jueves, 17 de junio de 2010

FUTBOL - HUELGA- DENTISTA-ETC

Se amontonan las cosas de nada.
Llevo una semana más liada que un ayuntamiento, y eso para nada.
Domingo 13, San Antonio, pues de verbena nada. Con lo que me gustaba a mí ir a las Vistillas. Hasta la mano en la pila de los alfileres llegué a meter una vez. Pero como soy tan brutita, se me prendieron demasiados alfileres. No volví a ir. Si ya es complicado tener un novio, no quería mirar los alfileres. Mal rollito aquel.
Así que verbena no.

Conversación de lunes habitual en todas partes: Partido de fútbol. Yo pensé que sería la reforma laboral, pero ¡qué va!, eso se menciona de pasada. Pero no porque no importe, si no por la resignación. Algo así como del partido disfrutaremos o puede que no, pero de lo otro no nos libramos y sin posibilidad de elegir.
Así que conversación interesante, tampoco.

Miércoles, a las cinco de la tarde -hora taurina-. La calle solitaria, ni un alma, yo pensando ya que los sindicatos habían convocado la huelga general y yo en la parra, sin enterarme. Y ¡qué va!, ni mucho menos. Era la hora del partido.
Huelga, tampoco.

Dentista. Me mira, y me da unas noticias flipantes. "Cree" que el flemón de hace días era porque ....... bueno un rollo, el caso es que quiere realizar una serie de operaciones de esas de ingenieros por lo de puentes, reconstrucciones, historias, vamos que no sabía cómo fastidiarme las vacaciones y ha decidido que la mejor manera es metiéndome mano en la cartera. Más de dos mil pavos. Y eso sólo porque "cree" que.... es que en la radiografía no se ve bien del todo....
Pues otra vez ¡Amos anda!. Que no me queda más remedio que pedir otra opinión que para que me hagan pupa seguro que encuentro candidatos.
O sea que otra vez, tampoco.

Y estamos a jueves, pues como siga así la semana, que no me pase ná.

Ya sé que hay siglos que no está una para nada. Pero esto es una confabulación. Sobre todo cuando al salir del dentista veo los caretos de la gente, y saliendo un poco de mi mundo pregunté que qué pasaba, y encontré la explicación a todos los males:
LA SELECCIÓN ESPAÑOLA DE FUTBOL HABÍA PERDIDO CONTRA SUIZA.

Horroroso, vamos que eso fue lo peor de toda la media semana esta que llevamos.

Que me voy a por el finde y como decía mi madre "mañana será otro día y verá la tuerta los espárragos.

domingo, 13 de junio de 2010

LUZ Y FUTURO

Pienso en la luz. ¿qué me sugiere la luz?.

Cuando nace un bebé siempre oímos la expresión “dar a luz” o “alumbrar”. Más claro?. Es el futuro sin más. ¿Qué le deparará la vida a ese recién nacido?. No tenemos ni idea. Sólo queremos desearle lo mejor. Que tenga una buena vida y que sea muy feliz. Es algo que está por venir, y que nuestros buenos deseos quizá no se cumplan, pero es una promesa de futuro. Todo por hacer, y eso sólo por llegar a la luz de ese nacimiento.

En la noche, si no estamos de fiesta y bien acompañados, ¿acaso no esperamos la luz del nuevo día?. No sabemos qué traerá esa luz pero está por descubrir. También es futuro. Ver amanecer es el mejor espectáculo inventado, y por supuesto, como todo lo estupendo es gratis. Esa luz nos llena de esperanza. De deseos de cara al día que empieza, y normalmente, en esos momentos no pensamos que ese día terminará y volverá la noche. Sólo disfrutamos del espectáculo y empezamos a vivir el día.

Durante varios años viví en una casa sin luz eléctrica y siempre en casa hacíamos planes. Cuando tuviéramos luz tendríamos tele (los niños). Lavadora (mamá). Taladradora (papá). Y cuando ya por fin nos conectaron a la red, todo eso fue posible. Eso sí que era el futuro.

Cuando la vida se nos tuerce y todo va al revés de lo que queremos, decimos que es una noche oscura, y pasan días y noches seguidos y no los distinguimos, sólo queremos que salga el sol de una vez. Pero esa expresión es un deseo claro de un futuro. De un cambio. Queremos que pase esa situación.

