jueves, 8 de octubre de 2009

LIBROS

Hoy he tenido que empaquetar todos los libros de casa en cajas. Eso es media mudanza. Eramos tres. Y ha quedado demostrado, literalmente, el peso del saber. 
¡Qué horror! pesan un quintal, las cajas se llenan antes de que dé tiempo a montar otra. Y luego trasladarlas a la ubicación provisional. 
No sé cuántas veces hemos subido y bajado la escalera para alcanzar aquellos de allí arriba, pegados al techo, de esa librería doble que sujeta normalmente todos esos librotes acumulados durante años. 
Mirándolos ya empaquetados me surge una duda existencial. 

Si me los he leído todos y cada uno de ellos ha debido aportarme algo, yo debería ser muy lista ¿no?. Y entonces porqué me paso media mañana de vacaciones trasladando esos mamotretos, que volverán al mismo sitio dentro de unos días y seguirán cogiendo polvo porque no hay quién los mire. 

Me planteo llevarlos a una biblioteca. Seguirán estando a mi disposición cuando quiera releer alguno, pero no me ocuparán sitio y no me darán trabajo. 

Pero cuando los tengo en la mano, los miro de cerca, siento que son como una mascota más. Tienen vida propia. Puedo recordar cuándo los leí, cómo me sentía, y cómo me hicieron sentir. 

Los de historia, me los bebía, quería saber cosas de antier. Las novelas han dado de sí y de no. Unas estupendas, otras pura bazofia. Los clásicos de Grecia y Roma, en principio aburridos me hacían descubrir cosas que no encontraba en ninguna otra parte. Todo ese conocimiento, casi premonitorio en librillos de pocas páginas. Y (me gusta llamarlos mis amigos, aunque sé que eso es pura ilusión) Miguel Hernández y García Lorca? y otros cuantos de poesía de varios países. Luego esos comprados de estrangis a principios de los años 70. Y la literatura clásica? me encanta La Regenta. Y más, más, muchos más. 
No me olvido de los de labores que me han ayudado a hacer cosas bonitas y entretener muchas horas en las que no quería pensar. 
Y los de cocina? gracias, gracias, muak, sin ellos no hubiera pasado del bocata de chorizo. 

Vamos que entiendo perfectamente al escritor (ahora mismo no recuerdo si fue Delibes o José Luis Sampedro quien lo dijo) que decía que se había cambiado tres veces de casa porque los libros le echaban. Que cada vez necesitaban más espacio. 
Pues así me siento yo. (En lo de escribir, no desde luego, que soy consciente de mis limitaciones). Si pudiera cambiarme de casa, así sin más, según los he empaquetado esta mañana, los pondría en otro sitio, con más espacio, más a la mano, sin esa escalera, y...... bah, eso son bobadas. Volverán a su sitio y que se aguanten. No son seres vivos?, pues que se acomoden como mejor puedan. 

Pero hoy desde luego me han ahorrado el gimnasio. He hecho piernas, brazos, cintura, abdominales y ganas de comer. 
Benditos sean. Seguirán conmigo. 

miércoles, 7 de octubre de 2009

EN EL DENTISTA



Estoy en el dentista.
Llevo desde Julio pensando en este momento. Hasta ahora me han hecho cosas normalitas. Un empaste, una endodoncia, cambiar un puente –bueno 3-. Pero ahora se trata de los implantes.

El dentista, optimista donde los haya, habla de dos pequeñitos. Vamos que me van a rajar, a taladrar el hueso, a colocar dos tornillos, a poner un capuchón protector y no sé qué más.

Tengo complejo de pared a la que van a poner una puerta nueva. Cortar el tabique, sujetar el marco con tornillos, esperar a que fragüe el cemento y revestir con madera barnizada. ¿ que no? Pues yo creo que sí.

Aunque pueda sonar de aquella manera, lo que más miedo me da, ahora mismo, es el primer pinchazo. Esa inyección de anestesia, que duele como ninguna otra cosa, que se hace larga, más que una perra de hilo, que notas cómo de repente, te entran ganas de matar al dentista, que suavemente, te va diciendo “ya terminamos, no te preocupes, ahora lo vas a notar dormido y enseguida terminamos”.

