domingo, 28 de agosto de 2011

LA CATEDRAL DE JUSTO - MEJORADA DEL CAMPO

Pasando el verano, tratando de ver sitios que aún no he visto, hace poco fuimos, por fin a Mejorada del Campo. La catedral de Justo estaba por visitar. 
No tenía yo mucha prisa. Hace años que sé que podría haber ido, pero me daba un no sé qué. Supongo que la premonición existe. 
Me encontré con una construcción que desde el primer momento me produjo frialdad. 
Para mí es la obsesión de una persona. 
Según el cartel que explica las razones de esta, para mí, sinrazón, es su entrega a Dios. 
Cada día de trabajo se lo ha dedicado a Dios, y al parecer, no se ha dedicado a otra cosa. 
Todo es material reciclado o sobrante de obras. Son curiosas las columnas. Los moldes han sido cubos de pintura, se han llenado de cemento, hormigón, o alguna mezcla de esas de para toda la vida, y así se han construido esas columnas que soportan el peso de las cúpulas. 
Una rueda de bici, se convierte en polea. Unos cristales machacados serán vidrieras. 
No puedo quitar mérito al trabajo y al ingenio. Realmente, se ve por todas partes. 
Pero me producía inquietud. No me sentí bien. Quería acabar pronto aquella visita. 
No sentía buenas vibraciones, y esas cosas no se planean. 
O estás bien o no lo estás y yo no lo estaba. 
Enseño un montón de fotos, y cada uno que se haga su idea. 
Se puede visitar sin problemas, como algo que no vas a ver en ningún sitio. Pero no creo que yo vuelva. No quiero sentir lo mismo. 


















Y menos mal que me alegró la visita algo tan simple como una incipiente higuera, en un rincón, que supongo que ha surgido sin que la mano del hombre haya tenido que ver. 

 

domingo, 21 de agosto de 2011

PASANDO EL MES DE AGOSTO

El mes de agosto hay que pasarlo. Como todos, claro. Pero no. Este mes es diferente. Mi padre decía que los días de más calor son los de julio, hasta el día de Santiago. Yo no estaba muy conforme, pero no le rebatía su teoría. Ahora que el no está, y que ya no tengo que contradecirle, afirmo que estos días de agosto son tan infernales como los que el decía de Julio, o más. 

Tengo complejo de cubito de hielo. Empiezo a sudar (y eso que dicen de que las señoras transpiran, me da a mí que es una leyenda urbana), y creo que me voy a derretir. Ya me veo formando un charquito en el suelo. 

Yo no sé si ha sido por lo del calor del infierno, o por cuestión de agenda, viene el Papa de Roma a Madrid. ¿de verdad que estaba previsto?, o hay alguien por ahí que se lo quiere cargar, y de paso hacer una purga mundial y convoca a casi dos millones de personas en una explanada al sol. Es que no me lo explico. ¿Cómo pueden organizar un evento así, sin tener en cuenta el clima?. 

A mí me da igual, que venga el Papa, que vengan sus seguidores, o creyentes, o como quieran decirlo. Pero entiendo que es una putada. Los chavales aguantan porque la juventud todo lo puede. Pero desde luego, cuando pase el tiempo y recuerden estos días, lo primero que les pasará por la cabeza será el calor, estoy segura de eso. 

Quizá también tenga algo que ver mi manía de averiguar, antes de ir a un sitio, las condiciones climatológicas. 
Pienso ir a Italia, en breve. Y cambié vacaciones, días, puentes y de todo, para no coger este mes. No me veía yo en Roma, con sombrilla, sin siesta y pasando calamidades, para ver la Fontana de Trevi. Sé que las cosas se pueden torcer y no salir como uno quiere, pero yo pongo de mi parte lo que puedo, para intentar que todo vaya bien. 

Voy a trabajar cada mañana, y lo único que me amarga el día es pensar que cuando salga a las tres, para volver a casa, tengo que subir una cuesta, al sol, ni una sombra chiquita, ni nada. Llego a casa, quitándome la ropa a tirones al entrar,cuando  llego a la habitación desesperada desnuda, me meto las chancletas y poco más. Casi ni salgo hasta el día siguiente. Un horror. Si tengo que salir por algo, es soltando maldiciones y nunca antes de las siete de la tarde.

