miércoles, 31 de marzo de 2010

CAMBIO DE AIRE

Tengo unos días libres, así que me voy. Tengo una cita. Me esperan unas cañas, unos granados y unas encinas. 
Sé que como siempre, me darán fuerza y calma. Y el aire dará color a mi pálida cara. 
Hablaré con poca gente. Y no iré de procesión. 
Me sentará bien, estoy segura. 
No tengo planes establecidos. Sólo cada día como venga. Prefiero las sorpresas. 
Si a la vuelta tengo que contar, pues contaré cosas y si no....... bah, seguro que sí. 

domingo, 28 de marzo de 2010

PRIMAVERA Y MACETAS



 Ha llegado la primavera. Las plantas están de pena. Han soportado un invierno duro y no todas han llegado en buenas condiciones.

Como casi todo tiene arreglo. Empezamos la tarea unos días antes. Conseguir la tierra y buscar los guantes. Mirar qué plantas hay que cambiar de maceta. En fin, un poco de organización.

Domingo por la mañana. Han cambiado la hora y ando perdidilla.

Ya tengo las herramientas y la idea clara de lo que quiero. No será difícil. Eso digo siempre que decido hacer algo.

Quito dos tiestos de la jardinera. La gata se sube y ya empiezan los problemas. Ella se pasea, sabiendo bien dónde pone las patas. Pero al quitar dos, queda un hueco grande, eso quiere decir, que a nada que se descuide se caerá a la calle y son dos pisos. Oséase, hostión seguro aunque caiga de pie.

Quito la tierra de las macetas y eso llama su atención. Yo con todo el cuidado para no poner la terraza perdida y ella ha encontrado un arenero nuevo. Juerrrrr, qué mal pinta esto.

El jazmín del año pasado está achicharradito por los hielos. No tiene remedio, ese sale fuera.  Se lo tendré que pedir otra vez a la Tía Luisa. Pobre mujer, yo siempre digo que le doy la lata. Le llevo una lata con tierra, ella la pone al lado de su jazmín, entierra un brote nuevo y cuando agarra, separa mi  lata y me la devuelve. Pero qué mal se me da, siempre se me hiela, y por eso digo que vuelvo a darle la lata. Con lo que me gusta. Con lo bien que huelen las flores al anochecer. Pues nada que no es para mí.

El cactus que da flores en forma de coronita rosa, precioso, está hecho polvo, con tanta agua se ha medio ahogado. He quitado un trozo que quizá se recupere, y el resto fuera. De momento está la UCI. Ya veremos qué pasa, pero este año, me temo que flores no me va a dar.

He trasplantado una macetina de hierbabuena a una más grande. Me gusta que esté grande, hermosa, huele bien, y al té le sienta bien. Pero es otra que tengo que compartir. A la gata le gusta y la mordisquea. Así que aprovechando, la he repartido y ahora tengo tres. A ver si así tenemos suficiente para las dos.

Y así media mañana. Ya están en su sitio. La bolsa de basura pincha, y hasta la tarde no puedo sacarla al contenedor. Me arañaré las piernas cada vez que pase por su lado, porque no me doy ni cuenta, y sólo me queda esperar que haya merecido la pena. Y que la gata no se caiga, que ya he recolocado tiestos ocupando los sitios para que no haya huecos.

Sí la sangre se altera en primavera. Pero sienta tan bien.

Esta es una manera como otra cualquiera de pasar una mañana de domingo. Ahora ya sólo regarlas, si no llueve, y cruzar los dedos para que los resultados sean los esperados. 


 Así lucía el año pasado. Ahora medio ahogada. Ojalá se recupere, que la tengo cariño

sábado, 27 de marzo de 2010

A LOS CIEN AÑOS, SIGUE CON NOSOTROS

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.
Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.
Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

Miguel Hernández El rayo que no cesa

miércoles, 24 de marzo de 2010

TENGO QUE........



Me he pasado toda la vida haciendo cosas. De todas clases. Aprendiendo y aplicando lo aprendido.
No tenía un minuto libre. Siempre tenía que poner prioridades para sacar adelante todo lo que tenía que hacer. Y procurar que los días diesen de sí. A veces deseaba días de treinta horas para poder hacer algo que no me daba tiempo.

Y lo que he sacado en claro es que ha sido mucho correr para no ir a ninguna parte.

Ahora me tomo mi tiempo. El mío. Ese que antes no tenía.

Antes siempre era el “tengo que…..” una cosa, otra, otra. Ahora lo pienso y me agobio.