Cuando alguien es torpe en algo concreto o en general, decimos que “tiene pocas luces” y a continuación la expresión de que “en esas condiciones tiene un futuro muy negro”. Realmente no es así. Ni los muy tontos ni los muy listos dejan de comer cada día. Cada uno se hace su vida según las condiciones que le acompañan, así que desde hace ya tiempo no cuestiono las luces o los apagones de nadie. Prefiero elegir con quién relacionarme dependiendo de cómo me sienta con ellos, y esperando que me acepten con las luces y apagones que me acompañan, porque como no puedo elegir, ni contratar más potencia con ninguna compañía eléctrica, pues tampoco pretendo más. Pero mi listón lo tiré hace tiempo para no pensar en si estaba alto o bajo. No es cuestión de subir o bajar a la gente de ningún sitio. Somos como somos.

Sin hacer ningún esfuerzo miro al futuro, y siempre pienso en que sea claro, que pueda distinguir las cosas que quiero hacer con claridad. Tener las menos dudas posibles, y sé que me puedo equivocar pero asumir las equivocaciones como algo que va abriendo puertas para elegir lo que mejor me pueda sentar. Y otra vez lo de la Claridad.

Aparte de las religiones que nos prometen un cielo luminoso al morir, asocio la muerte a la oscuridad absoluta. Lo de la vida eterna no lo tengo yo muy claro. Y pienso en el final de todo en una tumba oscura. En una eternidad a oscuras. No me da ni frío ni calor. Sé que es así. Pero por eso mismo, ahora que estoy viva quiero LUZ.

Luz artificial, con lámparas halógenas. Luz natural con un sol cegador cada día. Luz espiritual que me haga sentir tranquila.

Siempre van asociados LUZ-FUTURO. Y yo no quiero un futuro negro, que para eso tengo un pasado como todo el mundo. Aunque el de algunos es más negro que el de otros. Quiero un futuro resplandeciente, luminoso, brillante, que me haga sentir bien y lo de menos es que sea largo o corto, sólo reluciente como los ojos de mi gata.


viernes, 11 de junio de 2010

EL RETIRO

(No es esta foto, pero sí el mismo sitio y el mismo día)




Hoy he ido con mi hermana al Retiro. Teníamos que recoger un libro. Es el resultado de un proyecto del Ayuntamiento de Madrid, de hace unos años.
Un día, mi hermana se enteró de que el Ayuntamiento quería hacer una exposición con fotos aportadas por quien quisiera participar, hechas en el parque del Retiro.
Y como allá por los años 60 nuestros domingos transcurrían en ese parque, con cesta de mimbre, con merienda y lo que hiciera falta para pasar el día. No se le ocurrió otra cosa que comentárselo a mi madre.
Entre las dos pasaron revista al montón de fotos que había en casa. Unas malas y otras regulares.
Todas habían sido hechas con la máquina Agfa que el hermano de mi padre le trajo de Alemania. Todo un lujo para la época.
Al fin, eligieron varias y las mandaron al organismo que se ocupaba de aquel proyecto.
Al tiempo, contestaron que habían seleccionado una. Se ve a mi madre sentada en el Paseo de las Estatuas. Al lado de una de ellas, en el césped.
Esto sirvió de guasita, porque mi madre decía que mi padre era más guapo, pero la habían elegido a ella.
Hace tiempo de esto, y lo habíamos dejado de lado, pensando que con la crisis, no seguirían con el proyecto.
Pero al final, en lugar de una exposición, decidieron recopilar las fotos más representativas en un libro.
Cuando llaman a mi hermana para invitarles a la presentación y para que puedan recoger el libro, por la colaboración, ella comenta, que desgraciadamente mi madre ha fallecido hace dos años, y sin cortarse ni media, pregunta que si hay posibilidad de conseguir un par de libros más ya que somos tres. Y amablemente, le dicen que sí, que dadas las circunstancias, podremos tener uno cada uno, en vez de rifárnoslo, ya que, de momento, no se puede comprar.
En fin, que hoy hemos ido a por el.
El libro es precioso. Todas las fotos desde 1.900 hasta ahora. Curiosísimas. No son de estudio, ni de profesionales, son como la nuestra, de casa.
Y claro, queríamos ver la nuestra antes que ninguna. Página 53. Aquí está. ¡qué guapa!, ¡qué joven!, ¡qué ilusión le hubiera hecho!
¿Quién nos lo iba a decir, en el año 1965?.
Y había que oír a mi madre cuando decía que era una de las pocas fotos en que mi padre le había sacado bien.
No puedo escanear el libro por el lugar que ocupa la foto, cerca de la guarda. Trato de buscar la foto, y esa precisamente, no la tengo. Claro, tonta de mí, la tiene mi hermana, que fue quien la llevó para que la copiaran. Así que no puedo enseñarla ahora. Pero la conseguiré, por supuesto que sí. Y la pienso enseñar.
Sé que no tiene demasiada importancia para nadie. Pero para mis hermanos y para mí sí. Sobre todo porque no se trata de un recuerdo de antaño. Mi madre está presente en las cosas de cada día. Buenas y malas, la nombramos muy a menudo, por su manera de ser, y porque sin pretenderlo, y sin querer evitarlo, cada vez nos parecemos más a ella. Supongo y espero que nunca la igualaremos. Tenemos que ser nosotras mismas. Pero sí que nos vemos reflejadas en ella en muchas cosas.
Pero vamos, que no creo que yo salga en ningún libro editado por nadie, en ningún archivo histórico, ni nada eso.
Pero sé que a ella le hubiera encantado este libro.

