sábado, 26 de marzo de 2011

COQUETA





Ya empezó la operación bikini, como cada año. Menos mal que las rosquillas fueron el domingo pasado. 

Soy coqueta por naturaleza, siempre lo he sido. Pero no frívola, que son cosas distintas. Me gusta cuidarme, caminar un poco, renunciar a algunas cosas de comer que no son lo mejor aunque sí suelen ser las que más me gustan.

Pero lo que llevo bastante a rajatabla es lo de las cremitas. Por la noche, por la mañana, protector solar, las manos suaves, y la que me extiendo por todas partes porque me gusta, huele bien y me hace sentir bien. 
Creo que en todo esto no hay ninguna novedad, supongo que habrá más mujeres y bastantes hombres más o menos con ese criterio. 

Pero se cumplen años, y las piernas, la barrigota, la cintura y el culito ya no responden de la misma manera a los cuidados habituales. 

Lo comento con las amigas, y claro, no faltaba más, en qué estaré pensando. Se llama celulitis y hay cremas para eso. Y yo en la parra. Pues nada. Se compra una crema de esas. Que no es crema, que es gel. 

Después de la ducha, y -secreto de una esteticista- frotar bien todas esas zonas con posos de café, que es un exfoliante casero, maravilloso y que deja la piel como mantequilla y la ducha negra como la noche, me dispongo a extenderme el gel mágico que me va a dejar como una veinteña. 

Sí, sí. Menudo chasco. Lo pongo en las manos para que se caliente un poquito, me empiezo a frotar, y noto un frío que se me te para adentro, y que no sé qué es. Horroroso. Qué sensación más desagradable. A alguien le gusta sentir frío por dentro, como no sea al tomar algo helado, pero de una copa o vaso y que pase por la garganta para atemperarse. Pues desde luego a mí no me gusta. 

Entiendo que quizá sea el efecto congelador. Te vas a quedar tiesa. Y así no habrá piel que decida ir por libre. 

Brrrrrr, lo pienso y me dan escalofríos. Me temo que tendré que cambiar de crema. O se me ocurre, que si no fuera por la puta crisis, eso mismo en una sala de estética, como la de Espinho cuando el baño de chocolate, tumbada en una camilla cómodamente y con un masaje adecuado proporcionado por manos expertas, quizá no fuera tan desagradable. 
Pero así, de pie, torciéndome para llegar a la pantorrilla, subiendo una pierna a la banqueta mientras me apoyo en la otra, como si fuera la postura de la grulla de Karate Kid, guardando el equilibrio, apartando el albornoz, porque si me lo quito me da frío en la espalda y bastante frío tengo ya, no sé si será efectiva, lo que desde luego sí que es, es un mal rato.

¿Y así cada día hasta obtener resultados satisfactorios? Pues me parece que este verano no luciré tan guapa, como otros, pero qué se le va a hacer, los años dan cosas buenas y menos buenas. Además, no dicen que esas cremas no sirven para nada, pues por lo menos que no den malos ratos, que para cosas desagradables ya hay variedad suficiente.


(La bolsa de aseo es totalmente casera, resultado de una tarde aburrida, y me encanta)

martes, 22 de marzo de 2011

EJERCICIOS





 Cada semana tenemos que hacer un ejercicio, y algunos resultan curiosos. Uno de ellos es "SER" algo o alguien, y tenemos que escribir como si fuésemos ese objeto o ese personaje. Cuando me tocó D. Quijote, el resultado fue este.  (la imagen la he sacado de Internet)





DON QUIJOTE

Me llaman Don Quijote, a mí todo un hidalgo. Me llamo Alonso Quijano, porqué me ponen un mote con lo mal que quedan los motes, eso es para la gente vulgar y yo soy un hidalgo español, con pureza de sangre. Ya me joroba el apodo ese.
A mí caballo le dicen penco. Porqué? Porque es flaquito, dónde se ha visto que los caballos gordos den más juego que el mío que me ha llevado por toda la Mancha y parte de Castilla. Si es que hablan por hablar.
Y de mi escudero Sancho, porqué le tratan de simple, si tiene toda la sabiduría del pueblo que es la que vale para manejarse por la vida. Panda de pijos que no saben de la misa la media.
Y mi amada Dulcinea?, dicen que huele a sudor, qué sabrán ellos. Ella es toda una dama y huele como huelen las señoras, siempre bien, porque si no se lavan, no se acercan a la gente y no se nota el olor. Obtusos.