Me pregunto cómo he podido ser tan tonta.

Ya elijo bien lo que me apetece hacer. Y lo que no me gusta, simplemente queda de lado. Ni siquiera pongo el “no” por delante. Simplemente eso, mejor luego, o ya veremos, quizá más tarde.

En cada momento procuro hacer lo que me apetece de verdad. Y si no puedo por lo que sea, pues busco otra ocupación pero que me agrade.

Malos ratos ni uno. Provocándolos yo, desde luego no. Y si vienen de fuera, pues menos aún.

Esto puede resultar petulante. Pero cuando la vida da la vuelta y hay que seguir adelante porque es lo que hay. La misma vida te da la oportunidad de elegir.

Y yo he elegido. Me aguanto con lo que me toca, con lo que no depende de mí. Pero lo que sí es cosa mía, desde luego que es voluntario. Ya no tengo que….. nada. Es propia voluntad, si no, nada de nada.

Con calma, sin despeinarse, sin alteraciones y eso ayuda a ver las cosas de varias formas y elegir, no digo lo más conveniente, pero sí lo que más apetece.

Esta forma de vida tiene poco que ver con la mía de antes, pero total, para lo que me ha servido, seguiré con esta. Igual tampoco sirve para nada, pero desde luego es mucho más tranquila.

sábado, 20 de marzo de 2010

MERIENDA

Hoy para merendar rosquillas. Un poco tostaditas, pero ricas y de viento de verdad. 

 

martes, 16 de marzo de 2010

LA PESADA DE LA GATA




Lo de pesada lo digo por mí, desde luego, no por ella.

Paso el día de un lado para otro. De vez en cuando nos cruzamos en el pasillo, o en la cocina. Yo quiero acariciarla, pero no se deja. La llamo guapa, o cualquier cosa y me ignora, como si fuera sorda.

Pero cuando llega la hora de comer, desaparece. Ya no está. Yo digo que está cogiendo sitio. Y no falla nunca. Tiene su propio reloj.

Me voy a la cama. Es la hora de la siesta. Y allí está, hecha un ovillo. Parece un peluche encima del edredón. Ya paso de decir nada. Sé que me ignora.

Me acuesto, me tapo con el edredón y ella se remueve, ronronea, como que se molesta. Le hago una advertencia y sólo una vez “oye bonita, o te estás quieta o te echo fuera”. Palabras mágicas y perfectamente entendibles para la oyente que ya ha abandonado la sordera. Se me acurruca a los pies y nos dormimos las dos. Al cabo del rato largo, nos tendrán que despertar, porque hemos entrado en coma al mismo tiempo.

Me levanto, ella no siempre, y sigo con mis cosas a lo largo de la tarde. No la veo, no sé dónde se mete. No hace ruido. Nada, no está.

A la hora de la cena aparece. Ceno en la cocina y ella también. Por supuesto que no compartimos mesa ni cena. Aunque a veces sí que le doy algo de lo que yo como si sé que a ella le gusta, que ya conocemos nuestras manías las dos. Y otra vez se esfuma. Ya no está. Sé que va a echarse otra siesta.

Sobre las 12 de la noche reaparece como una artista bajando una escalera, y en casa no hay escaleras. Pero toda su elegancia desaparece cuando se estira, bosteza, y yo no sé si me tengo que acostar o meterme en la ducha porque es la hora de levantarse.

Me mira con ojitos tiernos y me dirige un maullido seco, claro. Mirando hacia la terraza. Es una orden y lo sé. Por la hora, me convertiré en calabaza de un momento a otro. Así que mejor hacer lo que me pide. Abro la ventana y de un salto, se encarama en las macetas. Se da un paseo, hasta la terraza de la vecina y vuelve. Está helada, las noches de invierno no respetan ni el pelo de la gata. Entra aterida de frío y si llueve hasta con mala uva, que se le nota.

Ya se me sube encima. Quiere mimos. Coloca la cabeza debajo de mis manos. Si me estoy quieta ella no. Insiste. Sabe lo que quiere. Yo ahora también, ya se ha preocupado de enseñármelo.

Acaricio su cabeza, el lomo y hasta las tetitas, enredo con la cola, y ella se deja sobetear todita. Cuando entra en calor, me devuelve las caricias. Sus patas tocan mi cara. Con las uñas escondidas eso sí. Se da media vuelta sobre mis piernas, me mira, acerca su cara a la mía. Guardando la distancia siempre. No soporto los lametones, ni la doy besitos, No sé si ella sabe qué soy yo, pero yo sé que ella es una gata. Puedo acariciarla, pero besuquearla no. La  quiero mucho, pero hay una distancia.

