miércoles, 30 de septiembre de 2009

CON CALMA

De siempre me he tenido por persona con calma, tranquila, y mi madre me decía que lo mío era pachorra. Pues bueno, no creo que eso sea algo preocupante. Aunque a estas alturas me preocupan pocas cosas. 
 
Pero es que siempre me caen las cosas a pares, como que tengo que mirar a dos sitios. Y oye, que se coge soltura, ¡qué se le va a hacer!. 

Llevo 30 años en mi casa, tal y como está. Pocas cosas he cambiado. 
 
Llevo 2 años diciendo que me voy a Marruecos con una amiga. 

Pues bueno, harta ya de esperar, de monotonía y de "estoy harta". Le digo al albañil que me dé presupuesto para poner la casa bocaabajo, y a mi amiga que cuando quiera nos vamos a Marruecos. 
 
Faltan tres meses para que termine el año. Pues a ver, ¿porqué?, si no se conocen, me dicen que tengo que hacerles caso a los dos al mismo tiempo. 

Primero "oye niña, que ya tengo los billetes, nos vamos el día 11 y volvemos el 19", BIENNNNN, qué alegría, por fin, qué contenta. 
 
Al ratito "oye mira, que empiezo después del Pilar, el miércoles o el jueves". Uhmmmmmm. 

A ver, y ahora qué?. Pues mira, que a grandes males, grandes remedios. Voy a empaquetar todo lo que pueda, me piro el día 11, que vengan con la piqueta cuando quieran, y cuando yo vuelva, pues ya veremos. 
 
Lo que no sé es qué va a ser de los que se quedan en casa, el contrario, el hijo y la gata. Intentaré resarcirles a la vuelta, pero creo que aunque no vaya al baile, me van a quitar lo bailao. 

Para qué me voy a poner nerviosa, si yo no sé. Tengo años por delante para poner las cosas en su sitio, pero decir no al viaje, otra vez, no me apetece, y decir no al albañil puede llevar el añadido de esperar mucho tiempo y meterme en obra en el invierno. Y no, que hace frío.

martes, 29 de septiembre de 2009

FUTBOL




El fútbol es un deporte. Sí 11 contra 11 deportivamente. Todos tienen que intentar meter goles al equipo contrario.

Entonces, porqué cada vez que yo miro la pantalla veo a algún jugador por el suelo?. Porqué esos empujones con mala hostia?, esas patadas que pueden desgraciar a un tío para mucho tiempo?. Y los insultos, y no digamos ya los malos modos hasta llegar, como hace poco, al escupitajo a la cara.

Después se habla de compra-venta de jugadores, de cesiones y traspasos con un remolino de millones de euros. (Quién tiene un millón de euros?).

Y si yo tengo millones de euros, me puedo comprar un jugador como quien compra un caballo de carreras?

Tienen que ganar títulos, competiciones, campeonatos, vamos lo que en cualquier empresa llamarían productividad. Y qué pasa si no lo consiguen………. Pues que cobran igual, o a lo mejor algo menos, pero, menos es mucho más de lo que gana cualquiera por 10 horas de trabajo duro.

Tienen que ser muy jóvenes. Y los llenan de pasta antes de los 25 años. ¿Qué ejemplo dan a los jóvenes?. Yo veo algo así como “so pringao, curra sesenta horas semanales, no te vayas de casa de tus padres, a menos que quieras pasar calamidades, pero no dejes de pagar el abono o la entrada para verme a mí, que he sido más listo que tu, que no acabé la ESO, no he hecho un puto cursillo de nada, pero juego al fútbol y me han contratado, pagándome antes de trabajar, ¡a ver si aprendes!”

Y claro, al estadio, o a comprar el partido por la tele de pago, o bájate al bar a tomar lo que sea mientras ves el partido y no dejes de comprar la puta camiseta o la horterez de la bufanda, que eso sí que es un negocio. Y los llaveros, y los posters, y los diarios.

Cómo se puede llamar deporte a algo que consigue que un chaval de 20 años se suba a La Cibeles y diga “si la rompo, la pago”.

Deporte y cuando pierde el equipo de tus amores hablas de mala suerte, pero si gana, no es buena suerte, es que son cojonudos y por supuesto, los otros, siempre “hijos de puta”.