Y encima me entra el aplatanamiento que esto conlleva. No quiero ordenador, no quiero tele, no quiero nada. De vez en cuando cojo un libro y un abanico. Pero la gata se me sube encima, yo creo que quiere aprender a leer, o quizá ya sabe, porque lleva mucho tiempo haciendo lo mismo, y acabamos las dos sudando malamente. 

No pierdo la esperanza, para cuando sea mayor, de poder escapar de aquí como las señoras de antes, "a veranear", los tres meses de calor, y siempre pienso en Asturias, Galicia y Portugal. Sé que no por mucho desear las cosas, estas se consiguen, pero no se me va de la cabeza. El Atlántico y el Cantábrico. No me bañaré, pero el poder pasear con una chaquetita en julio ¿qué?. Una gozada. En fin, de ilusión también se vive. 

lunes, 8 de agosto de 2011

PARQUE EUROPA




Está en Torrejón de Ardoz. Tampoco lo conocía, pero con el tiempo que hace, no se me ocurre un sitio mejor para las tardes-noches de fin de semana, que ponerme al día en los parques nuevos. 

En este han hecho réplicas de los monumentos más importantes de ciudades europeas. Hice fotos, mientras pude, al llegar la noche, guardé la cámara. La opción de oscuridad, está en mi cámara pero no en mis entendederas, así que sólo las de luz natural.
Es curioso pasear por allí. Hacía buena tarde y había mucha gente. Se pueden oir otras lenguas y supongo que resultará curioso para cada uno de ellos, buscar el monumento que representa a su ciudad. 
Yo miraba embelesada todas. El reloj de la Puerta del Sol, y la Puerta de Alcalá están muy logrados. 
Casi que hubo que hacer turno para sacar al David. Ese mocetón saca sonrisas, y las jovencitas y las abuelas, no se pierden la foto con el. Pero si, como yo, lo quieres retratar a el solo, casi que tienes que pedir un huequito. Qué ansiosas. 



La Puerta de Brandeburgo a la entrada, impresiona un poco, pero donde estuve un buen rato mirando, fue al trozo del muro de Berlín, eso no es una réplica, es de verdad. Tan sólo un trozo de hormigón, con hierros y grafitis, pero qué sensación más extraña. 




 La Torre Eiffel, me parece de juguete, supongo que como todo lo demás, pero me hizo ilusión verla por la noche llena de bombillas. 
Precioso el Puente de Londres, me parece chiquitito, pero como no he visto el original, pues vale así. 
Me gustó la torre de Belem, de Portugal, y es otra que me apunto, porque tengo intención de ir muy pronto. 

Y la Fontana de Trevi, me hipnotizó un rato, estuve muy pendiente de ella, porque esa sí que me espera en Roma, pronto, pronto. 










 Y aunque más de una vez me han dicho que tengo salidas de jaca jerezana y paradas de burra manchega, no puedo dejar de hacer referencia a la cena. 

Sólo hay una cafetería y allí éramos muchísimos con ganas de cenar, por supuesto antes del espectáculo de luz y sonido de las once. 
Un camarero en la barra, desesperado, porque le llevábamos loco entre todos. El pobre, pidiendo los bocatas -porque al final, no se podía pedir otra cosa- con la pantalla de su ordenador, y así, acumulándose un pedido detrás de otro. Hasta que dijo que ya no se podía más. Que la cocina no daba más de sí. 
No entendimos bien lo que eso quería decir, al principio, pero vamos que la bombilla se nos encendió en un pispás. 
Los bocatas saldrían por riguroso turno, claro, entendiendo que se refería a los que estaban sentados en una terraza enorme con no sé cuantísimas mesas, y los que estábamos dentro, con la esperanza de que nos tocara antes. 
Entre bromas y cervezas, nos pasamos hora y cuarto de reloj esperando. Ya nos daba igual, estábamos cerca de la fuente, teníamos hambre y estábamos lejos de casa. El resultado fue ESTOOOOO. 





Me acordé de EL BRILLANTE en Atocha. Calamares de lujo. Y sobre todo me acordé de mi madre. Prometí en alto, que no volvería a salir a un sitio así con las manos en los bolsillos. Llevaré mochila y como hacía mi madre, de todo, bocatas, fruta, dulces y por supuesto, el termo de café. 




sábado, 30 de julio de 2011

PARQUE DE LA ARGANZUELA

Ya he podido pasear por el parque de Arganzuela. 

