sábado, 28 de mayo de 2011

FEZ - FIN DE LA VISITA





La parte estupenda también se cuenta, y no fue poca. 

La tarde que llegamos fuimos a Efrane. Es un pueblo que allí llaman la Dinamarca de Marruecos. Nieva tanto en invierno que ahora está todo verde. Con casas de tejados inclinados casi hasta el suelo, con un fresquíbiri que no imaginaba y me pilló de manga corta. Nourddine quiso dejarme una chaqueta que llevaba en el maletero, le dije que no, que el fresquito mantiene la piel suave. Y cuando enseñó la chaqueta nos hizo pasar un buen rato. Era del Barça, como muchísimos muchachos. Otros del Madrid, y también con las camisetas. Me quedé con ganas de saber cómo era la equipación del Atlético de Fez, porque no vi ninguna. 



Como era muy tarde, gracias al retraso del avión, fuimos a comer al primer sitio que vimos. Era un restaurante italiano, y otra vez las fotos de la carta mentían descaradamente. Había pizzas, cazzone, pasta. Pero cuando pedimos lo que queríamos, nos trajeros algo así, pero adaptado a sus costumbres. La pizza cazzone era medio pan relleno de cosas ricas. Y el filete desgarbado de la foto, era enorme y rociado con una salsa de mojar pan. Toda la espera valió la pena, y aunque ya pensábamos que era día de Ramadán -lo dijo Nourddine- nos compensó sobradamente. 

Luego fuimos a ver la fuente de Sidi Harafen. Es un complejo inmenso. Con piscinas, zonas de paseo, y una fuente por la que brota agua templada. Nos lavamos la cara, pero a aquella temperatura no apetecía beberla. Dicen que es agua medicinal. Compramos alguna botella, pero fría, más que nada porque la copiosa comida nos pedía eso, agua, como fuera. 





Desde el coche y ya de noche, la ciudad se ve inmensa, no hay mucha iluminación y se ve todo muy misterioso.
La cena en el hotel. Como mis amigas marroquíes, siempre me enseñan cosas. A la hora de pedir la cena, elegí yo, y nos chupamos los dedos todos. El tajine de verduras y de pollo, me gustan muchísimo, ya los había comido anteriormente y no pensé mucho más. 

A dormir que el cuerpo lo pedía a gritos. Pero antes de irme a la cama, pude salir al jardín y oír el silencio de la noche. Que se puede oír muy bien. 
El sábado teníamos que ir a la Medina, era obligatorio. No me sorprendieron las tiendas. Parecidas  a las de Tánger, pero el laberinto que forman las calles, sí. Sentí que no podría salir de allí sin ayuda. Al día siguiente viviría lo mismo en el barrio de los Andaluces. 
Pudimos entrar en un palacio, convertido en restaurante, pero que se puede visitar fuera de las horas de las comidas. Precioso, muy pequeño y coqueto.
Y allí me quisieron cambiar por 10 alfombras. Mi contrario dijo que no, y por más que yo le animaba, no hubo trato. Yo le decía que se llevara las 10 alfombras y que las vendiera, y que cuando el mercader aquel, quisiera devolverme, porque no me soportaría, que le pidiera otras diez. Pasamos un buen rato con la broma. Pero no sé yo si se hubiera quedado en broma si mi marido le hubiese tomado la palabra. 
Me siento halagadísima, porque qué alfombras, eran maravillas, creo que aquel hombre me supervaloró. 
No compramos mucho. Ya tengo teteras, bolsos, zapatillas, manteles y cosas de casa. También utilizo con frecuencia el jabón natural  y el agua de rosas que me traen mis amigas cuando van. Y por eso la visita acabó pronto. Algún capricho para mi hijo sí cayó, pero poco más. 

Después la comida, en una terraza. Aunque yo quería comer el viernes cous-cous, no llegamos a tiempo, pero el sábado tuvimos más suerte. Nos sentíamos después como botijos. 
Me gusta ese plato, pero no porque lo sirvan allí. Aprendí a prepararlo y lo hago en casa de vez en cuando. Me gusta de cordero y de pollo. Según el día. 

