domingo, 20 de diciembre de 2009

UN BEBE

Voy a ser tía. Una de mis sobrinas está embarazada. Es una alegría, una ilusión. Estamos un poco tontitos todos con la idea. 
Pero los nervios ya nos crecen por segundos. Salió de cuentas hace unos días. Según la veíamos creíamos que iba a ser mucho antes. Y esto es un sinvivir. 

No queremos agobiarla, pobrecita, ya tiene bastante. Pero cada día, al llegar la tarde, empezamos a mirar el teléfono. ¿Llamamos? ¿esperamos?. Pues no, no quiero esperar. 

Llamo con la esperanza de que no lo coja. Pero ahí está la pobre, contándome lo pesadito que se hace ya el niño. Que si no duerme, que no descansa, que no encuentra la postura. 

Me lleva a hace años, cuando me tocó a mí. Los últimos días qué terribles. Pero también hay anécdotas. Tenía una vecina que bajaba a verme todos los días. Antes de vivir aquí ella vivía en su pueblo y los padres tenían una vaquería. 
Cada día me decía "a mí me dio por limpiar los establos de la vacas el día antes de nacer Mónica, tu has limpiado algo? a ver, has sacado brillo al parqué, o te has liado con las ventanas, o la cocina, ¿no? pues aún no te toca parir". Y así un día y otro, yo ya la temía. 
Me levantaba cada mañana pensando, a ver tengo que limpiar algo, antes de que baje Maribel? y qué va, que no me entraban ganas de esas cosas, así que otro día de propina. 
Y así, uno, otro, otro, claro que así pasó que el niño pasó de los cuatro kilitos. 

Se lo cuento a mi sobrina. Nos reímos de buena gana, y la pobre me dice igual, que está tan cansada que ni se la ocurre sacar brillo a nada. Que tiene la bolsa preparada para salir corriendo (bueno eso es un decir, más será para coger un taxi, o que la lleven como sea) y que sólo quiere que llegue ya. 
Le digo que va a tener un Niño Jesús y me dice que le da como mucho hasta el día de la lotería. Menos mal que el niño ya tiene nombre, porque puestos a cambiar, el nombre de Jesús no estaría mal, pero no me imagino llamando al niño Decimito, o Extraordinario (aunque lo llegue a ser) por aquello del sorteo. 

Así que aquí estamos con melenas en los nervios por lo que nos están creciendo, sin uñas de comérnoslas, y como se suele decir "esto no es ná", lo mejor está por llegar.

Sólo espero que esa horita corta de la que se habla siempre, se convierta en media, que se recupere sin problemas y que nos deje achuchar pronto a ese bebé tan esperado, que seguro seguro que será guapísimo, que eso de que los recién nacidos son feos y están arrugados es una tontería. Son preciosos todos. Y no admito réplicas.