No me gusta este deporte. No me interesa.




lunes, 28 de septiembre de 2009

MANTENIENDO UNA TRADICION





El año pasado fui a ver a unos amigos a un pueblo de Extremadura. En su casa de campo, así como si nada, me preguntó mi amigo que si me gustaba la hierbabuena. Al decir que sí, se agachó sin más y arrancó unas cuantas matas, con raíz y todo.
Al llegar a mi casa, pude plantarlas y tengo una maceta de lo más arriscá.
La siego en primavera, y reverdece con fuerza. Bonita, y claro ¡qué bien huele!.
Hasta aquí, normal, como si nada.

Hace unos meses fui a Sigüenza. Quería conocer esa ciudad-pueblo medieval. Me pareció encantadora, preciosa.
Entré en un taller de grabados. Había auténticas maravillas. Pero creo que lo mejor fue el artesano grabador. Nos enseñó sus obras, las herramientas, la casa, en fin, un sentido de la hospitalidad como ya no se estila.

Al salir, cruzando el patio lleno de macetas me dijo que quería cumplir con una tradición de allí, que consistía en regalar una ramita de hierbabuena a los visitantes.
Así lo hizo, cortó una ramita que me acompañó el resto del día.

Son estas tradiciones lo que hacen que cada cosa merezca la pena. Me encantó.

Y como procuro aprender de todo, las cosas malas para no repetirlas y las buenas para que no se olviden, he cortado una ramita de hierbabuena para dejarla aquí, para todos aquellos que entren de visita. Que sean bienvenidos y que se lleven algo agradable.

Pero como, soy extremeña, al igual que mi paisano, quien quiera unas matas, tendrá que venir a por ellas y pasar un rato conmigo.  

Para los que no vengan, la ramita, que les acompañe y les haga pasar un buen día como lo pasé yo en Sigüenza. Y sobre todo, para que la tradición se extienda entre los que no la conozcan.







domingo, 27 de septiembre de 2009

EL COLCHON




Hace poco, harta de levantarme con la espalda dolorida, las caderas quejumbrosas y las piernas que no me aguantaban en el primer minuto, se me ocurrió pensar que igual era el colchón. No iba a echar la culpa a los años que me han caído durmiendo en ese colchón . Así que pensando que ya era mayor de edad, le podía echar de casa.

Con la candidez que me caracteriza frente a muchas cosas (mi madre lo traducía por ser más simple que un pez frito), fui a una colchonería. Bueno fuimos, que éramos dos, no iba a pasar por tonta yo sola.

Queremos un colchón. Esa fue la frase mágica. A continuación el interrogatorio en primer grado.
Duro, blando, alto, bajo, con memoria, antitranspirante, antiácaros, de invierno y de verano, de muelles, de látex, de un material nuevo que creo recordar que denominaron como viscolátex natura.
Válgame san válgame, hay que contestar a todo eso?. Tranqui, que hay tiempo.

El que tengo es duro y me castiga cada noche, me levanto baldada.
En uno blando me hundo.
No tan bajo como para creer que estoy en la colchoneta de yoga y no tan alto como para que no me valgan las sábanas.
Qué memoria tiene un colchón?, tiene en cuenta cuándo me doy media vuelta y al día siguiente emite un pitido para que me la dé a la misma hora?. O tiene un sistema vibratorio que me hace cambiar de sitio hasta que me quede en el mío sin invadir la parte de la cama de mi contrario. Pues vaya putada si me lo hace a mí, claro, porque si se lo hace a el, igual me río y tengo más sitio, que últimamente duermo casi en el larguero de la cama.
Antitranspirante…….. pensé que la que sudaba era yo, no el colchón, tendré que preguntar cómo lo hace, porque me imagino que con tantas cosas también podrá contármelo.
Antiácaros. Eso ya me toca la moral. Porque esos bichos asquerosos que nunca vemos y que dicen que conviven con nosotros, yo creo que son parte de la fauna familiar. Y ahora echamos a los viejos y no criamos nuevos. Ay qué tiempos. Fiel reflejo de la vida. Echamos a los ancianos y no cuidamos de los niños. Pobres acaritos y yo que les tenía como confianza. Hasta les dejaba dormir conmigo y todo.
Lo de invierno y verano, gilipollez supina. En invierno con la calefacción hace calor y en verano me voy a dormir a la terraza y para eso tengo que dar la vuelta a esa enormidad que pesa más que un mal matrimonio. Pues necesitaré ayuda, porque sola no me veo en esas.
Y lo que tiene por dentro a mí qué me importa. Acaso le importa al colchón lo que yo tenga por dentro? Si sólo vamos a estar pegaditos, no nos vamos a meter mano ni nos vamos a operar ninguno de los dos.
Y ese material nuevo, mezcla de todo, será chicha o limoná…….