Pero me gusta caminar sin rumbo por los caminos de Dios. Conocer a gente, que aunque no me entiende y se empeña en hacerme creer que los gigantes son molinos, hacen que la vida pase acompañada y no en la soledad de los campos de la Mancha.

Me gusta disfrutar de la comida con frugalidad. Un poco de queso puede ser un manjar exquisito, cosa que la gente que nada en la abundancia no puede apreciar.

Y sentirme caballero después de haber velado mis armas como procede, aunque el asunto acabara en un manteo por un malentendido, pero la noche de vela no me la quita nadie, fue de lo mejor que yo he vivido. La meditación, el sentimiento de aquella noche hace bueno todo lo que vino después. Volvería a pasar por todo con tal de vivir otra noche como aquella.

Y mis libros de caballería, rodeándome en casa, como auténticos amigos que me mostraron el camino a seguir. Si todo el mundo aprendiera de los libros todas las cosas que enseñan, seguramente mejor nos iría a todos.

domingo, 20 de marzo de 2011

DESAYUNO DE DOMINGO



Hoy tenía motivos para preparar un desayuno, a mi gusto, de domingo. Las razones, como siempre, simples, gratis, las mejores. 

La semana pasada, mi sobrina me regaló la cafetera azul, porque sí. Porque la vio, y pensó en mí, en mi afición al café y mi manía con el color azul. La trajo, y me gustó muchísimo, por todo, por nada, porque hace buen café, porque la trajo ella, porque es azul. 



Ayer, por fin, mi hermana me pasó la receta de las rosquillas. Eran las que hacía mi madre, yo nunca las había hecho. Otras sí, pero estas no. Me metí en harina, cruzando los dedos, porque el resultado podría ser desastroso. Me pasé un rato largo, amasándolas y jugando con ellas como si fuesen plastilina, y disfrutando como un crío, hasta que las ví terminada. Tuve que hacer un esfuerzo supino para no comerlas calientes, que pueden sentar fatal. 
Y antes mi hermana y yo habíamos pasado un buen rato hablando de las recetas de mi madre. 
Para poder hacer alguna cosa de las que ella hacía, primero tenemos que recordar las matemáticas y hacer reglas de tres, porque ella siempre se juntaba con alguna amiga, o prima, o quien sea, y hacían cantidades industriales, como para una boda. 
Y a ver cómo se traduce eso para hacerlo en casa, para tres o cuatro personas. Pues eso, con lápiz, papel y regla de tres. 
Cuánta harina se necesita para tres huevos, si mi madre utilizaba una o dos docenas? buffff
Y luego, cuando se lo preguntábamas a ella, tenía siempre la explicación lógica, que nos convertía a mi hermana y a mí en dos idiotas: "Pues hija, leche la que se precise y harina la que admita" (¡toma! ¡toma! y ¡toma!), ahí quería yo ver al Arguiñano. 
Bueno pues al final salieron. Y están, de lujo. Sí que me he acordado de ella. Y el trabajo que se tomaba para hacernos una gracia. También he de decir, que nunca llegamos a hartarnos de sus rosquillas. Siempre queríamos más. 



Otra razón es el sol que entra por la terraza. Fuerte, calentito, por fin. Primavera. 
La maceta de menta brotando con fuerza, después de la helada del invierno, y las pipas de girasol que planté hace unos días estallando verdes prometiendo las flores que tanto le gustaban a mi hija y que cada año, como una tradición sembrábamos. Continúo con ella. Ojalá siga así y tenga flores también este año. 



Y cómo no, poner la mesa y hacer las fotos sin ayuda de la Grapi, sería impensable, ha pasado revista de cerca, y me he visto negra para que no se me subiera a la mesa, por fin se ha aburrido y se ha colocado en su sitio. 
 

Ahora ya sólo queda empezar a desayunar antes de que se enfríe el café. 

Empezar así un domingo, es de lo mejor que me puede pasar. Y eso, que al fin y al cabo, es gratis, como todas las cosas estupendas de esta vida.

jueves, 17 de marzo de 2011

EL LENGUAJE VULGAR TAMBIÉN SIRVE

 Estoy de una leche que se me ordeña, es que no es pá menos.

Pues no se me ocurre que ir a contarle al matasanos de los huesos que me duele en un lao. Arriba de la pierna del todo, por fuera, en la encajaura con la cadera. Y claro, qué va a hacer si no son 
supermanes y no nos pueden ver por dentro, pues mandarme una placa.