viernes, 18 de diciembre de 2009

CATARROS

Pues sí, ya me constipé. Llevaba un par de años sin que tocara. Y ya lo tengo. Es mío, todo mío. Hale a disfrutar. 
Total, tengo la semana que viene libre. Para qué me voy a complicar la vida pensando en qué puedo gastar esos días. La madre naturaleza, sabia como ella sola, me resuelve el problema. 
Ayer por la noche ya lloriqueaba un poco, aunque sin querer, eso sí. Esas lágrimas que salen solas, acompañadas de unos estornudos que tienen a la gata desquiciada porque se lleva unos sustos que la sobrepasan. 
Y esos moquillos que se escurren a nada que te despistas. No hay pañuelo que lo soporte, ni de papel, ni de algodón, ni rollos varios. Todos se empapan. Y mi nariz cada vez más coloradita. Acabará como la de los payasos, que ya lo sé. 
De vez en cuando, por supuesto, el golpe de tos. Ese que te deja sin aire. 
Y hoy el médico, pues tan majo como siempre. Toma líquidos y deja de fumar. El antibiótico sólo si te da fiebre. 
No entiendo a este hombre. O simplemente cada uno contamos nuestro rollo sin tener en cuenta el del otro. 
Es mi médico desde hace 20 años. Sabe todo de mí, en cuestiones físicas. Lleva 20 años diciéndome que deje de fumar, y yo siempre le digo que si no le enseñaron otra cosa en la universidad. Que yo quiero que me quite el catarrazo, no que me dé consejos imposibles. Y fiebre no me da nunca con los costipados. Así que yo me digo así como para mí, a ver ¿para qué he ido a la consulta?, si hace un frío que pela, me ha tocado esperar y me ha dicho lo de siempre. 
Pues nada, que no hay manera. Ya tengo mi cajita para el catarro, que seguro que la farmaceútica me la hubiera dado igual, sin ver al médico. 
Será por ver si han sacado cosas nuevas, pero ¡qué va!, es lo de siempre. 
Al final el catarro se irá cuando quiera y lo único que puede aliviarlo (tendré que recordarlo en casa) es el calor de pecho ajeno. 
Menos mal que tengo por delante 10 días para quedarme calentita y abusar del pecho del ajeno. Que aunque no me cure el constipado me alegrará la vida un poquito. Y como el ya lo ha pasado pues no hay riesgo de contagio. 

Por supuesto cuento con los remedios naturales. La cebolla partida en la mesita de noche para la tos, que yo no sé si a la tos le irá bien o mal, pero a mí me hace llorar. 
El limón con miel y canela, también para la tos. 
La salvia en infunsión que amarga más que el amargor, pero que suaviza la gargante y es genial para la tos. 

Todo para la tos. ¿Y para mí?. Si a mí la tos me da igual, que viva su vida. Pero y yo qué tengo que hacer, pasear  la tos como si fuera una mascota? pues vaya m. de mascota. 
Decididamente mi Grapi es mucho mejor. No la tengo que dar remedio ninguno, me aguanta y me hace compañía. Bueno ahora también la tos me hace compañía, aunque muy a mi pesar. 

Ejemmmm. ejemmmmmmm, ya lloro y casi ni veo. 

martes, 15 de diciembre de 2009

COMIDAS EN NAVIDAD O VISPERAS

Ya ha empezado la gincana de comidas navideñas. La merienda de fin de trimestre en literatura, la fiesta del amigo invisible en yoga, la quedada para comer con amigas mañana, la comida con los compañeros al día siguiente. 
Me lo paso bien, me apunto a todo, intento disfrutar de cada rato, de la compañía y por supuesto, de la comida. 
Pero no hay una sola de estas reuniones en que no salga la cuestión de la dieta. Que si nos sobran kilos, que eso no debo comerlo, que aquello me va a caer fatal. Y encima si tenemos que coger el coche, pues ni una copa. ¡qué sosos nos hemos vuelto!. 

Se mira la comida casi con desprecio. Y no se tiene en cuenta que eso en términos religiosos ES PECADO. Debería bastarnos con la reunión en sí misma, con ganas de pasarlo bien, y ya está.

Todos los días comemos en casa, y ahí sí que podemos decidir cual es la dieta que mejor nos sienta. Pero en público esos reparos son una falta de educación. Sobre todo cuando hay personas que disfrutan (servidora) de la comida. Me gustan las cosas saladas, con poca sal y con ninguna. Me gustan los dulces caseros, los industriales, los de mojar, los líquidos. Y aunque bien es cierto que no tomo alcohol como norma, no pasa nada por probar un vino, o un cava o un licorcito. Sí que me echa para atrás lo de coger el coche, ahí sí que no me permito una gota, pero desde luego, no es por virtud. Es porque me intoxica, se me sube a la cabeza enseguida y eso y el coche es una imposibilidad material. 

Casualmente, casi todos los que ponen encima de la mesa el tema de la dieta son los más delgados, los que mejor tipito lucen. Yo quisiera saber (o quizá no) de qué van estos pamplinas. Nos quieren amargar a los demás? nos están llamando gordos?. 