A la tarde fuimos a Moulay Yacoub. Hay baños públicos y también tienen fama, pero no nos bañamos. Es otra zona dedicada un poco al turismo, con muchos tenderetes. Me recordó más al rastro de Cascorro. Para llegar a la zona de los baños hay que bajar una montaña entera. Claro, según bajaba, mis rodillas me recordaban que tendría que subir. Y crujían las pobrecitas. Curiosa visita. A la vuelta, ya de subida, estaban cocinando en la calle y se mezclaban todos los olores. Una mezcla extraña. No siempre agradable. 
Y a la vuelta a la ciudad, comprobando lo fácil que es acabar con los nervios deshechos por el tráfico de la carretera. En varias ocasiones, me tapé la cara con las manos, con el "no quiero verlo, que no, que no". 

El último día, visitamos el museo de armas. En un castillo restaurado. Un sitio fresquito, con bóvedas, tranquilo, silencioso, y con armas muy llamativas. Obras de arte. Y eso con el fin último de matar, personas o animales, pero matar sin más. Y para eso culatas de nácar y filigrana. Ufffff. Si le quitas el sentido y te quedas con el objeto, pues yo diría que precioso. 



Luego el rato chungo del barrio de los Andaluces, y al aeropuerto. 



En todos sitios se permite fumar. Pero lo cierto es que casi nadie fuma. Y en el único sitio que ví el cartelito de prohibido, fue en la cafetería del aeropuerto, pero poca gente hacía caso. 
Viaje relámpago, intenso, que tardaré en repetir, pero que considero que me ha dado muchas cosas, y eso es lo que espero cuando salgo de casa. 

No es tan importante lo que ves que cómo te sientes cuando vas a alguna parte. Y yo puedo decir que me he sentido muy bien allí. 




miércoles, 25 de mayo de 2011

RELIQUIAS QUE HABRÍA QUE FULMINAR



 
 
Bueno, pues sí tengo más fotos. No las hago yo. Casi siempre las hace mi contrario, pero puedo utilizarlas y enseñarlas. 
Fez me ha gustado muchísimo y lo he pasado bien de verdad. Insisto en que su gente es encantadora y podría escribir o hablar y no terminar. Enseñaré fotos bonitas en la próxima entrada. Quería enseñar estas ahora, pero no puedo dejarlo pasar. Me revolvió el estómago y el alma. 

Entramos en una tienda de artículos de piel. Chaquetas, abrigos, bolsos, carteras. Maravillosos. Piel finísima, con colores vivos, rojos, azules, verdes, negros. Una maravilla. Perfectamente cosidos, bien forrados. Vamos, una locura. 
Se nos acerca el responsable-encargado-dueño o lo que fuera, y hablando español nos invita a subir a la azotea, para que podamos ver el proceso del curtido de las pieles. 
Al principio de la escalera, empinadísima y estrecha, nos da una rama de hierbabuena, que no tardamos en comprender para qué era. 
No habíamos llegado a la segunda planta (y nos quedaban dos más) y el hedor era insoportable. Nunca pensé que podría oler algo así en una tienda o vivienda o lo que fuera aquello, que ni pregunté siquiera. 
Arriba del todo, en la azotea, ya creímos que vomitaríamos en grupo. Yo me quería ir corriendo de allí. Pero el hombre todo orgulloso, nos pidió que nos asomásemos. Lo que vimos desde allí es lo que se ve en las fotos. 
Explicaba el proceso del curtido, cómo se metían las pieles en sosa y luego se teñían. Explicó de dónde obtenían los colores, pero yo no oía nada. No podía apartar los ojos de las personas que estaban allí abajo, y no me faltó más que comerme la hierbabuena. 
Bajé rápidamente. No quería ver aquello. No disfruto con la miseria. 
Nos contó que trabajaban así desde el siglo XII, y que la visita era gratis, pero que esperaba que comprásemos algo, porque de eso vivían. 
Se me puso una mala leche que no sabía disimular. Se me tenía que notar en la cara, seguro. 
En la tienda de nuevo, pregunté cuánto costaba una chaqueta azul. El quería quitarla de la percha, insistía en que me la probara. Dije que no, que sólo quería saber el precio. Me contestó que valía 200 euros y que era baratísima. 
Supongo que por la suavidad de la piel, el colorido y la confección, podría valer eso y más. 
Pero salí sin decir nada. 
Luego ya lo comentamos. Pregunté a Nourddine que cuánto cobraba un hombre trabajando allí. Y me dijo que unos diez euros por día. 
Maldije a aquel tendero. Esa chaqueta a el no le costaba más de treinta euros, seguro, y pretendía cobrar 200, a costa de la salud de la gente que tenía allí. 
Lo más parecido que yo he leído sobre eso ha sido en los libros de La Mano de Fátima y El Perfume. En los dos describen ese trabajo, y después de verlo allí, lo entiendo perfectamente. 
Supongo que si nadie le comprara una puta prenda, se vería obligado a cerrar. Que limpie aquellas instalaciones, que quite aquel olor, que lo deje como museo, como algo histórico y si quiere que cobre la visita. Pero que no saque la piel de la gente como si fueran las cabras con las que hace las chaquetas. 
No puedo con esas cosas. Sé que a la desesperada se puede hacer cualquier cosa, pero esos sitios no deberían ser para personas. 
Hay muchas injusticias en el mundo, desde luego, pero cuando lo ves tan cerca y te lo presentan como atracción turísticas, es cuando creo que no hay dios. 
 