No importa lo que yo esté haciendo. Normalmente a esa hora, o leo algún libro o escribo en el pc. Tengo que dejarlo, mordisquea el libro o se pasea por el teclado. Exige toda mi atención. Y cuando ya he dejado todo, cuando toda mi atención está en ella. Da un saltito, se va a mordisquear alguna maceta y vuelve a pasar de mí.

Dentro de un rato, la pondré en su manta. Le daré las buenas noches, cerraré la puerta y se quedará sola hasta la mañana. Lo sabe y no hace ni intención de que eso cambie.

Por la mañana, cuando yo salga adormilada y medio a oscuras, me recibirá con un miau suave. Le contesto con un buenos días y nos vamos a desayunar las dos.

Empieza otro día y más de lo mismo.

Me gusta el ratito de las caricias. Es suave. Agradable. Y me desconecta del mundo de los humanos. Ella hace que todas las cosas del día queden atrás. Ha pasado otro día, y al final, ella como siempre, reserva un ratito para los mimos suyos y míos.

Me encanta este bichillo y va para dos años que este ritual se repite y me alegra el fin de cada día.

lunes, 15 de marzo de 2010

COCIDO DE DOMINGO

Cuando mi abuelo decía que cuánto nos gusta salir de casa para estar peor, yo me quedaba pensando. Y la verdad es que no estaba de acuerdo con el. 
Ahora le doy vueltas a eso cada vez que salgo de casa, y sigo sin estar de acuerdo. 
Ayer domingo probé algo diferente. No nuevo, porque sería una idiota consumada y con título si dijera que un cocido tradicional es algo nuevo. Pero la manera y el sitio sí que lo son. 

En un pueblo de Toledo -Camarenilla- que yo no había pisado nunca, hay alguien que alguna vez se le encendió la luz, y de algo simple se ha buscado la vida de buena manera. 
Me cuentan que durante años sembró distintos tipos de garbanzos, hasta encontrar una clase que a el le pareció buena. 

En una casa en el campo, ni buena, ni mala, que desde luego las he visto más en los dos sentidos, se le ocurrió montar un restaurante. 

Toda la decoración son aperos de labranza y utensilios de una casa de pueblo. Yo alucinaba al verlo, porque eran idénticos a los que hay en la casa de mis padres, cogiendo polvo y criando telarañas. 

Todo colocado en sitios vistosos o colgados por las paredes. 

No se elige el menú. Sólo se puede comer cocido o migas. 

Hay que reservar mesa porque si no, nada de nada. 

Pero cuando llega la hora de comer y el puchero de barro que contiene la sopa para cuatro, da para dos rondas y aún queda sopa, ya sabes que no vas a terminar de comer. Que si llegas a la mitad será rabiando y que luego te sentirás muy arrepentido de aquella barbaridad. 
Claro la sopa entra calentita, con un sabor conocido, muy apetecible sobre todo en tiempo frío. 

Y entonces traen los garbanzos. Una cazuela de barro llenita de garbanzos que nada más probar ya sabes que no son buenos, son unos santos. Benditos del todo. Suaves, blanditos, sin pellejos de esos sueltos. Y empiezas, y por pura gula te comerías más, pero no, no se puede, eso de cuatro es una filfa. Esa cazuela ni para cuatro hombretones de los que luego van a segar. No se puede segar después de una comida así. 

Un intermedio, y la carne. En plan nada fino, como corresponde al final de un cocido, echamos mano del pan, se abre por la mitad y se mete la morcilla y el tocino. 

Y ya definitivamente, decidimos que si alguna vez hay que morir, mejor en un momento así. 

La conversación fue sobre varias cosas, pero algo que a mí nadie me supo explicar y sobre lo que hicimos elucubraciones de varios tipos es ¿dónde ponen a remojar garbanzos para tanta gente?. Me imaginé la bañera llena de garbanzos con agua caliente y salada. Otra posibilidad, varios de los barreños de cinc que había por allí colgados. Quizá sirviera el cono del vino tan enorme del rincón. En fin, que no preguntamos, pero yo me quedé con la duda. Cuando vuelva, quizá lo pregunte. O puede ser que mejor sea no querer saberlo. A ver si algo tan absurdo va a estropear lo que tiene de especial una comida así. 