domingo, 6 de junio de 2010

SOY UNA SABANA DE HILO




Se puede preguntar a cualquiera dónde ha nacido, quiénes son sus padres, cuántos años tiene. Pues a mí igual, conozco mi historia perfectamente. La he oído relatar muchas veces y por eso la cuento, presumiendo, como corresponde a las cosas antiguas y de bien.

Un labrador –que no jornalero- decidió un día que un pedacito de su tierra tenía que servir para sembrar lino. Tenía varias hijas y quería para ellas el mejor de los ajuares. Y así lo hizo. Eso ocurría más o menos por el año 1900.

Al poco, sus hijas, hijas de labrador bien criadas, hilaron el lino que su padre recolectó, para llevarlo al telar y obtener la tela más fina que por entonces se tejía. Y a partir de ahí, un no parar. Encajes de bolillos, puntillas de ganchillo, y otras labores para unir y adornar las piezas más hermosas que las manos de una mujer pueden crear.

De las manos de una de esas muchachas salí yo. Con una vainica primorosa, con dos costuras a punto de incrustación para unir bien las tres piezas que me convertirían en una sábana cumplidita para las camas de entonces, estrechas y altísimas.

Fui parte de su ajuar y me utilizó mientras pudo. Eso acabó en 1939. De haberme dejado, hubiera podido ser su sudario. Pero dadas las circunstancias que se dieron, no pudo ser.

Su cuñada, cuidó de su hijo y de su ajuar. A su hijo le trató bien. Y a mí, supongo que también. Decidió que lo mejor para mí sería guardarme en un baúl, hasta que su hijo o la nuera me rescataran.

Cada año, me sacaba del baúl, me aireaba y se aseguraba de que no hubiera sufrido ningún desperfecto, y así pasé casi 20 años. Dobladita y sin servir a nadie.

Cuando el hijo de mi hacedora se casó, se llevó el ajuar de su madre. Pero su mujer no quería utilizar aquellas maravillas, pensando que un día tendría hijas y que a ellas les gustaría disfrutar del ajuar de su abuela. Seguí guardadita, viendo la luz una vez al año, igual que antes, otros 20.

Pero cuando llegaron las nietas. ¡Qué trahin!, esas sí que me dieron caña. Además que no tuvieron respeto ninguno. Me colgaron de una barra y serví de cortina. Parece ser que ahora las sábanas son de otros tejidos más suaves al tacto y más fáciles de planchar. Más blancos no, eso desde luego. Yo era la cortina más bonita de todas las ventanas del barrio.

Serví para colocarme sobre el sofá en verano. Las tapicerías de los sofás dan mucho calor y yo no. Yo soy fresquita y agradable.

Y lo último ya, me ponen sobre una cama, a modo de colcha, que pudiera valer, pero no para ser la colcha en sí misma, sino porque mi dueña actual, la biznieta del labrador, tiene una gata. Como no quiere compartir con ella las sábanas industriales esas que se gasta, me pone a mí como protector.

Y la gata que es más lista que ella, se sube encima de mí, se encuentra cómoda, fresquita y cuando me quitan de la cama por la noche, allí que va la gata conmigo. Mira que me tiene cariño ese animal.

He de decir, que no me molesta en absoluto. Me deja pelos cuando se revuelca, pero con una sacudida se quitan. No se me pega nada. Y si mi dueña decide acostarse, cuando estoy recién lavada, limpita y sin restos de gata, la tapo con mimo. No le doy calor. Le gusta.

No sé qué pensarían de esta situación mi hacedora y su padre. Pero yo estoy encantada. Me airean, me lavan en un cacharro que yo no conocía y acabo como si saliera de una montaña rusa. Me planchan poco para no machacar mi fuerte urdimbre y creo que les sirvo un poco a todos.