Allá que voy, claro, como las fisnas, a pedir hora, y me dicen anda pasa padentro, que no hay nadie, y esta pava se aburre. Y hala, allá que voy, menos mal que me había duchao, que de vez en cuando lo hago, más que ná por lo agustito que se está debajo de la ducha. Con lo que llueve, pues la única diferencia que noto es que esa agua caliente, me moja igual pero me gusta mucho más.

Cuando me da los retratos esos de por dentro, me voy toa chula a enseñárselos al galeno, y me dice que me quite los pantalones y que me suba a la camilla. Menos mal que nos conocemos, que si no eso hubiera sonao un poco raro.
 
A mí me extrañaba, porque ya me había toqueteado la vez anterior, pero esta vez venía con mala idea. Pos no que coge una jeringuilla y me dice que me va a filtrar. Yo pensando en el café pasando por la manga esa de colar antigua, que ahora eso no s’estila. Y qué va, así llama el a una indición que me pone en la junta esa donde dice el que ve en la placa que tengo la malura.

La madre que le parió. Si me hubiera podido incorporar, le suelto una guantá allí mismo. Y luego como de cachondeo me dice, que ya me puedo levantar y vestir. Y qué más, no se le ocurrió que también podía decirme que saltara a la comba.

Me quedé con la pata tiesa, con los dientes encajaos por apretar y no mandarle a la mierda, pensando que llovía y que me tenía que volver a casa andando. Y luego oyendo sus explicaciones. Que el hueso de la pierna es como un bastón que se encaja en la cadera, y que por ahí se me ha hinchao algo.

¿Lo cualo? ¿Y eso cómo ha sío que yo no m’enterao?
Ná, que eso ha sio en yoga, que mestirao más de lo que se precisaba.

Si es que no aprendo, que el deporte es para fisnos y desocupaos, que yo ya me muevo bastante con ir andando al curro, esos diez minutos cuesta abajo cubren el cupo. Que paqué me meto yo en berenjenales.
En fin , que aquí estoy con la pata que pesa más que un mal matrimonio, cabreá con el médico y más jodía que el arroz manchego, porque encima me tengo que tomar unas pocas de pirulas, el dice que si me duele, joer, si le parece me las tomo como los pastilleros del finde, pa pasármelo bien.
No quiero acordarme de su nombre, porque ya me acuerdo de sus muertos.

Y creo que pal desgraciao siempre es martes, con lo que me gustaban a mí los domingos. 


(Esta historia la conté en una entrada anterior. Pero como ejercicio para el taller de literatura, la profe nos mandó escribir algo en lenguaje vulgar, y como mi pierna sigue dándome la lata, salió este escrito, ha hecho reír a mis compañeras y os lo enseño, por si también os saca una sonrisa. )

lunes, 14 de marzo de 2011

PORQUE HABLO DE MI OMBLIGO

Normalmente hablo de mí. De cosas que veo, de cosas que me pasan, de cosas que me gustan, o de cosas que me molestan. 
Este yo, yo, yo, parece que en esta vida mi ombligo es el centro del mundo. 
Pero hay razones para ello, no es que no haya nada más que me importe, no es eso, pero las cosas que pasan me llevan a eso, a hablar de mí y poco más. 
Pasando lista:
Noticias del día.
Japón destrozado. Miles de muertos. Pueblos desaparecidos. Las nucleares a punto de ebullición. El volcán en erupción. Tragedia absoluta. 
Yo espero oir a alguien que diga qué se va a hacer, cómo se van a salvar los que quedan. 
Y en cambio oigo que el banco de Japón ha puesto no sé cuantos millones de euros para que no baje el índice Nikei. Que van a necesitar mucho petróleo. Que es un país con una deuda enorme. 
Me gustaría oir que cientos de barcos van a ir a sacar de allí a todos los que puedan. Que es una isla, que se puede hundir. Que los vamos a alojar, donde sea. 
Si oyera eso, iría corriendo al ayuntamiento de este pueblo a preguntar, cuántas familias vienen aquí, y qué puedo hacer. Estoy dispuesta a lo que sea. 
Pero no. Ya hoy me ha llegado el mensajito de Movistar, diciendo que colabore con los euros que pueda para la Cruz Roja. Sin dar más explicaciones. 