Y el domingo por la mañana fuimos al Barrio de los Andaluces. Nos habían dicho que es donde se instalaron, al ser expulsados, los musulmanes andaluces. Creíamos que íbamos a ver algo curioso.
Y fue más de lo anterior. Curioso sí, pero terrible. Un barrio laberíntico, de calles estrechísimas. Nos explicaban que hay 365 calles. Que en cada una tiene que haber obligatoriamente, un horno donde se cuece el pan y se calienta el agua para el hamán -baño público-. Una fuente pública y una escuela para los niños.
Quizá en un principio fue así. Pero ahora mismo, las fuentes están de pena, el hamán no inspira ninguna confianza, la escuela estaba cerrada, y el horno sí, ese sí funcionaba. 
Suciedad por todas partes, y niños y mayores sentados con la sensación de ver pasar el tiempo y mirándonos. Yo dudaba si nos miraban como si fuésemos monos o se consideraban monos, mirados por nosotros. 
A las tres calles, me ocurrió como donde las pieles, quería salir de allí, y no podía porque no sabía el camino de vuelta. Me faltaron las migas de pan de Pulgarcito. 
Me sentía mal. No disfruto viendo miseria. Si pudiera hacer algo para remediarlo, no dudaría ni un momento, pero mirar en plan fisgón, no es lo mío. 
En ese barrio hace falta dinero. Limpiarlo, encalar las paredes y facilitar la vida de aquella gente. Así sería digno de ser enseñado y disfrutado. 
A todo esto, el medio de transporte de mercancías es el tradicional, mulos, burros, carritos de dos ruedas y poco más. 
Creo que ha sido lo peor de esta visita. Me pongo mala cuando luego ves el palacio real, que de eso hay en todas las ciudades, y que desde luego los habitantes de esos palacios no ven las miserias de sus vecinos.


martes, 24 de mayo de 2011

FEZ


           
Hace poco me decía un amigo que podíamos ir a Fez. Los billetes de avión no están caros, y buscar un hotel no sería difícil.

Después del viaje a Tánger, hace año y medio, no me parecía mal. Me vine contenta y no esperaba menos si volvía por allí.

Después de hablarlo con nuestros contrarios y que si sí que si no, nos decidimos.

El viaje que nos prometíamos tan felices empezó con un contratiempo pequeñito, como de dos horas.

Embarcamos. Nos colocamos cinturones y esperando que pasara cuanto antes el ratinín ese del despegue que tan mal cuerpo me pone.

Pero no, no iba a ser así de sencillo.

Decían algo por megafonía, pero en inglés, así que entendí que teníamos que esperar unos minutos por … no sé.

Por la ventanilla vemos a unos mecánicos con ruedas. Y reflejado en el cristal de la furgoneta que había en la pista quedó bien explicado el motivo de la tardanza. Estaban cambiando una rueda del avión.

No diré que me dio un repelús. Pero algo raro sí que noté.

