No es nostalgia. Es que realmente fue un día especial.
domingo, 25 de abril de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
EL BAZAR DE LOS CHINOS
Entrar en un bazar de chinos es una experiencia extraña. Insoportable para unos, divertida para otros y necesaria para muchos.
A mí me gusta entrar, simplemente por entrar. Con la seguridad de que, al final, saldré con algo.
Pero sola es algo soso. En compañía es una fiesta.
La de cosas que se pueden ver, y sobre todo las que se encuentran sin saber para qué sirven. Y anda, pregúntale al dependiente de turno.
Siempre una sonrisa, y un sí, sí. Pero nada más. Como no sepas para qué sirve algo, no te lo va a aclarar nadie.
Lo más curioso que he encontrado últimamente es un pela ajos. Es un tubo de silicona de colores chillones. Yo lo había visto en casa de una amiga, pero si no me dice lo que es, ni de lejos lo adivino. Y me resulta comodísimo, con la rabia que da pelar ajos. No sé a quién se le habrá ocurrido, pero ¡ole! Genial.
Cuando lo compré, al ir a pagar, me pregunta una señora que qué es eso. Me quedo mirando a la muchacha que me estaba cobrando y la pobre con sus ojitos oblicuos, casi me suplicaba que se lo explicase yo a la señora. Y después de un rato de rollo con ella, acabamos riéndonos las tres. Lo que no me queda claro es si la dependienta se enteró de lo que era aquello, o de qué era un ajo. Supongo que ellos también lo utilizan, pero no quiero imaginar el nombre, para mí será imposible de pronunciar. No tengo la facilidad que ellos para pronunciar su idioma.
Un día se te ocurre cualquier cosa, y está claro, el chino lo tiene. Alfombrillas para el coche? Pues claro. Una cuchara de madera? Pues claro. Una tirita? Pues claro.
Pero a veces, demuestran que son más listos que el hambre, y hacen referencia a lo evidente.
El otro día, fuimos a comprar varias cosas. Encontramos las que queríamos y nos tropezamos con otras que también se vinieron con nosotras. Al salir, empezaba a caer un chaparrón de esos de mojarse bien. Y claro, quién tenía paraguas? Al salir de casa hacía sol, no podíamos imaginar aquel turbión. Y en la puerta de la tienda, sin movernos para evitar el remojón, se nos acerca el chino y nos dice que el sí tiene “palaguas”, claro, ¡nos ha fastidiado!, y nosotros en casa. Pero como el los tenía allí, pues qué tuvimos que hacer?, exactamente eso, elegir color y pasar por caja.
En fin, que ya creo que acabaré haciendo colección de paraguas, como de cafeteras y dedales, que no es que yo tuviera idea de hacerlas, pero entre los que me han regalado, los que he heredado y los que se me han antojado, tengo más de los que caben en el paragüero.
No me gustan las herramientas de los bazares chinos, ni la ropa, pero tienen tantas cosas que es difícil que los ojos no se vayan a un sitio, a otro y por supuesto al pasillo de la “delecha” que es donde te dicen que están todas las cosas.
Todo el mundo se queja de esos bazares. Dicen que hacen que otras tiendas cierren. Que si están exentos de impuestos y por eso cobran tan barato. Que son productos de mala calidad. Y mil cosas.
Pero son tan tentadores.
No recuerdo el nombre de un cubano que estuvo preso muchísimos años. Cuando consiguieron sacarle de la cárcel y traerlo a Madrid, alguien tuvo la genial idea de llevarle al Corte Inglés, y la expresión del hombre fue “qué alegría me da ver todas las cosas que no necesito”. Pues yo quisiera verle en un bazar de chinos, a ver si decía lo mismo. Seguro que no se libraba de ninguna manera.
Y yo no me libro, pero tampoco lo intento.
sábado, 17 de abril de 2010
LETRA DE TANGO
Bueno, la letra aquí, que no entraba en la otra entrada.
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos,
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos,
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La vieja calle donde el eco dijo:
"Tuya es su vida, tuyo es su querer",
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.
Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenen mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón.
Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos,
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La vieja calle donde el eco dijo:
"Tuya es su vida, tuyo es su querer",
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.
Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenen mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón.
Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
tango-poesia
Nos pide la profe de literatura que le digamos algún tango que sea pura poesía.
El mío es este.
La letra también se lee, que es donde está la poesía.
miércoles, 14 de abril de 2010
ESTUDIOS
Hoy han venido a casa una amiga mía y su hijo de 14 años. Este muchacho es un cielo, por supuesto fuera de casa.
Su madre está desesperada. Suspende todo, le da igual todo. Quiere ir a la universidad pero no sabe porqué tiene que estudiar asignaturas que no le dicen nada.
Discuten continuamente y los dos están un poco hartos de la situación.
El chaval es chispeante, simpático y explica con lógica aplastante sus ideas.