Pues me sobran respuestas:


1ª Si no pensabas comer, haberte quedado en casa. Siempre puedes quedar con amigos para tomar el té o el aire que engorda menos. 
2ª Si engordas es porque en tu casa no hay disciplina. En mi casa no engorda nadie, si la ropa nos aprieta todos sabemos que es porque los armarios son unos cabrones, guardas la ropa y cuando vas a cogerla de nuevo, ha encongido. 
3ª Si no puedes decir algo agradable, mejor habla del tiempo (eso lo dicen los ingleses). 
4ª Empiezas pronto a fastidiar la navidad. (Es que esto tampoco falta nunca, como el turrón -lo de la navidad fastidiada por algún simple-). 
5ª Puedes decir que algo no te gusta. Pero no que engorda, que es malo para algo o que te da asco. 
6ª Tengo clarito, pero sin preocuparme que "todo lo que me gusta, es ilegal, es inmoral o engorda" -esto es de una canción de Canteca. 



QUE HEMOS QUEDADO PARA COMEEEEEERRRRRRRRR, jodío/a bobo/a. 


Y si alguien tiene sentido de culpa, pues que no sufra. A la próxima que se quede en casa y favor que nos hará a los que sólo queremos pasar un rato sin complejos. 


Por favor, que no se despidan con un Feliz Navidad, que entonces ya sí que me rematan.



domingo, 13 de diciembre de 2009

FRIO

Ayer pasamos el día en un pueblo de la sierra de Madrid. Salimos de casa con niebla, temiendo lo peor, pero de repente el sol cegaba. Hizo un día estupendo. 
Por la mañana, al sol, con un jersey era suficiente, cosa impensable para mí que soy friolera con título. 
Esta mañana, aquí en el barrio, poco sol, bastante aire y un paseo desagradable. Las manos heladas, las orejas encogidas, los pies al punto para que empezaran a salir sabañones. 
Así, no hay abrigo, ni bufanda ni nada. 
Sobre todo por el sopetón. No te esperas eso. Sales como si nada a la calle y al llegar a la esquina lo único que quieres es darte la vuelta. 
Luego explican en la tele que es una ola de frío siberiano. ¡ja!. De qué Siberia hablan?. Porque yo soy de la Siberia Extremeña y allí estas temperaturas son inimaginables, y se combaten con un tronco de leña en la lumbre y poco más. 
En cualquier caso hablan del cambio climático y el calentamiento global, pero hoy, no pensaba yo en eso. 

Más bien pensaba en lo calentito que se estaba en casa. Y esta, seguramente, es una de las razones de ese cambio climático del que tanto se habla. 
Vivimos en la sociedad del "bienestar". Aclarando, en invierno de manga corta en casa, porque la calefacción es central y no se puede regular, y en verano, con la blusita de manga larga por el aire acondicionado. 
¿Esto es bueno?. Es que mi duda surge cuando veo que vamos al revés que las estaciones. En invierno calor y en verano frío. 
Con lo fácil que sería dejarse llevar por la naturaleza, como se ha hecho hasta antes de ayer. En invierno, leña para el fuego y lana para abrigarse y en verano sombrita y abanico. 

No sé si estaríamos mejor, supongo que ahora nos costaría volver para atrás, pero el planeta lo notaría, seguro, nuestro bolsillo también, y el cuerpo no se sentiría tan maltratado. 

Bueno, que a lo mejor esto es el resultado de que las meninges se hayan quedado pasmaítas por salir casi a cuerpo, al entender que una ola siberiana era algo de mis paisanos.

sábado, 12 de diciembre de 2009

LA PARTE SIGUIENTE

Pues sí hubo segunda parte, yo no me lo creía. 
El plato en cuestión eran unas simples croquetas. A mi hijo le encantan, pero como a mí las aceitunas, es decir en el plato. Lo de ir a cogerlas como que no. 
Pues habíamos hecho todo bien. El mismo no se lo creía cuando vio las pasta en la fuente, puesta a enfriar. Creía que nunca sería capaz y sí que lo fue. 
Pero y las prisas. Cómo se explica que una buena parte del resultado de un plato es la paciencia a la hora de cocinarlo. Pues eso cuesta un montón, explicarlo, exigirlo, y cumplirlo. 
Me siento contenta, pensando que me libero ya de la obligación. Cuando quiera croquetas de la abuela, ya sabe, que se ponga a ello, que imposible es casi nada si se pone empeño. 