A mis ciento y pico años quién me lo iba a decir. Me conservo divinamente, y eso lo sé, porque tiene por ahí una toalla de mi quinta, puede que las dos saliéramos de la misma pieza, que me saluda de vez en cuando y que también está encantada, aunque el destino de esa ha sido servir de camino de mesa. ¡Presumida!, todo el mundo que viene a casa se fija en ella. Pero a mí me saluda y con eso me vale, no es una estirada. Al fin y al cabo, somos un poco hermanas.





jueves, 3 de junio de 2010

PANTANO DE ORELLANA



Hace muchos años, cuando la gente que ahora se queja de la crisis ganaba dinero a espuertas y se iba al Caribe de vacaciones. Yo me iba a mi pueblo, porque como en casa siempre hemos vivido de nuestros sueldos, la crisis vivía con nosotros.

Un lugar estupendo para mí, era este. El pantano de Orellana. Me he quemado los pies en sus playas de cemento. Hemos comido en el restaurante de la escuela de restauración, sin estar seguros de si éramos clientes o conejillos de indias. Hemos ido al merendero, cargando con bolsas, neveras, y por supuesto tortilla de mamá y morcilla patatera.
Una de las anécdotas mejores que recuerdo, fue un mes de julio de calor extremeño. Todos cabreados en casa, y sin saber porqué. Me dio por decir que era la calor, y que yo me iba al pantano. Estaba nublado y amenazaba lluvia. Me tomaron por loca. Metí a los críos en el coche, se animaron los demás y nos fuimos a ver si llovía, y por primera vez nos bañaríamos bajo la lluvia.
Se nos pasó el calor y el mal humor. Ese pantano estaba allí, enterito a nuestra disposición. Aunque siempre lo tratamos con cariño, con respeto y con un poco de miedo por lo inmenso que es.

Hoy oyendo que le han dado la bandera azul como primera playa de agua dulce, tengo sentimientos encontrados.
Lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido "se jodió el quinqué". Sé bien que cuando las cosas salen en la tele, se deterioran. De pronto un montón de gente decide que quiere conocer eso, y se amontonan. Este año, creo que no iré ni en julio ni en agosto. No quiero pasar malos ratos. Allí siempre había sitio para todos, y ahora, me temo lo peor.
Y por otra parte, me alegro por ellos. Ya está bien que se reconozca que aquel sitio es precioso, y que no tiene nada que envidiar a muchas playas. Y además dará gusto a todos esos macarras que dicen que irán a la playa cuando la asfalten. Aquella es de cemento. Puro, calentito, sin una chinita. Venga ánimo, a ver si despejan Gandía y cambiamos una por otra, que yo puedo ir por allí en octubre, que me gusta también.
Pero en cualquier caso, por si se decide alguien, puedo asegurar, comprobado un año, tras otro, que es un sitio genial.




Actuaciones en este escenario. Por la noche, luces en el agua, y sonido al cielo. Y cuidadito que puede acabar en remojón.



Así la he visto y disfrutado, con mi gente. A partir de ahora...

Se escucha el silencio y se saborea la calma. Sienta bien al cuerpo y al espíritu.



La magia de mi contrario y las maravillas del fotoshop me han vuelto transparente, pero la sombra permanece, que es lo importante.

FERIA DEL LIBRO

Me gustaba ir a la feria del libro, pero por cosas, llevaba ya sin ir varios años.
Hoy tocaba ya. Desde Atocha hasta El Retiro, no hay mucha distancia, pero es cuesta arriba y hoy hace calor.
El calor de Madrid. De asfalto caliente. Seco. Menos mal que como yo soy de las de antes, no me molesta el abanico en la mano. El más fresquito, el que más me gusta, el que elegí en Córdoba y me lo regalaron. De madera de níspero. Precioso. Pues ese me ayuda a subir la cuesta.
En el Retiro, un paseo bajo los árboles, grandes, viejos, y con una frescura maravillosa.
Las casetas de los libros. Aquí ya, cuidadito. No puedo pararme en todas, porque entonces necesitaría, por lo menos el carro de la compra para llevarme todos los que me llaman la atención. Y el agujero en la cartera sería más grande que la cartera en sí misma.
Paseamos por el centro y miramos como de lejos. Me acerco a alguna, hojeo el libro que me llama la atención, y sigo adelante. Tomando nota mentalmente -con la esperanza de que se me olvide alguno- de los libros que tengo que ir leyendo. Tendré que comprarlos, pedirlos prestado, sacar de la biblioteca, como sea, pero poco a poco, que de golpe mejor no.
Por último he comprado uno curioso, me ha costado 9 euros, tiene 130 páginas. Me he levantado de siesta, lo he cogido por banda y al cabo de una hora, ya me lo había gastado. Así no hay manera. No me duran nada. Ni finos, ni gordos, ni nada. Siempre digo que los libros me salen caros, pero no por lo que me cuestan, si no por lo poco que me duran. Si es que me pueden los puñeteros.