Un rato largo después que no fueron cinco minutos ni a few minutes que dirían ellos, se pone en marcha el pájaro aquel, y nos alegramos todos. Eso sí rodando, supongo que para probar las ruedas. Lo de probar las alas, aún no tocaba.

Llegamos a la pista, y al otro lado, vemos una fila de aviones. Muy colocaditos, y despega uno. Vale, ya vamos nosotros. Ah no, que ahora va el otro. Bueno ese ya ha despegado, ahora ya nos toca. Uy, pues no, le toca al siguiente. Ya llevábamos un rato más que largo allí metidos y no nos tocaba.

Se me pasaban por la cabeza todas las historias que cuentan los que salen desesperados en la tele.

Cuando ya llegábamos a las dos horas de estar metidos en aquel bote, que ya me empezaba a sentir como un tomate en lata, anuncian algo que tampoco entiendo, pero por los aplausos, entendí que ya nos tocaba. Y así fue, aquel pajarraco, cogió carrerilla, se elevó muy alto, y pude ver Madrid desde el cielo.

Ya sólo nos quedaba hora y media por delante. Menos de lo que llevábamos atados al asiento.
Cuando anunciaron que íbamos a tomar tierra, me parecía mentira. Pero aterrizó sin problemas y al bajar por la escalerilla yo pensaba si estaría muy feo eso de besar el suelo, pero es que me lo pedía el cuerpo, porque más de una vez pensé en la rueda aquella que habían colocado con nosotros dentro.

No lo hice, no, no besé el suelo, pero reprimiendo las ganas con muchas ganas.

El  control de pasaportes bien. Las maletas ni las miraron, y fuera, por fin, aire, un sitio donde SI podía fumar, que ya eran horas.

Nos esperaba un joven que sería nuestro acompañante-guía-chófer los dos días siguientes. Serio, correctísimo. Pero no lo habíamos contratado nosotros. Un amigo de Fez, que vive aquí en Madrid, se ocupó de que ese joven nos recogiera y acompañara.

Un lujo absoluto. Porque el chaval fue encantador en todo momento. Pero cuando a la hora de comer, se dejó la mitad en el plato, y le dije que porqué no comía más, que parecía un niño, y me dijo que el era un niño, pues le solté que yo era una madre y que ya estaba dejando el plato limpio. Ahí nos echamos todos a reír, y a partir de ese momento, el era mi hijo y yo su madre. Se distendió y pasó a ser nuestro amigo. Además con sentido del humor.

Noureddine me cayó muy bien. 

(La foto del aeropuerto la trajimos de chiripa. Cuando mi marido enfocó la cámara se nos echaron encima varios policías diciendo que no, que no, que no. Por un momento creí que le quitarían la cámara, pero nos dejaron seguir aunque nos miraban mucho.) 


lunes, 23 de mayo de 2011

FEZ

Este fin de semana me he escapado a Fez. Estas fotos son las del hotel. Me considero afortunadísima al poder ir a un sitio tan fantástico y espectacular. Pero hay muchas más fotos. De todas las maneras, de todos los colores. 
Poco a poco, intentaré contar lo que he podido vivir y sentir allí. Han sido dos días. Pero sin parar. 
Son recuerdos, que como los de Tánger, se quedarán en algún lugar del disco duro que traigo de serie, y que hacen cambiar la forma de ver las cosas cada día. Y entender, porqué hay personas que se juegan la vida tratando de cambiar de vida. 
Lo he pasado bien de verdad. Pero al final creo que hemos hecho un viaje de guiris. No es lo que prefiero. Me gusta más ir a mi aire, patearme una ciudad y descubrirla con mis ojos, no que me la enseñen. 
Nos esperaba un guía en el aeropuerto. Subimos al coche. Y casi que podría decir FIN. Ya no decidimos nada, el nos llevó al hotel, luego a ver la ciudad, algún pueblo alrededor. Era amabilísimo, encantador, divertido y como los chinos, siempre decía sí. Luego hacía lo que le parecía y así hemos visto Fez. A través de sus ojos. 
Si alguna vez puedo volver, trataré de que sea de otra forma. 
Aún así, ha merecido la pena. Es una vuelta atrás en el tiempo. Como lo que yo recuerdo de por aquí cerquita, hace cuarenta años. Pero reconozco el trato cordial de la gente, la calma en casi todo, y el horror del tráfico, ni una pitada, todo vale, la raya continua es una provocación, hay que saltársela, y los carrilles de una calle se marcan con el tamaño de los coches, hay tantos carriles como coches caben, el sentido no importa, si cabe, pues pasa y sanseacabó. 
En fin, que trataré de recopilar los recuerdos y las fotos. 
Las palmeras en el jardín, recuerdan lo cerca que está el desierto, y que esto es un oasis. 
La recepción del hotel bajo esta cúpula que pierde mucho en la foto. 
La terraza de la habitación, sin barandilla, para poder salir, directamente y dar la vuelta hasta la piscina. 
Te hace sentir bien nada más llegar. 
La ciudad, queda para otro rato.