El sitio sólo tiene de espectacular la llanura absoluta de los alrededores, sin árboles ni nada parecido, evidentemente, es la tierra donde siembra el dueño de aquello los garbanzos. Y sin embargo, al solecito de marzo se estaba requetebién. 
No me imagino eso mismo en julio, ni la solanera, ni el cocido. Pero este hombre se lo ha montado estupendamente. Es su negocio, supongo que le va bien y otra vez confirmado, las cosas simples son las mejores.

domingo, 14 de marzo de 2010

KRAHE

Hoy es domingo, así música, por decir algo.

sábado, 13 de marzo de 2010

FRASES SUELTAS

Unos amigos míos explican el problema de este país en una sola frase:

La ruina de este país es EL ANSIA VIVA Y EL TÓ PA MÍ

MIGUEL DELIBES



 
Al hablar de un escritor, se comenta su forma de escribir, sencilla, complicada, rebuscada, poética.
Y las historias que cuenta, pues reales, o ficticias, o más o menos creíbles.

Muchas veces oí a mi madre  decir que “sin todo el pueblo no se puede vivir, pero sin la mitad sí”.

Un día leí EL DISPUTADO VOTO DEL SEÑOR CAYO.¿ Hay mejor ejemplo de la frase anterior?. Pues creo que lo expuso de una forma clarísima. Y con un lenguaje entendible por todos.

Hace poco, leí LA HOJA ROJA. Y lo mismo, en unas pocas páginas, que no era un tocho de esos que pesan y no se pueden leer en el metro. Habla de la vida de los mayores. De la soledad. De cómo les dejan de lado las personas que hasta ayer formaban su mundo.
El amor tardío, y más por interés de los dos que por enamoramiento en sí, pero que a los dos les sentaba bien y les alegraba la vida.
La amistad. Ese amigo al que tantas veces criticó, y que se fue un poco antes que el, pero que también le sirvió para que su triste vida del final tuviera algo que hacer.

Otras de sus obras las he leído hace más tiempo. Recuerdo las historias pero no la nitidez del lenguaje como en estas dos.

Y era tan fácil de leer, tan directo, con un lenguaje tan de calle, al tiempo que cuidadísimo que sólo le faltaba poner ¿mesentiende? (eso lo dicen en Encinasola). Pero no lo ponía, porque desde luego que se le entendía. Este hombre sí que escribía ALTO Y CLARO.

Se ha ido con 93 años y con una enfermedad larga que le ha torcido los últimos años. Pero nadie, nadie muere nunca del todo mientras que alguien lo recuerde. Y este hombre es de los que no morirá nunca, por eso, porque a los que nos gusta leer no se nos olvidará nunca.

Y ya pueden pedir perdón, o mejor no, que lo lleven en la conciencia, los que no le creyeron digno del Nóbel. Quizá fuera al contrario. Ese premio no se merecía lucir en alguien tan sencillo e importante como EL

Don Miguel, supongo que ya estará Vd. Con su tocayo Cervantes. Vamos en su ambiente.

El R.I.P. no me gusta nada. Porque no creo que descanse, allá donde esté, se buscará la manera de seguir con su vida.

Como en el Facebook, este señor “me gusta”.  

miércoles, 10 de marzo de 2010

MEDICINAS




De vez en cuando dedico un rato al cajón de las medicinas.

Un constipado, sobres de sobra. Una gripe más de lo mismo. No se tiran, es una pena.
Pero un día revisión. Es un poco como en la nevera. A este yogur le queda un día, pues toma para ti. Este embutido al vacío caduca en tres días, pues venga un bocata. Y este queso pronto estará duro, hay que gastarlo ya.

Y en el cajón de las medicinas?. Creo que no funciona así. Si caducan, una pena, pero como hagan falta…….. mejor que no, que caduquen.

Claro que así me encuentro con antibióticos del año pasado, no muchos, tres o cuatro pastillas, que salen del cajón.
El ibuprofeno, igual, pasadito, pasadito. Menos mal, eso quiere decir que no ha habido dolores innecesarios.
El betadine y la mercromina también. El caso es que estos me da pena tirarlos. Pienso que el yodo vale para quitar el esmalte de las uñas (anda que no lo sé yo bien), y la mercromina, según Eduardo Mendoza en uno de sus libros, sirve para pintar los labios, más rojos que cualquier carmín, mucho más barato y puede evitar que salgan heriditas, que ahora con el frío que hace no tiene nada de raro.