Tener memoria, la mayoría de las veces es un castigo. Y en este caso pues más o menos. 
He podido disfrutar del parque, pero mirando con otros ojos, porque en mi memoria permanecen los recuerdos de lo que fue antes de parque, y no muy agradable. 

El río era la cloaca de la ciudad. Algo pestilente. No había quien se acercara, además insano, con toda seguridad. Fue el Alcalde D.Enrique Tierno Galván, por los años 80, quien se encargó de depurar el agua, canalizar el río adecuadamente, y lipiarlo. De modo que ya se convirtió en algo no desagradable, aunque aún no llegaba a la obra faraónica de ahora. Todo era cuestión de tiempo. Y parece ser que ya era el momento. 

Bonitos y cómodos puentes, permiten cruzar de un lado a otro, admirando el parque y respirando aire fresco, que con estos calores, se agradece de verdad. 


 Estas construcciones albergaban el Mercado de Legazpi, y el Matadero Municipal, y los establos de ganado lanar o vacuno, como bien indica el cartel, será para no confundir una oveja grande con una ternera pequeña. 
Al mercado llegaban los camiones de todas partes, cargados de mercancía para abastecer la ciudad, y era una constante amenaza para los jóvenes. "O aprendes un oficio o acabarás descargando camiones en Legazpi". 
Viéndolo ahora, quién lo diría. Lo prefiero así. El mercado central ahora, es MercaMadrid, y aunque también hay que descargar camiones, hay más medios mecánicos para hacerlo, que entonces, que todo era fuerza humana -se podría decir fuerza bruta, pero no es cuestión de molestar-. 
Pasar cerca del matadero, sin taparse la nariz, era echarle valor. Realmente nauseabundo. No sé qué medidas de higiene se seguirían entonces, pero yo que era pequeña cuando pasé por allí, sólo sé que no me gustó nada. Era uno de esos sitios para evitar siempre. Ahora es una escuela de arte dramático y creo que ha ganado mucho. 






Este puente es la estrella del Parque. La iluminación nocturna es una gozada, pero de eso no he podido hacer fotos. Espectacular, misterioso. Cuando ví dónde se sujetaba, pensé para mí, que espero que el ingeniero haya hecho bien los cálculos, porque es tan etéreo que pienso que en cualquier momento se va a doblar por el centro. Y eso que cuando estás cruzando se tiene sensación de firmeza absoluta. Muy curioso y bonito. 

Ya sabemos que en Madrid no hay playa. Pero han repartido charquitos de estos, a modo de palangana, para poder refrescarse con los chorritos que brotan del suelo y tumbarse en el césped. Nada puede sustituir a la playa, eso está claro. Pero mitigar los sofocos así, con agua corriente, pues es de agradecer. No los probé, porque ni mi vestido ni mi calzado eran los apropiados, pero la próxima vez, y no será tarde, iré preparada. Me mojaré y tomaré el sol, que para eso lo han hecho. 

Y la última sorpresa, fue al salir. Del puente ese espectacular, dejamos el parque por la puerta más cercana, que sale al Paseo de Yeserías. Yo no tenía ni idea. Desde dentro pierdes un poco la orientación con respecto a la ciudad, puesto que allí todo está alrededor del río. Pero cuando veo la calle, se me pasó por la cabeza, que allí estaba la antigua cárcel de mujeres, de triste recuerdo. 

No sé si era el mejor sitio para hacer el parque, o está hecho a propósito para sacar de las cabezas de los que tenemos memoria todos aquellos recuerdos desagradables. 

Me gusta como está, creo que han hecho un buen trabajo, han aprovechado el terreno, el río, han dado la vuelta a todo lo que se podía, y han hecho una maravilla. Ahora sólo queda cuidarlo y enseñarlo a todos los que quieran venir. 

Merece la pena. 

lunes, 25 de julio de 2011

Y SIGO TENIENDO UNA GATA






Pues sí, por aquí anda la gatita. Ya cumplió tres años, es lo que se considera edad adulta. Y tiene las manías que tenemos los demás. Pero por muy lista que ella se crea a mí me engatusa pero no me gana. 
Hace ya tiempo que después de cenar, y tiene la hora cogida, como los niños, se me pone delante, maulla, despacio, pero como mandando, y ya sé lo que quiere. Es la hora de salir al rellano. Abro la puerta y pasa revista a los felpudos de las otras puertas. Se afila las uñas en ellos, y menos mal que me llevo bien con las vecinas. Pero ya me veo comprando los próximos para todas las puertas. 
Luego ya, entra en casa y como si nada. 

