Pasando el verano, tratando de ver sitios que aún no he visto, hace poco fuimos, por fin a Mejorada del Campo. La catedral de Justo estaba por visitar.
No tenía yo mucha prisa. Hace años que sé que podría haber ido, pero me daba un no sé qué. Supongo que la premonición existe.
Me encontré con una construcción que desde el primer momento me produjo frialdad.
Para mí es la obsesión de una persona.
Según el cartel que explica las razones de esta, para mí, sinrazón, es su entrega a Dios.
Cada día de trabajo se lo ha dedicado a Dios, y al parecer, no se ha dedicado a otra cosa.
Todo es material reciclado o sobrante de obras. Son curiosas las columnas. Los moldes han sido cubos de pintura, se han llenado de cemento, hormigón, o alguna mezcla de esas de para toda la vida, y así se han construido esas columnas que soportan el peso de las cúpulas.
Una rueda de bici, se convierte en polea. Unos cristales machacados serán vidrieras.
No puedo quitar mérito al trabajo y al ingenio. Realmente, se ve por todas partes.
Pero me producía inquietud. No me sentí bien. Quería acabar pronto aquella visita.
No sentía buenas vibraciones, y esas cosas no se planean.
O estás bien o no lo estás y yo no lo estaba.
Enseño un montón de fotos, y cada uno que se haga su idea.
Se puede visitar sin problemas, como algo que no vas a ver en ningún sitio. Pero no creo que yo vuelva. No quiero sentir lo mismo.
Y menos mal que me alegró la visita algo tan simple como una incipiente higuera, en un rincón, que supongo que ha surgido sin que la mano del hombre haya tenido que ver.