Entonces, se tira o no se tira?

Pues creo que van todos a una bolsa. A la farmacia y de paso, se compran fresquitos. Bueno, los antibióticos no, claro, sólo algún analgésico y algún desinfectante.

No me importa que caduquen en el cajón, pero me repatea tener que dar un repaso de vez en cuando. Y me sienta fatal ir a echar mano de alguno y no tenerlo.

O sea, que como tantas cosas, son de esos porsiacaso que estorban, que molesta verlos, que esperas que no te hagan falta, y que las más de las veces, cuando los necesitas están pasados de fecha.

Y nosotros, ¿pasamos de fecha?, ¿caducamos, servimos para otras cosas distintas a las que se supone que estamos hechos?

A ver, si yo fuera un medicamento, cual sería? Lo pienso, lo imagino, y no me identifico, para mí algo tranquilizante, pero para los demás algo desquiciante. Sí algo que ponga nervioso a todo el que se me arrime. Y si no sienta bien, pues que esperen a que caduque, que creo que soy de larga duración y aún me queda un rato.

sábado, 6 de marzo de 2010

COSAS PENDIENTES




En yoga hablan de los círculos. Todas las cosas empiezan y terminan cerrando un círculo, cuando uno se cierra hay que pasar a otro y así hasta que se cierra el círculo de la vida.

Esto es muy serio explicado así.

Pero en la simpleza que me acompaña, yo creo que esto se puede aplicar a todo y así, hace poco, empecé a pasar revista en casa de las cosas que había sin terminar, bueno en casa y en mi vida, claro.
Aunque no sé explicarlo muy bien. No es que me siente a pensar en las cosas que tengo a medias, simplemente, de repente te viene algo a la cabeza y da pie a otra cosa.

Yo creo que los círculos esos son más bien eslabones que conforman la cadena que nos mantiene aquí.

Además, por mucho que digamos, que hagamos, que tengamos, hay un círculo que no se cierra nunca. Y es el de SER FELICES.

Y con ese somos abusones, siempre queremos más. No se acaba nunca. Lo malo es cuando hay ratos en que el círculo se convierte en un cuadrado imposible de cerrar. Eso ya sí que es jodido.

Puesto a no contar con cosas trascendentales, me veo separando libros. Unos sin abrir, otros a medias, otros ya leídos pero que me apetece dar otra vuelta. Eso es tarea para un tiempo.

Me voy al rincón de las labores. Un tapete sin remate. Un cuadro con más de la mitad bordado y sin visos de continuar de inmediato. Un vestido más largo de lo que yo quiero. Un jersey que dejó empezado mi madre, que era para mí.

Y yo sin ganas. Pues estamos aviaos.

No me meto ya con las cosas que no he empezado y que quiero hacer, que de esas también hay. Pero bueno, esas se pueden ir apuntando en una lista y si no prosperan, pues tacharlas sin más. Son las menos preocupantes.

Y sigo sin ganas.

Al final, hago una lista mentalmente, así como para mí.

Primero: Intentar, por todos los medios ser feliz.
Segundo: Por si no funciona lo primero, lo pondré también lo segundo.
Tercero: Y si se me olvida lo segundo? Pues también en tercer lugar.

Las demás cosas dependerán del día, del sol, de las nubes, de las prisas, de las ganas.
Y sobre todo hay cosas pendientes que no escribo, que no aparto, y que casi no quiero ni pensar porque me da miedo que se puedan quedar pendientes.

Supongo que esto es normal ¿no?

viernes, 5 de marzo de 2010

EXTREMODURO

Lu, ya la he encontrado. No es la música que más me gusta, pero la letra sí que está bien. Y oye que oigo cosas muy raras, así que estos también me valen. Venga disfruta. 

 

jueves, 4 de marzo de 2010

CONVERSACIONES




¿Qué te pasa?
Nada

¿Nada?
Sí nada

¿Y esa cara?
¿qué cara?
La que tienes
Pues la mía
Ah. Vale.


¿Eso es una conversación o un intercambio de sonidos para comprobar que no estamos sordos?


¿Te gusta esto?
Sí, está bien.
Pero, si no has mirado siquiera
¿Y qué quieres que mire?
¿Estás mirando?
Claro
¿Entonces?
¿Entonces qué?
¿te gusta o no?
Ya te he dicho que sí.


¿De verdad importa el objeto que da pie a esto? O es algo sin principio ni final?