He acabado por comprar ese de la foto para ella sola. Lo he puesto en la terraza y que haga lo que quiera, que se afile las uñas o que se lo coma. 
El año pasado, en verano, tuvo la genial idea de pasarse una noche a casa de la vecina. Se les subió a la cama, mientras dormían, y les dio el susto de su vida. No me extraña, si me pasa a mí, me oye todo el vecindario del grito que pego. 

Cuando mi amiga me lo dijo al día siguiente, no hubo problema, le dije que cerraría la terraza y si la gata pasa calor, que se fastidie por alcucera. Y así fue. 
Cada noche, sobre las 11 cierro la terraza, y a sudar tocan, por culpa de este bichejo, y no me vale lo de que no saben, que de día no pasa, que ellos no están y las puertas están cerradas, y lo sabe, porque no hace ni intención. 

Este verano, no quería encararlo igual, así que encargué unas mosquiteras. Las pongo en la ventana, y solucionado. Pero había que haberla visto el primer día. Eso de que entrase el aire pero que no pudiera sacar la cabeza la descolocó. Tocó el artilugio, se volvió hacia mí, y soltó un maullido inquisitivo, algo así como "¿pero qué es esto?". Yo se lo expliqué. Que sí, que se lo explico clarito, y lo debió entender, porque me puso la cara de esfinge, se dio la vuelta y se fue a su cuarto, que desde que se fue mi hijo, ese cuarto ha pasado a ser el de ella, sin pedir permiso. 
Yo creo que ella no tenía ganas de discutir y por eso se fue tan tranquila. Pero me la tenía guardada, la muy bribona. Cuando me he levantado esta mañana, la malla de la mosquitera estaba colgando, y las gomas que la sujetan estaban en el suelo, sirviéndo de juguete. 

Por supuesto que la he regañado. Y por supuesto que me ha ignorado. Pero a cansina no hay quien me gane. Así que me he pasado todo el día cepillándola el pelo. Se tumbaba, pues allí estaba yo, cepillo en mano. Al final, no sé si he ganado, o hemos quedado en tablas. Ante mi insistencia, al final se tumbaba panza arriba, panza abajo, así como cuando nos pica la espalda y pedimos a alguien que nos rasque, por ahí, ay sí, más arriba, no, no, más abajo. Pues más o menos. 
Pero está súper peinada, porque ya que la veo decidida a salir de casa, de todos modos, pues como decía mi madre, sin peinar, ni se te ocurra. Y es una gata, ya lo sé, pero como vive en casa, tendrá que respetar las costumbres de casa. 

Yo he vuelto a poner la mosquitera, lo que no sé es qué pasará esta noche. 


jueves, 21 de julio de 2011

TENGO UN COJIN VINTAGE


  

