres -pequeñitos- de Eduardo Mendoza. Me he reído con ganas. El misterio de la cripta encantada, El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras. Con el calor que ha hecho, han resultado de lo más refrescantes y eso sienta bien.
Pero eso, que hoy por dónde empiezo? y no es que no tenga ninguno, que no es eso, hay varios sin tocar que han llegado de modos distintos a casa, pero me da como pereza, miedito. Alguno alcanzará el encanto del último?.
Encima acostumbro a leer hasta el final, aunque no me guste, por aquello de que de todo se aprende y hablar de un libro con conocimiento de causa. Esto es una cruz. No sé cómo me castigo de esta manera con algunos tablones. Pero en fin, debe ser de nacencia y eso no se puede apartar.
Me voy a dar una vuelta por los estantes a ver quién me acompaña esta noche. Inteligencia? Romanticismo? Aventura? Conocimiento?....... lo que sea sonará.

viernes, 18 de septiembre de 2009

NOVATA EN YOGA


Ya he empezado a ir a yoga. Después del parón del verano, eran horas.
Saludos, comentarios, todo bien, agradable, y de buen rollo.
Nos comenta Pilar los planes para este curso que empieza, para mí casi todo es nuevo. Llevo poco tiempo. Pero una de las cosas que nos indica es que llevemos la semana próxima las piedras con los colores de los chacras.
Yo sé lo que son los chacras y sé con qué colores se representan, pero piedras……. Yo no tengo eso. Y ahora qué?
Me indican que hay varios sitios por aquí donde las venden y una de las tiendas me suena. Tienen cosas esotéricas múltiples. Es curiosa, ya había estado alguna vez allí, comprando alguna brujita o algún trasgo, como regalo para alguien, pero hoy era diferente, era algo para mí.
Llego a la tienda, digo lo que quiero, y sonriente me indica la señora que algunas amigas mías ya han pasado por allí. Pero me atiende de una manera, que me da la sensación de que me conoce. Y como ocurre con frecuencia, yo a ella no. Qué mal se pasa así.
Empieza a enseñarme las piedras. La amarilla, a mí no me lo parece, es transparente con un tonito así. La verde me dice que es jade. Yo pienso en las estatuas de jade chinas, y que tampoco se parece. El rojo tiene más de marrón que de rojo, pero aparte de las piedras preciosas de las joyerías como pudiera ser un rubí (y a eso no llego ni de broma),  yo no conozco piedras rojas, así que tendrá que valer esa.
Y así casi todas, que los colores son como muy diferentes a los colores que yo tengo en mente. Me estaré volviendo daltónica?. Ya soy miope, y tengo presbicia, y astigmatismo, más cositas a la lista? Pues estoy aviá.
Cuando ya las tengo todas, me llaman la atención dos pedruscos, uno blanco y otro azul. Para qué me puede servir eso? Pues ni idea, quizá acaben como pisapapeles, pero me da igual, son las dos únicas que de verdad han llamado mi atención.
El jueves que viene cuando me tire en el suelo y me coloque esas piedras cada una en su sitio, ya veremos si no salen rodando.
Y lo de abrir los chacras, a mí me suena tan extraño, que ya veremos.
Esto contando con que mi incredulidad es supina. No puedo creer en nada, ni divino ni humano, y a veces eso es un problema.
Para mí la clase de yoga es un sitio donde hago un ejercicio que no me resulta matador, donde me ayuda a pensar en mis cosas alejándome del mundo real, donde estoy con gente que me hace sentir bien, y espero superarme. Sé que es cuestión de tiempo, pero ahora mismo estoy entre las iniciadas torpes donde las haya.
Me cuesta sentir la energía, visualizar algo que no conozco, imaginarme tumbada entre las flores. Y alguna vez en los ratitos de meditación, me he encontrado pensando en que no se me podía olvidar al llegar a casa……..(no lo pongo que suena feo).

Bueno, a la semana que viene veré el efecto de las piedras. Desde luego bonitas sí que son. 