Bueno, venga, ese mismo, ¿cuánto cuesta? ……PALABRAS MAYORES.  Y dicen que duran mucho, anda que hasta que lo amortice, ya puede durar ya.

Pero esto tan “normal” se queda en nada cuando me dice la señora que debería llevarme el protector. Es de fibra de bambú, impermeable como el plástico, pero transpirable, y sóoooooooolooooooooo son 40 euros.
El precio del colchón me lo callo, pero ese protector, como una sábana ajustable 40 pavos y encima pasar por cateta si no te lo llevas, me dejó ni sé cómo.
Porque como yo pienso, si a la hora de dormir la sudaera es en la cabeza, no el resto. El colchón no se queda con el cerco del sudor, la almohada sí, así que a qué viene tanta prevención higiénica. Si es para mi casa, que no es un hotel donde cada día puede dormir alguien distinto.
Pues me dan la solución. También tienen la funda de la almohada. Esa sólo 20 euros.
Al final cargo con todo.
En mi casa me siento idiota. He pagado 60 euros de clavo. Son diez mil pesetas, que suena mucho peor. Tanto cuestan unas sábanas? Es que hace mucho que no compro ninguna y no tengo ni idea.

Al final, ya colocadito en la cama, con la funda maravillosa, mis sábanas bonitas, con su embozo colocado, la colcha guapa, me acuesto y esa noche dormí del tirón.
Sí es cierto que según pasan los días noto que está bien. No me duelen los huesos por la mañana y no le pregunto qué ha memorizado esa noche, no doy los buenos días a los acaritos que ya sé que no están, y procuro no recordar lo que me ha costado para no joder el día tan de mañana.

Y desde luego no echo de menos el colchón de lana que tantos disgustos me dio cuando mi madre me obligaba a hacer la cama una y otra vez porque le dejaba con bultos que parecían las dunas del desierto.

Este es más cómodo, desde luego que sí.





sábado, 26 de septiembre de 2009

OTOÑO DULCE

Ya ha llegado el Otoño. Se han pasado las calores del verano y tenemos la incógnita de cada mañana ¿qué me pongo? ¿qué día hará hoy?. Por si las moscas, me vestiré como las cebollas, a capas, y así me iré quitando cositas a medida que aumente la temperatura. 

Pero hoy es sábado, estoy en casa, y me apetece algo dulce, dulce pero literalmente y qué mejor que unas empiñonadas, bueno en Cataluña son panellets, da igual el nombre, el caso es que aunque se hace más para el día de los santos, yo no tengo nada que ver con el santoral y me apetecía hoy. 

Esa masa superpegajosa que parece mentira que dé tan buenos resultados, se deja manejar por mis manos que la miman. 
No me ha llevado mucho tiempo, y el resultado es espectacular, sobre todo para el paladar. 
No quiero pensar en la cervecita, los granizados, los helados del verano que me han redondeado, no sé si en su justa medida, pero desde luego algo sí. Ya me cuesta abrocharme un pantalón. 
Pero no quiero tener cargo de conciencia y echar la culpa al verano. Aquí todas las estaciones son iguales, vamos que hay que pasarlas, así que cuando llegue diciembre echaré la culpa al otoño de no poder ponerme el vestido ese que se me antojará seguro. 
Pero como no celebro Navidad, tampoco pasará nada, y además entonces la culpa la tendrá el turrón. 
Si es que ser golosa tiene esas preocupaciones. Lo peor es que a mí me gusta el dulce y lo salado. Hay personas que lo tienen más limitado, eso de "yo soy de más de salado que de dulce". Pues qué pena, te pierdes la mitad de los placeres gastronómicos. 
Yo no, a mí me gusta el dulce, lo salado y sin remedio me tengo que aguantar con las amarguras que me tocan y no son pocas. 
Así que venga, a disfrutar con las empiñonadas que están de lujo. 


viernes, 25 de septiembre de 2009

EL BAÑO DE CHOCOLATE




Al elegir el hotel para ir de vacaciones, nos dijeron que había un spa, y a mí, se me vino a la cabeza el baño de chocolate.
Nunca lo había probado, y se me alegró el cuerpito sólo de pensarlo.