domingo, 15 de mayo de 2011

HIPOTECAS

Estamos en tiempos de cambio, eso se respira, y no me refiero al ambiente electoral, si no al ambiente social. 
Hace muchos años, había una forma de vida establecida como lógica y normal, que se cumplía casi siempre y nos hacía mirar a lo lejos, esperando vivir mejor. 
Eran, por este orden, escuela, trabajo, novio, casa, hijos....
Ahora las cosas han cambiado, creo que bastante, y son escuela, universidad -porque trabajo no hay- cursos, máster. O desempleo, buscar trabajo, encontrar algo guarripé, buscarse la vida. 
En algunos casos, sí se encuentra trabajo, ea, una alegría, pues venga, a hipotecarse, que es lo normal. Primero el coche, luego la casa. 
Conseguir que el banco te dé una hipoteca es como la lotería, y eso si te avalan padres y suegros, si no, nada de nada. 
Pero hace algún tiempo, las daban como si nada, con una sonrisa y como si te hicieran un favor. 
Venga, no te preocupes, si va a ser fácil de pagar, total es a 20 ó 30 años. 

Horror!Te cuentan que te ayudan cuando estás firmando un papel que te compromete para los próximos treinta años, y tienes 25 ó 30. Increíble. 
Cuándo va a ser tuya tu casa?. Te lo ponen fácil, cuando acabes la hipoteca te vas a la residencia y que se la queden los que te cuiden de viejo. 

Y en todo este tiempo, recortas vacaciones, recortas caprichos, recortas VIDA. Esa es la palabra, para mí no hay otra. 

Mi hijo dice que el nunca se comprará una casa. Que vivirá de alquiler o en una pensión toda la vida. 
Que para tener un casero, prefiere al Sr. Juan. Que no quiere que su casero sea el banco. Si se queda sin trabajo, siempre puede devolver la llave, dar las gracias y buscar trabajo en otra ciudad, otro país, o simplemente volver a casa de sus padres, mientras que con el banco no se puede hacer eso. 
Bueno, estoy de acuerdo con el en casi todo. 

Pero porqué al banco no se le puede hacer eso?. No se trata de dejar de pagar y que vengan por vía judicial a echarte a la calle, es mucho más fácil. Simplemente te vas. 
Sé que algunos emigrantes que han vuelto a su país han hecho eso. Han ido al banco, les han dado la llave y han dicho, ahí tenéis vuestra casa. 
Para llegar a eso hay que verse muy mal, sí. Pero sería lo más razonable. Ya que se vive en régimen de alquiler, poder dejarlo cuando te venga bien. Antes que ver toda la vida angustiada y condicionada por eso. 

Yo vivo una situación también un poco incómoda y jodida. Sé que es por la crisis puñetera, pero eso no me hace más feliz. 
Mi casa se pagó en pocos años. Con mucho esfuerzo sí. Pero renunciando a vacaciones y alegrías varias, conseguimos terminar de pagar cuando aún éramos jóvenes. 

Ahora tengo la casa donde vivo, hasta ahí, todo normal. Al morir mis padres, que también pasaron sus fatiguitas con su puñetera casa, nos la dejaron en herencia y somos tres. Y claro, también heredamos la casa del pueblo, y somos tres. 

Como no hay forma de vender nada. Me veo manteniendo una casa y un tercio de otras dos. Me salen por un pico. 
Pero hace dos años, quise cambiar de ciudad, de trabajo, de ambiente, de vida. Y ¿qué pasó?, pues que no me llegaba el dinero.