Ahora que qué trabajito con este muchacho. El siempre quiere saber las cosas "exactamente", y eso en la cocina es complicado, sobre todo, como en este caso si se lo tengo que enseñar yo, que aprendí con mi madre. 
Para ella el sistema métrico era para tontos. Nada más normal que poner un "cacho" de mantequilla en la sartén, la harina "que se precise" y añadir la leche "según te pida".


Esto era aplicable para casi todo. Y además se guisa con lo que se tiene en casa, nada de pedir a las vecinas. Primero se preparan "los avíos" y si falta algo, se va a comprar. Si no se puede, pues se apaña uno, porque al pedir a las vecinas, lo único que haces es "darles". Les das información de lo que falta, que puede ser el ingrediente en sí, o dejar clarito que lo que te falta es cabeza por no haberlo previsto.

Y si no, como decían en el pueblo de mi cuñado las señoritas de postín "de lo que no hay no se echa, y sabe igual" y al final comían pan calado en vez de sopas. 


En fin, que al menos pude hacerle entender que el podía copiar las cantidades de ese momento, pero que hay cosas que como no se vean, no salen. 

Pero ese día sí que salieron, y pudimos cenar unas croquetas estupendas, y hechas por el con un orgullo increíble. 

Esto promete. 

miércoles, 9 de diciembre de 2009

UN PUENTE

Ya ha pasado el puente de la Constitución. Se llama así, pero hace muchíiiiiiiisimo, era el día de Las Conchitas. Y mucho antes fue el día de la Madre, que luego se pasó al primer domingo de mayo, y aún no sé porqué. Vamos que me da igual, que es un día que ni fu ni fa, por eso, mayo o diciembre quizá sea por la proximidad de Navidad y así hay ocasión para comprar dos regalitos. 

Pero lo del puente me deja anonadaíta. No he hecho puente, me ha tocado trabajar. Gente para aburrir. Muchísima. Con idea de salir de casa los días de fiesta, bajón total sólo de ver las imágenes en la tele. El centro de Madrid atascado y ya he pasado por eso. No poder coger el metro, andar una estación para atrás porque te quedas totalmente bloqueado en las escaleras, vas a donde te lleven, no a donde quieres. No te acercas a un escaparate ni de lejos, no puedes tomar un café, no pienses en un bocadillo, porque en el caso de que eso ocurra, si puedes conseguir que el camarero te escuche, lo más probable es que casi te lo tire por encima. 
Me parece un horror, nunca me meto en mogollones así, si lo puedo evitar. 
Recuerdo un chascarrillo antiguo que al principio no entendía y ahora me parece totalmente real. Dice:

No es lo mismo "tejidos y novedades en el piso de arriba" que "te jodes no ves nada y encima te pisan". 

Pues eso pasa en los días de puente. 


Un día lo he pasado en casa de mi hermana, con mis sobrinas, mis cuñados, mis hermanos. Gente sí, pero toda de casa y con sitio propio, que es como me gusta. 
Y otro día con amigos, también en casa. Probando una comida Bosnia que ella se molestó en preparar y que me ha sabido a gloria, por lo buena que estaba y por las molestias que se tomó. Esto engancha con la promesa de que otro día en mi casa tocan migas, y las haré encantada como ella en esta ocasión. 


Pensar en las migas...., es como el plato de la amistad. Se hacen para poca y mucha gente, no importa. No son en el campo, una sartén grande y con el protocolo de "cucharada y paso atrás", pero serán estupendas, seguro. 