Una vez allí, pasaron varios días y ni me preocupé, hasta que ya entre bromas, fuimos a  pedir información.

Muy completita, muy estupendo todo, que me sentaría muy bien, que rejuvenece, (pregunté que cuánto tiempo, y no me lo supieron aclarar), y a continuación el precio. Zas! Como que no, que eso es un lujo oriental.

Pero iba con mi contrario, y no me dejó pensármelo siquiera, dijo que me dieran cita para el día siguiente. Le pregunté si me iba a acompañar. Claro por esas jugadas de la mente, por un momento pensé que quería probar el chocolate “in situ”, aunque le dejaría a el elegir el “situ”, y no, no era eso, sólo quería darme el capricho. En qué estaría yo pensando.

En fin, que al día siguiente, a las seis de la tarde, con mi bañador, mi bolsita con ropa de recambio y con un no sé yo qué, me planto en el spa.

Me acompaña una chiquita muy joven a una cabina. Me hace tumbar en una camilla. Hay una cristalera de cristal esmerilado por la que entra la luz del sol con muchísima fuerza. Entrecierro los ojos y me dejo hacer.

Ana (que ya le había preguntado el nombre) prepara la mezcla en una especie de ensaladera. Se empieza a notar el olor a chocolate, y huele de verdad. No es como esos caramelos, zumos, yogures que dicen que son de cualquier fruta y no se parecen a la fruta de verdad más que en la foto del envoltorio. Aquello olía tan rico que no quería mirar, porque ya me imaginaba metiendo el dedo para probarlo.

Primero me da un masaje suave. Me humedece con una toalla mojada y empieza el espectáculo.

Siento el calor de la crema caliente por el pecho, la barriguita, las piernas, los brazos y me dice que me dé la vuelta. Boca abajo, totalmente distraída noto sus manos en las piernas, en la espalda y el calor que se va metiendo por todos los poros.

Luego es una sensación como de almidonada. El chocolate endurecido me hace sentir que en esos momentos soy un bombón muy especial.

No sé cómo porque no miraba siquiera sentí que me arropaba con una especie de manta térmica. Me dice que voy a sentir calorcito, que me deja sola un rato y aunque ella me hablaba en portugués, entendí algo así como que disfrutara del momento.

Cuando me quedé sola, hubo unos segundos que no sabía qué hacer, cuando estaba claro que no tenía que hacer nada. Y me acordé de Pilar, la profe de yoga. Hay veces que nos dice que pensemos en algo que nos haga feliz, que nos traiga buenos recuerdos, y a eso me dediqué.

Sin darme cuenta siquiera, me venían pensamientos agradables. Recordaba situaciones, lugares y sobre todo personas que me han hecho feliz y que ahora no están conmigo. Pero en todo momento con serenidad, con calma, sintiéndome bien. Después pensaba en otras personas que sí están conmigo, que forman parte de mi vida, Que me rodean cada día. Y, no era premeditado, lo sé, sólo pensaba cosas agradables. Ahora ya, me viene a la mente la frasecita de “tó  er mundo eh güeno”. Porque no saqué ni un solo defecto a nadie. Encontraba maravillosos a todos.

Y entre paréntesis, me recordaba que el chocolate produce un poco de euforia. Algo así debía ser lo que me pasaba. Pero era una euforia tranquila. Otra vez me acuerdo de mi madre, cuando me decía que yo tenía los nervios paraos. Debe ser eso, que hasta con la euforia del chocolate era comedida, con lo exagerada que soy normalmente.

Cuando sentí la puerta y volvió Ana, yo tenía la sensación de que acababa de salir, y al mismo tiempo que habían acudido a mi mente demasiados pensamientos para tan poco tiempo. Claro no era tan poco, llevaba una medio hora allí meditando sin planteármelo siquiera.

Me quitó la manta. Notaba el calor, pero en ningún momento sudé nada. Era seco, agradable. Al decirme que me duchara, me incorporé de la camilla y me ví como una muñeca de terracota. Qué pena de foto se ha perdido la cámara de mi contrario. Y dejé un reguero de trocitos de chocolate en el suelo. Ahí sí que tuve que aguantar la tentación de saborear un trozo.

La ducha parecía que servía de poco. El agua resbalaba pero el chocolate no se iba. Yo acostumbrada a frotarme con los posos del café que me ponen negra del todo pero se me quitan en un plis plas, con aquello me peleé un buen rato.

