La próxima semana son las fiestas de este pueblo. Pero ya tenemos feria, cacharritos para los niños, botellón para los otros niños y desmadre total.
Tengo intención de ir al concierto de Melendi y poco más. Hoy la exposición de modelismo naval, viendo los barquitos por el estanque, que es entretenido y luego ya, las cañas y las tapas.
Pero ayer, como costumbre, cada año, damos una vuelta por el ferial y me gusta pasar por la churrería. Normalmente sólo pido una porra, de las normales, simples. Ayer la quería con todo, con crema y con chocolate. Era minúscula. Y mi contrario pagó dos euros.
Creo que se me atravesó al instante ¿dos euros? ¿trescientas y pico pelas?. No me lo podía creer.
Al decir lo de las pesetas, me dice el que a qué viene eso.
Pues está claro. El sueldo lo transformaron de pesetas a euros, exactamente. Lo que correspondía. Mientras que todo lo demás lo pasaron y redondearon a euros.
Después de tantos años, los sueldos no se han acomodado. Y tengo la sensación de que sigo cobrando en pesetas pero pagando en euros.
Por eso esa porra me pareció tan cara. Sé que van de feria en feria, que trabajan en verano, que pagan el chiringuito. Todo, lo sé todo. Pero yo la miraba y pensaba en las trescientas pesetas. Ni siquiera en los dos euros que son dos monedas de nada. Yo me imaginaba el montón de rubias exactamente en un montón, así, una, dos, tres, cuatro, cinco.....trescientas. Y no cuento el pico del redondeo.
Tengo la suerte de que mi estómago es a prueba de bombas y por eso no me sentó mal, y que además, después de haberla pagado, no podía devolverla, de ninguna manera, ni a las buenas ni a las malas, pero vamos que como si hubieran decretado orden de alejamiento. La churrería para mí cerrada. Me parece un abuso increíble.
Y no soy de natural tacaño, pero hay cosas que no valen lo que cuestan, y esta es una de ellas.
Pensaré en los fuegos artificiales, que son el martes, a ver si se me pasa la mala uva de ayer.