Libia. Parece ser que la cosecha de este año será buena en cadáveres. Cada día siembran un montón. 
Y mientras los estirados de la ONU piensan qué deben hacer, si intervenir o no. Y los estirados de los demás países, esperando que la ONU diga amén. Y no hay nadie que tenga valor para decir a Gadaffi que ya vale, que no se puede matar así como así. Ah perdón, olvidaba que allí hay petróleo. 
Vamos es como si aquí empiezan a bombardear porque tenemos el Acueducto de Segovia. Mal ejemplo ya lo sé. Pero el petróleo de Libia a su pueblo le da los mismos beneficios que a mí el acueducto de Segovia (y me gusta ese monumento).
Quiero oír que los amos del universo han parado los pies a este jerifalte a quien le importa una higa su pueblo y el mío. 
Quiero oír que se han puesto los medios para que esa gente pueda vivir tranquilamente.
Pero me parece que me he vuelto sorda, porque no lo oigo. 

Nacional. Cuatro millones y pico de parados. Y subiendo. Reforma laboral, subida de impuestos, recortes de ayudas. 
Y yo qué puedo hacer?. Ya gano menos, ya pago impuestos, ya ahorro gasolina, luz, agua, y lo que se me ocurre. 
Quiero oír que van a ahorrar gastos, en serio. A ver si de una puta vez se enteran de lo que es un metrobús. Que van a dedicar todas las fuerzas, ideas, medios disponibles para crear empleo e ilusiones para jóvenes y parados de todo tipo. Que van a renunciar a alguna fruslería como dietas de trescientos euros en un dia. 
Quiero oír, que van a perseguir el fraude de todo tipo, en serio. Que se cumpla la ley. Esa que está tan bien escrita que parece latín, porque nadie la entiende. 

Más nacional. Emigrantes, que llegan conociendo la ley de extranjería mucho mejor que nosotros. Que saben cómo pueden saltársela. 
A ver, por mí puede quitar todas las fronteras, pero para todo el mundo. Pero si las hay, pues también para todo el mundo. Que no me hablen de una patera que viene por el agua, y no mencionen los aviones que han llegado por cientos, con "turistas" que se quedan varios años, buscándose la vida, trabajando sin derechos, sin cotizar, y riéndose si un policía les detiene porque hay oeneges y abogados que se parten el pecho por legalizar lo que en la ley no se contempla. 
Que no me expliquen lo acogedora que es la ley para la familia y permitan que un español de sesenta y pico años se case con una guayabita de 25, preciosa, que se trae a su familia de allí, dos o tres hijos, papá, mamá, y dos o tres abuelos, a cuenta del derecho que le da casarse "por amor" con un ciudadano español,que para mí no tiene vergüenza ni escrúpulos,  más que entrado en años y con un buen pasar. 

Que los políticos se dediquen a arrojarse la basura unos a otros, sin dar soluciones, sobre todo porque no se molestan en pensar, con asegurarse su futuro y el de sus hijos, nietos y biznietos ya están ocupados. Que eso, para mí también es saltarse la ley. Ya que en el cargo prometen que la van a cumplir y hacer cumplir y luego nasti de plasti. 

La lista puede continuar, pero ya me vale para explicar lo del principio. 

Todas estas cosas me llevan a la conclusión de que estamos en manos de seres, que se creen especiales porque deciden el destino del mundo que se hacen a su manera, y que nosotros somos menos que hormiguitas. Las hormigas trabajan y no pagan impuestos. Nosotros sí. Que si mueren miles de personas en Africa o en cualquier sitio, los que queden harán más, y listo, solucionado el problema. 

Sus ansias de poder son una enfermedad. Y no pueden tener una idea buena. 

En esta tesitura, yo decido mirar a mi alrededor, y toda mi vida puede transcurrir en un kilómetro a la redonda. Aquí trabajo, hago la compra, tomo café con las amigas, puedo ir a la biblioteca, y hasta a misa si me apeteciera. 
Me junto con la gente que me apetece, y cuento con ellos en caso de apuro, y al contrario igual. Pero de a poquito, Y me gustaría que esto funcionase como las ondas en el lago. Yo trato de no hacer mal en un kilómetro. Quien está a cien metros de mí, lo mismo, el siguiente lo mismo, y así dando un poquito de buen humor, de alegría, de ayuda, de lo que sea, alrededor, se puede extender mucho. (Piano, piano, se va lontano). 
Pero que no me vengan con grandes obras para las que se necesitan comités, porque la ayuda nunca llega entera. (¿Hablamos de Hahití?)