¿Terminar? Pero si ese es el primer martillazo. Lo que pasa es que luego los otros se notan menos, van como más seguidos y con el atontolinamiento del principio, parece hasta suave.

Esto lo escribo en la sala de espera, intentando no hacer caso de los nervios que me crecerían sin remedio, si no hiciera nada. Y como cuando me pongo nerviosa, me da por hacer cosas con las manos y aquí no hay mucho que hacer, pues pido una hoja en blanco, tiro de mi Parker azul que tanta compañía me hace y escribo esta tontería, esperando que abran la puerta y con una sonrisa digan, como siempre …. Venga vamos.  Uffffff qué miedo tengo!

Pero como siempre, ánimo, que esto no es ná.

Cuando ya todo se acabe, pienso que si alguien me mira las muelas, como a las mulas, no puede adivinar la edad que tengo. Para algo tienen que servir los malos ratos. Y por supuesto, podré comer como a mí me gusta. A dos carrillos las cosas ricas y despacito las no ricas.

Bueno, ya….. que me llaman.



martes, 6 de octubre de 2009

LA SEÑORA MINISTRA




Todos los que trabajamos nos tenemos que ganar el sueldo. Supongo que eso vale también para los ministros.

Pues ayer me quedé ni sé cómo, si de piedra, de sal, fría o ……. En fin que oigo en la radio, a propósito del secuestro del barco atunero con bandera española, que la señora ministra justifica que no vayan soldados españoles en los barcos de una manera muy peculiar.

Dice que “si los vascos no quieren al ejército en su tierra, no tiene sentido que ahora exijan soldados en los barcos”

Cómo puede decir eso en alto, aunque lo piense. Estará orgullosa?. Es que mi descoloque llega hasta la rotura total.

En eso consiste su trabajo? Por eso la pagan?

Los vascos no quieren al ejército. Nadie les hace caso. O quizá por ley no pueda ser así ya que son españoles. Si son españoles tienen el derecho de exigir lo mismo que los demás. Si no lo son, les deberían dejar a su aire.

Yo no tomo partido en este caso. Es un problema complicado y supongo que todos tienen un poco de razón y que todos participan en una misma sinrazón.

Pero si se tienen que aguantar con algo que no quieren, es de razón que exijan la parte que les toca. Algo tan banal como que les defiendan de los piratas. Vamos una fruslería.

O sea que los soldados españoles andan por esos mundos del demonio (que no de Dios), protegiendo, defendiendo cosas de otras gentes que se supone que necesitan su ayuda (¿?), vamos donde no les llaman sino que les mandan. Y los barcos vascos tienen que andar a “la deriva” sin nadie que les ampare porque aquí a orillas del Cantábrico no quieren soldados.

No lo entiendo. O son españoles o no lo son, pero con todas las consecuencias.

Y oyendo a la señora ministra pienso en lo que dicen los ingleses “SI NO HAY NADA BUENO QUE DECIR, ES MEJOR HABLAR DEL TIEMPO”


lunes, 5 de octubre de 2009

CAFE





Qué es un café?.

Granitos marrones-negros redonditos, medio partidos por la mitad, en una bolsa metalizada, cerrada al vacío.

O bien, algo medio en polvo,  marrón –cuando está molido- también en una bolsa metalizada, cerrada al vacío.

Yo recuerdo cuando mi madre conseguía, no diré que compraba, porque había que conseguirlo, un paquete rojo de papel, con el dibujo de un señor con sombrero o con un camello. Qué maravilla! Café portugués. Que digo yo que en qué parte de Portugal se cultiva café. Sí ya sé que era un imperio y tenía colonias, y que el imperio desapareció, pero el café portugués sigue siendo exactamente eso, CAFÉ PORTUGUES. Había que molerlo en el molinillo de manivela. Y si venía húmedo, había que dejarlo secar primero sobre la mesa del brasero.  

No sé desde cuando tomo café, creo que me lo ponían en el biberón. O supongo que no, que después de darme mi madre de mamar, el tiempo que fuera, y la leche de cabra, con la que me criaron, daba chupitos al café de mi padre. Seguro que eso se acerca más a lo que ocurrió. Pero nunca pude con los Ekos, Colocaos, Nesquis,  ni brebajes para niños. Yo quería café.