El Lunes trabajando, pero desde luego un puente así, sin atascos, con calma, ¡dónde va a parar!. Ya me fui de vacaciones cuando no iba nadie, y me volveré a escapar en cuanto pueda, pero como la semana pasada, a mi pueblo, con la carretera para mí solita, aunque llueva. O a otro sitio, que eso se verá sobre la marcha. Prefiero no hacer planes, según venga el tiempo. Es mejor así. 


Y esta tarde ha tocado clase de cocina, pero como es un plato que se hace en dos veces, mejor lo cuento mañana, a ver cómo se acaba. El principio promete.

viernes, 4 de diciembre de 2009

COMPRA POR CATALOGO

Yo no sé desde cuándo existe la compra por catálogo. Lo recuerdo de siempre. Pero hay que ver lo que me joribia. 
En algunas cosas, bueno, como que lo puedo aguantar, y sobre todo si es algún cachivache que aunque en letrita pequeña pone que se puede devolver si no te gusta.
Pero y la ropa? cómo puedo imaginar que me va a quedar tan estupén como a la modeli de la foto. Si es que no puede ser, si no tenemos las mismas hechuras por guapetona que yo me quiera ver ante el espejo. Al final, o queda muy pegado, o muy suelto, o muy largo o muy corto. Y lo de las tallas, bueeeenooooooo, más o menos. El más o menos supone que te quedará más o menos mal -que no bien-. 
Pero eso se soluciona yendo a una tienda y probándose sin más. 

Hoy, tocaba elegir algún mueble. Y claro, hay que ir a la tienda. ¡Pues qué bien!, te enseñan una muestra aproximada de lo que quieres y tiran de catálogo. 

A ver, señora mía, cómo voy a comprar una silla que se ve preciosa en la foto sin sentarme en ella. Que luego mi espalda me pide cuentas. Que si es curva, que si no se ajusta a la zona lumbar. Que si se hunde el asiento. 
Mire que no, que la veo bonita, pero quiero sentarme en ella. Al final, me siento en todas las de la exposición, paso de las cienes que hay en el catálogo y me decido por una que más o menos. 

Ahora una mesa. Es muy fácil, sé la medida. Sólo quiero ver una que me guste. Pues, mire, mire qué catálogo tan variado. (la madre que lo parió). Al final, la medida que yo quiero no puede ser. Tiene que ser 10 cm. más larga. Pues no, no me sirve. Llaman por teléfono y no hay problema, me la pueden hacer como yo quiero, sólo que al ser una medida que no está en catálogo cuesta 300 euros más. ¡Y una m......!. 
A ver, otro modelo. Cambio de ideas, ya lo que quería no sirve y más catálogo. He elegido una que se  ve moníiiiisima. Espero que lo sea, porque no me gusta llorar por tonterías. 

Y el mueble, que si con vitrina, que los cristales transparentes o translúcidos, que si con cajones, que si con puertas. ¡por Dios bendito!, es más difícil que pedir un filete en el Foster (muy hecho, poco hecho, con salsa mayonesa, barbacoa, con patatas, con frijoles) que al final le dices a la camarera, a su gusto, como usted quiera. Pues con el mueble igual: "esta es la medida de la pared, esto es lo que quiero poner en el, y ahora, haga Vd. lo que mejor le parezca". ¡qué ajuncos!

Ya, casi al final, sólo una pequeña aclaración. El sofá tiene que tener esta medida, si mide algún cm. menos da igual pero no puede medir ni uno más, va entre un radiador y una viga y esos no ceden. 
Uisssss, qué difícil, es que esa medida es muy poca cosa para un sofá. Pues bueno, póngame un sillón grande, o un lo que sea, pero es lo que hay. 

Estoy cansada, harta, aburrida, y sólo me queda la esperanza de que más o menos haya acertado y pueda sonreír cuando lo vea todo en su sitio. 

La cuestión de deshacerse de los muebles usados es para otra página, que en su momento contaré, porque ahora mismo no lo puedo ni imaginar siquiera.