Esto de arriba es el teatro romano de Cartagena. Nos contaron que lo descubrieron hace unos treinta años. Antes era un barrio de viviendas. Poco a poco las fueron expropiando y dejando al aire esta sorpresa. Ya se suponía que en Cartagena tendría que haber edificios importantes de los romanos, pero no era fácil empezar a buscar, simplemente porque no se conocía la ubicación. Hasta que, como siempre, por casualidad, apareció el dintel de una puerta del teatro, y a partir de ahí, una gozada absoluta. Cuando el guía dijo que tenía exactamente un metro menos que el de Mérida, me quedé pensando. Un metro?, entonces tiene que ser una barbaridad, y así fue exactamente. No cogí el metro, desde luego, pero a ojo, se aprecia que es un señor teatro.
Las estatuas y capiteles que han ido apareciendo, se han expuesto, y "casualmente", el museo es también de Moneo, como en Mérida.
Vamos que me sentí como en casa. Una maravilla para todos y una suerte para los Cartageneros.
A mí me alegran estas cosas.
Este es el de Mérida. Desde pequeñita he ido muchísimas veces, y cada vez lo veo mejor. La primera vez que fui, las columnas estaban en el suelo. Lo han ido reconstruyendo. Siempre que pueden, con los materiales originales, y si no, pues con algo que se le parezca. Menos la grada, esa sí que no. Eso es cartón piedra. Yo sé que de alguna forma había que hacerla para poder utilizarlo en las representaciones de teatro clásico, pero aquello suena como un tambor cuando vas pisando la grada, y siempre temes que se te vaya a meter el pie. Y la justificación es más que lógica. Se conservan las piedras originales que componían la grada, sí. Pero son las que utilizaron los musulmanes para hacer la alcazaba, a la orilla del río. Se conserva estupendamente, y no van a desmontar esa joya para restaurar la grada. Así que bueno, vale, da el pego.
Pero este mocetón, sólo está en Mérida. Y desde jovencita, me enamoré de el. Es mi novio, siempre que voy a Mérida, tengo que ir a verle. Sé que el me espera, y yo le quiero.