Después ya de grande se entra en la ceremonia del café. Se prueban cafeteras de aluminio, las exprés italianas, las de émbolo, las de filtro de papel. Más cantidad, menos, muy cargado, más flojito, muy aguado (a ese le llaman americano), con leche, con espumita, el de bar –que hay cada cosa por ahí que más parece alquitrán que café-, el del bar que te gusta, el que se toma con amigos, el que quita el frío en invierno, el que viene bien para el cansancio de la tarde, el que te despierta de la siesta, el que te pone las pilas por la mañana (bueno ese grande, en tazón y despacito). El de las once, aunque sean las doce, porque toca, porque los tengo contados y me falta uno.

En verano, en vacaciones, algún domingo, con un chorreón de wisky y una cucharada enorme de nata, lo llaman irlandés, aunque no conozcas Irlanda, pero está buenísimo.

Y cuando ya se pasa al pecado del calentado en el microondas, es el fin de todo. Ahí es cuando toma sentido la frase de mi hermana “los cafeteros se beben hasta el agua de fregar, con tal de que esté oscuro”.

Yo me puedo tomar cualquier cosa, mi mal gusto predomina en lo referente a café. Pero hay algo que sigue siendo sagrado, y es el de mediodía. Después de comer, café recién hecho, ese sí PORTUGUES, pero no ese que conseguía mi madre, torrefacto, oscuro y alquitranado también. Es DELTA, no se compra en tiendas, me lo pasan casi de extrangis,  suave, con sabor agradable, sólo, con poco azúcar, huele bien, sabe bien y sienta bien. La cafetera de aluminio para que conserve el calor, el aroma, el sabor, o porque me apetece, porque es la que me gusta, y de verdad que es el que saboreo con gusto.











domingo, 4 de octubre de 2009

LA CIUDAD IMPOSIBLE

Hoy he tenido que ir a mi barrio. Bueno donde me crié. Lo conozco. No hay vericuetos. Ni jugando a la gallinita ciega me perdería en el. 
Bueno, pues imposible llegar a donde yo iba. 
Salí temprano de casa porque había oído por la radio que era el día de la bicicleta y habría cortes de calles por el centro. 
No pasa nada, yo no paso por el centro y además es temprano. ¡tonta de mí!. 
No se me ocurrió adivinar, que además era la segunda carrera popular de aquel barrio. 
Llego a un punto en que me desvían. No importa, daré la vuelta por allí. Llego al allí, y una porra, que tampoco, doy otra vuelta por donde ya sé, y tampoco. Al final, tiro el coche, que no aparco, porque está prohibido y me dirijo al guardia que cuida una valla que corta la calle. Le pregunto que cómo puedo llegar a donde quiero ir, y se pone a darme explicaciones como si yo no supiera a dónde iba. 
Le explico que conozco el barrio, que sé dónde estoy, pero que si no quita la valla, me tendrá que indicar por dónde. 
Al final, sonríe, y comprende mi fastidio. Me indica que cree que a lo mejor pudiera ser que aquella calle del otro lado ya esté transitable. 
Llego a casa de mi hermana, casi una hora más tarde de lo que pensaba, y allí a buscar aparcamiento. Sólo dos vueltas a la manzana, no ha estado muy mal. 
He pasado un rato en su casa y vuelta a jugar al pinto pinto colorito, a ver por dónde podía llegar yo a la M30. 
Nunca pensé que me alegría de coger esa calle o carretera o como quieran llamarlo. 
Y mientras, oía a Fernando Sánchez Dragó en la radio que iba diciendo que este alcalde tiene el síndrome de Truman (mandó tirar las bombas de Hiroshima y Nagasaki) por su afán a despanzurrar la ciudad. 
Claro en esos momentos entiendo todo. Se trata de una enfermedad. Hay que fastidiar Madrid como sea. Si no se abren zanjas se hacen túneles, si no, se arregla (es un decir) el río. Pero un método más infalible y barato, hacer participar a un montón de gente en algún evento que justifique el corte de mil calles y media (que algunas son de subida y bajada y se quedan en la mitad) , eso sí, sin avisar, de modo que los pardillos que nos atrevemos a meternos con el coche nos veamos encerrados. Rodeados de un cinturón humano en pantalón corto y dorsales a la espalda. 
Pues respeto el derecho de todo el mundo a utilizar la ciudad como mejor le cuadre, pero de verdad, si avisan, me voy en el metro. Sé que tardo más que en el coche, pero en estas circunstancias, me habría leído medio libro y no me habría mosqueado. 
Por cosas como esta hablo siempre del "Madrid de mis pecados".