Si hablo de esto, que en principio no tiene que ver conmigo, es porque hoy viéndoles a los dos me iba al pasado. Esa misma situación la tuve que pasar con mi hijo.
Después de años de no querer saber nada de estudios, sólo trabajar en cosas endemoniadamente duras, decidió retomar los estudios.
Le va bien. Creo que muy bien. Pero me da una pena ver los años que ha gastado en cosas que no le llenaban.
Espero que haya encontrado su camino. O al menos esos trabajos le han aportado unas experiencias, más personales que laborales, que le ayudarán a valorar muchísimas cosas.
Qué pasa en las escuelas que chavales inteligentes y con ganas de hacer cosas pasen por suspensos infinitos, cursos perdidos y buscar de grandes lo que de pequeños no encontraron?
Cuando nos juntamos nos reímos de las ocurrencias de los chavales. Pero cuando se está pasando esta etapa, realmente es un problema. Sobre todo cuando los mayores, por eso, por mayores, vemos que los chicos se van a pegar la galleta y van a pagar cara la pérdida de tiempo de ahora.
Lo de la cabeza a pájaros no es nuevo. Siempre ha existido. Pero teníamos claro que, por nuestro bien, debíamos superar a nuestros padres y aprovechar todo lo que se nos pusiera delante. Y sin embargo nuestros hijos no escuchan. Ellos siempre llevan razón y cuando se dan cuenta de por dónde andan tienen que esforzarse mucho más.
Ojalá encuentren su camino y la vida no les machaque más de lo necesario. Pues a pesar de sus gracietas, sé bien, por lo que he visto, que al final ellos lo pasan peor que nadie. Porque no son unos bandarras.
Quizá como dice otra amiga mía, iban para genios y no pierden la esperanza.
Yo con el genio que me ha tocado estoy contenta, pero qué fatiguitas hemos pasado todos.
domingo, 11 de abril de 2010
UN POCO ABOLLÁ
Intento volver a la rutina, pero me cuesta. Quizá porque no quiero. Por eso, por rutina.
Empieza a hacer calorcito. Me gusta este sol que calienta. No me gusta el sol que alumbra solamente.
Quiero hacer cosas y algunas las empiezo pero terminarlas me cuesta.
Dejar algo empezado por la noche y mirarlo con tirria al día siguiente ya es también rutinario.
Por eso procuro empezar cosas que se terminen en el día.
Y no es que no sepa lo que estoy haciendo, por aquello del “conocimiento justo para pasar el día”, que no es eso, es que no sé si mañana voy a tener ganas de seguir con lo mismo.
Esto se podría llamar desidia o aburrimiento, pero qué va, ni eso. Es más bien curiosidad, como la gata. Lo de ayer ya lo he visto. Hoy quiero algo distinto. Y no quiero tareas a medias, que eso me pone el humor un poco al biés. Pero en fin, que es complicado.
Quizá podría llamarse capricho. Pero bueno, ¿y qué?, los gallegos dicen que por un capricho se vende una finca.
Yo no tengo fincas que vender, pero caprichos, ¡anda que no!.
De momento paso lista a las tareas pendientes para ver si las ordeno un poco. Y quita, quita, eso es peor. Me dejo llevar, doy vueltas por casa y tomo y suelto cada cosa según me las voy tropezando. Y encima las dejo en cualquier sitio, dejando rastro, para tropezarme con ellas.
Tengo un libro y una labor que me ponen ojitos cada vez que me acerco. De vez en cuando, para que no se pongan tristes, leo un poco, o gasto alguna hebra de hilo. Pero no mucho. Y el caso es que me gustan los dos. Quizá así me duren más. Que eso también me gusta aunque sea contradictorio. Las cosas que se acaban, se acaban y aunque los resultados queden, el entretenimiento se va.
Pues lo mismo que con esas cosas, me pasa con este blog. Me levanto pensando que tengo que decirle algo, que no quiero que se aburra. Pero por la tarde……. Y por la noche se me han olvidado casi todas las cosas que quería decirle, o han perdido la frescura del momento.
En fin, que me afecta la primavera, las vacaciones, el sol, la luna, los años, las ausencias. Si al final va a resultar que de verdad ando un poco abollá.
miércoles, 7 de abril de 2010
DE VUELTA
Ya de vuelta y encantada. No me canso de ver los mismos lugares. El silencio, la calma. Sentir cómo el tiempo se para. No madrugar. No mirar el reloj. No tener hora para nada.
El cambio es grande. Pero el cuerpo, y sobre todo el espíritu, lo agradecen.
Hay una chimenea. El tiempo se prestaba para encenderla, y fue en todo momento la protanista. No se nos podía apagar. Mi padre ya se ocupó, hace varios años, de que no nos faltara leña, y creo que aún nos dará calor algún tiempo. El café mirando el fuego, sabe distinto.
Los granados, las cañas y las encinas siguen en su sitio cumpliendo años, pero no se les nota nada. Están preciosos. Y estas jaras nuevecitas, sin estrenar se merecían esta foto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)