Por estas razones, aparece el efecto ombligo. Y de momento, seguiré hablando de las cosas que me rodean y tratando de sacar una sonrisa a los que están cerca de mí. 
Pero yo no estoy ciega ni soy sorda. Me duelen los huesos, pero siempre puedo tender una mano, que las tengo muy bien, por eso escribo esta parrafada. 

sábado, 12 de marzo de 2011

SOY UNA CALAMIDAD

En la entrada anterior decía que me sonaba el esqueleto, pero es que llevo quince días, con el ay, ay, ay continuo. 

Un jueves, como todos, me voy a yoga. Bien, estiradita, relajadita y estupendamente. Al llegar a casa, debe ser, que me iba enfriando y me empezó a doler un lado, ahí por la cadera. Me recordaba a la ciática que tuve hace varios años y que ya creía olvidada. 

El lunes fui al médico y me dice que podría ser una bursitis (ni idea de qué es eso). Me manda una radiografía y que, de momento, no vaya a yoga, que ya me he estirado bastante y no voy a crecer más. 
Ayer me voy a verle con la radiografía en la mano. Como yo iba, en mi simpleza, sólo a enseñarle la radiografía, y llovía bastante, pues me voy con botas, pantalones, paraguas, y todos los andacapadres oportunos para la tarde que hacía. 

Después de esperar la intemerata, porque este hombre se lo toma todo con calma, entro, ve las placas esas, me toma el pelo un rato, y por último me dice que me quite el pantalón y me tumbe en la camilla. 
Bufff, porque el lo dice. Primero quitarme las botas mojadas, después el pantalón también mojado, luego subirme a la camilla, que con el dolor que me acompaña era dificilillo, y ya cuando estoy esperando no sé qué, me dice que me va a infiltrar, y me cuenta un chiste de médicos. 

El trataba de que yo me despistara, pero estaba rígida, no me lo esperaba. Sólo iba a enseñarle una radiografía. 
Me pinchó con cuidado, pero el líquido ese en la cabeza del fémur o por ahí, a mí me estaba haciendo la puñeta, y luego riéndose me dice que ya está que me levante, que me vista, y que hoy me sentiré mejor. 
La madre que lo parió. Me ví con una pierna rígida, metiéndome unos pantalones al tiempo que tenía que mantener el equilibrio, luego ponerme una bota, luego otra.

No se puede imaginar este señor doctor, cómo le odié. 

Y claro, a ver cómo me volvía a casa andando, que en buenas condiciones hay unos veinte minutos y yo condiciones tenía pero de buenas nada. 
Pues venga, servicio de urgencia, llamada a mi hijo, y a fastidiarle el plan, porque eran las nueve y media de la noche, porque este hombre es un tardón. Que yo tenía hora a las ocho, pero siempre va con retraso. 

Al final, mi hijo me recogió y me dejó en casa, con el contrario que está más hecho polvo que yo. 
Así que hoy, castigados sin salir. 
El dolor se ha pasado un poco, y espero estar mejor mañana. 

Pero creo que me dolió más la sorpresa que el pinchazo. Y ahora yoga no. Vaya plan, como siga dejando cosas que me gustan, y me sigan saliendo las que no me gustan, voy a batir récords varios. 