Los niños siempre tratan de llamar la atención y lo hacen con la inocencia de los niños. Esa que traemos al nacer y que se va perdiendo con el tiempo.

Cuando crecemos nos hacemos más aburridos y entonces nuestra superinteligencia, supercultivada da lugar a situaciones como las anteriores, pero es una manera de llamar la atención como la de los niños.

Prefiero mirar a los ojos. Estar calladita y mantener la mirada. Es mucho más elocuente, menos ridícula y el silencio me dice muchas más cosas.

Y eso que lo de estar callada es un ejercicio que se me da muy mal.

Pero cada día me propongo poner más atención a lo que oigo y tratar de no decir tonterías.
Lo primero lo consigo con frecuencia. Lo segundo no.
Y claro, sobre eso ya se escribió: “tonto es el que dice tonterías”. (cada día tengo más claro que soy tonta).
A pesar de eso, puedo estar callada mirando a los ojos de alguien y tratando de entender lo que me dice con la mirada.

Lo de “nadear” siempre está disponible.

Y también estoy segura de que esto es una absoluta tontería.

miércoles, 3 de marzo de 2010

ENCONTRADO

Bueno, pues ha habido más suerte de la que esperábamos. 
Esta mañana ha llamado la policía local diciendo que lo tenían en el depósito municipal. 
Parece ser que quien lo cogió se dio una vuelta y poco más. Lo dejó aparcado en un paso de peatones. Los municipales fueron a poner una multa por estar donde estaba y vieron que el desaguisado de dentro no era normal. 
No funciona. Está sin batería. Parece ser que lo arrancan con una "emisora pirata" -no tengo ni idea de qué es eso-. Se han llevado el tom-tom. Han arrancado el bluetood y lo han dejado en el asiento. En fin, muy revuelto todo. Pero sin bollos y sin otros descalabros. Así que eso se puede llamar suerte. 
Esta mañana me decían que esos coches (Ibiza) acaban en Ucrania, que allí son muy solicitados y que ya me podía despedir de el, porque raro es el día que no desaparecen tres o cuatro de esa marca. Y a mí se me ponía  mala jeta sólo de pensarlo. 
Pero debe ser que el que se lo ha llevado ha decidido que Ucrania queda un poco lejos y lo ha dejado aquí cerquita. 
Así que ya respiramos todos mejor y a otra cosa. Me alegro por mi hijo, que andaba chungo con este asunto.

martes, 2 de marzo de 2010

SITUACION ABSURDA QUE SE CONVIERTE EN NORMAL.




Hay algo más absurdo que aparcar el coche en la calle, bien, en un sitio adecuado para eso y cuando vuelves a por el ya no está?.  

Pues eso pasa (le ha pasado a mi hijo). Y luego se denuncia el asunto. Y luego escuchas a unos y a otros.

Bueno, contando con que eso es normal, los otros comentarios son:

A ver si tienes suerte, porque a mí me quitaron el mío y no lo volví a ver…….

No te preocupes, si ese coche no tiene interés especial para los chorizos, seguro que lo han utilizado como medio de transporte y aparece cuando se acabe el gas-oil…….

Buenooooooo  a mí me apareció a los seis meses, y los cabrones de la compañía de seguros pretendían que me lo quedara, eso sí, devolviéndoles el dinero que me habían dado de indemnización. ¡Anda y que se j…..!

A mí me avisaron cuando el mío apareció en Francia. Pasé de la historia, no iba a ir a por el.

Pues el mío apareció a los diez días. Pero eso, que apareció. Salieron del centro comercial, y debe ser que se acabó la gasofa en mitad de la calle. Se bajaron del coche y se fueron. Al llegar el autobús, como no podía pasar, organizó la gran pitada, y cuando llegaron los municipales comprobaron que era un coche robado. Tuve suerte, pero aún me río al imaginar el numerazo.

Y así todo el día. Algo que trastoca tanto a unos, se convierte en normal.

A mí no me lo parece. Pensar que el chaval se ha pasado un montón de tiempo pagando todas las cuotas rigurosamente, para que ahora venga un nosécómollamarle, o bueno sí sé pero escrito queda feo, y le deje sin coche. Lo que más me fastidia es que el ande con la  moral tan bajita.

Espero que se solucione pronto el asunto y que podamos contarlo como los demás, una simple anécdota aunque desagradable.




lunes, 1 de marzo de 2010

FRASES SUELTAS

"Hay quienes utilizan las palabras para disfrazar sus pensamientos"

y
"Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios"