miércoles, 10 de febrero de 2010

CARNAVAL




De nuevo en Carnaval.

Esos días a mí no me quedan nada claros. Nos ponemos la máscara para que no nos conozcan, o es cuando de verdad somos nosotros?

Nos vestimos como queremos, reímos, bailamos, nos abrazamos por la calle, hacemos cosas que el resto del año no nos permitimos hacer.

¿entonces? Cual es el disfraz de verdad?. O en qué nos estamos confundiendo.

No me salen las cuentas, según esto son tres días o una semana haciendo lo que de verdad nos apetece y cincuenta y una semana con el corsé de cordones…….. mal asunto, creo que salimos perdiendo.

De todos modos, el domingo iré a la cabalgata. El miércoles al entierro de la sardina y entremedias, lo que se tercie. Si me pongo el disfraz o me lo quito no lo digo. Los que me conocen no necesitan datos. Pero por si no andan finos, mejor que miren entre las guapas. 



martes, 9 de febrero de 2010

COSAS QUE "ME" PASAN

Esto fue el año pasado, pero cada vez que me voy a pintar las uñas me viene a la cabeza. Me río. Ahora sí, pero qué mal rato pasé.





Me gusta llevar las manos arregladas. Me hago yo la manicura, o lo que sea. Pero las uñas, cortas o largas, limadas, bien. A veces barnizadas. A veces pintadas. Otras nada. Es una manía que me viene desde jovencita.

Utilizo guantes para las faenas que requieren desgaste. Procuro que no entren en contacto con detergentes fuertes, y los guantes finos son para manipular alimentos. El verdín de las acelgas, alcachofas y demás familia, en las manos se convierte en algo negro, y al final las manos parecen de Cardillera.

Además yo las tengo grandes, con dedos largos y se notan mucho más las cosas bien y las cosas mal.

Eso no tiene nada de especial, si no fuera por lo acontecido la semana pasada.

Tenía que pasar por el quirófano. No era algo sorpresa. Estaba más que anunciado. El día 31 a las cua tro de la tarde, casi con puntualidad británica.

Me ducho. Nada de cremas, colonias ni añadidos de ningún tipo. Llega el celador a la habitación, me cambia de camilla y me lleva al quirófano.

Allí el médico, la enfermera, y otras personas que no sé a qué se dedicaban pero que supongo que también tendrían que ver conmigo en las dos horas siguientes.

De repente, la enfermera mira al médico horrorizada. “Doctor, lleva las uñas pintadas”. Entonces yo también caí en la cuenta. Eso no se debe hacer. En caso de problemas, las uñas y los labios son los primeros indicadores de que algo va mal, sobre todo con el oxígeno en la sangre. Me sentí mal. Les dije que hacía días que me las había pintado, y que era tan natural en mí, que ni se me ocurrió quitarme el esmalte.

El médico no sabía qué hacer. La enfermera miraba alrededor, supongo que tratando de adivinar cual de aquellos productos mágicos podría servir como decapante. Yo estaba dispuesta a levantarme de la camilla, y en camisón y todo, cruzar la calle al bazar de enfrente, a comprar aunque fuera al fiado, porque no llevaba nada encima, un frasco de quitaesmalte.

No sé, cualquier cosa que pusiera remedio a aquella situación tan ridícula.

Siempre he supuesto que las personas religiosas en un trance como ese se encomienda a su Dios, o rezan una oración o se santiguan, o piensan en su familia. Algo trascendental. Importante para la vida de una persona. Porque ya sabemos que en un quirófano entramos despiertitos y con la esperanza de salir tapaditos hasta el cuello y con el desperfecto de turno arreglado. Pero no tenemos ninguna garantía de que las cosas no se tuerzan y te puedes encontrar (bueno te pueden encontrar) con la cara tapada y los pies por delante. Por eso mejor encomendar el alma a quien más confianza te inspire.

Pero en mi caso, lo más importante en ese momento era el esmalte de mis uñas. Increíble. Si Almodóvar se entera lo planta en una peli.
Al final, la enfermera cogió un frasco con algo. Alguien me agarró la otra mano. Sentí la picadura característica de la inyección y lo siguiente fue una sensación de naúsea, malestar, y palabras cariñosas en mi habitación. Todo había pasado. O al menos el rato del quirófano.

Me miré las manos. Tenía nueve uñas pintadas y una rodeada de un color amarillo que me llenaba toda la mano. Supongo que yodo o algo así.

Me he pasado cinco días en el hospital. Mi siguiente idea era, despintarme las nueve, cortarlas, igualarlas, pero es que me daba risa cada vez que recordaba la situación tan surrealista del quirófano y opté por no hacer nada. Así me quedé, nueve bien y una mejor.

Al salir de allí, la misma idea. Me las pinto todas, me las despinto por si en alguna emergencia estos días tuviera que volver. Qué mal fario. No quería pensar en eso, así que nada, todas pintadas, largas, grandes, no diré bonitas porque así no me entusiasman, pero les voy a dar unos días de disfrute. Un poco más adelante las volveré normalitas, pero ahora, como las actrices de las pelis antiguas, en plan garras rojas, llamativas, espectaculares, para nada discretas (como yo, para nada discreta). Y luego ya veremos.

No tengo ganas, ni interés, ni mucho menos prisa, por volver a un quirófano. Pero si alguna vez vuelve a ocurrir, iré mucho más tranquila, sabiendo que tienen medios suficientes para salir de situaciones estúpidas como el que una presumida tonta como yo, lleve las uñas como mejor le parezca.

Qué enfermera más arriscá me tocó. Muak. Muak.

Abril 2009

domingo, 7 de febrero de 2010

ESTO ES UNA MILONGA

DE IDEAS FIJAS

Cada día al despertar, pienso que hay gente que me quiere en esta vida y en la otra. 
Eso me ayuda a vivir. 
Pero cuando salga de aquí, pediré el libro de reclamaciones a quien corresponda.

sábado, 6 de febrero de 2010

A merendar

 



Aprovechando que hay flores de casa, pues mejor un bizcocho también de casa.

viernes, 5 de febrero de 2010

ESPINHO


El verano pasado pude ir a Portugal, y ahora mirando por ahí encuentro esto, me apetece ponerlo, porque es un sitio que me gustó. 

 
La llegada el sábado fue una sorpresa absoluta.

Imaginaba un pueblo de playa. No había pensado en las edificaciones. Hay sitios con casas bajas y otros con monstruos de cemento.
Pero aquí no es así.
Tristemente, veo casas señoriales del siglo XIX en ruinas. El descuido es absoluto. Fachadas con azulejos preciosos, ventanas desvencijadas, cristales rotos, jardines muertos.
¿Qué ha pasado?. No es una sola. Son muchas. Se me cae el alma a los pies.
Al subir a la habitación del hotel, como siempre, la naturaleza pone las cosas en su sitio. Se ve el mar. Fantástico. Una playa de arena dorada, enorme, y un aire que quita las malas ideas. 
Me gusta. Y sé que no me bañaré en el agua fría del Atlántico. Mis huesos no lo soportarían.
El paseo marítimo se ve nuevo, cuidadísimo y en los jardines combinan plantas y flores para que no falten el verde y rojo de su bandera.
A la hora de comer, mejor cerquita. Hay un restaurante ahí al lado. Es pequeño, nos atiende un hombre mayor.
Leemos la carta y no nos queda claro casi nada. Los nombres de algunas cosas no se parecen a nada, que sepamos, en castellano.
Al pedir algo con carne de cerdo, intentamos pedir un primer plato también, y nos dice el señor que no. Que primero veamos lo que hemos pedido y luego, si queremos, que pidamos otra cosa.
Le hacemos caso. Y uffff, menos mal. De repente vemos en la mesa, casi con horror, una fuente con judías pintas, oreja de cerdo, trozos de carne y sólo con verlo arrancamos a sudar.
Estaba exquisito. Plato casero total. Contundente, y no, no pedimos otro.
El café delicioso. No me sorprende, tomo café portugués en mi casa desde hace tiempo. Somos muy amigos.

Siesta obligatoria y toma de contacto con el pueblo.

La misma sensación del principio. Tristeza. No sé si es pobreza. No sé si obedece a intereses que desconozco. No sé si es falta de entendimiento entre quienes hayan heredado esas viviendas. Pero la realidad es que duele ver tanta belleza tan mal tratada.

Mi expresión fue que me parecía un traje sin planchar.

Más o menos eso. Un vestido caro, con tejidos nobles, después de una fiesta, sucio y arrugado.
Sólo espero que como los buenos vestidos, aún les dé tiempo a esta gente (antes de que se caiga todo) a dar un buen limpiado y un buen planchado a este magnífico sitio.