sábado, 3 de octubre de 2009

LOS PORSIACASO





Desde que vivo en mi casa, y ya casi ni me acuerdo desde cuando es eso, guardo cosas. Supongo que como todo el mundo.
Pero hace un año, mi madre murió, y nos hemos encontrado en una situación que acaba en el desquiciamiento.
Mis hermanos y yo teníamos que desmontar, organizar, o como quiera que se llame, su casa de aquí y la casa del pueblo.
En principio, la idea era deshacernos de las cosas que no valieran, o que nos resultaran tristes, o que el recuerdo nos superase.
Y sí, eso fue en un principio. Pero la situación desquiciante llega cuando vemos que no podemos guardar todas sus cosas en nuestras casas. No caben, no hay manera, y no queremos deshacernos de ellas.
Entonces empieza la criba. Vamos a ver, esto para qué sirve?....... bueno eso lo guardaba mamá por si acaso….. Pero por si acaso ¿qué?.
-Tu recuerdas cuando tuve que arreglar en mi casa…… (lo que fuera) y le pedí esto? Es que me dijo que no sabía dónde estaba y ahora mira, aquí aparece. Por si acaso, yo lo tuve que comprar. Y lo que es peor, lo que me sobró lo guardé “por si acaso”.
Oye, y en este bote qué hay?. A ver, ábrelo…. Unas gomas elásticas, un rollo de celo, una cuerda, unos botones, unos imperdibles. Y este revoltillo para qué sirve?, pues es evidente, es “por si acaso”. YA!
A ver, esta caja qué tiene? Unas tijeras, unas agujas, más botones, una bobina de hilo.  Pero esto no es el costurero, que ese está en la otra habitación.
No, eso era “por si acaso” se acababa lo del costurero.
Y estas herramientas de papá? Sí, estupendo, el destornillador ese que se acoplan las puntas, pero faltan tres, o sea que sólo sirve como destornillador normal. Y de esos tiene cuatro o cinco. Entonces porqué lo guardaba así?. Claro, qué boba. Por si acaso.
Al final ya no describíamos los objetos, simplemente nos pasábamos los PORSIACASOS. Toma este para ti. Este me lo llevo yo. No quiero que yo tengo de esto. Anda claro y yo, como que nos lo preparó ella a los tres y los tenemos todos en nuestras casas.
Esto en la casa de aquí. En el pueblo fue peor, porque la casa es más grande y hay más sitio para los porsiacaso. Botellas de agua, de cristal, botes de lata con tapa, eso sí, tarros de cristal vacíos. Y más botones, y más gomas y más celo y más hilo. Cada rincón es una sorpresa. Cada cajón es un mundo. Y en cada sitio hay un porsiacaso o varios.

Esto podría parecer ofensivo, tratándose de las dos casas de mis padres. Pero al llegar a la mía y tratar de guardar las cosas, descubro que todo se pega menos la hermosura y el quebranto de huesos, y mi casa tiene tantos porsiacasos como la suya. En un cajón, en un armario, en una vitrina. Pero además con objetos añadidos. Hay clips, grapas, posit y cables. Muchos cables, este del teléfono aquel que se rompió y guardé por si acaso valía para otro. Este de la cámara de fotos que es igual que el de la otra cámara, este de otro móvil que también vale para el que utilizo ahora. Y esos alambritos que sirven para cerrar las bolsas de plástico. Y todo eso junto? Claro, para encontrarlo enseguida, “por si acaso”.

Bolígrafos de propaganda, otros bonitos, algunos feos, y no estoy segura de que todos escriban, pero hay un puñado en la cocina, otro en cada habitación, otro en el comedor. Porque claro, no es cuestión de andar buscando un boli. Vamos que se tiene por si acaso.
Y paraguas? Varios en el paragüero, dos en el coche de mi contrario, dos en el mío. Unos largos de esos de garrota, otros plegables, pero ahora en el reparto me han tocado dos o tres de mi madre. Y lo peor, es que cuando llueve, como me pille fuera de casa, no llevo ninguno. O sea que se han convertido en otro Porsiacaso.