Al final, claro, el agua es más dura que la piedra y ganó.

Toda limpita volví a la camilla por indicación de Ana. Cogió un frasco con aceite y me empezó a masajear toda con mimo, con cuidado. Ella muy calladita y yo con ganas de charla.

Se me ocurre preguntarle que cómo llaman a la parte interna de los brazos. Por medio de señas le indicó exactamente a qué me refiero, y con ojos de asombro –supongo que debía pensar que se me había subido el chocolate- me dice en portugués que “brazos”, claro, a ver cómo se va a llamar. Y le explico que mi hermana cuenta una broma sobre eso y dice que algunas mujeres tienen murciélagos.

Pone cara de no tener ni idea de lo que digo. Le explico que el murciélago es el pájaro que vuela por la noche, que no es un pájaro, que es como un vampiro pero que no muerde, y entonces comprende lo que le digo.

Dice la palabra en portugués, se parece mucho a la castellana pero no sé cómo se escribe, por eso no la pongo. Pero empieza a reír con ganas. La repite, se ríe. El masaje se ha interrumpido, según se lo va imaginando se va riendo más. De repente coge mi brazo, me mira y me dice que no, que yo no tengo murciélagos, pero coge otra vez el frasco del aceite y me masajea con más ímpetu, precisamente ahí, en los brazos. Nos reímos las dos de buena gana.

Continúa con las piernas, y agradezco sus manos. Mis piernas hartas ya de que yo no las dé un respiro con tanto patear calles, agradecen su suavidad. Al dar la vuelta, recorre la columna vertebral despacio. Los hombros. Otra vez la piernas y me dice que ya está.

Me siento como desparramada. Para levantarme de la camilla tuve que imaginar que me recogía por partes porque estaba totalmente desmadejada.

Y al salir tuve que firmar el papelito para que lo cargaran en la cuenta de la habitación. Menos mal que me habían preguntado el número antes de entrar. La 616, porque si me lo preguntan después no creo que hubiera sido capaz de responder.

Qué horita más estupenda. No sé cuándo repetiré pero desde luego ha sido toda una experiencia de sensaciones agradables.

Luego ya ante el espejo, pues creo que no me habían quitado ni cinco minutos, aparentaba lo mismo. La piel muy suave, eso sí, pero bueno, normalmente no tengo yo una lija, la naturaleza me ha tratado bien. Pero sí que me ha merecido la pena. Bueno, otra vez dicho con comedimiento. La verdad es que me ha encantado. Me ha sentado divinamente, y no dudaré en repetirlo cuando tenga ocasión.



jueves, 24 de septiembre de 2009

ALTIBAJOS

Hoy es un día normal. Total, simplemente 24 de Septiembre. Día de Las Mercedes. (Felicidades a todas). Por la mañana pelea por la ducha, en mi casa hay overboking en el baño a las siete. Como siempre, más usuarios que plazas. Al final, prueba superada, limpitos, a desayunar. Mmmmmm café y fruta qué rico. Luego trabajo, frunzo el entrecejo o pienso en los que no tienen trabajo?. Mejor lo último y así me voy contenta. La mañana tiene de todo, sonrisas, gruñidos, prisas y relax. 
Se acabó, a casa, hora de comer. Bendita siesta y hora de presentar la solicitud para el curso que empieza en la junta de distrito. Espero que me den plaza, me apetece mucho. Si me admiten contaré de qué se trata. 
Café con Rosa y luego tachaaaaaaaannnnnnnnnnnnnn a estrenar las piedras de yoga. 
Estiramientos, concentración y a tumbarse en el suelo. Qué difícil colocarse las piedras por colores. Leche! si no las veo. Al fin lo consigo. Oigo el disco que da la explicación de cada una y empiezo a notar un calor por todas partes,¡ increíble!. chisssssssttttttttttt calladitos que hay que oir lo que explican. Es un rato largo y tranquilo. Noto mucho calor. No sé si son las piedras, si es el estar tumbada en la colchoneta, pero que cuando acaba la historia yo estoy muy pero que muy agustito. 
Si es lo que digo siempre. Da igual a donde vayas, pero pon cuerpo de eso. Se ríe en las bodas, se llora en los entierros y se desestresa una en yoga. Cada cosa con su cosa. 
Y divinamente, oye. 
Bueno, que me falta la cena y el ratito de antes de ir a dormir, con la familia y un buen libro (entendiendo por bueno el que me entretiene, no el que me aburre.