MI ESQUELETO SUENA


Es sábado por la mañana.
Anoche me acosté tarde. Tardé en dormirme. Puto café. Y mira que me fastidia, ya ni vicios puede tener una.
Antes me plantaba delante el tazón de café, porque lo de la tacita es una tontería de la Carmen Maura, que es una miserias. Yo tazón, paquete de Ducados y pantalla en blanco. Y como que me venía la inspiración, hasta para escribir gilipolleces.
Pero ahora, la ley antitabaco me echa a la calle. A fumar como las mujeres de mala vida de antes, en la puta calle. Y en casa, tengo casi que fumar a escondidas. Mi contrario no debe fumar por imposición médica y yo no quiero tentarle. Prefiero atentarle, pero nada que todo se complica.
Si no fumo, el café parece otra cosa, y claro no me deja dormir.
Así que me levanto con ojeras enrollables, de mala leche y con pocas ganas de hacer nada.
Si es que los tiempos han cambiado. Claro eso es lo que tengo que decir y que tengo que pensar. Porque si me pongo a pensar que la que ha cambiado he sido yo, por el tiempo que ha pasado, bueno, por el montón de años que tengo, pues eso sí que me pone del revés.
Tengo los años que tengo y me empeño en hacer las mismas cosas que hacía antes, pero qué va, ni me puedo peinar con cola de caballo, porque no me crece el pelo tan deprisa ni con tanta fuerza. Ni puedo echar una carrera para no perder el autobús, aunque eso se soluciona fácil. Voy andandito a todas partes o cojo el coche. Ya sé que estamos en crisis, pero ¿y qué? Para un día que me haga falta, pues quedo como una dama de las de antes, que sólo me falta la sombrilla para que no me de el sol en la cara. Paseíto para acá, paseíto para allá, y a quién le importa mis dotes de cabra montesa.
Me levanto haciendo ruiditos, que si ay, la espalda, ay las rodillas, ay los codos. Pero esto es porque ya no se hacen los muebles como los de antes. Las camas todas malas, las buenas esas de lana que decía mi madre. Las sillas, ergonómicas. Los sillones blanditos. Y es que no puede ser, no estamos hechos para comodidades de ese tipo, que nos volvemos muy finos.
Y así como para mí, la verdad es que prefiero echar la culpa a los muebles, que admitir que estoy un poco gastadita y se empiezan a asomar los achaques.
Pero como es por la mañana y ya me he estirado y ya se han pasado los crujidos de los huesos. Me he preparado el tazón de café, tengo el tabaco al lado, el contrario duerme, y aquí estoy como en los viejos tiempos, escribiendo gilipolleces.

miércoles, 9 de marzo de 2011

ENTIERRO DE LA SARDINA

Ya terminó el carnaval. Hoy entierro de la sardina. En plan profano, claro, en otro plan es el Miércoles de Ceniza. 

El domingo fui al desfile de carnaval y hoy al entierro de la sardina. Me encanta ver a la gente tan desinhibida. Pasan de todos, se te acercan, bromean. Y me gusta. Cuando yo me disfrazaba, hacía lo mismo, me acercaba a unos y a otros, a gente que conocía, pero evidentemente ellos a mí no, con aquellos tipos y a otros que no conocía. Me gusta la predisposición de unos y otros al acercamiento y a pasarlo bien. Se dan situaciones curiosas y simpáticas. 
Esta tarde encabezaba el desfile un grupo de teatro. Daban miedo. Con harapos y como difuntos. No eran zombies de pelis americanas. Parecían desenterrados con sudarios horrorosos. A mí me parecían más de la fiesta de Halloween que de hoy. Pero han asustado a la chiquillería y a muchos mayores, que yo creo que es lo que pretendían. 

Pero lo que me gusta de verdad, es ver a las plañideras. De luto riguroso, con unas pamelas negras con encajes y lazos, gritando "de dolor" y lloriqueando, hipando, vamos de todo. Y a sabiendas de que en un entierro de verdad no formarían ese griterío. Y no llevarían el color negro tan a rajatabla. 
Al final, la quema de la sardina, real. Un fogonazo -para eso sirve la gasolina- y una humareda que según cambiaba el aire iba ennegreciéndonos a todos. Todo un símbolo. El fuego purificador, otra vez, parte de la fiesta, o más bien del fin de la misma. 

La tradición, en mi pueblo, hacía que por la mañana temprano, echaras en la puerta un montón de ceniza, o te lo echaban. No sé bien con qué fin, pero había que hacerlo. 
En la iglesia, nos ponían la cruz en la frente con la ceniza. Ahí me pierdo un poco. No sé si la ceniza, como al agua, la bendecían, pero salíamos con la frente adornada. 

Y la imposición de esa ceniza tenía mensajes claros. Para los pequeños, que había que comer verdura y pescado. Para los mayores, que empezaba la cuaresma, en todos los sentidos. 
Ahora no cumplo esos ¿mandatos divinos?. Simplemente sigo mi vida como el resto del año. Y vivo mucho mejor. Creer que estás cometiendo un pecado por comer un trocito de chorizo, y luego tener que confesarse y contarle al sacerdote esa barbaridad, me parece atroz. 