No puedo irme a una ciudad, vivir de alquiler y mantener tres casas. Se me iba el sueldo en esos asuntos. Así que sigo en mi casa de toda la vida, sin posibilidad de cambiar, y tan atada como los que tienen hipoteca. Pero lo más curioso, es que si yo quisiera librarme de esas obligaciones sin más, queda la posibilidad de regalarlo, pero es que todo está escriturado oficialmente, y si se lo regalase a alguien, tendría que volver a hacer escrituras, y pagar notarios, plusvalías y lo que me digan. Así que no hay forma. 
Precisamente por eso, cuando pienso los esfuerzos que hicieron mis padres y los que tuve que hacer yo, creo que mejor nos hubiera ido, si como dice mi hijo, hubiéramos vivido de alquiler y al final, FIN. 
Porque lo que está clarito es que nos vamos como venimos, totalmente desnudos, nos dejamos todo aquí, y para eso, nos pasamos la vida HIPOTECADOS. (qué ruina). 

viernes, 13 de mayo de 2011

BLOGGER

Encuentro un vídeo que me gusta. Lo copio, lo pego, lo oigo, me aseguro de que va bien. Doy a publicar y queda estupén, como tiene que ser. Eso fue ayer. 
Pues hoy me encuentro con que Blogger dice que no funciona de momento. Y cómo lo dice, si no funciona. Me suena a teléfono comunicando. No es que esté o no esté, es que no nos oye. Quiero creer, que será para mejor. Aunque a mí ya me valía. Cuando introducen cambios en algo que funciona, me temo lo peor. 
Y así ha sido. Mi vídeo ha desaparecido. Y creo que las entradas de otros blogueros también han sido abducidas. 
Me da igual, en mi línea. Mi padre decía que "cuando un tonto coge la linde, la linde se acaba y el tonto sigue", pues eso hago yo. Que comunica el Blogger, pues repito la entrada. Que al final no sale, pues me la guardo. Y anda que no tengo yo de tonta. Ya me pueden poner lindes, que se han de acabar todas antes de que yo deje de ser tonta. 
Así que otra vez pongo lo de ayer. Como en el día de la marmota. Y si no se ve, pues lo pondré otra vez mañana. 

jueves, 12 de mayo de 2011

ELECCIONES

Y yo que me creía gatita. Pero creo que me toman por ratón. 

 

viernes, 6 de mayo de 2011

COSAS QUE ME SOBRAN

Pues me sobran más cosas de las que yo quisiera. Son esas cosas que te explican que sirven para que todo funcione. Y luego te hacen luz de gas. 

Me sobra un Senado. Más que nada porque no sé exactamente para qué sirve. Lo he intentado. De verdad que he tratado de saber cual era su misión. En qué contribuye al bien común. Y nada, que no lo veo. 

Pero anoche, de repente, me sobraban, no sé bien si un Tribunal Superior de Justicia, o un Tribunal Constitucional. También puede que me sobraran los dos. 

Si el Tribunal Supremo hizo bien su trabajo, aportando pruebas y convenciéndonos a todos de que lo habían hecho para nota, y el resultado era el que era, no puedo entender que el Tribunal Constitucional diga lo contrario. 
Las pruebas son las pruebas y si son buenas, pues es lo que hay, no se pueden cambiar. Y si las pruebas no eran tan probadas, entonces no lo hicieron bien. Me rasco la cabeza, y pienso, que otra vez, algo huele mal. 

Luego, dan la votación con nombre y apellidos. Los de un partido dicen sí, y los de otro dicen no. Pues mal, muy mal, porque yo no veo la independencia que se supone que tienen tener, por ninguna parte. 

Por eso me sobran, todos, no me valen, no me ayudan, y no creo que ayuden a que la Democracia reluzca,  ni ná de ná. 