En todas las casas hay algo que no nos gusta, y no hay forma de deshacerse de ello.  Eso me pasa a mí con un cojín. 
Hace años, se presentó en la casa del pueblo la Tía Teresa con dos cojines que había hecho la mujer con todo el cariño y esmero del mundo, para mi madre. 
Yo al verlos no me atrevía ni a preguntar. Me parecían horrorosos. No me gustaba la forma, ni el color. Sólo diré que estaban muy bien hechos porque para eso la Tía Teresa era única. 
Mi madre dio las gracias, encantada. Y cuando nos quedamos solas le pregunté que si en serio iba a poner aquellos adefesios en casa. 
Pues claro, había que ponerlos. La Tía era la hermana de mi abuelo. Había criado a mi padre y ejercía de abuela con nosotros. Así que había que ponerlos bien a la vista. Hala, en el pasillo de casa, en las dos mecedoras, bien placenteros, que los viera todo el mundo. Ya teníamos cojines.
Los odiaba. No tenía ningún reparo en dejarlos en el suelo para tumbarme en la mecedora. Me daba igual si se manchaban, estropeaban o lo que fuera. Éramos incompatibles.
Pasaron años. La Tía Teresa murió. Y yo pensé que mi madre quitaría aquellas cosas. Pero no. La Tita María –hija de la otra señora- también venía por casa, y no estaba bien que mi madre quitara los cojines de la vista. 
No puede ser. Tendría que seguir viéndolos. 
Cuando mi madre muere, los guardo en un armario. Ya sin contemplaciones. Se acabó tenerlos por medio. Y por mí los hubiera tirado, pero como mi hermana no les hacía tantos ascos, pues se quedaron en el pueblo. 
Va mi hermana y me dice que se trae uno, que ahora son vintage, que son lo más, y que ella le quiere. Digo que no, que por lo que más quiera, que se traiga los dos, que me los quite de en medio de una vez. 
Y mi hija dice que de eso nada. Que a ella le encantan y que quiere el suyo, y que de dejarle en el pueblo nada, que en cuanto vaya, se lo trae. 
En Semana Santa voy al pueblo, mi hija también, y las dos peleando con el puto cojín, yo a a que no y ella a que sí. 
Me vine primero, ella después. Y entre risas, bromas y gracietas, me enseña el horror de los horrores. Lo coloca en su cama y más contenta que unas pascuas. 
Me sentí fatal porque sabía lo que iba a pasar pronto. 
Mi hija murió a los pocos meses. Y el cojín se quedó encima de su cama. 
He cambiado el cuarto, he movido cosas, pero le miro y soy incapaz. No sé qué hacer con el. No puedo tirarlo. Lo guardé en un armario, pero cada vez que tengo que abrir la puerta, sé que me lo voy a encontrar. Es como si se burlara de mí. 
Y otras veces, lo miro y me río. Pienso que es mi karma. Algo que no me gusta pero que me va a acompañar toda la vida.
En alguna ocasión me he puesto a mirarle, tratando de verlo con los ojos de mi hermana y de mi hija, a ver por dónde andaba tanta hermosura. 
Pero qué va, no hay forma. No me gusta nada.
Y seguirá en el armario, como tantas cosas que no soy capaz de tirar, a sabiendas de que no me gustan, de que no me sirven, de que ocupan sitio, y que por otra parte, pues algún estorbo tendremos que tener. 
Me trae tantos recuerdos, de una, de otra, de otra, de todas esas mujeres que han hecho que yo sea como soy, que creo que tiene su mérito, así que TENGO UN COJIN VINTAGE. 



lunes, 18 de julio de 2011

YO NO TENGO UN AUDI NI UN BMW NI UN MERCEDES

Desde hace muchísimo tiempo me pregunto qué pasa con los conductores de estos coches. Son así, y por eso se compran estos bugas, o se compran los bugas y se vuelven así?
Los temo. En ciudad, en carretera, da igual. 
Ir a la velocidad que sea, y que de repente te pase alguien como si fuese un avión, miras y ya está, es uno de esos. 
Que pueden correr, ya lo sabemos, pero ¿están obligados a hacerlo?
Te metes en una rotonda, y al llegar a la siguiente intersección, que se supone que el que viene se va a parar, pues como sea uno de esos, ya puedes ir pisando el freno, porque ellos no lo van a hacer. 
Vas caminando y llegas a un paso de cebra, miras, y lo mismo, cualquiera se para, ellos no. 
A veces pienso que es una obsesión y que no siempre es así, pero no falta el listo que me lo confirma, en ná, al ratinín. 
Me pregunto  si ellos se rigen por otro código de la circulación. 
Porque reconociendo que son unas máquinas magníficas, tampoco hay que desmerecer a otros, que también son estupendos y con capacidades similares, y sin embargo sus conductores no se comportan igual. 
Trato de ignorarlos. Trato de ver coches. Pero cuando la pirula es evidente, entonces sí que me fijo, y pocas veces falla. Es uno de esos. 
Quizá sea una paranoia mía, pero de verdad que me resultan incómodos y creo que son peligrosos, y osados, sin tener en cuenta que no son los inmortales, que un porrazo es para todos y que también pueden hacerse daño. 
Aclaro, que no es que me hagan las picias a mí y por eso los tenga manía, que no es eso, voy más veces andando que conduciendo, pero los veo, y arman cada una que tiembla el misterio, aunque yo esté en el paso de peatones, paradita, al otro lado de la calle. Siempre son ellos, y no es siempre a mí, es que son así de chachi-guays. 
Y si un día tengo que cambiar de coche, sé bien que no me compraré ninguno de esos, no me apetece entrar en ese club.