A mí aquello me tocó de pequeña. No quiero pensar en una mujer, o un hombre, teniendo que confesarse de que al tener al lado a su santa/o, no se habían podido resistir y habían incumplido la abstinencia que la Cuaresma impone. 
Creo que ahora pocas personas llevan este período de ese modo. Y me parece que eso que salimos ganando todos. Y que el fin sea la Semana Santa, nos hace pensar en vacaciones. 
No sé si seremos más felices así, yo quiero creer que sí. Al menos nos hemos librado de la sensación de culpa cuando nos la saltábamos.


jueves, 3 de marzo de 2011

CARNAVAL OTRA VEZ

El carnaval tiene fecha. Como otras celebraciones, siempre sabemos cuando cae. Vale, eso es simple. 
Pero hay algo que indica claramente que llega el carnaval y es EL FRIO. 
En febrero, siempre hay unos días de sol, templaditos, que nos hacen ilusionarnos. Pensamos en el disfraz, en el desfile, en la fiesta. Y cuando queda nada, zas, un frío pelón que lo fastidia. 
El domingo de carnaval, normalmente hace sol, pero el frío se mete dentro de una forma insoportable, y ver a las brasileñas que encabezan el desfile, con los tanguitas y las medias de malla, con esos plumeros en la cabeza y que las pobres no paran de bailar para entrar en calor a mí me da bastante pena. 
Pasado el entierro de la sardina, el sol volverá a calentar, y al año que viene, otra vez lo mismo. Pero esa primavera que sigue al carnaval, impepinablemente se interrumpirá otra vez en Semana Santa. 
Yo no sé si es una maldición, pero desde luego que es cíclico. Cada año igual. 
Ahora no me disfrazo, pero sí me gusta salir a la calle y ver la fiesta.  Aún recuerdo con horror, un jersey, dos, una camiseta térmica, unos leotardos, cualquier cosa que pudiéramos poner debajo del disfraz para defendernos del frío. Que luego, a la hora de tomar el chocolate con churros, todo era sudar dentro de la chocolatería. Si es que no hay término medio.
Aún así, el carnaval me gusta. 
Estas últimas noches, veo por televisión las clasificaciones para la final del Teatro Falla. Disfruto con ver la chispa de los chirigoteros de Cádiz. Me gustan los coros, y eso que tengo que afinar el oído para entender lo que dicen, que no siempre es fácil. Me aburren un poco los cuartetos, pero el conjunto me gusta, y me quita sueño, que ya le dedico buenos ratos, sin querer pensar que las siete suena el despertador. Espero poder ver la final del sábado. 

De todas formas, el carnaval es algo muy especial. Creo que es lo más real de todo el año. El resto de los días es cuando nos tenemos que poner la máscara de verdad al quitarnos la careta de esos tres días. 

miércoles, 2 de marzo de 2011

ME HAN REGALADO UN SONETO

Parker azul supongo que es la pluma 
que llevarás perenne en tu talega, 
dispuesta a registrar, cuando te llega,
esa idea que surge y que se esfuma.

Escribes de tu luz y de tu bruma,

de tu alma, de tu cielo y de tu briega,
con escribir sencillo, de colega,
abriendo el corazón a quien se suma.

Tu diario, pertinaz y apasionado,

es un nudo en la esfera de blogueros
donde el que pasa se mantiene atado.

Tus comentarios, llanos y sinceros,

son un bálsamo puro y regalado
que enciende mis impulsos soneteros.



del blog EL SONETO DIARIO, me ha regalado este soneto. 
Decir que me gusta, está sobreentendido. 
Pero por lo que le doy las gracias de verdad, lo que me ha llegado muy adentro, ha sido, saber que alguien que no me conoce más que por lo que puede leer en este blog, se molesta en dedicar un ratazo para darme esta alegría.

Es la magia de Internet. Apreciar a personas que no conoces, que están no se sabe dónde, y aún así, te tienden la mano, te sacan una sonrisa, y de alguna forma te hacen sentir que lo que hacemos cada día en esta pantalla en blanco tiene un destinatario, o muchos, no sé. 

Todos los días, leo sus sonetos con interés (me he comprometido hasta el mil o más). Unos son ácidos, otros simpáticos, otros de reivindicación. Siempre me sorprende. Esa capacidad para resumir situaciones, siempre actuales, de esa manera que a mí me resulta tan complicada, me parece un arte, que muy poca gente posee. Y el lo tiene. 

Corren malos tiempos para casi todos, por muchísimas razones. John, nunca sabrá de verdad, lo bien que me ha sentado este gesto. 

Y me gusta que haya gente así. Hace ver los días con un poquito de brillo, no tan grises como se empeñan en ser. 

Gracias de nuevo, John.