jueves, 17 de septiembre de 2009

LLEGO EL FRIO........ Y NOS ENFADAMOS

Cuando dicen que a los animales sólo les falta hablar, yo no estoy de acuerdo. Se hacen entender perfectamente, si ellos quieren. 
Hace un par de noches, cayó el frío de repente, como una pedrada. Y me ví, sentada en el sofá intentando leer y las rodillas temblando por el fresquito que entraba por la terraza. 
Me levanté sin hacer ruido, porque era tarde y saqué con todo el cuidado del mundo una mantita de pelo, que me regalaron por mi cumple mi cuñada y mi hermano (gracias, me encanta), me vuelvo a mi sitio, me tapo notando el calorcito casi de inmediato, retomo mi libro, y plas! la gatita.
 No me hace ni caso habitualmente, pero se colocó a mi lado, medio ronroneando, haciéndose sitio y disfrutando también de la mantita. Me encanta esa compañía que tanto me racanea. 
Después de un buen rato, el sueño me podía y era hora de irse a dormir. Se lo digo a ella, siempre hablo con ella dando por sentado que me entiende, por supuesto. Y la conversación que siguió fue más o menos así:
-Venga Grapitas, quítate que me voy a dormir. 
-Silencio, sólo un movimiento acaparador. (vamos que de ninguna manera). 
Me levanto y cojo la manta porque me la quería llevar a la habitación. La gata enganchada a cuatro patas, imposible soltarla. 
-Quítate tía, no seas plasta. 
-MIAU (no)
-Cómo que no, quítate ahora mismo, que me voy a dormir
-Miauuuuuuuuuu (que no jope)
-Que sí, vamos suelta que la rompes
-Miau, miau, miau (una mierda, de eso nada, es mía)
La cojo por detrás de la cabeza, tiro de ella y suelta las patas delanteras, pero las traseras no, habían hecho cuerpo con la manta. 
-Hay que fastidiarse, las dos de la mañana y discutiendo con un bicho, venga ya, vete a dormir y déjame la manta, que tu tienes pelo y yo tengo frío. 
-Miauuuuuuu miauuuuuuu miauuuuuuuu (no me da la gana, te jodes, si tienes frío haber nacido con pelo. 
Al final dí un tirón, la puse en el suelo y creí que había ganado yo. 
Ella, ofendida, con la cola muy tiesa, me miró con la cara de esfinge que pone cuando se enfada, se dio la vuelta y se dirigió a la terraza. 
Yo me fui a mi cuarto, cerré la puerta y por la ventana la oí arañar el arenero donde hace sus necesidades con rabia, con fuerza y lo entendí claramente, me estaba diciendo 
ME CAGO EN TI

 

miércoles, 16 de septiembre de 2009

AQUI NO HAY PLAYA

Siempre me llaman la atención las actividades que en plan lúdico alegran la vida de la gente. 

Aquí no hay playa, claro que no, pero quién lo diría. 
Esto es un lago artificial. Agua dulce, con cloro y no muy clara, pero y qué. 
La gente se toma su tiempo, despliega habilidad, imaginación, y sentido del humor. 
Poder ver navegar (o hundirse, claro) unos preciosos barcos de todas las épocas es fantástico. 
Por un momento creí estar paseando por el mejor puerto del mundo. Barcos de ríos sonoros como el Missisipi, si hasta parecía que de un momento a otro saludaría a algún jugador de cartas. Y ese submarino que más parecía que volaba. La góndola con el terciopelo rojo, la dama y el galán con la mesita enmedio con el cubo de hielo y la botella de cava. Y claro, cómo iba a faltar la lancha de la guardia civil. El precioso velero dispuesto para recorrerse el Mediterráneo, y con un montón más. 
Precioso. Ingenioso. Entretenido. Curioso. 
Y sin playa. La imaginación daría tanto de sí con más facilidades?. Creo eso de que la necesidad es la madre de la ciencia. Quizá por eso este despliegue tan espectacular. 
Pasé un buen rato y sólo por eso merece la pena. Como siempre, las cosas mejores son gratis.

martes, 15 de septiembre de 2009

REFORMAS


Hace poco, mirando mi casa, pensaba en cambios. Por un lado apetecibles y por otro, con horror.
Es como tentar a la suerte, me viene a la cabeza la maldición gitana “así te entren los albañiles en casa”. Y encima llamándoles, es que tropezamos una vez, otra, otra. Lo de tropezar dos veces en la misma piedra es una tontería. No escarmentamos.
En fin, que vamos a ver qué pasa. Cómo si no lo supiera ya.
Pues claro, se pide presupuesto y ya empieza el crujir de dientes.
Cómo se explica?. Yo no soy tacaña en general, y en cuanto a dinero, menos. Pero es que hablan de miles de euros como si fueran churros. Venga, puñado de harina, taza de agua, pizca de sal y…. tachán….. churros para todos.
Pero cómo puedo explicar que los euros se ganan de uno en uno, que son muchos madrugones, que se llama trabajo, jopé.
Y así como si nada, ya llevo un presupuesto de parte de lo que quiero que supera mi sueldo de seis meses. ¿cuántos madrugones son?. Pues una jartá. Está claro.
Y esto no ha hecho más que empezar.
Pienso que aún no me he comprometido a nada, que todavía estoy a tiempo, pero es que miro a mi alrededor, y sí que me apetece un cambio.
Pero en ratos de esos chungos, me dan ganas de cambiarme de casa por no pasar por las calamidades que se pasan en una reforma. Si no fuera por lo largas que se hacen las hipotecas, y porque me gusta mi casa, a buena hora.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Para las que dejan la aguja y el dedal para leer un rato, les hago un guiño y les cuento que de vez en cuando yo suelto el párker y cojo la aguja. Aquí dejo una muestra de mis habilidades extraparkerianas.

sábado, 12 de septiembre de 2009

EN MI PUEBLO

El mes pasado fui a mi pueblo. Tengo la costumbre, cuando voy a alguna parte, de anotar cosas y luego cuento cómo me ha ido. Y el resultado de la semana que pasé allí fue el que sigue.



De vez en cuando voy a mi pueblo. Siempre se ha dicho así. Ahora se estila el turismo rural. Yo me limito a contar  cosas que me han pasado por allí.
Nada más llegar a mediodía empieza el baile en casa, que si abrimos las ventanas, que a estas horas mejor no que sólo va a entrar calor (hablamos de treinta y muchos grados). Bueno abrimos un rato y luego cerramos.
Deshacer la maleta, colocar la ropa en el armario y pasar revista a la casa. Bien, nada nuevo, recuerdos y no hay que encender la lumbre, así que al corral.
Nunca ha habido allí gallinas ni bichos que se le parezcan, pero decir “patio” me suena extraño. La casa es la casa, el corral es el corral y el doblao es el doblao. Que esta es otra, se puede llamar buhardilla (tiene esa forma), cámara,  en otros sitios sería el piso de arriba, creo que también hay lugares en que lo llaman troje, pero para nosotros es el doblao. Clarísimo, la parte de arriba de la casa, justo debajo de las tejas y donde se guardan todas las cosas que no hacen falta de momento. O sea un montón de porsiacasos.
Si hay fuerza para aguantar el calor que hace allí arriba, y ganas de apartar las telarañas que han encontrado el sitio ideal, se puede recrear la vista con el arado de mi padre, la albarda del mulo, las colleras, el trillo, y cambiando de siglo, la sierra mecánica, el motor de gasoil para regar, herramientas relativamente modernas mezcladas con las azadillas y las hoces. Esto hablando de cosas de hombres.
De mujeres, están las ollas de las aceitunas, la del aceite, el lavabo de cuando se casaron mis padres, de madera, con el espejo, la palangana y la jarra, los baúles de las abuelas llenos de vestidos de mi hermana y míos pasados de moda, de talla, muy gastados y que no sé qué puñeta pintan allí.
También están las muñecas de mi hermana. Mías no, que con la poca gracia que me hacían, como para guardarlas encima.
Hay cajas con platos que ni sé de dónde han llegado. Cuentos y juguetes de los críos.
Estrébedes, sartenes enormes, un caldero gigante, un barreño de cinz.
Y cientos de cosas más.
Es de entender, que todo eso y lo que se me olvida está repartido al  caer, sin orden ni concierto. Es un batiburrillo increíble. Siempre que hago idea de ir me organizo, y pienso que de esta vez no pasa. Me desharé de lo que no sirve y colocaré bien lo que quiero conservar. Pero que no. No hay forma. Es algo que se alarga en el tiempo. Quito algo de en medio, cambio de sitio alguna cosa, pero al final se queda como está. Aquello es misión imposible. Creo que nunca lo veré como me lo imagino cuando no estoy allí.
Bajo la escalera y voy a la cochera que es otro sitio de porsiacasos. Oigo un chirrido raro. Miro las paredes y veo cagaditas como de ratón. Todo lleno. Joer, qué asco, qué es esto?. Y se aclara el misterio, eso que suena y eso que se ve tiene la misma procedencia. SON MURCIÉLAGOS.
De día, vale, pero por la noche, impresionante. Hay muchísimos. Vuelan sin parar, parece la película de Hitchcot. Horroroso. Sé que son insectívoros, y les agradezco que no haya ni un mosquito por allí, pero qué cosa me da. No sé cuántos habrá pero a la velocidad que vuelan ni me paro a contarlos. Yo diría que más de cien. No hacen daño, pero pueden enganchar el pelo. No quiero ni verlos. Enciendo la luz antes de salir de la casa y espero un poco a que se escondan. Quizá sean buena gente, pero no quiero trato con ellos, me dan repelús.
Con el calor que hace dentro de casa, recuerdo cuando dormíamos en el corral con mi padre y los niños y caigo en la cuenta de que los putos murciélagos se acaban de cargar “el hotel de las estrellas” que así decía mi padre cuando dormíamos allí y nos comían los mosquitos. Está claro que aquel hotel siempre ha pertenecido a algún tipo de bicho molesto.
Y luego me dicen que son una especie protegida y que no se les puede tocar. ¿y yo? Yo no soy una especie protegida? Cuando apetece sentarse al fresco y mirar las estrellas es por la noche y dormir al raso pues también es por la noche y tengo que compartir espacio con una especie protegida que seguro que me tiene el mismo cariño que yo a ellos.
Y ahora pienso, si me hubiera llevado a la gata, qué hubiera pasado?, porque más protegida que mi gata pues no se me ocurre nada.
Bah, creo que esto ya es una tontería. Allí se han quedado, supongo que cumpliendo el mandato divino en lo de creced y multiplicaos. Espero que cuando vuelva estén hibernando o se hayan aburrido de ver siempre lo mismo y tenga mi corral para mí solita, como me gusta. Que para ver bichos hay otros sitios y para ver gente está la calle. Allí quiero estar sola, poder leer, tomar el sol, pensar, mirar las estrellas, de madrugada ver amanecer, o lo que se me ocurra, pero sola.
Agosto 2009

ESTE ES EL CULPABLE

Os presento al culpable. Sí este boli da nombre al blog. Y como todo tiene su porqué, pues os lo explico. 
Hace muchísimos lustros me regalaron uno. Cuando el párker era un lujo que no traían ni los Reyes Magos. Lo guardé como lo que era, una maravilla. Pero no tanto como para uno utilizarlo. Me acompañó en exámenes, en viajes, en ratos de calma. Al final, se vino conmigo en el bolso, y lo llevaba a todas partes. 
Como era algo bonito, yo intentaba escribir cosas bonitas, hasta que noté que tenía vida propia. Con el podía escribir cualquier cosa, hasta insultos se permitían con el. Y ya sí que formamos un pack de dos. 
Pero como lo de las supersticiones trae muy mala suerte. Decidí que no todo iba a depender de el. Y por eso, con el paso del tiempo, uno se perdía, o lo hacían perderse y yo ni me sofocaba. Simplemente, me compraba otro igual. Este debe ser el tercero o el cuarto. No hay problema, detrás de uno, otro pero siempre iguales. 
Ya tengo cada vez más cuidado, porque como un día lo borren del catálogo y tenga que cambiar de modeli, igual tengo que cambiar la forma de escribir, porque estoy segura de que va con el y eso ya sí que me tocaría la moral un poco. 
Bueno, que aquí os enseño el principio de inspiración para bien o para mal. 

viernes, 11 de septiembre de 2009

FIESTAS

Es viernes, noche, entre la una y las dos. Dentro de dos días empiezan las fiestas de este pueblo, oficialmente. Pero por lo que se ve esto debe ser la pre-fiesta.

No tengo intención de irme a dormir.

Debajo de mi ventana hay, no sé cómo llamarlo, un grupo, un montón, un enjambre (de zánganos desde luego), un mogollón, en fin una pasada de gente armando jaleo.

Yo no sé si es botellón. No creo que haya botellas para todos ni en los súper, ni en los chinos que aún deben estar abiertos, ni en ningún sitio.

Y encima ahora se oye cantar el cumpleaños feliz. ¡qué horror!

No sé si son ganas de pasarlo bien, que mira que me extraña. No sé si son ganas de fastidiar. Aunque no creo que se planteen eso.

Más bien creo que es un pasar de todo que hace que esto sea insoportable.

Hace tiempo, en estas circunstancias, me daban ganas de bajar y unirme al jaleo. Como opción no estaba mal. Pero ahora no me apetece. Sé que no lo pasaría bien.

Los veo tan jóvenes a algunos que más bien creo que lo divertido para ellos sea precisamente eso, a estas horas poder gritar tranquilamente, sin que nadie les pueda decir nada.

A ver quién se atrevería.

Tengo otra opción, que me planteo muy en serio. Dentro de un rato, cuando ya el sueño me pueda y el ruido pueda al sueño, puedo llevarme una colchoneta a la cocina, que queda al otro lado de la casa, aunque esto no es el palacio de Bukinham y no puedo pensar en el ala oeste, pero que es lo más lejano de la ventana que da a la plaza donde se produce esta algarabía.

Pensar que en esa plaza había una vaquería cuando compré esta casa…...

En esta época, tenía que tener cerradas las ventanas, por las moscas, pero cuando me acostumbré a las moscas y salvando el olor a vaca, comparado con esto de ahora, era una bendición.

¿A quién se le ocurrió que tener las vacas ahí debajo era insano? Porque anda que esto de ahora, ¡telita!. Yo se lo dejaba al lumbreras ese.

Costumbres como estas hacen que aborrezca las fiestas de los pueblos. De este y de casi todos.

Seguro que la anormal soy yo, pero sorda no soy y no me gusta dormir con tapones, así que no me queda más remedio que pasar la noche como mejor pueda e intentar dormir por la mañana.

Uno a uno, seguro que son chavales estupendos, pero así en conjunto, ahora mismo LOS ODIO