Después de varios días he podido ver (con ayuda de Francisco, recepcionista del hotel) una tienda de ultramarinos de verdad.
Con muchos tesoros. Legumbres a granel, cafés de muchos sitios, vino Porto de diferentes bodegas, clases, añadas y precios. Otros vinos portugueses que no conozco, brandys, wiskies, bacalao, fino, grueso y entrefino, casi como los fideos pero que ellos llaman con otros nombres. (Crescido,  crescido súper, jumbo).

En fin un batiburrillo de mercancías en una tienda por la que parece que no pasa el tiempo.

La segunda feira (lunes) amaneció lloviendo, aquí era día de mercado. El agua no arredra a nadie. Están acostumbrados y preparados. Ponen toldos de modo que te pateas todo el mercado y no te mojas.
Qué griterío. Qué barullo. Qué actividad.
Y claro, caí en las varias tentaciones que se me pusieron delante. Se pusieron por eso ¿no?, Si no fuera así no tendría sentido.
Bizcochos, frutas varias, paraguas. En fin, esto no debe parecerse a la lista de la compra porque no lo es. Cada cosa me llamó casi por mi nombre, de una en una y yo caí en todas.

La ley antitabaco de 2007 se aplica a rajatabla. En el hotel no se puede fumar. Eso me obliga a salir a la terraza con un cenicero, mío claro y con tapa, para poder hacerlo y de paso a fumar menos.
No hay bares de fumadores. Simplemente no se puede fumar en los sitios públicos. La calle es la única narcosala abierta.

El clima es estupendo. Fresquito, a veces con lluvia suave y el viento más o menos razonable. Por si acaso en todas las terrazas tienen mamparas transparentes cortavientos. Y en la playa, en vez de sombrillas, se ponen unas lonas clavadas en la arena para lo mismo, para poder tomar el sol tumbada, sin despeinarse.

Estoy encantada en este sitio y con esta gente que me recuerda muchísimo a los sitios de playa en Levante en los años setenta. 



 

  

  

  

  

 

miércoles, 3 de febrero de 2010

GRAMATICA




Ayer en el ratito ese de los martes que me sirve para ver todo lo que me queda por leer, y si quisiera o tuviera inspiración, por escribir, decidió la profe aclarar el laísmo, leísmo, loísmo.

Si tuviera que poner aquí una foto, pondría una mía, llevándome las manos a la cara para tapármela de vergüenza.

Cuántas veces meto la pata con esto?, pues creo que muchas más de las que convienen.

Pero cuando yo leía en las notas que se pone una cosa u otra según sea complemente directo o indirecto, según sea persona, animal o cosa. (Bueno quizá no tan explícito, que mi gata tiene mucho de persona y conozco a muchas personas que parecen cosas. Quizá de aquí vengan los equívocos. Al menos los míos.). Y que eso sería según correspondiera al acusativo o al dativo. Se me ponen los pelillos de punta.

En qué rincón de mi disco duro de serie se quedó el Rosa, rosae, rosam. Dremíadremía, si es que han pasado mil años. Y pensando pensando, alguna vez llegué a hablar latín?. El caso es que tiempo sí que le dediqué. Y comentarios de César y Cicerón tuve que traducir, estudiar, comentar. Pero dónde se ha quedado todo aquello?. Está claro, que en algún momento mi discoduro se reblandeció, o se hizo alguna participación o algo de eso que no entiendo y el latín se fue.

Hace poco hablaba con una amiga que practica la religión musulmana sobre los cambios en las religiones, y cuando yo le dije (y es LE que lo he mirado) a ella que antes la misa era en latín, intenté recordar el Pater Noster. Y la verdad es que no llegué ni a la mitad con las veces que tuve que rezarlo antes del Concilio que permitió utilizar las lenguas de cada uno.

Ahora los muchachos dan poca importancia a estas cosas. Se escriben los sms, no tienen consideración con las reglas gramaticales, no entienden de acentos. Hacen el lenguaje a su medida.

Y en vista de lo visto, me digo así como para mí, “estos van a llevar razón”. Cuántas calamidades para nada. Que no me lo sé, que no me acuerdo, que he sacado un cinco. Y total para que ahora se me haya olvidado todito todito. ¡qué pena!, cuánto tiempo gastado.

Y el caso es que presumo de escribir sin faltas, nunca paso el corrector y creo que mi ortografía es bastante buena, pero con los leísmos, laísmos, loísmos, creo que tengo un problema.

Pero como en el cole Necesito mejorar, y desde luego que me voy a poner a ello.


Anda que yo con la gramática y Alonso de rojo en Ferrari. No sé, no sé, a lo mejor esto también es una tontería. O quizá sea LA tontería. Que aquí sí sé que es artículo y lo he puesto bien.