No sé cuántas cosas podría describir así. La caja de herramientas es todo un  muestrario de porsiacasos. Pero luego, cuando de verdad necesitamos algo, no queda más remedio que ir a la ferretería. Pocas veces se encuentra todo lo que se precisa.
Y lo peor de esta situación es que como me meta en limpieza y tire algo que lleva años sin utilizarse, seguramente hará falta en cuestión de pocos días. Esto es un poco la ley de Murphi.

Cuando hablo de esto con alguien, me cuentan lo mismo. Ocurre a casi todo el mundo, y yo me pregunto, entre tanto cachivache, no seremos nosotros también un “porsiacaso”?.
Mi amiga Laura dice de algunas personas que están aquí porque Dios no pasa lista. Será eso, que Dios nos puso aquí “porsiacaso”?. A lo mejor ocupamos un sitio hasta que alguien hace limpieza y tira lo que vale y lo que no vale. Pero dónde está la diferencia? Quién vale o no vale?. Yo seré un porsiacaso?......... No sé, no sé.
Muchas veces he tenido la sensación de que me estaban utilizando (supongo que también, como casi todo el mundo), y ahora viendo esto me miro y me remiro. Tendré tapa? O lazo que me ate para que no me desparrame?, qué es lo que sirve de mí para un porsiacaso?.
Y pienso en las utilidades que se me pueden dar. Tengo un cuerpito aceptable, soy hábil con las manos, bueno, según para qué, tampoco hay que alardear. Creo que soy buena conversadora, y también puedo escuchar. Sé reír y llorar. Me gusta participar en muchas cosas. Y esto me recuerda a las mascotas, creo que acompaño bien, como una mascotita. Y bueno, que el que quiera saber tendrá que molestarse en hacer un trabajo de investigación conmigo. Simplemente soy útil en muchas situaciones e inútil casi en otras tantas.
Vamos que ya no sigo, simplemente soy un ejemplar vivo de PORSIACASO,  y me temo que también estoy aquí por eso de pasar lista.




viernes, 2 de octubre de 2009

NO OLIMPIADA

Pues eso que en Madrid no hay playa porque no, porque está hecha así y no hay olimpíada porque no, porque está hecha así. 

Es una pena pensar en ese viaje "tan horroroso" que han hecho todos los que pertenecen a un comité de algo, que representan algo, de una institución de algo. Y para qué? para que digan que mejor Río de Janeiro. 
Yo cuando pienso en toda esa pobre gente, allí en Dinamarca, que seguro que ya hace frío, explicando las maravillas de esta ciudad, y cómo sus gentes están deseando esa olimpíada.

Si es que llevamos el deporte en la sangre. Todos, todos los madrileños y los de los alrededores, se levantan cada día en el deporte ese que practican diariamente, sin expcepciones. 
Y para qué? pues eso para nada. 

Pensar en ese metro que cada día se llena, y con los eventos deportivos se saturan, más lleno todavía en los 15 días olímpicos. Pensar en no poder comer en ningún sitio a una hora razonable, como pasa en Navidad por el centro de Madrid, sin que haya olimpíadas. Me llena de pena. 

Hay que preocuparse por los eventos importantes como puede ser una olimpíada. Los otros problemas de esta ciudad como son de cada día y se sigue adelante pues pueden esperar. O sea, que no habrá para comer, pero para reír, que no nos falte. 

Pensar que se han puesto de acuerdo en algo el señor alcalde y la señora presidenta de la comunidad bien vale una olimpíada. Pero igual ha sido ese chirrido el que ha advertido a los votantes que han dicho no. 

Y en fin, que yo no sé ni para qué pongo esto si a mí la olimpíada me da igual, sea donde sea. Lo que sé bien es que Madrid va a seguir siendo una ciudad hermosa, divertida, llena de gente y con los agobios del tráfico, del barullo y donde se puede encontrar y hacer todo. 

Vamos que hasta yo me he criado aquí. Pues ¿qué decir de Madrid?, que me encanta y los que han dicho no, se lo pierden. Claro que sé que hacen trampa, porque podrán venir cuando quieran y encima serán bien recibidos. 

No sé si otra vez será. Yo después de dos noes no repetía, pero como no depende de mí, pues lo que sea sonará.