Había algunos escritores firmando y era temprano. Esta tarde nos ha hecho gracia un comentario de Oukalele. Estaba allí firmando, y sale en la tele diciendo que se siente como un mono, esperando que le tiren cacahuetes. Pues sí, una buena descripción, eso parecen.

Después de patear la feria, se nota la crisis en cosas pequeñas. Hace años regalaban marcapáginas, o abanicos de cartón, o folletos de las editoriales. Este año, nada de nada. Si compras un libro, sí, algo te dan. Pero si no, pues ni agua, que a euro y medio la botellita pequeña, te planteas si tienes tanta sed como para eso, o sigues andando.

Al final, media vuelta, y para casa. Menos mal que ahora todo es cuesta abajo. Aún así, me he comportado como una niña chica. Veía gente comiendo polos. Yo quería uno. De limón, por favor. Y nada, no hay puesto, no lo veo, me derrito bajo el sol. Me molesta el bolso, me estorba la bolsa de papel que me han dado con el libro. Quiero un polo. De limón, por favor. Y nada, que no hay, que no veo el puesto.
Al salir por la gran puerta de hierro que nos indica que todo lo que tenemos por delante es asfalto puro, veo el puesto de los polos. Por fín. ¿qué desea señora?. Un polo, de limón, por favor. Mmmmmm qué rico estaba.
No diré que ha sido lo mejor de la feria. Pero sí que ha sido el final, y eso es estupendo.
Y ahora a buscar todos esos libros que pasan a la lista de asuntos pendientes y que me entretendrán este verano.

martes, 1 de junio de 2010

VIAJES DE VARIAS FORMAS

Ahora que llega el verano, parece que apetece más viajar. O al menos nos planteamos las vacaciones de verano pensando en otros sitios.
Cuando era jovencita iba de camping con mis padres. Exagerados como pocos. Años después cuando veíamos por las carreteras los coches de los magrebíes que bajaban de Francia, se oía con frecuencia la expresión de "llevar el coche como los moros". Bueno pues así viajamos nosotros mucho antes de eso, y tengo recuerdos que no se van a borrar nunca. Me alegro.

Luego ya, más finos, o con más posibles, aunque nunca en exceso. Mejores coches, el apartamento de alquiler o un hotel regular.

He conocido muchas formas de viajar y muchos sitios, pero lo de hoy es por una anécdota que contaba mi hermano el domingo. Me encantó. Yo quiero ser así de mayor, o quizá quiero ser así ya, sin ser tan mayor.

El es taxista. Recibe un aviso para recoger a unos clientes. Y se dirige a la dirección que le indican.
Las ocho de la mañana. En la puerta del portal dos señoras muy mayores cogidas del brazo y con el bolso correspondiente.
Mi hermano piensa, ya está, una se ha puesto mala y la otra le acompaña al hospital. Machote, primer viaje a La Paz.
Buenos días señoras, ¿a dónde vamos?. A la T4 hijo, a Barajas.
Sorpresa total. ¿Van ustedes a esperar a alguien?. No, no, qué va. Nos vamos a Canarias.
El pobre piensa que las abuelas están gagá y sigue preguntando. ¿Y el equipaje, señoras? (aquí viene lo bueno)
Uy, no. Hace tiempo que no cargamos con maletas.
Nosotras preparamos el equipaje. Llamamos a SEUR, y nos las recogen el día anterior. Ellos se ocupan de la facturación y de todo. Cuando lleguemos a Canarias nos esperan del hotel y al llegar, ya están allí nuestras maletas.
A la vuelta, igual, ya hemos acordado con la agencia el día del viaje. Por la mañana, recogen todo, nosotras viajamos solitas, al llegar a casa les avisamos de que ya estamos aquí, y el mismo día nos lo traen. Viene un chiquito muy majo, así como Vd. le damos una propinilla y nosotras tan contentas.

Mis ojos se espatarraron del todo. No se me hubiera ocurrido nunca. Yo siempre digo, cuando el equipaje es excesivo, que lo dejo todo, y que con la Visa me sobra, que donde vaya estreno, y no me complico. Pero estas abuelas me han superado. Me encanta. Me lo apunto. Y espero empezar a practicar cuanto antes. Ay, qué ganitas tengo de todo, de salir, de que las maletas no me compliquen, de tomar el sol, de pasarlo bien.
En fin, que iré preparando la falda de flores como decía mi tía, que la cuestión del equipaje ya está resuelta, y lo del dinero, pues es cuestión de esperar, total, tiempo es lo que me sobra.