Y luego ya, en conciencia, hay otra cosa que se me vino a la cabeza. A ver si puedo explicarlo, sin herir sensibilidades, lo voy a intentar. 
El Tribunal Constitucional, con los votos de los jueces que propuso el Partido Socialista, admiten las candidaturas de Bildu. Que según el Supremo están directamente relacionados con Batasuna y con Eta (explicado muy por encima). Vamos que los considerados, hasta ahora terroristas, tienen los mismos derechos que cualquier hijo de vecino. Que les voten o no, ya es otro asunto. 
Valeeeee. 
Pero si eso es así, ¿con qué cara admiten que los americanos han hecho bien "asesinando" a un terrorista?. Ateniéndose a la ley, habría que haberle detenido, juzgado y con las pruebas, probadas, condenado. Y más adelante, pues habría que haberle permitido presentarse a unas elecciones, representando a un partido formado por sus seguidores. ¿NO?

¿Yo digo tonterías? -vale ya sé que sí- pero es que es lo que se me viene a la cabeza. 
No soy daltónica, normalmente veo los colores claramente. Pero a mí me parece que estos señores tan importantes ven las cosas con un poco de humo, a pesar de la ley antitabaco y hacen cosas que no tienen que ver unas con otras.

Cuando la gente es tan espesita, a mí que soy más simple que un pez frito, me sobran. Y encima sabiendo que cobran mucho más que yo por hacer semejantes chapuzas. 

Venga fuera, que pongan a alguien valiente y capaz de hacer lo que se espera. Es decir que sean independientes y que APLIQUEN LA JUSTICIA, que para eso están.  Porque así, yo sólo veo que manda "la voz de su amo".

Estos listos hacen que me caigan mejor los futbolistas. Por lo menos de estos ya espero que den patadas. 

miércoles, 4 de mayo de 2011

COSAS DE CASA

La otra noche, perdí de vista a la gata. Y eso, como a los niños, hay que tenerlo controlado. De repente la encuentro encima de ese mueble, tal cual. Como un adorno más. Cogí la cámara y sin pensármelo empecé a hacerle fotos. 

En cuanto oye el clic, se pone en plan artista y posa sin ningún problema. Pero yo no puedo regular nada, ni flash, ni distancia, ningún ajuste, sólo clic, clic, clic, y a lo que salga. 

Los ojos brillan en la foto de una manera que no se corresponde con sus ojos amarillos. Son impactantes, pero no tanto. 

Luego ya, viendo las fotos despacio, miro el mueble, y recuerdo cómo llegó a casa. 
Era de mi suegra. Ella se deshizo de el, por viejo y feo. Llevaba con ella unos veinte años, cuando decidió que estaba anticuado y que no le gustaba. Color muy oscuro y el tiempo se notaba. 

No sé porqué, a mí me decía algo. Me daba pena que lo tirase. Aún faltaba mucho para que yo tuviera mi casa, y no dije nada. 

Un día, charlando, sin más, comentó que no lo había tirado, que lo había dejado en el trastero y no sabía porqué. Yo ya tenía mi casa, aunque aún no vivía en ella. Trataba de amueblarla o algo parecido, y le dije que yo me lo llevaba. Ella no quería "regalarme" algo viejo, y me lo advirtió, que no me gustaría. No le hice caso, como tantas veces.

El mueble llegó a casa. Lo puse en la entrada y realmente estaba viejo y feo. Pero yo lo miraba con cariño. 
Empecé a dar vueltas a la idea de lijarle entero. Mi contrario me hizo caso, y lo lijó, todo, todo, que con esos cuarterones ya tiene su miga. Además, nada de máquinas modernas, con todo el cuidado del mundo. La idea era barnizarlo de nuevo, como estaba. Pero al pasar la lija, sale la madera en estado puro. Clarita. Cambio de planes. Barniz transparente. El resultado fue ese. 

Me gustó muchísimo. Quizá por eso yo le tenía cariño, porque veía la belleza interior. 

Le cambié de sitio. Y me sigue gustando. Las cosas de casa cambian, pero ese sigue ahí. Debe tener unos cuarenta y pico años. Me da igual. Lo veo hermoso. 

Pero cuando ví a la gata encima, no me lo podía creer. No se había subido nunca ahí. Debe ser que sigue descubriendo nuevos mundos, y ahora le ha tocado a ese anciano. 

Y el caso es que me hizo gracia. Queda muy gata ella. 

El mueble de la abuela, el trabajo del contrario, y el capricho de las chicas de casa. 
No me parece que el resultado esté mal.